¿Que quieres hacer antes de morir?

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¿Que quieres hacer antes de morir?

Mensaje por litz el Jue Feb 05, 2009 7:19 pm

No tengo nada pensado. Solo empezré a escribir y lo que salga de mis dedos.


Me sentía como hipnotizada. No tenía ganas de nada, no quería comer, no queria dormir, no queria hablar con nadie. Solo quería que me dejasen en paz. Algo que por lo que estaba viendo no conseguiria hasta la noche. La gente no hacía mas que ofrecerme esto o aquello e intentaban empezar conversaciones conmigo a las que yo, sin siquiera oir lo que me decian respondia si o no o hacía un ruidito parecido a mmmh. Aunque yo no percibía completamente lo que pasaba a mi alrededor comencé a notar que la gente se daba por vencida ante mi absoluta indiferencia hacia ellos hasta que conseguí mi objetivo. Cuando ya nadie me prestaba atención y podía sumergirme por completo en mis pensamientos hasta el punto de no ser consciente de nada en absoluto de lo que me rodeaba, me escapé a mi habitación y me tumbé en la cama. No tenía sueño, aún así la inconsciencia era una tentación imposible de olvidar. Así que cerré los ojos sin intentar siquiera dormir, solo esperando pacientemente a que el sueño llegara.

Cuando desperté apenas si recordaba como me había dormido, pero décidí que quería salir de ese estado de empanamiento en el que unas horas antes me había sumido. Empecé a tomar consciencia de todo lo que había a mi alrededor. No era nada nuevo para mi. Todo estaba en silencio. La gente estaba durmiendo. Sabía que al menor ruido se despertarian para atenderme y no lo queria por nada del mundo. Otra vez todo el tumulto toda esa atencion innecesaria fijada en mí. Solo de pensarlo todo mi cuerpo se estremecia de repugnancia hacía esa manera de actuar. Y fue entonces, solo entonces, cuando me di cuenta. Una sola chispa prendió el fuego en mi interior y lo vi todo tan claro que apenas si me daba cuenta de que toda mi mente habia estado sumida en la oscuridad.

Haciendo el menor ruido posible para no desencadenar esa reacción en la gente que tanto odiaba cogi una maleta y empecé a guardar mis cosas. Tampoco me hacía falta mucho. No tenía muchas cosas. En menos de una hora ya tenía todo lo necesario para irme y no pensaba volver, al menos por un tiempo. Necesitaba estar sola. Necesitaba que el mundo me dejara en paz, solo eso y solo lo conseguiria si me iba. Quiza no era lo más acertado, pero era lo mejor para conseguir mi objetivo con rapidez y eficacia.

Escribi un par de líneas dirigidas a mis padres que sujete en la puerta de la nevera con un imán y siempre con absoluto sigilo me fui de mi casa.

Parecia una tonteria, pero solo con poner un pie en el rellano, fuera de mi casa, sentí la más absoluta libertad. Todo lo que había deseado durante tanto tiempo. Una gran sonrisa se expandió por mi rostro. La adrenalina comenzó a correr por mis venas tan solo por la emoción de no saber que iba a pasar. Tan solo por salir de la puta rutina que me envolvía desde hace tanto. Por fin iba a salir.
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Re: ¿Que quieres hacer antes de morir?

Mensaje por litz el Lun Feb 16, 2009 7:45 pm

Mientras caminaba hacia el banco para coger los pocos ahorros que tuviese para los primeros días de mi nueva libertad iba pensando en como me lo montaría cuando se me acabase el dinero. Tenía muy claro que quería ver cosas, que no me quedaría en un lugar fijo nunca. Que tenía que aprovechar el tiempo lo máximo posible. Cada instante debeía ser algo nuevo para mí.
Al ver el dinero que tenía en el cajero automático me sorprendí. Había bastante dinero, mucho dinero. Nunca he sabido cuanto tenía pero a juzgar por las condiciones de mi casa siempre pense que no sería mucho y al ver aquella cantidad mi emoción aumentó aún más y lo saqué todo. Deje la cuenta vacía. Con eso podría aguantar bastante, más de los dos o tres días que esperaba. Tampoco tenía pensado pegarme un vidorrio así que era perfecto para empezar a hacer lo que quería.

Comencé por ir a la estación de autobuses y comprar el primer billete hacía cualquier sitio, lo más lejos posible. De los autobuses que salían a esa hora, el que más lejos llegaba me llevaría a Andalucía, a Sevilla. Bien, era un destino genial. Siempre me gustó conocer Andalucía, era un destino perfecto.
Deje mi maleta en el portaequipajes del autobús y subí con mi mochila a la espalda. En ese momento decidí que la protegería como a mi vida pues ahi llevaba el dinero. El autobús estaba casi vacio. Tan solo unas pocas personas desperdigadas en cada asiento dormitaban silenciosamente esperando a que el autobús arrancara.
Yo me senté en uno de los asientos del final al lado de la ventana. No quería perderme nada de lo que pudiese ver. Al sentarme me puse los cascos y empecé a escuchar mis canciones favoritas en mi reproductor MP3 esperando partir como los demás pasajeros.

El conductor del autobús por fin subió a el con cara de no haber dormido mucho, aún así estaba despierto. Mientras se sentaba alguien vino corriendo golpeando todas las ventanillas, despertando a casi todos los pasajeros, suplicando que le dejasen subir. Como era tarde y el conductor no parecía tener ganas de discutir, hizo la vista gorda y el chico aquel subió al autobús.
Yo apenas si reparé en él. Al finalizar el "espectáculo" volví mi vista hacía la ventanilla y me sumí en mis pensamientos.

