El Patriota

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El Patriota

Mensaje por Bertu el Mar Ago 05, 2008 7:41 pm

Estamos en Alemania, en el 1945. La Segunda Guerra Mundial está a punto de terminar. La URSS y los EUA tienen practicamente a la ciudad de Berlín invadida

Capítulo 1: Acaba la Guerra
Magdeburg, Alemania.

—Benjamin—dijo el sargento Chandler—. Ya es la hora.
—¿Ya pasaron dos horas?
—Entra. Tus compañeros te están esperando.

Benji entró en la camioneta donde los soldados y el sargento se preparaban para la batalla.
—Creía que te habías asustado y no vendrías—dijo Forman.
—Eso sería muy propio de ti.
—Retira lo que has dicho, Bell.
—Tu primero.
—¡Vamos! ¡Vamos! ¡Chicos! No quiero que gastéis munición, guardad vuestra ira para el campo de batalla—dijo Chandler—.He recibido órdenes de Washington y creen que los alemanes no aguantarán mucho más, los ganaremos y seremos recibidos como heroes en nuestro país.
—Tranquilo sargento. Vengaré la muerte de mi hermano—dijo Benji.


Potsdam, Alemania.
Dos horas después
—¡Forman tira el arma!—gritó el sargento—¡Bell es de los tuyos! ¡Venga chicos olvidad eso! ¡Estamos en Berlín! ¡Ganaremos la Guerra!
—¿Sabe sargento?—dijo Forman apuntando a Benji—No estoy dispuesto a seguirle si ese desgraciado está con nosotros.
—Forman, no me obligue a sacar el arma.

Aquello era una situación crítica. Benji estaba malherido al suelo después de ser disparado por un alemán. Forman lo estaba apuntando y el sargento Chandler apuntaba a Forman. Entonces por el cielo de Potsdam resonó un disparo.

...

Otro disparo. Después de que Forman disparara a Benji, Chandler disparó a Forman.
—Eran dos de mis mejores hombres—dijo casi llorando el sargento.
—Sargento, tenemos que llegar a Berlín—dijo un soldado llamado Michael Hyde.
—Sí, después de ganar la Guerra volveremos y enterraremos a nuestros compañeros como es debido.

New York, EUA
10 horas después
—¿Has oído la radio Tom? ¡La guerra ha terminado! ¡Hemos ganado!_dijo Catherine.
—¡Gracias a Dios! ¡No puede ser cierto! ¡Por fin volveremos a ver a nuestros hijos!

New York, EUA
25 días después
—No... no puede ser ¡Mis dos hijos muertos!
—Señora, lo siento mucho, les acompaño en el pésame. Los dos murieron dignamente en el campo de batalla defendiendo hasta el último momento a nuestro país. E...encontramos el cuerpo de Gabriel, pero el de Benjamin... no.
—¿No han encontrado a Benjamin?—dijo Tom.
—Murió en el último día. Estabamos cerca de Berlín y recibió un disparo, entonces lo dejamos allí y prometimos volver para recogerlo pero, cuando volvimos... no estaba.

Los padres desconsolados se miraron a los ojos.

—Sargento Chandler ¿Le molesta mucho si le invitamos a un café y nos lo cuenta todo?
—Para nada, espero no molestarles.
—Es que hay algo de Benjamin que debe saber.
—Dime si es tan importante.
—No está muerto.
—Tom...—interrumpió Catherine—. No creo que debas...
—Sí Catherine. Verá sargento, Benjamin no está muerto.
—¿Y...como lo sabe? Digo...¿Cómo está tan seguro?
—Verá, no puede estar muerto. Porque es... invencible.
—¿Invencible? No puede ser señor Bell, lo vi con mis propios ojos como sangraba y como se moría.
—Es...e...
—No lo digas Tom...—dijo llorando Catherine.



Postdam, Alemania
La ciudad parecía fantasma. El humo negro aún permanecía en el cielo. Además, una hoguera en la plaza central, hacía que aquel color se intensificara. Entre cadaveres, Benji Bell se recuperaba de los disparos que había recibido.


