Una visión hacia el futuro

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Una visión hacia el futuro

Mensaje por Bertu el Mar Sep 09, 2008 5:28 pm

Una visión hacia el futuro


Comentario: en esta obra se combina ficción y realidad. Teniendo en cuenta que son hechos futurísticos e irreales, no os toméis mal la actitud de algunos países Cool

Empezaremos por una pequeña introducción de dos partes:





INTRODUCCIÓN:
Primera parte



Antes:

GENERAL:
El mundo se fue globalizando cada vez más pero quedaron sectores donde no llegó. Esos lugares se encuentran en el Sahara y en el Amazonas, donde viven tribus indígenas que viven aisladas de lo que pasa en el mundo.

MEDIO AMBIENTE:
Los estudios hechos a partir del año 2000 tenían razón. La Tierra estaba muy contaminada. El efecto hivernadero llegó a su cima en el año 2033, donde algunas ciudades como Nueva York, Los Angeles, Pequín, Shangai y México D.F, tuvieron que instalar una especie de protección en sus afueras que convertían el CO2 en moléculas de oxígeno, aún así, esos aires eran bastante perjudiciales para los que los respiraban.
El petroleo se terminó para occidente en el año 2059, el presidente de EUA en aquel momento pidió a la OTAN un tratado conjunto para atacar a Arabia Saudita, la principal exportadora de petroleo en aquellos años, que se negaba a exportar el petroleo fuera de su país. Aún así, el país exportaba a la China y a Rusia, unos grandes aliados.

TERRORISMO y GUERRA:
Se pensaba que después del 11-S no volvería a pasar algo similar. Pero pasó. En el 2016, Estados Unidos atacó a Irán porque ellos los amenazaron de destruir la ciudad de Whashington. Los árabes buscaron aliados y los encontraron: Arabia Saudita, Rusia, Palestina (independizada de Israel después del Golpe de Estado del año 2010) se unieron contra los EUA. Los árabes empezaron atacando a Egipto, principal aliado estadounidense de Oriente Próximo y se extendieron hacia la Índia, enemiga de China. Los iraneses aterrorizaron ciudades americanas como Chicago, Boston o Nueva Jersey donde explotaron centenares de bombas.
La guerra (llamada Gran Guerra del Terror) llegó a todo el mundo. La mayoría de países se mantenían neutrales excepto de Francia e Inglaterra, que se decantaron hacia el lado americano. Los países europeos a partir del 2020 tambien se decantaron por America, ya que decían que "ese desastre no puedo llevar nada bueno". Japón, se mantuvo al margen de la guerra y salió muy beneficiado, convertiendose del año 2022 al 2027 como la gran potencia mundial.
La guerra terminó en el año 2027. Los árabes y americanos decían que habían ganado. Pero nadie ganó. Más de 25 millones de muertos no podían representar una victoria. La guerra solo trajo destrucción y la descoronación de las grandes potencias: EUA, China y Rusia. Los imperios no duran para siempre.

CARRERA ESPACIAL:
Los Estados Unidos solo les quedaba una ventaja respecto a los otros: el espacio. En el año 2026, en medio de grandes críticas del país, la NASA mandó un cohete a Marte. Cuatro estadounidenses fueron los primeros en pisar el Planeta Rojo, donde iniciaron una especie de conquista. Instalaron unos hivernaderos donde cultivaron millones de plantas para así, producir oxígeno para el hombre.
Unos cuantos años después de la Gran Guerra, los otros países quisieron colaborar con los estadounidenses en el nuevo planeta del hombre. Pero los EUA declaró que Marte era "de la propiedad de América y de nadie más".

LA CRISIS INFINITA:
Una vez terminado el petroleo, nadie quiso atacar a Arabia Saudita. Los precios subieron un 220% y la mayoría de multinacionales, cosa que provoco el cierre de más del 70% de las empresas, segun un estudio realizado por la Universidad de Tokyo.
Todos creían que la globalización había acabado pero Japón, que introdujo energías renovables mientras las grandes potencias estaban en guerra, ayudó a los otros países. Estados Unidos declaró que le encantaría que Japón colaborara con ellos en Marte.
Los precios siguieron subiendo hasta el 2113, donde todos asumieron que el petroleo no volvería jamás. Arabia Saudita se fue enriqueciendo pero estaba aislada internacionalmente así que decidió no ayudar más a sus aliadas.


Última edición por Bertu el Lun Jun 01, 2009 9:29 am, editado 3 veces

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Re: Una visión hacia el futuro

Mensaje por Bertu el Dom Mayo 31, 2009 6:18 pm

INTRODUCCIÓN
Segunda parte


Pero pasó algo que lo cambio todo. Se confirmó lo que muy pocos creían de verdad. No estábamos solos en el universo. Fue en el mismo año 2013 cuando un grupo de naves desconocidas cruzaron el cielo terrestre y aterrizaron en medio del desierto de Australia.

Tres naves, como la Santísima Trinidad, aterrizaron lentamente en medio de un montón de arena y estuvieron allí horas y días a la espera de algún valiente. La prensa se acercó al lugar tímidamente, observando cualquier movimiento que podía haber en el interior. Pero nada. No se movía nada.

Los ejércitos internacionales, armados de pies hasta la cabeza se acercaron sigilosamente a lo que parecían las compuertas de la nave del medio, que era la más grande. Fue en aquel momento en el que las puertas se abrieron, dejando un humo blanco que alertó a los soldados. Alguien bajó de la nave. Era un extraterrestre. Todos los apuntaron.