Entonces alguien se sentó a mi lado, era el tardón.
—Hola.
Le escuché, me extrañó que me saludara y como no quería hablar con él me ajuste un casco simulando que no le había oido y para darle a entender eso mismo. Entonces me tocó un hombro. Eso me extraño aún más y me quite un casco para volverme hacía él.
—Hola — repitió con una sonrisa en los labios.
—Hola — fue lo único que conteste y volví mi vista hacía la ventanilla.

El conductor arrancó y comenzamos el viaje. Yo también sonreía mientras nos movíamos. Ya segura de que no había marcha atrás miré al frente mientras salíamos de la estación feliz.
Por el rabillo del ojo vi como el tío que se había sentado a mi lado me miraba también de soslayo, al parecer buscando tema de conversación.
No tenía ganas de hablar, no le conocía de nada ni me apetecía conocerle, así que volví otra vez mi vista hacía la ventanilla deseando que no me hablara porque si lo hacía no podía ser borde con él para cortarle, no era mi forma de ser con la gente. O eso creía.

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Re: ¿Que quieres hacer antes de morir?

Mensaje por litz el Vie Feb 20, 2009 1:00 am

Veia como el paisaje se iba volviendo cada vez menos urbano hasta que vi un cartel rojo con siete estrellas en el que ponia "Hasta pronto"
—Hasta pronto — susurré yo.
—¿Perdona?
Mierda.
—No, nada — intenté arreglar mientras le sonreía timidamente. Por lo visto el malinterpretó mi sonrisa e intento iniciar lo que yo quería evitar. Me devolvió la sonrisa.
—¿Puedo preguntarte que te lleva a Sevilla?
—Claro. Voy de turismo.
Mierda, mierda, mierda. Sabía que no podría ser borde y no tenía ganas de hablar, apenas si sabía comportarme con alguien que no perteneciese a mi familia.
—Yo también. De hecho...
—Verás —no pude evitar cortarle— no quiero ser grosera, te lo juro. Pero he dormido muy poco esta noche y me gustaría descansar.
—Por supuesto, claro, perdóname—. Me contestó sin perder la sonrisa. Al parecer no se había enfadado.

Me sentí mal por despachar a un tipo que parecía tan simpático, ni siquiera sabía su nombre. Bueno, tampoco le había dado la oportunidad de decirmelo. Sin embargo, era lo que yo quería ¿De que me quejaba? Volví a mirar por mi ventanilla.

El paisaje era cada vez más y más agreste. Vi un panel que dibujaba la silueta de un toro negro. Metros y metros de campos, de pronto ascendíamos por una montaña y a los lados no había mas que vegetación y naturaleza. Vi a una ardilla saltar de un árbol a otro a toda velocidad. Un conejo se metía en su madriguera un poco más allá. Un águila a lo lejos, en la inmensidad azul del cielo se escondía al otro lado de la montaña. Aquello era más que bonito. Lo más bonito que habían visto mis ojos hasta el momento. Las lágrimas empezaron a bajar por mis mejillas de pura emoción. Procuré no hacer ruido. El chico de mi lado pensaba que estaba dormida y seguramente pensaría que era una tontería llorar tan solo por ver eso, que quizá todas las personas que me rodeaban habían visto alguna vez. Pero yo no podía concebir algo mejor que aquello habiendo estado condenada tanto tiempo a las cuatro paredes de mi casa de las que jamás había salido.

Empecé a recordar un poco mi penosa vida. Jamás había salido de allí. Aprendí a andar ahí y nunca había conocido otra cosa. Siempre me habían dicho que era lo mejor para mí. Que afuera nada era bueno. Todo era el mal. Y yo me lo creí por mucho tiempo, he hice caso. Si estaba enferma, un médico acudía verme. Un profesor venía los lunes, miercoles y viernes a enseñarme las cosas que las demás personas debían aprender en el colegio e instituto pero yo jamás entendí el porque me enseñaban si nunca me permitían salir de mi casa y no podría aplicar mis conocimientos, aún así preste atención a sus lecciones y siempre me felicitaba por el buen trabajo que hacía. Incluso mis padres, con el fin de que no me faltase nada en casa me pusieron un profesor de guitarra. Pero lo que más ansiaba no lo tenía. Yo quería libertad, respirar aire puro.

Un día, con dieciocho años que tenía, comencé a pensar que jamás podría estar ahí abajo. Pisar un suelo que no fuese las baldosas de mi casa. Que moriría siendo una vieja putrefacta tirada en el suelo de mi casa. Fue cuando deje de escuchar a todo lo que me rodeaba y me aturdía. Esas respuestas de sí, no y mmmh. Dieciocho años de mentiras que acepté sin rechistar y ahora viendo lo que veía por una simple ventanilla de un autobús no me podía creer que hubiese sido tan tonta. Que no me hubiese ido antes. De pronto decidí que no me quería perder nada. No me quería perder el poder hablar con gente desconocida. Experimentar que existían otras personas distintas de mi familia.

No lo podía tener más fácil. El chico de mi lado se moría por darme conversación, yo lo sabía. Además me sentía mal por haber sido tan cortante. Era el momento de empezar.

