número siete.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

número siete.

Mensaje por ORWELL el Dom Sep 19, 2010 11:54 am

“Empieza la función, pongan atención,
el circo cabe en un asiento del vagón.”
Joaquín Sabina. Tolito, 1985

El tren emitió ese grotesco ruido como de bestia adormecida a la que fustigan para que continúe caminado. La caldera emerge de su sueño y dentro de ella germina una llamarada candente y poderosa. El vapor resultante hace crujir los pernos, los remaches, los mil y un tornillos que componen la turbina. La temperatura asciende de golpe y una quemazón sofocante invade la sala de máquinas agobiando a los operarios.
El vapor, como un ariete incansable, espolea el pistón, y éste a su vez, inicia el movimiento de las ocho ruedas de la locomotora, cuatro por costado.
Un pitido estridente avisa. El tren está listo para continuar su camino.

El andén esta atestado de personas que saludan a los viajeros. Estos a su vez, asomados a las ventanillas, se despiden de familiares y amigos. Concluido el ritual de despedidas, cierran apresuradamente las claraboyas para evitar que el hollín les manche la ropa y los enseres. Después cada cual ocupa su lugar y toma asiento según indique el anverso del billete. Mullidos asientos de fieltro o económicos tablones de madera. Cada cual en su compartimiento, cada quien en su lugar, como en la vida.

El hombre, cuando el tren ha iniciado el camino, extrae de su mugriento petate unos dados, mientras siente el traqueteo del vagón recorriendo su cuerpo. Los observa ante sus ojos expuestos sobre la palma de la mano. Mal augurio. La suma es impar. A continuación cierra la mano con fuerza, sintiendo en su interior las aristas. Cierra los ojos, espera un instante mientras contiene la respiración, y los lanza al suelo del vagón para que corran al encuentro de la suerte. Tras un sortilegio de equilibrios, los dados se detienen. La suma de ambos marca siete.
El hombre, acuclillado sobre la dura superficie de madera, da un respingo y se alza. Camina varios pasos, recoge los dados, los mira incrédulo y niega con la cabeza. Finalmente los introduce de nuevo en el petate.

El tren avanza entre brumas de vapor ganando cada vez más velocidad y dejando atrás la última estación. Un zarandeo incómodo agita los compartimientos y dentro de ellos a los viajeros. El revisor con su azul uniforme comienza la ronda. El instinto y la memoria le indican cuales son los viajeros que han subido al tren en la última estación. No puede precisar cuantos han bajado. Eso no forma parte de su trabajo.

El hombre se acomoda sobre el duro asiento de madera de su compartimiento. Está solo. Reclina un poco la espalda y se cala un poco el sombrero sobre el rostro. Intenta dormir mientras piensa en los dados y el número resultante. Siete. Si la decisión estuviera en sus manos, hubiera preferido un número más alto, quizá diez o doce. Más cerca del mar.
Está cansado y se rinde al sueño.
Un último pensamiento le acosa. Ojala los dados no gobernaran su vida y no tuviera que apearse en la séptima estación del itinerario de aquel tren para empezar de cero una nueva existencia.



ORWELL
Pequeño Keidiano
Pequeño Keidiano

Cantidad de envíos : 94
Edad : 46
Localización : zamora (expaña)
Puntos : 7313

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.