Era un general de las tropas el que tenía que decidir qué hacer. En sus órdenes estaba el futuro de la Tierra. Después de pensarlo detenidamente, se cruzó de brazos y mandó bajar las armas. Algunos de sus hombres no respetaron la decisión pero terminaron cediendo.

Aquel extraterrestre se acercó al general, que permanecía simulando tranquilidad, y le dijo “Gracias”. Por increíble que pareciera, el extraterrestre entonaba un inglés perfecto, aunque tenía una voz muy distinta, algo más grave. Como si escucháramos a un animal. Pero también era una voz tranquila y calmada. Ahora él y el general hablaban pausadamente. El general iba asintiendo con la cabeza mientras observaba detenidamente la indumentaria de aquel extraño y su aspecto. No era más alto que él, sus ojos completamente amarillos destacaban con el color verdoso pálido que tenía su rostro. La frente algo arrugada quizás mostraba algo de vejez y experiencia. Tenía dos brazos y dos piernas. Un torso grueso.

De los pies hasta el cuello un vestido blanco intentaba tranquilizar a todo el mundo. Finalmente, los dos dejaron de hablarse y el extraterrestre ofreció su mano con dedos alargados y sin uñas al general que observando a todos sus hombres se pensó otra vez que hacer. Todos estaban atónitos observando a aquel extraño. La prensa estaba haciendo fotos continuamente. Finalmente, el general estrechó su mano con el extraterrestre y los flashes empezaron a hacer ruido.

Pasaron los años y la relación entre aquella raza extraterrestre llamada treces (en honor al 2113) y los humanos era excelente. Los treces vivían en un sistema demasiado lejano que los astrónomos no habían ni percibido. Su tecnología era muy superior a la nuestra. Pero lo que más sorprendía era su actitud pacífica.

Subministraron poco a poco tecnologías a los gobiernos de la Tierra y ayudaron a los humanos con la “invasión” de Marte. Años después nos presentaron a otras razas. Sí, no solo había dos razas en el universo. Los treces y 78 razas más formaban lo que era una Alianza, donde pretendían la paz del universo. Había otras razas más desarrolladas que no pertenecían a aquella Alianza, pero aún así no atacaban porque lo que querían era vivir en harmonía.

Un consejo de aquella Alianza, llamada Alianza Intergaláctica por los humanos, nos ofrecieron un pequeño puesto en aquella organización. Fue en 2118 cuando finalmente la humanidad entró en la Alianza “universal”.

Cinco años nos cambiaron.

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Re: Una visión hacia el futuro

Mensaje por Bertu el Dom Mayo 31, 2009 9:37 pm

Capítulo 2
En la Tierra


Henry Small detuvo la alarma que lo despertó. Rápidamente, un robot se acercó a él y le dijo “Buenos días” con una voz mecánica. Henry le contestó casi mecánicamente. En su habitación del apartamento de Chicago, Small observaba un marco digital que se encontraba en su mesilla de noche. En ella se veían su mujer, su hijo y el propio Henry. Capturó el marco y lo configuró para que solo se viera la cara de su hijo. El robot se acercó a Henry.
—¿Discusiones, señor Small?
—Sí, Freddy.
—No lo entiendo señor. Notaba que erais felices.
—Entonces estás igual que yo.
—Le voy a preparar el desayuno.
El robot se dirigió hasta la cocina mientras Henry Small se vestía con su uniforme y se preparaba para llegar a la comisaría de Chicago.

El vehículo, que funcionaba con energía solar, llegó a la comisaría rozando por el aire aquella especia de barrera que rodeaba la ciudad de Chicago. Henry aparcó el coche en su plaza y saludó a uno de sus compañeros que hacía el mismo turno que él.
—Eh Henry ¿Viste el partido de los Bulls?
—No, discutí con mi mujer en el pre-partido.
—Vaya lo siento.

En Detroit, Sarah y Tom, la mujer y el hijo de Henry Small respectivamente, descansaban en un parque mientras observaban a los vehículos pasar por el aire.
—¿Y papá? —preguntó Tom mientras hacía música con las maletas.
—No vendrá —dijo la madre observando el celular que le marcaba la hora.
—¿Y papá?
—Te he dicho que no vendrá.
— ¿Y pa...
—Tom basta —gritó la madre.
El niño dejó de hablar y se levantó del banco en el que estaba sentado y se acercó a un árbol, uno de los pocos que quedaban en Detroit. Una de las ciudades importantes de Estados Unidos que no estaba protegida por un “invernadero”. Una oruga cayó en el pelo de Tom que se rascó la cabeza y se encontró con el insecto en sus manos. Corrió hasta su madre.
—Mamá ¿Qué es?
—Una oruga. De aquí se convertirá en un capullo y luego en una bonita mariposa.
—¿Un capullo? ¿Qué es un capullo?
—Es una crisálida, donde la oruga se convierte en mariposa.
—¿Y papá es eso?
—¿Qué? —dijo la madre que no entendió a su hijo.
—Es que ayer llamaste capullo a papá.
La madre desvió la mirada. Observó el celular. Eran las diez de la mañana. Capturó a su hijo de la mano.
—Vamos, tenemos hora para ver aquel piso del que te hablé. Y no digas capullo a nadie.