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Re: ¿Que quieres hacer antes de morir?

Mensaje por litz el Mar Mar 17, 2009 3:41 am

—Puf, no puedo dormirme con tanto traqueteo, en realidad tampoco estoy tan cansada — lo solté así como por casualidad, aunque en mi mente había barajado varias opciones para romper el hielo.
Aque tipo no perdía jamas la sonrisa, se volvió hacia mí sonriente y me contestó amablemente.
—Lo entiendo, no se como todas estas personas pueden estar ahí como si nada, se estan perdiendo todo el espectáculo.
—¿Qué espectáculo?
—Mira por la ventana, todo es tan verde... No se ven cosas así en la ciudad.
Sonreí por toda respuesta, pensé que era la unica idiota que se emocionaba por ver la vegetación, al parecer no era algo tan antinatural. Seguramente esta equivocada en tantas cosas... Tenía muchísimo que aprender, todo era nuevo para mí. Sabía mucho de historia, lengua y otras materias, pero no sabía nada de la vida. Todo un mundo se abría ante mí.

—Me llamo Lucía — me salió sin pensar.
—Yo Marcos. Encantado Lucía.

Estaba radiante de felicidad tan solo por saber como se llamaba. Marcos. Era el nombre más bonito que había escuchado en mi vida. También era el chico más guapo que había visto teniendo en cuenta que a los únicos hombres que había visto fueron mi padre y mi profesor.

El comenzó a hablar animadamente sobre esto y aquello, yo le escuchaba feliz y emocionada por empaparme de todo ya que yo no podía contarle muchas experiencias. Intentaba evitar sus preguntas haciendole otras, no quería contarle nada de mi vida por ahora. Por suerte el no se daba cuenta y charlabamos despreocupadamente sobre sus viajes.

Al parecer Marcos era un aventurero. Era el último hijo de una familia de mucha mucha pasta. Había terminado el instituto hacía dos años y quería recorrerse una buena parte de la geografía española antes de meterse en la universidad. Era el hijo rebelde, mientras sus hermanos mayores eran importantes abogados, él queria estudiar magisterio musical. Una de las carreras que sus padres consideraron vergonzosas.
Pero Marcos no se parecía en nada a sus padres, era muy independiente y trabajo para financiarse sus viajes. En su familia, el espíritu aventurero se saltó una generación pues su abuelo hizo exactamente lo mismo cuando tenía su edad a pesar de que sus padres intentaron prohibirselo.

—Bueno, yo te he contado todo de mí, pero tu aun no me has dicho nada. Apenas sí sé que te llamas Lucía. Cuéntame. ¿De donde eres? ¿A que vas a Sevilla?
—Yo... Voy de turismo como te dije antes. Siempre me gustó Andalucía y sentía curiosidad por su tierra y su historia. Creo que mi nombre me lo pusieron por eso — sonreí levemente. Probablemente sería la única verdad que dijera.
—¿Y que piensas hacer cuando llegues allí?
—Supongo que buscar un hotel que no sea muy caro y empezar a conocer la tierra y la historia. Pienso visitar todo lo que pueda.
—Entonces creo que tenemos los mismo intereses. Aunque no seré pesado, desde luego para mí sería un placer guiarte por las maravillas de Sevilla, no es la primera vez que voy, pero creo que ya te estoy dando suficiente paliza de viaje hacía allí.
—¡No! Para nada, me encantaría tener un guía. Nunca he conocido a nadie.
—¿A ningun guía quieres decir?
—Claro, a nadie como tú quería decir — uf, vaya metedura de pata.
—Ni lo conocerás. Soy único en mi especie.
Nos hechamos a reír los dos. Aunque yo nerviosamente por casi haber desvelado lo que más temía, mi pasado.
Quizá fuese una tontería, pero al ver sido educada como lo fui, tenía un cierto miedo a todo lo desconocido. Siempre me dijeron que el exterior era el mal y era como si yo estuviese infringiendo la ley, pero decidí que todo aquello ya pasó, era mi momento y no estaba rompiendo ninguna norma estatal, tan solo la norma que mis padres se inventaron para privarme de mi libertad. Quería acabar con todos eso.

En ese momento, el conductor del autobús anunció que haríamos una parada para desayunar. No me había dado cuenta de la hora que era. Salí muy entrada la madrugada de mi casa y sin que yo me enterase siquiera ya se había hecho de día y era la hora de desayunar. Me había sumido tanto en la conversación con Marcos que perdí la noción del tiempo y ni me enteré de donde estábamos, ni de que todos los pasajeros ya se habían despertado. Estabamos apunto de entrar en Sevilla. Pararíamos en Albacete para comer.
Bajamos en un pueblecito de Albacete. Vi como la gente empezaba a sacar su comida y se me calló el alma a los pies. Me moría de hambre y no tenía nada.

—¿Quieres desayunar conmigo? Hay un restaurante ahí mismo. Vamos, te invito.
—Muchísimas gracias. Pero no es necesario. Puedo pagarlo.
—Venga, mujer. La proxima parada me invitas tú.
—¡La próxima parada ya es Sevilla! — contesté mirándole y riendome, mientras él se reía también conmigo y me contestó.
—Bueeeno, pues tu me pagas el hotel. Vamos.

