Cuestion de Fe

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Cuestion de Fe

Mensaje por Fobio el Dom Jul 04, 2010 4:24 am

En el lejano horizonte, hacia el este, la negrura de la noche por fin daba señales de quebrarse, lenta e inexorablemente, para dejarle su lugar a un nuevo amanecer.
Un ténue fulgor apenas perceptible comenzó a disolver las sombras en la lejanía, adquiriendo poco a poco un pálido tinte rosáceo, que fue acentuando sus matices hasta hacerse tímidamente anaranjado en principio, para llegar a la intensidad del fuego, como preludio inevitable de la aparición del imponente disco solar.
El campo donde Aroldi se hallaba, acurrucado dentro de una bolsa de dormir, con la anónima compañía de tantos desconocidos, era una tierra inusualmente desolada y yerma en medio de la nada. No había ninguna ciudad, pueblo o caserío a menos de doscientos kilómetros en cualquier dirección.
“¿Qué carajo estoy haciendo yo acá?” Se preguntó el muchacho quizás por centésima vez en esa noche fría, interminable, sin descanso, con sólo unos breves períodos de sueños inquietos, incomprensibles y extraños. No pudo elaborar una respuesta satisfactoria. Maldijo al jefe de redacción de su periódico y se maldijo a si mismo por ser un novato a quien siempre le daban las peores asignaciones, las coberturas que nadie más quería realizar y que hacían parecer los comienzos de su carrera en periodismo como una broma de mal gusto.
Levantó apenas la cabeza, embutida hasta abajo de las orejas en un gorro de lana gruesa y vió que podía distinguir vagamente algunas cosas a su alrededor. Estaba amaneciendo y eso lo hizo sentirse momentáneamente mejor. Se irguió un poco más y el panorama surreal que sus ojos registraron lo impresionó profundamente. Aparentemente, más gente había estado llegando durante la noche, a juzgar por la gran cantidad de siluetas que podían verse por doquier en distintas posiciones. Muy pocos estaban acostados, como él. Algunos deambulaban silenciosamente como fantasmas en medio de una neblina algodonosa que les llegaba a la altura de las rodillas, con las manos juntas y pasando incesantemente cuentas del rosario. Otros se hallaban sentados en grupos, hablando en susurros mientras se pasaban el mate o alguna que otra taza de café caliente. Pero los más se hallaban arrodillados sobre mantas o directamente sobre el pasto duro y húmedo, con sus caras enfrentadas al sol naciente, ojos cerrados y labios susurrando rezos y plegarias. También pudo distinguir personas en sillas de ruedas, con mantas sobre los hombros y las rodillas, la mayoría con un acompañante al lado.
Un poco más allá de la dispersa multitud, sobre el angosto esbozo de camino por el que habían llegado, se podía ver una hilera interminable de vehículos de toda clase imaginable. Motorizados y de tracción a sangre.
Aroldi imaginó con horror el regreso, más tarde, de todos esos transportes por ese camino estrecho, desigual y pedregoso. Le tomaría horas de lento progreso alcanzar la ruta más cercana que lo llevaría de vuelta hasta la capital y su departamento.
Y todo por un comentario que llegó a oídos de la redacción, de alguien que sabía de una persona con ciertas adicciones e incontables problemas personales, que estuvo allí el mes anterior y cuya vida había cambiado radicalmente después de su visita, sin llegar a precisarse exactamente la naturaleza de lo que habría experimentado o visto. Esta era la razón por la que el jóven periodista, con estrictas instrucciones de permanecer incógnito, había sido enviado a ese lejano paraje. Tenía que averiguar lo que estaba sucediendo.
Hasta donde alcanzaba la vista, no se podían divisar árboles en el lugar, sólo pastizales y arbustos, a excepción de un espinillo solitario, su magra copa casi totalmente deshojada, con un nido abandonado entre sus ramas, y a corta distancia, en ángulo, el grueso tronco abierto y casi seco de un viejo sauce, con algunas ramas peladas en uno de sus costados superiores, que cubrían asimétricamente sólo una parte de lo que hubiese debido ser su fronda.
Sacó de su mochila el termo con café instantáneo preparado la tarde anterior y llenó una taza de plástico con el negro líquido, ahora apenas tibio. Salió sin muchas ganas de su capullo térmico, pués ya no tendría ninguna posibilidad de seguir durmiendo y mientras se tragaba a sorbos la espantosa infusión, comenzó a recoger su precario campamento a cielo abierto. El creciente canto de los pájaros le confirmó la llegada de la mañana.