Henry ya iba por su tercer capuchino cuando un compañero entró en su despacho.
—Comisario, tenemos trabajo.
Su subordinado conectó el monitor del despacho. El banco general de Chicago estaba siendo atracado. Después de unos segundos observando se dirigió hacia la puerta donde tres vehículos policiales los esperaban.
En pocos segundos, gracias a la velocidad de los coches llegaron al banco. La entrada, completamente mecanizada, presentaba un aspecto mediocre. En el interior del edificio, los robots banqueros se enfrentaban a los ladrones y a otros robots, pero estos estaban al lado de “los malos” ya que estaban programados intencionadamente para robar el banco.

Henry observaba sus compañeros, la mayoría eran robots etiquetados con el logotipo de la comisaría en la frente. Henry, ya que era el comisario apuntó al interior y, acto seguido, ordenó la entrada.

En seguida un robot se le lanzó al cuello. Iba armado con un brazo mecánico pero Small no estaba en inferioridad. Sacó su brazo izquierdo casi siempre tapado por el uniforme. Con toda su fuerza de aquel brazo lanzó al robot que lo atacaba hasta varios metros y terminó chocando con las puertas mecánicas del banco, donde empezaron a saltar chispas.

Henry tenía aquel brazo biónico de una experiencia ingrata de ya hacía años. Fue en un atraco al mismo banco. Un robot lo lanzó hasta la entrada y al salir a gran velocidad a la calle un vehículo le rozó el brazo y le “extirpó” todo el antebrazo izquierdo. Desde aquel momento llevaba aquel artilugio biónico que le permitía combatir con los robots.

Los compañeros de Small ya tenían rodeada la zona y todos parecían estar fuera de peligro. Liberaron los rehenes mientras los robots enemigos se escondían. Pero no todo había acabado. Henry notó en su espalda el tacto de un metal frío.
—No te muevas —dijo el robot.
Todos apuntaban a aquella máquina.
—Si me disparáis. Voy a volar el edificio.
Efectivamente, el robot tenía el cuerpo lleno de explosivos. Uno de los compañeros de Small apuntó a la cabeza del androide.
—¡No, Sam! —gritó Henry.
Pero ya era demasiado tarde. El robot pulsó el detonador. Henry consiguió escapar impulsándose con su brazo biónico con gran fuerza hasta el techo. La explosión hizo que prácticamente volara.

Varios metros lejos, ya en el suelo, Henry observaba como el banco general de Chicago ardía con sus compañeros dentro.

—Quedamos así —dijo la madre saliendo de la immoblilaria.
—Mira mamá —dijo Tom observando algo en sus manos.
Tom había capturado la oruga que encontró en el parque. Se estaba convirtiendo en crisálida.
—Tom ¿Has tenido la oruga todo este rato?
Tom asintió con la cabeza.
—¿Puedo quedármelo?
El celular de la madre sonó. Era Henry, pero no contestó.
—Haz lo que quieras —dijo la madre intentando ignorar el sonido del móvil.

Horas después de pasar por la comisaría, Henry volvió a su apartamento. Vacío. Se sentó en el sofá mientras de desabrochaba el uniforme y escuchaba Bohemian Rhapsody de Queen. Freddy, su robot particular se acercó a él con la cena hecha.
—Veo que le gusta mucho esta canción señor Small, el volumen de reproducciones es considerable.
—Dime Freddy... Si te abandonara tu única familia, tus compañeros murieran... ¿Qué harías?
—Lo siento señor. No puedo procesar las emociones.
—A veces tenéis suerte los robots —susurró Henry que se levantó del sofá observando inquieto los cuadros que tenía en el pasillo. Se detuvo en un cuadro pequeño donde se veían él y un amigo de toda la vida.
—Reconozco el sujeto —dijo Freddy—. Christian Perkins, lo conoció en la Universidad de la ciudad y ahora...
—Capitán de la División Geo —dijo Henry acercándose a su robot—. Puedes descansar.
Desconectó al robot. Después capturó su celular.
—¿Christian? Hola. Soy Henry Small. ¿Te acuerdas que me dijiste una vez que siempre podía subir a bordo? Creo que... ha llegado el momento.

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Re: Una visión hacia el futuro

Mensaje por Bertu el Lun Jun 01, 2009 8:11 pm

Capítulo 3
La mariposa


Hace treinta años

Nos remontamos en la misma ciudad, Chicago. Allí un joven Henry Small vivía junto a su madre en un apartamento con un pequeño patio. Los primeros vehículos aéreos estaban al abaste de la mayoría de los ciudadanos y empezaban a surgir por el cielo medio gris de Chicago.

Precisamente en aquel patio lleno de arena, Henry Small pasaba las tardes de aburrimiento dibujando figuras en la tierra que salían de su más profunda imaginación. Un día de verano, alguien se acercó al patio y se detuvo frente a Henry que continuó con su peculiar juego.
—No pierdas el tiempo con esto. Mañana tus marcas ya habrán desaparecido. Haz algo que dure para siempre —dijo el hombre observando las figuras que el hombre dibujaba.
Henry levantó su cabeza y se encontró con un desconocido. Tenía unos cuarenta años y unas entradas en el pelo bastante considerables. Una chaqueta negra le recubría todo el cuerpo excepto la cabeza.
—¿Quién eres? —preguntó el niño.

La madre de Henry asomó por la ventana, observando a los dos.
—Es tu padre —dijo la madre con una mirada tan fría hacia aquel hombre que hizo que el niño creyera desde el primer momento las palabras de su madre.