Me cogió de la mano y tiró de mí, me sorprendió muchísimo, pero su contacto no me desagradó. Es más, era genial, nunca había sentido nada parecido. El no se dio cuenta de que yo estaba eufórica solo porque el me había cogido de la mano.
Fuimos hasta el restaurante riendo. Le miré tan abrumada por tantos sentimientos nuevos... No sabía que era lo que sentía, pero me gustaba. No podía creerme lo tonta que había sido al no irme antes, al no descubrir antes las mentiras que me habían contado.
Ahora veia a Marcos como una especie de salvación. Una estrella fugaz que había cruzado mi cielo oscuro iluminandolo todo y yo debía seguir su luz.

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Re: ¿Que quieres hacer antes de morir?

Mensaje por litz el Lun Mar 23, 2009 7:19 pm

Fue una comida animada y agradable. Marcos me hacía reir mucho. Jamás había reido tanto. Descubrí que reír por algo tan natural como una conversación era increible, genial. Me hacía sentir feliz. Sobre todo cuando Marcos me dijo que tenía la risa más bonita que había escuchado. Me quedé anonadada y le respondí un tímido gracias mientras bajaba la mirada.
Nos divertimos mucho todo el rato. Sobre todo cuando perdimos la noción del tiempo y el autobús que nos llevaba a Sevilla casi se va sin nosotros. Salimos corriendo tras él cuando arrancaba y subimos en el último momento. Todos los pasajeros nos miraban furiosos por haberles echo esperar tanto tiempo mientras nosotros nos partíamos de risa.

En el autobús volvimos charlar como hasta entonces. En esta ocasión Marcos me habó de sus amigos y sus novias. Me interesé mucho por ese tema pues jamás había oido hablar del amor.
Las manifestaciones de ese tipo de amor que yo había visto eran las de mis padres y lo que mi profesor me contaba de su mujer. Pero tampoco es que supiera mucho de eso, pues me habían enseñado que la lujuria y casi todos los tipos de amor que se conocían estaban en la categoría de "mal", pero ya no me creía nada de eso.

Marcos siguió hablandome de las chicas con las que había salido.

—La verdad es que ninguna valia la pena. Todas eran tan superficiales que las dejaba al poco tiempo. Nunca llegue a saber si estaban conmigo por mi dinero o por mí mismo. Tampoco es que me importara mucho. En esa época solo me importaba tener más ligues que mis amigos. No me enorgullezco de ello, pero ya no soy así. ¿Y tu? ¿Has tenido muchos novios?
—La verdad es que no — me lancé a la piscina y liberé mi imaginación — Todos los chicos que he conocido eran tan superficiales como las chicas de las que tu me hablas y odio las personas así — al menos eso era verdad, ahora que sabía que existía gente asi — no podría salir con alguien que esta conmigo por mi físico o por cualquier cosa material que yo tenga.
—Eres mejor persona que yo. Pero al vivir en el entorno que yo vivía tener fama y gloria, por decirlo así, era lo primordial. Al crecer te das cuenta de que hay otras cosas. Como esto. Estar aquí hablando contigo. Es mejor que estar con una rubia con escasez de ropa que lo más inteligente que es capaz decir trata sobre su pelo.

Nos reimos los dos. Aunque a mí me costaba creer que en realidad existiera gente así. Trataba de imaginarme las chicas que me describía Marcos cuando el conductor del autobús anuncio que en unos minutos llegaríamos a Sevilla.

—¡Que bien! — dijo Marcos — Llegaremos justo para la hora de comer.
—Esta vez invitaré yo.
—Bueno ya veremos — contestó sonriendo.

Al llegar a la estación de autobuses de Sevilla bajamos los últimos mientras aguantabamos las malas miradas de todos los pasajeros que pasaban por nuestro lado y nos impedían salir. Al parecer no les habíamos dado un buen vieje. Pero nos dio igual, salimos riendo otra vez. Cogimos nuestros equipajes y fuimos a la aventura.

Marcos pidió un taxi para que nos llevara a la calle Morgado. Observé que él sabía muy bien adonde íbamos. Mientras el taxista atravesaba las calles hasta llegar a nuestro destino Marcos me explicaba donde nos íbamos a alojar.
—Primero reservaremos las habitaciones en el Vime Corregidor. Es un hotel bastante asequible aquí en Sevilla. Ya te dije que no era la primera vez que venía. Luego si quieres podemos comer en el restaurante del hotel o podemos buscar un sitio donde comer lo que prefieras.
—Bueno, vamos a reservar el hotel y luego ya veremos.
—Como quieras — me respondió exhibiendo esa sonrisa suya que tenía casi permanentemente en sus labios.

Al llegar al hotel Marcos entró sin vacilaciones y reservó dos habitaciones individuales. Mientras Marcos hablaba con la recepcionista del hotel yo observe el entorno. No era un gran hotel, pero era muy acogedor y me pareció perfecto.
A lo lejos vi un grupo de personas que seguína a un hombre que les iba explicando cosas.
—Sí se fijan a su alrededor verán que este hotel, recientemente renovado, está construido alrededor de un típico patio andaluz, rodeado por las principales calles de tiendas de Sevilla. Pueden comenzar el día con el amplio bufé de desayuno antes de salir a disfrutar del frescor de su patio interior. A menudo cubierta para proporcionar la tan necesaria sombra cuando aprieta el sol de Andalucía, la calle Sierpes es una de las más importantes de la ciudad y su corazón comercial. En un extremo se encuentra la Giralda y la majestuosa catedral, donde reposan los restos de Cristóbal Colón.

