Zona Keidell

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Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Vie Abr 24, 2009 5:47 pm

1. Cupido


Hoy era un día especial. Sole se despertó temprano como era su costumbre, pero su despertador aún no había sonado. A oscuras se acercó hasta la ventana y subió las persianas. El sol justo empezaba a salir. Se vistió rápidamente mientras observaba entusiasmada el calendario que tenía en su habitación. Sí. Hoy era un día especial.

Empezaba un sábado que sería caluroso. Los exámenes no estaban ni demasiado cerca ni demasiado lejos. Gabriel saludó a todos sus hermanos y se dirigió a la cocina para desayunar. Era dicifil concentrarse con tanto ruido. Observaba el coraje que demostraban sus padres al educar a él y a todos sus hermanos.
—Vuelvo a subir —dijo Gabriel capturando la última tostada que quedaba encima de la mesa. Esquivó a uno de sus hermanos al subir las escaleras.
Su madre se levantó de la silla y intentó detener a su hijo mayor, que ya se encontraba de nuevo en su habitación. Al abrir la puerta, un rayo de sol hizo que Gabriel se tapara los ojos.
—Hay que comprar el pan ¿Puedes? —dijo su madre algo molesta.
—Podría —dijo Gabriel encendiendo su ordenador.
—Hijo... está a la vuelta de la esquina. La máquina tardará más en abrirse.
Gabriel obedeció. Era mejor no llevar la contraria a sus padres.

En la estación de Gerona, Sole llegó antes de lo que tenía previsto. Pero lo cierto es que el tren llevaba un retraso considerable. Se desesperó sentada en un banco mientras se mordía las uñas.

Salva vio que Gabriel se había conectado. Estaba sentado cómodamente en su sillón de empresario que tenía en el despacho. Lo saludó de su forma peculiar. Pero no contestó. Apagó el monitor y bajó a desayunar. Fue cuando se percató que sus padres no estaban. Sacó algún billete de su cartera y salió a comprar.

Finalmente el tren llegó. Sole se acercó lentamente hasta que reconoció a aquel chico que esperaba hacíaa tanto. Su aspecto había cambiado, era más alto. Quizás un poco más delgado. Pero aún así lo reconoció enseguida.
—¡Alan! —dijo Sole saludando al recién llegado.
El chico abrazó a Sole con una amplia sonrisa.
— ¿Cómo sabías...
—¿Que regresabas hoy? Pregunté a tu madre.
—Buen recurso — susurró Alan— . ¿Qué tal todo?
—Ya te contaré. ¿Vamos a tomar algo?

Gabriel observaba como cortaban el pan. Pagó, se quedó el cambio y se despidió. Al salir por la puerta se cruzó con una chica. La compra de Gabriel cayó al suelo.
— Oh, cuanto lo siento —dijo la dulce voz de la chica.
—No... no importa, Marisa — tartamudeó Gabriel.
—¿Nos conocemos? —dijo la chica recogiéndose el pelo hacia atrás.
—Sí. Fuimos juntos en primaria.
—¿En serio?
— Sí. Me acuerdo de aquella fiesta de cumpleaños que hiciste. Te gustó el peluche que te regalé.
—Lo... lo siento. No te recuerdo — rió Marisa molesta.
—Gabriel.
—Ah, perdóname. Bueno, voy a pagarte la compra.
—¡No! No te molestes —dijo Gabriel recogiendo el pan.
—¿Seguro? Es que tengo un poco de prisa —se disculpó Marisa.
—No te preocupes —rió Gabriel nervioso.
Marisa se despidió y salió a paso rápido a las amplias calles principales de la ciudad. Gabriel se quedó parado observando como la chica se iba.
—Parece que Cupido ha disparado —dijo Salva sentándose al lado de Gabriel, en las escaleras de la panadería. Gabriel no escuchó a su amigo.
—¿Eo? —dijo Salva empujando a Gabriel.
—¿Qué? ¿Qué haces?
—¿Era Marisa? ¿El amor de tu infancia la que acaba de pasar? —dijo Salva riéndose.
— No era mi amor de infancia...
—Lo que tu digas.
—Oye... ¿Tienes dos euros? Tengo que comprar el pan.

Música: Hilary Duff - Come Clean

En la cafetería del interior de la estación se encontraban Sole y Alan esperando a que les llevaran los cafés que habían pedido.
—Y así fue como me afeité por primera vez —dijo Alan riéndose.
—¿Y después de aquella desgracia has vuelto a afeitarte? —dijo Sole riéndose.
— Sí claro, pero tengo miedo a la cuchilla.
Los dos se quedaron mirando.
—¿Y tú que me cuentas? ¿Qué has hecho todos estos años? —preguntó Alan.
Sole observó el exterior. Otro autobús llegó a la estación.
—Muchas cosas... Estudiar, hacer amigas... pensar en ti.
Algo en todos aquellos años había cambiado. Ahora ya no eran inocentes. La chispa infantil del amor se había transformado. Los dos habían cambiado. Ya no sentían aquella amistad inesperable. Era algo más. Los dos se reían porque no encontraban palabras que decir. Si llegaran al siguiente paso, sabían que las cosas cambiarían. Para siempre. No sabían si estaban preparados para eso.