Henry nunca se había planteado conocer a su padre. No era el único niño que era huérfano y su madre nunca le había hablado de su padre.
—Hola hijo —dijo el hombre intentando sonreír.
Henry se levantó del suelo. Aquel hombre se descubrió un brazo quitándose de la chaqueta. En aquel brazo, el izquierdo, tenía tatuado el nombre de su hijo: Henry.
El niño se quedó mirando a aquel hombre, su padre, y sin saber qué hacer, empezó a escuchar la conversación que empezaron su madre y... su padre. Aunque no entendía lo que decían.

“Actualidad”

Pasó un día. Freddy estaba esperando en la puerta de la habitación.
—Ábrete —dijo Henry.
La puerta automáticamente se abrió y dejó pasar al robot. Esta vez no llevaba preparado el desayuno.
—Buenos días señor Small —dijo el robot inclinando su cabeza vagamente—. Ha llegado un mensaje del señor Perkins.
En la ventana se proyectó una imagen bastante difuminada. Se escuchaban interferencias.
—Henry. Perdona por las interferencias pero ahora mismo estamos viajando por una zona no demasiado estable. Hay muchos asteroides que dificultan las comunicaciones con la Tierra. Como te prometí, siempre tendrías un puesto asegurado en mi equipo. Pero tendrás que viajar a Nueva York donde la central te reclutará. Ya he hablado con los encargados de la Geo y están al corriente de tu solicitud. Te espero a bordo.
La ventana se cerró lentamente. Ahora Freddy se retiró para preparar el desayuno.
—¿Puedo hacer una pregunta? —dijo Freddy volviendo con la comida.
—Claro —dijo Henry vistiéndose.
—¿Qué pasará conmigo?
—Te enviaré con Sarah y Tom. El niño te echará de menos.
—Gracias señor.
—¿Por qué me das las gracias?
—Creía que me iba a preconfigurar.
—¿Después de tantos años? Pero si eres uno más de la familia.
—Gracias... supongo.
Henry rió y el robot imitó su gesto.

—¡Qué grande! —dijo Tom dejando su mochila tirada en el suelo del sofá del nuevo apartamento.
Efectivamente, era más grande que el piso de Chicago aunque menos alto. El mobiliario ya venía incluido.
—Mamá ¿No tiene un Freddy?
—¿Un robot? No. Tendremos que comprar uno.
—Vaya... —dijo Tom recogiendo la mochila del suelo. Del bolsillo se sacó la crisálida y la puso encima de un armario.
—¿Va a salir la mariposa? —preguntó Tom.
—Claro.
—¿Ahora?
—No lo sé. Tendrás que buscarlo en la red, aunque con los tiempos que corren quizás no quiere ver el mundo que le toca.
—¿Qué?
—Nada, olvídalo —rió Sarah—. Voy a pedir a una empresa que nos lleve todas nuestras cosas.
Tom asintió. Se quedó mirando la crisálida que permanecía totalmente quieta. Pero de repente, empezó a moverse. Tom se quedó boquiabierto.

Quería tocar la crisálida pero no lo hizo por miedo a matar la mariposa. ¿Estaba a punto de salir? Pero no era una mariposa lo que contenía. La crisálida empezó a aumentar de tamaño y a emitir unos pequeños rayos rojos que parecían infrarrojos.
—Mola —susurró Tom.
Emitió un chirrido y tomó un color rojizo. Escuchó unos pitidos y de repente, algo fue lanzado hacia el cuello de Tom, que estuvo unos segundos sin reaccionar. Cuando volvía a estar en sí, observó lo que antes era la crisálida que ahora se estaba desintegrando. Sin saber qué hacer, observó como los robots entraban en su nueva casa llevando sus cosas.

Música: Nickelback – Gotta Be Somebody

El día después, Henry preparó su equipaje. Cuando lo tenía todo listo, desactivó los circuitos eléctricos del apartamento y haciendo el último suspiro en aquel piso, se encontró con Freddy que se hallaba en la entrada, inquieto.
—Me voy, Freddy.
—Buen viaje, señor
—Cuida de Tom ¿Vale?
—Sí, señor.
Freddy cerró la puerta lentamente y acto seguido se quedó observando a Henry unos segundos.
—¿Ocurre algo? —preguntó Henry.
—¿Le importa si le abrazo, señor?
—Claro que no —rió Small.
Los dos se abrazaron, chatarra contra chatarra y se despidieron al salir del edificio.

En pocos minutos Henry llegó a Nueva York donde estaban reparando el Estatua de la Libertad. Se detuvo en el viejo Central Park para hacer su última llamada antes de subir a bordo de su nuevo destino. Llamó a su madre.
—¿Henry?
—Hola, mamá.
—¿Estáis bien? Hacía mucho que no me llamabas... Años... ¿Está bien Tom?
—Sí, todos estamos bien.
—¿Y el brazo? ¿No te duele?
—Para nada. Aunque a veces noto que llevo un exceso de peso. Te llamo para decirte que me voy de la Tierra. Subiré a bordo de la División Geo.
—Henry... ¿Estás seguro de lo que haces?
—Lo he meditado.
Una nave pasó por el cielo del parque.
—Es tu vida Henry, hace ya muchos años que no te aconsejo y supongo que habrás aprendido de tus propios errores. Haz lo que creas correcto.
—Sí.
—Pero espero que no subas a... a esa nave para huir de tus problemas.
Henry no contestó.
—¿Es por eso?
—No, no es eso —se quedó un rato callado—. Quiero empezar de nuevo, lejos de aquí. Cuídate.
—Te quiero hijo.
Henry descolgó. Se dirigió hacia la central de la División Geo. Rápidamente dos robots le dejaron pasar y le dieron toda la documentación necesaria. Acto seguido le hicieron pasar por un detector de metales antes de trasladarse a bordo de un avión a Nuevo México, donde saldrían al espacio. El detector empezó a pitar y los empleados que controlaban la habitación se alertaron.
Henry dejó ver su brazo biónico.
—Viene incorporado.