Ys sabía lo primero que querría visitar.

Marcos terminó de hablar con la recpcionista.

—Bueno, he reservado nuestras habitaciones. Estarán una junto a la hotra —me decía mientras me daba una pequeña llave. — En cuanto subamos las maletas iremos a comer.

Yo estaba estupefacta. Estaba viviendo y experimentando millones de cosas nuevas y todo ello a la vez. Pero ni por asomo me pareció demasiado. QUería más, lo quería todo. Todo lo ´que me había perdido y tenía derecho a vivir.
Cuando entré en mi cuarto tiré la maleta a un rincón y me tiré en la cama de un salto, siempre quise hacerlo, pero siempre me lo prohibieron. Me di la vuelta hasta quedar tumbada de espaldas y grité de pura felicidad.

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Re: ¿Que quieres hacer antes de morir?

Mensaje por litz el Sáb Abr 04, 2009 7:06 pm

Le pregunte a Marcos como nos habían dejado subir a las habitaciones sin tan solo las habíamos reservado. Supuse que antes habría que pagarlas.

—No te preocupes, ya las he pagado yo.
—¡Marcos! Quedamos en que el hotel le pagaría yo — le dije enfadada.
—Oh vamos. Pero si da igual. Mis padres son millonarios, por unos cuantos euros no se van a arruinar.
—La comida la pagaré yo —respondí tajante.
—Como quieras — respondió, siempre sonriente — pero vamos a comer ya. ¡Me muero de hambre!

Sonreí para mis adentros. No podía enfadarme con él.
Decidimos comer fuera del hotel. Aunque el calor apretaba muchísimo estuvimos andando por las calles de Sevilla no se veia a nadie por esa misma razón.

Mientras buscábamos un lugar donde comer vi un hombre apoyado sobre un árbol que estaba fumando. Nuestras miradas se cruzaron, yo aparte la vista rápidamente, pero el no me quitó los ojos de encima hasta que doblamos una esquina y perdí al hombre de vista. No le di mucha importancia en un principio. Al fin y al cabo para mí todo lo que no conocía podía ser perfectamente normal.

Escogimos un pequeño restaurante donde tuvimos la suerte de encontrar una pequeña mesa libre ya que el restaurante estaba hasta los topes de familias que ya habían empezado a comer. Decidí no perder a Marcos de vista ni un segundo para que no volviese a pagarme nada. Yo había salido de mi casa depués de 18 años para saber lo que era valerme por mí misma, no para que alguien llegara y empezara a solucionarme las cosas como quería hacer Marcos. Esto era completamente diferente, pues Marcos no me privaba de libertad, sino todo lo contrario. Pero igualmente quería aprender que no todo iba a ser igual siempre y que alguna vez tendría que cuidar de mí misma. Además Marcos ya me había facilitado bastantes cosas y yo también quería hacer algo por él.

—Mmmm. Esto tiene buena pinta ¿No crees?
—Bueno... No lo sé. ¿Porque no pedimos dos de esos y los probamos? — me atreví a decirle.
—Excelente idea.

Marcos llamó al camarero y le pidió lo que habiamos elegido. Trajo la comida rápidamente. Al principio desconfié un poco. Nunca había probado nada que mis padres no hubiesen inspeccionado antes, pero al ver a Marcos comer tan tranquilamente decidí que no tenía nada de malo. Debía quitarme esas tonterías que solía hacer en mi encierro. Nunca conseguía olvidarlas del todo. Dieciocho años eran muchos años de hábitos para eliminarlos todos de un golpe. Poco a poco.

Probé un bocado, me sorprendí a mí misma al descubrir que era la comida más sabrosa, con más sabor y más buena que había probado en toda mi vida.

—Mmmm. Esto está buenísimo — dije con la boca llena.
—Sí ¿verdad? La comida andaluza es la mejor. En otra ocasión te llevare a degustar una paella valenciana.

Me quedé pensando que ojalá fuese cierto. Me iría con Marcos a tantos lugares como quisiera llevarme. De todas formas si no me llevaba él iría yo sola. Quería ver más, quería conocer otros sitios. Todos los que pudiera.

Mientras decidía que pedir como segundo plato, vi a un hombre que entraba en el bar y se sentaba en la barra, pidió algo al camarero y se encendió un cigarro. Se dio la vuelta y pude ver que era el mismo hombre que me había mirado mientras buscabamos el restaurante. Vi como miraba hacía el comedor buscando a alguien. Esperé no ser yo, no podía ser yo, nadie me conocía allí. Pero algo me decía que no debía fiarme, que era mejor que no me viese. Retire la vista y me eche el polo de modo que me ocultara el rostro. Decidí no decirle nada a Marcos por el momento, por lo que yo sabía podía ser una coincidencia sin importancia.

Seguimos comiendo y aunque el segundo plato estaba aún mejor que el anterior, no lo disfrute igual y me salté el postre. Ahora estaba preocupada. Sin embargo, no pase por alto que era yo quien debía pagar la cena y cuando Marcos pidió la cuenta intentado pagarla él de nuevo. Yo saqué más rápido el dinero y lo puse sobre el platito que el camerero trajo con la factura antes de que lo pudiese hacer Marcos. Él se rió y dijo:

—Al final te has salido con la tuya. Pero has de saber que es la primera y última vez que me vas a invitar.
—Ni de lejos —respondí yo también sonriendo. Con Marcos todo era una sonrisa continua, incluso conseguí olvidar al tipo del cigarro.