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Mensaje por Bertu el Lun Ago 11, 2008 8:34 pm

Capítulo 2: Resurección

—¿Cómo que Benjamin es inmortal? —dijo el sargento Chandler muy sorprendido.
Pensaba que los padres de Bell estaban muy traumatizados y no sabían lo que decían.
—Verá sargento, Gabriel y Benjamin son hijos nuestros, por qué los cuidamos des de pequeños. Pero... lo cierto es que mi mujer no puede conceber hijos, así que... los dos son adoptados...
—A Gabriel lo encontramos en un orfanato pero a Benji... —interrumpió la madre.
—Con Benjamin fue diferente. Una señora mayor dijo que se lo encontró en el campo y que como sabía que nosotros no teníamos hijos... nos lo trajo.
—Fue el día después de llevar a casa a Gabriel.
El sargento quería marcharse. Los tomaba por locos.
—Pues... esta señora debería de estar en la carcel... voy a decir a las autoridades que la busquen —dijo buscando una excusa para marcharse.

Entonces el padre se puso delante de la puerta y no lo dejó salir.
—Es nuestra única esperanza para recuperar a Benjamin, así que le ruego que escuche hasta el final.


Postdam, Alemania
Benji se recuperó de sus heridas y se incorporó en la negra noche dirección a Berlín. Aquellos cadaveres que lo rodeaban cada vez estaban más descompuestos. No sabía el resultado de la guerra, así que caminó por la oscuridad como si fuera su casa. Había sellado sus heridas, y solo pensaba una cosa. Vengarse por su hermano, y después vengarse de Forman. Estaba dispuesto a matar a todos los alemanes, aunque lo que quería era recuperar a su hermano. Ese sentimiento de ira lo acompañó durante todo el trayecto. Finalmente, un soldado americano que hacía guardia en las puertas de la ciudad lo llevó al cuartel donde estaban los americanos.

New York, EUA
—Entonces no saben quienes son los padres de Benjamin —dijo Chandler que después de escuchar el relato de los Bell se convenció —. Pero aún así... no explica sus poderes.
—Nosotros tampoco lo sabemos, pero sufrió un brutal accidente cuando era pequeño. Un coche lo atropelló cuando era pequeño —dijo el padre —. Pero no fue una distracción... intentó salvar a otro niño, Daniel Forman. Pero no lo consiguió... Los dos sufrieron un brutal choque. Daniel no llegó al hospital y se murió... nuestro hijo, miraculosamente, se recuperó cuando nosotros ya lo dábamos por muerto.
—¿Entonces su hijo se regenera? —dijo Chandler.

Berlín, Alemania
Benjamin estaba sentado frente a un sargento que le estaba interrogando.

—Su nombre.
—¿Han muerto todos los alemanes? —preguntó preocupado Benjamin —. No he visto a ninguno por aquí.
—Soy yo el que pregunta, su nombre.
—Oh... esos alemanes. Lo estropearon todo...
—No tengo todo el día ¡Su nombre!
—¿De verdad quiere saber mi nombre?
—¡Guardias! —el sargento perdió la paciencia y amenazó a Benjamin.
—No le puedo contestar... verá, yo...—Benjamin miró al techo y su cabeza iba dando vueltas —. Tampoco lo sé... los que me vieron... crecer dicen que me llamo... Benjamin, pero... no me gustaría mentir al Estado, así que me podéis llamar... Patriota —miró la bandera americana que aún permanecía en su uniforme —. Sí, ¡Sí! ¡El patriota! —empezó a reir como un loco.
—¡Guardias! ¡Matadlo!
Benjamin empezó a reirse más y más. Se acercó a la cara del sargento.
—Pierdes el tiempo...