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Re: Una visión hacia el futuro

Mensaje por Bertu el Mar Jun 02, 2009 10:04 pm

Capítulo 4
A bordo


Una cantidad de humo descomunal hizo acto de presencia al abrirse la compuerta principal de la nave Falcon Mix, la más grande de la División Geo y su centro de operaciones. Los reclutas formaron una línea recta hasta que alguien del interior se acercó a ellos lentamente y los observó con un gesto frío.
—Bienvenidos —dijo aquel hombre invitando a los reclutas entrar.
Desde el primer momento en el que Henry Small pisó el suelo, notó que su vida iba a cambiar. El color blanco de la nave hacía resaltar los otros colores y los uniformes azules de la tripulación. También parecía una nave pura y porque no decirlo, justiciera. Era todo lo que aparentaban y lo que eran. En medio de los pasillos, Henry se iba encontrando con objetos que nunca había imaginado que existieran y parecía que los otros reclutas opinaban lo mismo.

En general la nave estaba cubierta por puertas magnéticas que se abrían continuamente, dejando pasar a la tripulación nerviosa que no paraba de moverse. Cada vez subían a un piso superior por una pasarela que los iba trasladando por los puntos más destacados de la nave. Finalmente llegaron a un lugar donde se mezclaron más colores que el blanco y el azul. Por primera vez en su vida, Henry estaba a escasos centímetros de un extraterrestre. Lo observaba con algo de temor, el alienígena se percató de aquello y retrasó unos pasos mirando de reojo a Small. Estaban llegando al centro de operaciones.

Unas compuertas grandiosas se abrieron desde el suelo y dejaron pasar a los reclutas hasta la sala del capitán, donde se encontraba el máximo dirigente y sus hombres de confianza. En aquel momento el Falcon Mix despegó. Los reclutas observaron como la Tierra se iba haciendo pequeña hasta desaparecer. Después de acostumbrarse a contemplar unos segundos el infinito, se percataron de una reunión que tenían el capitán, Christian Perkins, y sus hombres. Un hombre que acompañaba a los reclutas se acercó al capitán, un hombre de mediana edad no demasiado alto y con el pelo algo rubio. Al ver a los reclutas ordenó a sus hombres que se retiraron y mandó a los nuevos que se acercaran a él.

El capitán Christian Perkins se levantó de su sillón con algo de esfuerzo.
—Perdonad, es el cambio de presión. Bueno, supongo que mi amigo Robert Bale ya os habrá dado la fría bienvenida que da siempre.
El hombre que acompañaba a los reclutas se rió.
—Muchas gracias por subir a bordo de la División Geo. Si estáis aquí supongo que es porque queréis descubrir los límites de la raza humana. Os juro que los encontraremos. Pero tenemos como objetivo principal no solo la paz en la Tierra y en Marte, sino con nuestros aliados, los neutrales e incluso los enemigos. Que los hay, aunque por las noticias no lo digan. Pasaran los días y os acostumbraréis rápido a esta nave. Suerte y prosperidad.
Christian Perkins hizo el símbolo de Star Trek con su mano izquierda. Algunos reclutas copiaron su gesto y Perkins se carcajeó.
—Siempre hay alguno que no entiende las bromas del capitán. Ahora si os importa, debo seguir con su reunión.
Los reclutas retrocedieron y asintieron. Henry se quedó observando como Perkins se sentaba de nuevo en el sillón de capitán.
—Parece que estás a gusto, Perkins —dijo Henry acercándose.
—¿Small? No te había reconocido —dijo Perkins mientras se levantaba otra vez y abrazaba a su amigo.
—Han pasado muchos años...
—Small, bienvenido a mi tripulación. Es un placer tener gente como Henry Small bajo mis órdenes. Te buscaré un puesto más alto, llevas muchos años de comisario y más o menos ya sabes como funciona esto.
—No quiero ser el favorito del capitán.
—No eres mi favorito, solo te quiero dar lo que te mereces. Además, durante toda tu vida has estado luchando por lo que tenías. Ya es hora que te faciliten algo.
—Sigo sin poderte convencer...
Unos cuantos hombres y extraterrestres entraron en la sala y Henry entendió que tenía que retirarse.
—Permiso para retirarse, capitán.
Henry salió por la puerta de la sala del capitán y vio otra visión muy diferente empezando por lo más alto. Los máximos mandatarios, la mayoría mujeres humanas y extraterrestre a los que Henry no podía determinar el sexo, se encontraban en los pisos superiores intentando comunicarse con las otras divisiones y compartir las informaciones que recopilaban. Henry se fijó en que no hablaban inglés, así que dedujo que no hablaban en ninguna lengua que se encontrara en la Tierra. Bajando hasta el piso inferior, donde se encontraban los reclutas, observaba a sus nuevos compañeros nerviosos, mirando el universo por unas ventanas muy gruesas que se encontraban en el suelo. Henry observó el suelo impresionado, pues tenía el universo en sus pies.