Volvimos al hotel rápido, pues el calor que hacía en la calle era infernal. Marcos ya se paseaba sin camiseta por la calle y yo hubiese hecho lo mismo si no me hubieran enseñado que el cuerpo sin ropa era un pecado mortal, aún asi descubrí mis brazos no sin cierto temor. Pero el calor era tan abrasador que preferí ir al infierno, aunque practicamente ya estaba en él.

Cuando llegamos al hotel agradecimos el frescor que llenaba el ambiente dentro. No había nadie en el vestíbulo y tan solo se oía el zumbido de los cuatro aparatos de aire acondicionado que estaban dispersos en las paredes del vestíbulo. A esas horas en Andalucía todo el mundo dormía la tan famosa siesta que tan solo existia en España.

Marcos y yo decidimos tomar ejemplo y subimos a nuestros cuartos.
Al montar en el ascensor no me pude creer lo que vi. El tio del cigarro hablaba con la recepcionista y se estaba registrando en el hotel.

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Re: ¿Que quieres hacer antes de morir?

Mensaje por litz el Dom Mayo 10, 2009 10:27 pm

Estaba tan nerviosa que no sabía qué hacer ni que decir. Por lo que sabía podría ser una simple coincidencia, pero el instinto me decía que ver al mismo hombre en tres lugares diferentes y que ese hombre mi hubiese mirado no era normal. No sabía si preguntárselo a Marcos o no. Quizá pensara que estaba un poco paranoica y aquello era normal. De una forma u otra decidí que no quería estar sola, así que le pregunte si podía quedarme en su habitación.

—Marcos, en realidad no tengo mucho sueño. ¿Me puedo quedar en tu habitación mientras te duermes? Es para no estar sola en la mía.
—Claro, no pasa nada, seguramente yo tampoco me duerma.

Llegamos a su habitación. El entró antes que yo y yo cerré la puerta. Miré por la mirilla un momento, pero nuestro pasillo estaba vacío, quizá me estaba tomando aquello un poco a la tremenda. De todas formas, no quería fiarme de aquel tipo.
Al darme la vuelta vi que Marcos se había tumbado en la cama y estaba dormido. No me extraño, había estado toda la noche despierto durante el viaje. Me tumbé junto a él y cerré los ojos. Yo también estaba cansada y necesitaba dormir. No iba a estar todo el día en vela por alguien que no tenía nada que ver conmigo y que yo ni conocía. Abrí los ojos y miré a Marcos, estaba muy guapo dormido. Cogí ejemplo y volví a cerrar los ojos. Me dormí en seguida.

Cuando me desperté Marcos ya no estaba a mi lado. Me incorporé y escuche el ruido de la ducha en el baño. Fui al baño y desde fuera le llamé.

— ¿Marcos?

No respondió. Abrí un poco la puerta del baño y escuché la música que salía de una pequeña radio que había dejado en el lavabo. Marcos también cantaba al ritmo de la canción que estaba sonando.
Sabía que no debía, pero no pude evitar mirar en dirección a la ducha. La cortina era semitransparente y el cuerpo desnudo de Marcos se adivinaba a través de ella. Una ola de calor me recorrió el cuerpo desde la nuca hasta los pies. Rápidamente aparte la mirada sonriendo para mí misma.

¡Guau! Decididamente largarme de mi casa fue una buena idea. Todo lo que había pasado merecía la pena solo por ver eso. Fue una sensación increíble para mí que jamás había visto un hombre desnudo fuera de los dibujos de los libros de anatomía donde todo era frío y sin sentido. Volvía llamar a Marcos sin mirar a la ducha. Me daba algo de vergüenza.

—¿Marcos? — esta vez si me oyó.
—¿Sí? Dime qué quieres —asomó la cabeza por fuera de la cortina.

Yo me tapaba un lado de la cara con la mano. No quería ver nada que no debiera ver y menos aún ahora que el estaba mirando. Sin mirarle le contesté.

—Voy a mi cuarto a… —se me había olvidado lo que le quería decir—a… ducharme yo también. ¿Quedamos ahí luego? Si quieres podemos bajar a tomar algo.
—Vale, hasta luego.

Salí de la habitación un poco atontada. No podía dejar de ver en mi mente lo poco que había visto de Marcos. Lentamente, sin querer, empecé a imaginármele detrás de la cortina. Y en mi mente no solo estaba él, si no yo también y desnuda igual que él. Empezaba a sentir como me subía la fiebre. Además afuera el calor era asfixiante. Fui a mi cuarto rápidamente, una ducha fría me ayudaría seguro.

Al entrar, alguien salía de su habitación unas puertas más allá. Vi salir un poco de humo seguido de un cigarro y un hombre vestido de negro. Se me pasó el sofocón de golpe. Era el mismo tío. Entré en mi habitación lo más rápido que pude y eché el pestillo. Ahora recordaba lo que le quería decir a Marcos. Había decidido contárselo, pero al verle en la ducha… No pude pensar en nada más. Pero ahora solo tenía miedo. Todo eso ya era extraño dentro de lo extraño.

Me duché con el agua fría como había decidido en un principio. Entre el calor que hacía y el miedo que sentía, la ducha ayudó a calmar mis nervios.
Al terminar me enfundé en el albornoz del hotel y me tumbé en la cama empapando las sábanas con mi pelo mojado. En ese momento alguien llamó a la puerta.