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Re: El Patriota

Mensaje por Bertu el Mar Ago 19, 2008 11:06 am

Capítulo 3: Recuerdos

—¡Cuidado! —gritó Benji.
Cruzó la calle para intentar salvar a su amigo pero no lo consiguió. El coche los arrolló. A los dos. Se despertó en el hospital, abriendo los ojos muy lentamente. Las primeras personas que vio fue a Gabriel y a sus padres, que estaban a la cama del lado llorando. Benji no oía lo que decían y se sentía muy mal por dentro. Intentó levantarse pero fracasó. Entonces empezó a recuperar el oído y, efectivamente, sus padres estaban llorando. La cama de al lado estaba llena de gente que la estaba rodeando. Sentía voces conocidas, creía que eran sus vecinos, pero no estaba seguro.
—¡Hijo de puta! —gritó uno —¿Por qué tenía que conducir borracho ese desgraciado?
Entonces golpeó su puño contra la pared.
—¿Por qué ha matado a nuestro pequeño? —continuó el mismo hombre.
Benji vio que aquel hombre era su vecino, el señor Forman.
Entonces Forman se puso las manos en la cara y lloró desconsoladamente, junto a su esposa que lo abrazó. Pudo ver que estirado en la cama de al lado había alguien que estaba tapado por una manta. Volvió a sentir otra voz. Esta vez era una desconocida.
—Señores Forman, no hemos podido hacer nada. Me han comunicado que su hijo ya llegó muerto al hospital...
—¡Ustedes son unos incompetentes! —le gritó el señor Forman.
—Señor cálmese... —dijo el doctor.
—¡Vuestro trabajo es salvar vidas! ¡No habéis hecho nada con Daniel!
—Cálmese... ya...ya les he dicho que su hijo llegó al hospital mu...muerto... Los dos chicos sufrieron un grave accidente, los dos tenían graves hemorragias internas... era cuestión de tiempo que murieran...
—Un momento... —dijo Tom Bell — mi hijo... no está muerto... —entonces miró a Benji y vio que los estaba mirando.
—No puede ser... —susurró el doctor.
Los padres de Benji y Gabriel lo abrazaron mientras que los Forman permanecían junto a la cama de su difunto hijo.
—¡No hay derecho! —dijo el hermano mayor de Daniel, que se acercó a la cama de Benji —¿Por qué tu estás vivo y mi hermano está muerto?
El hermano, Christopher Forman, estaba muy enfadado y quería estrangular a Benji. Rápidamente Tom Forman lo apartó de su hijo y Christopher salió corriendo de aquella habitación.

[...]
—Hijo —dijo Tom Forman.
—Dime...
—Nunca te he preguntado eso porque tengo miedo de tu respuesta... pero... has terminado tus estudios y quizás no sepas lo que quieras hacer, no sé si me explico...
—¿Te refieres a lo que quiero hacer? ¡Papá, tira!
Padre e hijo estaban en el lago Wascasle, cerca de Nueva York, intentado pescar algun pez para la cena.
—Sí... ¿Tienes algun sueño?
Benji se lo pensó antes de contestar.
—Esos poderes que tengo... son un don. Y me gustaría utilizarlos... pero, no sé, tengo miedo de tenerlos... por qué... quizás... no soy invencible, quizás no sean para siempre. Cada vez que me hago daño temo de no recuperarme.
—No preferirías... ¿Ocultarlos?
—Es que no me gustaría vivir toda mi vida ocultando cosas a la gente... además, alguna vez he pensado en los años que podría vivir... quizás... para siempre...
—Hijo —interrumpió Tom — está muy bien que quieras hacer algo bueno con tu habilidad, de veras, pero como padre no me gustaría verte infeliz toda mi... vida por tenerlos. Piénsalo bien ¿Eh?
Benji asintió y los dos siguieron pescando bajo el sol que se ocultaba bajo la ciudad.

[...]
Estaba amaneciendo. Benji dormía tranquilamente en su habitación cuando entró Gabriel en ella.
—¡Venga hermano! ¡Hoy es el día! —le gritó su hermano entusiasmado —¡Vamos despierta! ¡Tenemos solo veinte minutos para llegar al cuartel!
Entonces Benji se levantó enseguida, se duchó, se afeitó, se vistió y miró sin querer al calendario.
—Desgraciado... hoy no es el día.
Entonces Gabriel se rió.
—Vale... escucha... es un simulacro, así maña... ¡Ah!
Benji golpeó a su hermano en la tripa. Entonces Gabriel le volvió el golpe, pero ese fue más fuerte.
—Que pueda regenerarme no quiere decir que no me haga daño...
—Lo sé, pero te tenía ganas...

[...]
Benjamin se despertó. Había recordado algunas cosas de su pasado. Intentó levantarse, pero no podía... tenía las dos piernas rotas, intentó ponerlas bien y consiguió su objetivo. Estaba en la orilla de un lago y vio que estaba mojado. ¿Qué le habían hecho los americanos? Tenía un agujero en su camisa, se la quitó y vio que ese agujero estaba en los dos lados.
—Esa no es la manera de ganarme la confianza... —susurró —.