De algún sitio entre las figuras que lo rodeaban, surgió una voz nítida, advirtiendo que ya era tiempo. La gente se fue movilizando hacia un lugar ubicado más o menos a media distancia entre los dos únicos árboles existentes, cuidando de dejar un claro circular de unos cuatro o cinco metros de diámetro. Sobre el horizonte, del otro lado de los árboles, un tercio de la enorme bola solar ya había asomado. Podía sentirse la tibieza de los primeros rayos.
Todo el mundo alrededor del área despejada aguardaba en silencio expectante. Algunos miraban furtivamente sus relojes. Nada sucedió en los siguientes cinco minutos. Aroldi empezaba a impacientarse, principalmente porque no sabía que esperar. Miraba hacia atrás, donde el sol iba creciendo más y más a cada instante, luego hacia la multitud, que seguía con la vista fija en el centro del círculo. Casi todos parecían estar orando en silencio, por el modo en que sus labios se movían en forma apenas perceptible. Notó con sorpresa que las aves también habían interrumpido su canto matutino. El nerviosismo del jóven reportero crecía con cada segundo transcurrido. Miró rápidamente la hora para tener una noción del tiempo. En ese momento la multitud soltó un grito ahogado de asombro y Aroldi levantó la vista con rapidez. Siguió la mirada de los demás pero no pudo distinguir nada fuera de lo normal. Sólo un punto de luz que los rayos oblicuos del sol habían formado al pasar por entre las ramas del sauce. La gente aumentaba su inquietud y el periodista esforzó aún más la vista para no perderse detalle. Lo único que pudo notar fue que el punto sobre la sombra del suelo había comenzado a alargarse, formando una línea recta luminosa que iba creciendo cada vez más a medida que el sol se levantaba. Cuando la línea alcanzó una longitud de aproximadamente tres metros cesó en su crecimiento, incrementando visiblemente la agitación de los presentes.
Luego de unos instantes se formó otro punto luminoso en el suelo. Este efecto era ahora producido por la creciente luz que atravezaba un orificio en la paja del nido abandonado sobre la copa del espinillo. Como el haz anterior, se fue extendiendo hasta formar una raya luminosa que cortó perpendicularmente a la otra en su tercio superior, para formar sobre el terreno una cruz perfecta. La multitud acalló repentinamente su murmullo. Un silencio absoluto se adueñó del lugar mientras todos observaban el símbolo dibujado sobre el terreno. Aroldi, atónito, nunca supo cuanto tiempo pasó con los demás mirando el fenómeno. Pudieron haber sido segundos, minutos, o quizás horas. Pero al irse incrementando la luz gradualmente, evaporando las sombras, la visión se tornó cada vez más borrosa, hasta finalmente desaparecer.
Tampoco pudo recordar el viaje de regreso a su hogar, que previamente se le había antojado insufrible. Sólo era conciente de haberse presentado temprano al día siguiente en el periódico, para comunicar su renuncia y retirarse del lugar sin entregar su reporte ni tampoco ofrecer explicación alguna. No tenía la menor idea sobre lo que iba a ser de su vida de allí en adelante, pero por alguna misteriosa razón tampoco estaba preocupado en lo más mínimo.

Safe Creative #1007086761244

Fobio
Pequeño Keidiano
Pequeño Keidiano

Cantidad de envíos : 60
Edad : 62
Localización : Zarate - Bs. As. - Argentina
Puntos : 7634

Ver perfil de usuario http://www.literaturadefogon.blogspot.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuestion de Fe

Mensaje por M.L el Dom Jul 25, 2010 6:07 pm

Genial Jose! felicidades! Ml

M.L
Pequeño Keidiano
Pequeño Keidiano

Cantidad de envíos : 72
Puntos : 7208

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuestion de Fe

Mensaje por Fobio el Dom Jul 25, 2010 9:05 pm

ML: Gracias amiga. Tu lectura y comentario me producen un verdadero orgullo.
Un gran abrazo,
Jose

Fobio
Pequeño Keidiano
Pequeño Keidiano

Cantidad de envíos : 60
Edad : 62
Localización : Zarate - Bs. As. - Argentina
Puntos : 7634

Ver perfil de usuario http://www.literaturadefogon.blogspot.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuestion de Fe

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 9:43 am


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.