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Re: ¿Que quieres hacer antes de morir?

Mensaje por litz el Mar Mayo 12, 2009 12:28 am

Me levanté rápidamente y fui hacía la puerta. Mi pelo no dejaba de gotear y también estaba empapando el suelo. Llamaron otra vez.

— ¿Quién es?
—Soy Marcos.

Suspiré aliviada. Abrí la puerta y hice que Marcos pasara rápidamente y después de echar una mirada al pasillo —ya no había nadie— volví a cerrar y eché el pestillo de nuevo.

— ¿Qué pasa? ¿Cómo es que me recibes así?

No me había dado cuenta que aún no me había cambiado. Marcos me sonreía picaronamente, pero decidí ignorarlo e ir al grano.

—No hay tiempo para bromas. Verás... —empecé, no sabía cómo explicárselo —. Esta mañana, cuando íbamos al restaurante, vi a un hombre. ¿Recuerdas que no había nadie en la calle? — Marcos asintió — Bueno pues vi a un tipo que me estaba mirando, además iba vestido de negro con el calor que hacía. Al principio no le di importancia, pero después en el restaurante volví a ver al mismo tipo en la barra. Ya me pareció raro, pero pensé que sería una coincidencia.

Esperé a que Marcos dijera algo, pero solo asintió pensativo, por lo que yo seguí hablando.

—Lo peor es que cuando volvimos al hotel, volví a ver al mismo hombre registrándose en la recepción. Y ahora, al entrar en mi cuarto, le he visto otra vez saliendo de la habitación que está tres puertas más allá. No sé qué pensarás tú, pero a mí, todo esto me parece un poco raro.
—No, es que no es normal. Ese tío nos está siguiendo, no sé si a ti o a mí o a los dos. Y no sé porqué, pero te aseguro que lo vamos a descubrir. Cambiate, que vamos a hacer una cosa.

Me llevé unos vaqueros y una camiseta de tirantes al baño. Prefeira pasar el menor calor posible antes que el protocolo de mis padres y además confiaba en que Marcos se fijara algo más en mi. Cuando terminé de vestirme me miré en el espejo y me di el visto bueno. Aún tenía el pelo mojado, pero me gustaba así. Pero no conseguí mi objetivo. Él aún estaba serio e inmediatamente me cogió de la mano y bajamos a la recepción. Nos acercamos a la mujer.

—Ven, cuando te diga, le describes el aspecto del hombre a la recepcionista — se dirigió a ella —. Disculpe señorita. Estamos buscando al tío de mi amiga. Creemos que se ha registrado hoy — Marcos me miró para que empezara a describir a aquel tipo.
—Es un hombre alto, vestido de negro. Lleva un sobrero y normalmente siempre esta fumando.
—Sí, creo haberle visto. Si me das su nombre…
Marcos y yo nos miramos asustados. No habíamos pensado en ello.
—No será necesario — dijo una voz suave por detrás de nosotros, me puso una mano en el hombro y yo me di la vuelta inmediatamente — muchas gracias.

Era el tío del cigarro. Se me helaron los músculos y no me podía mover. El miedo me recorría el cuerpo como oleadas de fuego. El tío nos llevó hacia afuera del hotel. Llevaba un cigarro en la mano con la que empujaba a Marcos.
Cuando estábamos fuera el tipo empezó a hablar.

—Bien… — pero en ese momento Marcos cogió mi mano.
—¡Corre! — me gritó. Yo reaccioné inmediatamente y corrí todo lo rápido que me permitían mis piernas.

Nunca había corrido tan rápido. Realmente era muy rápida. Posiblemente fuera efecto de la adrenalina que me impulsaba hacía adelante, más por el miedo que por la velocidad. Corrimos por una calle estrecha cubierta por la sombra ya que las altas casas ambos lados nos protegían del sol. Por suerte para nosotros la calle era medianamente recta y no era cuesta arriba. Pero no tenía ni idea de dónde estaba. No conocía Sevilla. Sin embargo, me daba igual, aunque pareciera increíble, cogida de la mano de Marcos, y asustada como estaba, no podía creer que me lo estuviera pasando tan bien solo corriendo.

Dimos la vuelta a una esquina y nos paramos a respirar. Estábamos sin aliento los dos, pero parecía que nadie nos seguía. Marcos se asomó por la esquina para ver si aquel hombre nos había seguido.

—Uf, por poco —dijo Marcos entrecortadamente.
En ese momento se me ocurrió algo.
—Oye ¿Y si ese tipo no nos quiere hacer nada malo? No sé, a lo mejor solo quiere decirnos algo. A lo mejor es amigo de tu padre.
—Créeme, conozco a todos los amigos de mi padre y ese no figura entre ellos. Y te daré un consejo de vida. No te fíes de nadie a no ser que le conozcas.

Eso es lo que pensé al salir de mi casa y ahora que me daba cuenta parecía que había pasado un siglo desde que me fui y apenas si habían pasado veinticuatro horas. De todas formas yo me fiaba completamente de Marcos y eso que le conocía de apenas un día. Igualmente yo puse mi destino en sus manos.

—¿Qué vamos a hacer ahora?

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Re: ¿Que quieres hacer antes de morir?