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Re: El Patriota

Mensaje por Bertu el Jue Mar 19, 2009 3:43 pm

Capítulo 4: Dios os bendiga

—Nombre —dijo el coronel pasando lista.
—Benjamin Bell.
—Ciudad.
—Nueva York.
—Cargo.
—Patriota.
—¿Cómo? —dijo el coronel.
Benjamin se rió por debajo del sombrero que tapaba su rostro.

El avión estaba lleno de soldados americanos. Abandonaban Alemania. Los soldados que se quedaron saludaron a sus compañeros mientras subían al avión. Eran los que más tiempo llevaban en aquel infierno.
—Bien muchachos —dijo el coronel—. Estoy muy contento con vuestra labor en estos años. América os recibirá como los héroes que sois.
Los soldados aplaudieron.
—A ver... os voy a explicar el procedimiento que vamos a seguir. Cuando aterricemos, el presidente nos recibirá en la Casa Blanca. Así que arreglaros aquí mismo. Luego, vamos a cenar con el Presidente y dormiremos en un hotel de la ciudad. Quizás recibamos la compañía de unas señoritas.
Los soldados se rieron. Benjamin se acercó a la conversación.
—Al día siguiente, seréis transportados poco a poco a vuestras ciudades de origen. Allí también seréis bien recibidos.
Los soldados volvieron a aplaudir, al igual que el coronel. El viaje continuó mientras los alegres soldados entonaban cantos patrióticos.

El coronel se fijó en Benjamin Bell, que estaba sentado tranquilamente observando la ventana. Se sentó a su lado mientras los soldados iban cantando.
—Estos cánticos patrióticos... ¿No te gustan?
—No, no me gustan.
—Creía que eras un patriota...
—Lo soy.
—¿No eres de hablar mucho, eh?
Bell no contestó.
—No te vi en el campamento.
—Estuve allí poco rato... un compañero suyo me echó.
—¿Te echaron?
—Tenía un mal día... Ambos.
—¿Sabes? Creo que no eres un soldado. Eres un simple rico americano que viajó a Alemania por capricho y ahora se quiere ir por la misma causa.
—El país ha hecho lo mismo.
—¿Cómo?
Benjamin Bell se rió.

WASHINGTON
El presidente aguardaba pacientemente en el aeropuerto debajo de los paraguas de sus hombres. Había empezado a llover con mucha intensidad. El público esperaba la llegada del avión extasiado. La gente empezó a aplaudir cuando vio el avión en el horizonte. Aterrizó minutos después. Aún llovía con más intensidad.

La compuerta del avión se abrió.
—¡Vamos, muchachos! —dijo el coronel una vez abierta la compuerta—. ¡Que empiece la fiesta!
Todos aplaudieron. El presidente recibió a todos los soldados.
—Muchas gracias. Que Dios le bendiga —decía a toda la infantería.
—Desde luego —dijo Benjamin.
El presidente se detuvo delante de él.
—Gracias por mandar miles de soldados para su propio interés, Presidente. Las familias de los soldados muertos se lo agradecerán. Estoy seguro.
El presidente sonrió nerviosamente y continuó saludando a los soldados bajo la lluvia.
—Vigilad a ese —susurró el Presidente a uno de sus hombres.

La cena empezó con algo de retraso. Prepararon ropa nueva para los soldados. El coronel y el presidente se sentaron a las dos puntas de la mesa. Benjamin Bell estaba al lado del coronel, que no le quitaba el ojo de encima.
—Bien, si se me permite. Voy a bendecir la mesa —dijo levantándose el Presidente.
Los fotógrafos que se encontraban en el salón se acercaron al político.
—Permíteme que yo haga la bendición, presidente —dijo Benjamin levantándose de su asiento.
—Siéntate —susurró el coronel nervioso.
El presidente dudó un momento.
—Claro, proceda —dijo sentándose otra vez.
—Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar.
El coronel se tranquilizó.
—Y bendiga también al presidente, que sin esfuerzo ninguno de su parte, ha conseguido ganar una guerra.
—¡Soldado! —gritó el presidente.
Los fotógrafos se acercaron a Benjamin. Se había convertido en el centro de atención.
—Y además ha hecho bajar el paro, ya que con las muertes de los soldados de Alemania quedarán muchos puestos vacantes.
El coronel se puso las manos en la cabeza. Los reporteros apuntaron todo lo que dijo Benjamin, que se sentó. Todos lo miraban. El presidente no sabía como actuar. Todos esperaban una actuación de su parte.
—Eh... Detenedle —dijo entre dientes.
Dos hombres entraron en el salón bajo la atenta mirada de todos. Benjamin se levantó otra vez.
—Nos vemos —dijo antes de que lo detuvieran.