En Chicago, las cosas seguían casi igual. Tom, el hijo de Henry Small, retomó la educación desde casa, siguiendo las clases interactivas por la red. Sarah, la madre, encontró un trabajo cerca de su apartamento y visitaba a su hijo entre turnos. Cada vez era más dificil encontrar trabajos que no hicieran perfectamente los robots. Fue un viernes, cuando Sarah ya había vuelto del trabajo cuando alguien entró en el apartamento silenciosamente. La casa, detectó rápidamente al intruso y lanzó un rayo hacia él. Saltaron unas chispas del cuerpo desconocido hasta que cayó desplomado al suelo mientras el sistema de seguridad de la casa avisaba con una voz mecánica que había un intruso en el apartamento.

Sarah fue la primera en acercarse al intruso. En realidad no era un desconocido, era Freddy, que estaba en el suelo inmovilizado y electrocutado. Otro rayo procedente del techo impactó contra el robot que emitió un ruido extraño.
—Seguridad anti-intrusos anulada —gritó Sarah observando el estado del robot.
La casa estuvo unos momentos sin emitir ningún ruido hasta que habló.
—Voz reconocida. Seguridad anti-intrusos desactivada.
Tom también se acercó al robot.
—¡Freddy!
La madre apartó al niño de Freddy para que no se electrocutara el pequeño también. Sacó su celular.
—No lo toques Tom. Voy a llamar a Tecrobot.
Tom se quedó al lado del robot hasta que encontró un dispositivo en su espalda. La madre iba llamando mientras se percató de que su hijo estaba manejando el panel de control de Freddy. Era increíble. Tom parecía que llevaba reparando robots durante toda su vida. Pulsaba los botones con total normalidad y en unos instantes, los ojos de Freddy se encendieron de nuevo y el robot pudo levantarse del suelo.
—Hola Tom —dijo la voz del robot yendo de más grave a más aguda.
—Tecrobot ¿Qué desea? —se escuchaba desde el otro lado del auricular.
—Eh... Lo siento —dijo la madre descolgando.

Se acercó a Tom que se estaba abrazando con Freddy.
—Hijo ¿Cómo has hecho esto?
—¿El qué? —dijo Tom con indiferencia.
—Reparar a Freddy.
—Ah eso... es fácil. Sigue un modelo matemático bastante desarrollado, pero se basa siempre en lo mismo.
La madre quedó perpleja.
—Creo que la última vez suspendiste matemáticas.
Tom, confundido, observó a su madre y notó que estaba muy preocupada. Finalmente, se encogió de hombros y se rió.

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Re: Una visión hacia el futuro

Mensaje por Bertu el Miér Jun 03, 2009 9:18 pm

Capítulo 5
Atrapado/s


Freddy observaba como Tom y Sarah dormían tranquilamente. Finalmente vio que el pequeño empezaba a abrir los ojos lentamente. Tom despertó a su madre. Se habían dormido.
—Dios mío, llegaré tarde —dijo la madre vistiéndose rápidamente.
—Aún no has configurado el despertador del apartamento, Sarah —dijo Freddy.
—Cierto... Un momento ¿Me has llamado Sarah?
Freddy miró a su alrededor.
—Tom ayer me configuró para tutearles.
Tom se rió. Freddy se retiró de la habitación y llegó con el desayuno preparado. La mesa apareció del suelo y se quedó flotando en el aire.
—Manzanas para Tom —dijo Freddy sirviendo la fruta hasta la mesa.
—No tengo hambre —dijo Tom indiferente que se fue a encender el ordenador.
—Hijo, tienes que desayunar algo —dijo la madre esperando la comida que le traía el robot.
—Un buen café para Sarah.
La mujer no se acostumbraba al nuevo tracto que tenía el robot con ella.
—Tom, siéntate para desayunar —ordenó la madre.
Después de unos segundos intentando no obedecer, Tom se sentó y capturó una manzana roja. Al tragarla, estuvo un momento pálido y vomitó la fruta encima de la mesa. La madre se acercó a Tom preocupada.
—Enseguida lo lavo —dijo Freddy yendo hasta la cocina. Pero unos rayos de agua salieron de la mesa y limpiaron lo que quedaba de la manzana. Freddy, confundido, se quedó plantado en medio del pasillo.
Sarah miró si Tom tenía fiebre. Pero notó lo contrario. Estaba muy frío.
—Vamos al médico —dijo Sarah.

En el Falcon Mix, los reclutas observaban a unos oficiales mientras ellos enseñaban a los nuevos algunos aspectos de las galaxias más cercanas al Sistema Solar. Small vio a Perkins medio escondido en una esquina y se acercó a él esquivando las miradas de sus compañeros.
—Capitán —dijo Henry acercándose.
Perkins rió levemente y caminó por un pasillo donde se podía ver perfectamente una pequeña constelación.
—¿Cómo se llama? —preguntó Henry.
—Phoenix, solo tiene treinta estrellas —suspiró Perkins.
—¿Te encuentras bien?
—¿Sabes? Todas las culturas, no solo las de la Tierra... sino todas las culturas del universo desde el inicio de su razonamiento han buscado una explicación de la vida en las estrellas. Aquí.
—Y... ahora que estás aquí todavía no has descubierto el sentido de la vida.
—Correcto. Eso me hace llegar a una conclusión. La vida tiene el sentido que le das. ¿Qué sentido tiene tu vida, Small?
Perkins se alejó lentamente por los pasillos y Henry se reincorporó en las clases. Estaban hablando de un planeta bastante lejano y desconocido, Derbaryan. Iban a estudiar al terreno para entender mejor las explicaciones.