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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Vie Abr 24, 2009 7:37 pm

2. Regreso


Ocho de la mañana de un lunes. Después del fin de semana, regreso al infierno —es lo que piensan todos. Los alumnos llegan a su ritmo hasta sus mesas. Tienen que hacer una simple rotación. Los de detrás van hacia delante y los de delante van hacia atrás. El profesor finalmente llega.

Es difícil hacer clase hoy. Se nota en el ambiente que ya empieza a ser cargado. El chico de la última mesa empieza a sudar desesperado. El sol está subiendo y el tiene que bajar la persiana.

“Este lunes ya no sabe igual”, piensa Sole. Sentada al lado de su mejor amiga, imagina el próximo encuentro con Alan. El profesor de inglés le manda leer un ejercicio. Su amiga, Magui, tiene que decirle donde está. Ella enseguida percibe algo diferente en Sole.
—¿Estás bien? —dijo con su voz tranquilizadora.
—Sí —dijo Sole riéndose—. Solo algo dormida.
Sole puso por primera vez en el día atención en los estudios. Pero no podía contener aquellos sentimientos que tenía dentro.
—Alan ha regresado —susurró a Magui.
Su amiga no supo como reaccionar. Finalmente optó por una sonrisa.
—¿En serio?
—Sí... Ayer. Lo esperé en la estación.
Las dos amigas se rieron.
—Me alegro —dijo Magui capturando la mano algo nerviosa de Sole.
—¿A qué te refieres?
—Nada. Ahora sé que estás bien.

En otra clase, en otro edificio se encontraba Gabriel haciendo los primeros ejercicios de física. Salva estaba a su lado, observando atentamente al chico que tenía que bajar una y otra vez la persiana.
—Tengo suerte de estar en el medio —susurró Salva volviéndose a girar hacia delante.
Ahora su atención se centró en la pizarra. Llevaba algunos ejercicios retrasados. Aprovechando que la profesora estaba distraída, observó de reojo la hoja de Gabriel.
—¿Has hecho el 17?
—¿Qué? —dijo Gabriel que también estaba distraído.
—Vaya... te pegó fuerte esa chica —dijo Salva observando el papel.
—¿Por qué lo dices?
Salva señaló en el papel de Gabriel. Sin darse cuenta, había escrito varias veces el nombre de Marisa.
—Vaya... —susurró Gabriel.
—Touché —rió Salva.
—Eh, chicos —dijo la profesora.
Los dos compañeros pusieron atención otra vez.

Y después de dos horas que parecieron el purgatorio llegó la hora del patio. Los alumnos podían salir del bar. Los bares de Gerona estaban agradecidos. Magui y Sole se sentaron en la terraza del bar que había más cerca al instituto.
—¿Sabes que la primera vez que Alan se afeitó lo hizo con la cuchilla al revés y se hizo un corte muy feo?
—No... claro que no lo sabía —dijo Magui abriendo el refresco.
—Estaba asustado. Creía que le quedaría aquella marca para siempre —rió Sole.
—Sí, pobre —dijo Magui bebiendo un trago.
—¿Sabes que Alan tuvo un...
—No, no lo sé. ¿Cómo quieres que lo sepa? —dijo Magui molesta.
—Perdona —susurró Sole.
Vieron a unos chicos que se dirigían al mismo bar. Eran algo más jóvenes.
—Hola —dijo uno de ellos al entrar.
—Estas tías si que están buenas —dijo un chico girándose una vez ya estaban dentro.
—Hyun Suk y su gusto para las tías —rió uno de ellos.
—¿Qué pasa? Ya sabéis que me gustan maduritas. Hay más para tocar.
—Que vas a saber tu de tocar —soltó uno.
—Eh, Bertu. Sin faltar el respeto —dijo Hyun Suk sacando un refresco de la nevera—. Dani ¿Vas a buscar las cartas?

En el campus, también en una terraza, Salva sacó dos latas de una máquina expendedora y se acercó a Gabriel que estaba sentado en una mesa pegado al portátil.
—¿Ya vuelves a escribir Marisa? —rió Salva.
—Puedes dejar de sacar el tema —dijo Gabriel molesto.
Una chica se acercó a ellos. Tiró la carpeta que llevaba Salva.
—Eh, ¿Qué haces Laura? —dijo Salva recogiendo los papeles del suelo.
—Vete a la mierda, Salva —soltó la chica que continuó su camino.
—¿Cómo? ¿Cómo hago eso? ¿Voy contigo?
Laura no se inmutó y entró en las clases.
—Estúpida... —susurró Salva.
—¿Qué te pasa con esa? Desde principios de curso que estás así con ella.
—Nada. Simplemente no la aguanto. ¿Has terminado el trabajo?
—Estoy en ello.