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Re: El Patriota

Mensaje por Bertu el Sáb Mar 21, 2009 11:50 am

Capítulo 5: La vida de Benjamin

Benjamin no acudió a ningún tipo de juicio. Había sido encerrado junto a los asesinos más criminales de Washington. Estaba en una celda propia con una pequeña ventana entre rejas donde a veces podía ver a algún espontaneo que le daba apoyo. La policía se encargaba rápidamente de que esa gente desapareciera. Así pasaron los días.

La barba de Benjamin era considerable, había adelgazado mucho. Un día, el guardia de la prisión se acercó a él.
—Otro rebelde sin causa —le dijo.
—¿Quieres que te cuente mi historia?
—Claro, no tengo nada más que hacer —dijo con una ironía que sentó mal a Benjamin.
Se largó y no volvió hasta días después. Finalmente, el padre de Bell tuvo el valor de acercarse a Washington para ver a su hijo.
—¿Cómo estás, hijo?
Benjamin no sabía si estar contento o llorar.
—Encerrado.
—Pronto se va a solucionar, ten fe.
—Tengo fe en que no voy a salir de aquí.
—El Presidente solo quiere que todo esto pase... Si salieras ahora serías recibido como una persona mala, la prensa te critica ¿Sabes?
—He visto gente que me apoyaba aquí fuera...
—Tonterías —dijo el padre tajante—. ¿Por qué dijiste aquello? Creo que te eduqué con unos ideales... ¿No sirvió de nada lo que aprendiste de mi?
—Fue lo que aprendí de ti que me hizo decir aquello. Fue la verdad. Y en el fondo de tu corazón, sabes que tengo razón.
—¿De qué coño hablas?
—Del verdadero patriotismo.

Benjamin estuvo tres meses más encerrados hasta que el presidente, personalmente, llamó a la prisión. Benjamin salió de su celda mientras los otros presos le gritaban.
—Presidente —dijo al acomodarse en la cabina.
—Voy a dejarte salir.
—¿Salir donde?
—Al exterior, Benjamin...
—Ya no me acordaba que había un exterior.
—Lo hay, tus padres te esperan allí. Me gustaría conversar contigo algun día para intentar cambiar tu ideología.
—No tengo ninguna ideología.
—¿No crees en nada?
—La guerra me hizo perder la fe.
—Una guerra es una guerra... allí pasan cosas crueles que...
—¿Cómo lo sabe? ¿Se lo contaron?
—Bell, no me tientes. Aún puedes quedarte aquí encerrado el resto de tu vida.
—Eso es mucho tiempo, supongo. ¿Puede preguntarle algo, Presidente?
—Se prudente, Benjamin...
—¿Qué haría si fuera inmortal?
—¿Inmortal? Te refieres a...
—No morir.
—No lo sé Bell —dijo el Presidente riéndose—. La vida es bonita porque tiene un inicio y un final. Es algo complicado.

Benjamin salió el mismo día de la carcel. Su padre lo esperaba fuera.
—Vamos a quedarnos un día en la ciudad hasta regresar a casa ¿Vale, hijo?
—¿Por qué no regresar ahora?
—Tengo que contarte algo.
Padre e hijo se sentaron en un banco donde se podía ver perfectamente la Casa Blanca desde el exterior.
—Dime, papá.
—Eres... adoptado.
Benjamin lo sospechó, pero nunca lo supo al cien por cien.
—Bien, superado —dijo soltando algunas pequeñas lágrimas.
—Me gustaría contarte más... te lo mereces.
—Mi hermano...
—También era adoptado. De un orfanato.
—¿Sabéis... quienes son mis padres?
—No. No sabemos nada de ellos ni de tu origen, una señora mayor... te encontró en un campo y... te trajo con nosotros.
—Que vida... —susurró Benjamin llorando.
—Eh, hijo. Yo soy tu padre, te he educado. No importa quienes sean tus verdaderos padres.
—Lo sé. Pero es que... la vida es bonita porque tiene un inicio y un final... No sé el inicio y... quizás no tenga final.

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