Horas después subieron a otra nave más pequeña con dirección. No sabían los días que tardarían en llegar y no lo notaron, porque en el universo es todo oscuro, no hay día ni noche. Pero finalmente aterrizaron a un altiplano bastante alto y los reclutas salieron algo cansados. Observando el paisaje que se dibujaba en sus pies. Parecía estar repleto de círculos de montañas.
—¿Hay alguien que vive aquí? —preguntó un recluta.
—Pues sí —contestó un profesor—. Los que pueblan este planeta tan rocoso y seco son unos seres bastante diminutos pero muy inteligentes. En las profundidades de estas montañas conviven con una forma muy peculiar. Su historia es triste. Nietzsche afirmaba que la inteligencia procedía de la debilidad. Por este motivo las religiones defendían a las personas débiles y castigaban a las personas fuertes. Con los seres de Derbaryan pasó algo similar. Creían que encontrarían al ser al que tienen devoción en el cielo. Por eso, desde las profundidades, levantaron estas montañas con sus propias manos hasta llegar hasta aquí.
—¿Y qué pasó después?
—Se rindieron. Creyeron que su ser divino los estaba castigando y volvieron a los profundidades de estas montañas.
Los reclutas observaron las profundidades del barranco.
—Nos largamos —dijo el profesor.
Henry hizo un pase adelante y abrió los brazos.
—Small —gritó el profesor.
Henry estuvo unos segundos observando el paisaje y subió de nuevo a la nave.

En el regreso, el piloto estaba demasiado nervioso. Los reclutas tenían la impresión que algo iría mal. Incluso los profesores evitaban mirar a los nuevos para así evitar que se notara su nerviosismo.
—¿No puedes ir más rápido? —soltó un profesor al piloto.
—Hago lo que puedo. ¿Vale?
Henry vio un cuerpo que resaltaba en el negro del universo.
—¿Qué es esto? —dijo Small señalando al cuerpo.
Un profesor se acercó a la ventana. Sus pupilas se dilataron.
—Rebeldes —susurró.
El piloto pulsó un botón que estaba oculto debajo de su asiento y los reclutas empezaron a flotar.
—Así ahorramos energía. Lo siento chicos. Voy a intentar impulsar la nave —dijo el piloto agarrándose en el cinturón de seguridad.
De repente Henry vio otro cuerpo, esta vez lo veía muy claro. Era una nave enorme que se acercaba a ellos. Por la forma parecía una rosa rodeada de puntiagudas espinas.
—Vamos a chocar —dijo el piloto.
—Comunícate con la División —ordenó el profesor.
El piloto asintió pero algo iba mal.
—No... no puedo.
—¿Cómo que no puedes? —gritó el profesor.
—Chicos... Creo que quieren que entremos —dijo Henry.
Efectivamente. Una enorme compuerta se fue abriendo lentamente y la nave de la División solo tenía una opción. Entrar.
Ya en el interior, observaron la estructura de la nave. Todo tenía un color metálico resaltado con unos bordes de un rojo vivo. Tenía un contraste bastante claro con los colores de la nave de la División Geo. De repente, unos cuantos extraterrestres armados se acercaron a la nave y hicieron salir a la tripulación de su interior. Henry notó el tacto de un metal frío en la nuca. Aquella situación le recordó tiempos no muy pasados. Fueron empujados hasta una especie de celdas, donde Henry fue enjaulado junto a otro miembro de la tripulación, el profesor que los acompañó en todo momento. Los extraterrestres se retiraron y las luces rojas se apagaron, dejando la vista inútil.
—¿Nos han encerrado? —susurró Henry.
—Eso parece... —dijo el profesor demorando unos segundos sin contestar.
—¿Por qué?
—No lo sé. Los brarans nunca nos habían atacado y menos secuestrado. Creo que...
—¿Qué?
—Desviar la atención de la División.

Tom llegó a la consulta del médico acompañado por su madre y por Freddy. El robot vino por órdenes de Sarah. Un médico precedido por un robot entraron en la sala.
—¿Qué le pasa? —preguntó el doctor.
—Tom ha perdido el apetito... Es raro, esta mañana no le ha sentado nada bien la manzana y es una de sus frutas favoritas.
El robot del médico empezó a emitir unos ruidos que significaba que estaba empezando a eliminar posibles enfermedades.
—¿Algo más? —preguntó el doctor.
—Me dejo lo más importante. Miré si Tom tenía fiebre y... está frío.
—Creo que por el informe que me han pasado mis compañeros, Tom podría tener el síndrome de Keidell.
—¿De Keidell? No me suena... Y ¿Es grave?
—Se trata de una enfermedad bastante rara que ha surgido hace pocos años. Se desarrolla en personas que salen de ciudades cubiertas por invernaderos de oxígeno al exterior. Presentan varios síntomas, la baja temperatura corporal es una de ellas. Aún así el cuerpo sigue fabricando defensas. Es una enfermedad curable con tratamiento algo fuerte. Vamos a observar a Tom.
El médico hizo un gesto al robot. La máquina se acercó al chico y empezó a emitir unos rayos que pasaron por todo el cuerpo de Tom.
—Error, error —dijo la máquina.
—¿Qué ocurre? —preguntó la madre preocupada.
—Brandon, visualiza el informe.
El robot emitió un sonido y reflejó unos rayos en la pared, dejando leer un informe de varias hojas. El doctor se levantó de la silla y empezó a leer las páginas.
—No puede ser —dijo el doctor.
—¿Qué pasa? —dijo la madre cada vez más preocupada.
—Su hijo no respira, no tiene pulso —hizo una pausa para mirar al niño—. Está muerto.
La madre miró a su hijo que observaba al doctor con indiferencia.