Mensaje por litz el Vie Nov 27, 2009 8:22 pm

--Nos vamos. Llamaré luego al hotel y pedire que nos envien nuestras cosas.
--¿Y a dónde vamos?
--La verdad que no lo sé.

Nos encaminamos a la estación de autobuses mientras barajabamos varias direcciones. Una cosa era segura. Iriamos fuera de Andalucía.

--¿Que te parece Madrid?
--¡No! Es que ya me lo conozco ¿sabes? --era mentira, pero cuanto más lejos de mis padres mejor.
--Vale, vale. ¿Y Valencia? Te prometí llevarte a comer una paella valenciana.
--Sí, Valencia me parece bien.
--Perfecto entonces. He estado muchas veces allí de vacaciones. Espero que allí podamos ver más cosas, porque en Sevilla, lo que se dice ver, no hemos visto mucho. Además tengo un apartamento allí. No pensaba utilizarlo, pero dadas las circunstancias... Voy a llamar al hotel para pedirles que envien nuestras cosas a mi apartamento.

¿Apartamento? ¿Yo? ¿Con un chico en un apartamento? ¿Solos? Mientras Marcos arreglaba el envio de nuestras cosas con el hotel, me puse a pensar en todo eso. Era la primera vez que salía de mi casa y ya había conocido al hombre de mi vida, me habían perseguido e iba a estar en dos ciudades distintas en dos días y por si fuera poco, iba a compartir un apartamento en la playa. Era demasiado. Pero era feliz. A pesar de todo, las emociones me hacían fuerte.

--Ya esta todo. Vamos a coger un avión. No te molestes, ya he pagado los billetes.
--¿Qué? A partir de ahora no te voy a quitar ojo para que no me pagues nada más.
--Vamos Lucía. Ya te he dicho de que clase de familia vengo.
--¿Y qué? Eso no justifica que tengas que pagarme todo. Si lo vuelves a hacer no seguiré tu camino.
--Esta bien, no te pagaré nada más.
--Genial. Vámonos.

Llegamos al aeropuerto en un taxi. Ahora que me daba cuenta. También sería la primera vez que montaba en avión. Empecé a ponerme un poco nerviosa, pero fingí no estarlo. No se me daba muy mal fingir.
Cuando llegamos allí, vimos que nuestro avión salía en una hora. Nos sentamos en la terminal. A mi lado había un chico de aspecto triste, sentí curiosidad de saber que le pasaba. Me armé de valor y le saludé.

--Hola.
--Hola --contestó sin alegría.
--Lucía ¿que haces? --me dijo Marcos en bajito, pero furioso.
--Intento ser amable --contesté-- ¿no ves que cara tiene? Está triste.
--¿Sabes que nos persiguen? No te puedes fiar de cualquiera.
--Perdonadme --dijo el otro chico-- no he podido evitar escucharos. Podeis estar tranquilos, no tengo ni la menor idea de quienes sois y no quiero seguiros.
--Ya, si tu intención fuera la contraria no nos lo contarias así que no veo el motivo por el que tendriamos que creerte.
--Marcos. podrías al menos concederle el beneficio de la duda.
--Gracias, déjale. Me ire para que tu novio se quede tranquilo.
--No, espera, el no es mi novio. Disculpale, no pensamos que vayas a hacernos nada ¿verdad?-- dirigí a Marcos una mirada significativa.
--Sí, claro. Perdona, me estoy volviendo un poco paranoico.
--Esta bien no pasa nada.
--¿A dónde vas tú? --le pregunté.
--A Madrid.
--¿Y eso?
--Mis tíos me llamaron y me dijeron que si podía ir a visitarles.
--¿Y por qué estas tan triste?
--Porque mi hermana... bueno, no quiero hablar de ello.
--Oh, lo siento, no queria...
--No te preocupes. ¿A dónde vais vosotros?
--A Valencia.
--Entones puede que nos volvamos a ver. Después de Madrid iré allí a pasar las vacaciones.
--Genial, pues ya nos veremos --cortó Marcos-- buena suerte. Vamonos Lucía. Nuestro vuelo esta a punto de salir.
--Adiós...
--Me llamo Raúl. Adiós Lucia.
--Adiós Raul --dije mientras Marcos tiraba de mí.

No comprendía porque Marcos se había comportado de ese modo. El chico no había hecho nada y él había estado muy antipático. Yo pensaba que era muy amable. Al menos lo había sido conmigo y con todas las personas con las que le había visto hablar...

--¿Se puede saber que leches te pasa? --le grité-- Ese chico no te había hecho nada y tu has sido muy borde con él.
--¿Es que no te das cuenta? Por ahora no podemos fiarnos de nadie. No, hasta que estemos fuera de Sevilla.
--Marcos estas llevando esto un poco lejos.
--Lucía, confía un poco en mí por favor.
--Ya lo hago. Si no, no me lanzaría a la locura contigo.
--Bueno, perdona. Es solo que... no sé. No me gusta su aspecto.

Yo miré de nuevo a Raúl. Seguía cabizbajo en el mismo asiento dónde le habíamos dejado. Levantó un segundo la mirada y al ver que yo también le estaba mirando la apartó en seguida. A mi no me parecía que hubiese nada de malo en él.

--Vámonos --dije--, el daño ya esta hecho, pero si llegamos a verle en Valencia, prometeme que no le juzgaras hasta que le hayas conocido. A mi no me parece que tenga nada de malo.
--Esta bien. Vamos, nuestro avión debe estar a punto de salir.

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