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Re: Una visión hacia el futuro

Mensaje por Bertu el Sáb Jun 06, 2009 12:45 pm

Capítulo 6
Objetivo: Aniquilación


Henry abrió los ojos. Aún todo continuaba con el mismo color negro. Escuchó la respiración pausada del profesor. Tocó las frías rejas y escuchó el susurro de los reclutas.
—Small —dijo el capitán con una voz débil.
—Estoy aquí, profesor.
—Ya lo supuse...
—¿Qué quieren de nosotros?
—¿De nosotros? Nada bueno.
De repente la luz entró en la celda y cegó a la tripulación. Los extraterrestres entraron formando un grupo contacto y liberaron a los reclutas lentamente. Los humanos no opusieron resistencia, ya que los alienígenas continuaban yendo armados. Llegó el turno de Henry, salió de la celda junto al profesor escoltado por cuatro extraterrestres que no se alejaban de ellos.
Todos se dirigían al mismo lugar.

Sarah estaba más nerviosa que nunca cuando una mujer llegó al hospital. Tom había sido aislado en una sala específica. La mujer empezó a revisar las pruebas que habían hecho al niño. Estaba junto a dos mujeres y un hombre que le estaban dando consejos. Sarah se acercó a ella.
—¿Qué le pasa a mi hijo?
La mujer hizo un gesto y sus consejeros se retiraron.
—Lo siento mucho —continuó—. Su hijo ha muerto.
—¿Cómo? —dijo la madre incrédula—. Pero si habla... camina...
—Tom fue infectado por una microestructura extraterrestre que le quitó las funciones cerebrales hasta así controlar todos los actos de su hijo.
—¿Extraterrestre?
—En las últimas horas hemos recibido casos muy similares. Hay infectados de todas las edades.
—¿Qué vais a hacer con Tom?
—Vamos a intentar erradicarlo.
—Intentaremos quitarle la infección. Pero ya le adelanto que no podemos hacer más por su hijo. Ya está muerto.
La madre rompió a llorar y se sentó en un banco de la sala de espera mientras observaba a un Tom inquieto que iba haciendo vueltas a la habitación en la que estaba encerrado. Uno de los consejeros hizo un gesto a sus compañeros y los cuatro entraron en la habitación. Sacaron las armas. Al primer disparo, Tom esquivó el balazo y capturó una pistola. Disparó a la cabeza de una mujer y capturó su arma. Ahora Tom recibió dos disparos en el pecho que lo hicieron retroceder varios pasos. Una mujer herida se acercó a él por la espalda y le disparó en la nuca. Tom cayó al suelo. Todos los de la habitación habían muerto. Pero Tom de repente se levantó y con una fuerza descomunal rompió el vidrio de la habitación y salió al exterior. Sarah intentó perseguirle. Pero Freddy se interpuso en su camino.
—¿Qué haces?
Freddy golpeó a Sarah y esta cayó al suelo impactando contra la pared cosa que le provocó la muerte.

Henry y los otros caminaban hacia un pasillo dentro de la nave que parecía no tener fin. Small tenía el profesor a su derecha.
—Me he fijado en una cosa. No tienen robots —dijo Henry.
—Cierto. La mayoría de razas más potentes no los usan.
—¿Por qué?
—Alguien podría programar a estas máquinas para fines maléficos.
De pronto se detuvieron.

Tom entró en una tienda de robots y se encontró con un dependiente en la entrada.
—Hola ¿Te has perdido?
El dependiente se fijó en las manchas de sangre que llevaba Tom.
—¿Qué te ha pasado? —preguntó el dependiente.
Tom sacó la pistola que robó y disparó a la cabeza del dependiente. Ahora la tienda estaba libre. Empezó a configurar los robots para conseguir sus planes.

En la habitación en los que estaban los reclutas, Henry estaba rodeado de extraterrestres armados. No tenían escapatoria. Un extraterrestre entró en la sala y ordenó la muerte de los humanos. Los reclutas se percataron de aquello y se abalanzaron sobre los extraterrestres.
Henry recibió un disparo que logró esquivar gracias a su brazo biónico que empezó a emitir chispas. Capturó un arma y empezó a disparar a todos los extraterrestres que se interponían en su camino. Consiguiendo aniquilar a bastantes de ellos. De repente se encontró con Christian Perkins en uno de los pasillos.
—¿Perkins?
—Rápido, sígueme.
Henry hizo todo lo posible para alcanzarlo pese al disparo que había recibido en una pierna. Perkins subió a una nave enemiga y Henry le siguió. Despegaron en un momento y se alejaron de la nave alienígena.
—¿Qué está pasando? ¿Y los otros?
—No nos quieren vivos, Small.
—¿A qué te refieres?
—Creen que somos peligrosos y nuestra presencia en la Alianza Intergaláctica les molesta. Ya ha empezado la aniquilación.
—¿Qué aniquilación?
—La aniquilación de nuestra especie. Cada vez somos menos.

En la Tierra, ejércitos de robots configurados por cientos de infectados se acercaban a un mismo objetivo. Washington. Allí combatieron con las fuerzas de seguridad nacionales con éxito y alcanzaron de lleno el nuevo congreso que se había instaurado allí y consiguieron acabar con la vida de los senadores y del mismo presidente de los Estados Unidos. La masacre se extendió a nivel mundial.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Henry.
—Aceptar nuestro fin —dijo Perkins tragando saliva.

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