La hora del patio terminó. El ambiente cargado volvió a las clases. Ahora tocaba educación física. Magui y Sole estaban en el vestuario, cambiándose para la clase. Sole miraba a su amiga.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —dijo Magui algo molesta.
—No te habrás cabreado ¿No? —dijo Sole triste.
—Claro que no... —dijo Magui quitándose la camiseta.
—¿Seguro, eh? No pasa nada.
Magui asintió. Acto seguido salieron a la pista. Hoy tocaba tenis. Como siempre que podían, las dos jugaban juntas.
—Oye... ¿Está bien Alan? —cedió Magui.
—Sí —dijo Sole devolviendo la pelota al otro campo—. Algo agobiado con el traslado. Pero bien, en definitiva.
—Estoy segura que tu has tenido que ver en esto.
—¿Qué?
—En que Alan esté bien.
—No... no creo.

En otra pista se encontraban Hyun Suk, Daniel y Bertu. El primero observaba a las chicas mayores jugando al tenis.
—Así se hace muñeca...

Música: Daniel Powter - Bad Day

Saliendo del campus, Gabriel se despidió de Salva. Atravesó medio Gerona para llegar a la carretera de Barcelona y llegar a la librería para comprar una nueva libreta. Allí se encontró con Marisa.
—Hola —dijo ella—. Vaya, parece que coincidimos...
—Eh... hola. Sí, eso parece —rió nervioso.
Un chico alto se acercó por detrás de Marisa y la besó.
—Ah, Gabriel te presento a mi novio, José.
—Un placer —dijo el novio.
—Igualmente —dijo Gabriel intentando sonreir lo máximo que podía.


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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Vie Abr 24, 2009 10:14 pm

3. Zona


Hace catorce años...

La entrada del McDonald estaba casi colapsada. La madre de Gabriel llevaba a dos de sus hijos a una fiesta de aniversario. Una compañera de clase de Gabriel cumplía años. Después de huir del payaso de la empresa, entraron junto a los otros niños. Las madres tenían su rincón particular.

Gabriel llevaba cuidadosamente el paquete en el que un peluche habitaba pacientemente a la espera que la chica que cumplía años, Marisa, lo abriera y lo abrazara.

Y llegó el momento esperado de abrir los regalos. Se formó una gran cola y el payaso volvió a aparecer haciendo de las suyas. El hermano pequeño de Gabriel, Daniel, se escondió detrás de su hermano.

Gabriel era el último de la cola. Ahora miraba la cara sonriente de Marisa que aún no estaba harta de regalos.
—Gracias por venir, Gabriel —dijo la madre de Marisa.
—De nada —dijo él entregando el paquete a la cumpleañera.
La niña arrugó el papel y sacó un precioso osito de peluche blanco. Estaba encantada.
—Oh, mira mami. ¡Un osito!
Marisa empezó a abrazar el peluche.
—¿Qué se dice, Marisa? — dijo su madre.
—Gracias, Gabriel.
Marisa besó a Gabriel en su mejilla. Los dos se rieron.
—¿Cómo se llama el osito? —dijo Marisa acariciando a su nuevo juguete.
—No lo sé...
Marisa miró en una etiqueta que tenía en el dorso.
—Ke...Keidell.

Daniel entró en la habitación de su hermano mayor y al verlo dormido puso su almohada en la cara de Gabriel que se despertó de repente.
—¿Es que quieres matarme? —dijo Gabriel quitándose la almohada de su hermano de encima.
—Algo así. Llegas tarde a clase.
Gabriel se sobresaltó. Se vistió rápidamente, se peinó un poco y bajó a toda velocidad hasta las calles con su mochila. Tenía mucha prisa. Un examen lo esperaba. No podía entretenerse con nada ni con nadie. Tenía el tiempo justo. Pero es cuando suceden esas cosas que te encuentras con algún imprevisto. En este caso, un imprevisto llamado Marisa. Gabriel pasó al lado de la joven sin decir nada.
—¿Gabriel? —dijo la chica.
Él se lamentó y se detuvo.
—Hola Marisa.
—¿Qué tal?
—Bien... Mal. Tengo prisa. Tengo que hacer un examen y...
—Un examen.
—Sí.
—Vale, vete.
—Sí, será lo mejor.
—Me ha gustado verte —dijo Marisa reprendiendo su paso.
—Sí, igualmente —susurró Gabriel.

La hora del patio. ¿Qué se puede decir de esta hora que en realidad es media hora? Hyun Suk, Dani y Bertu estaban sentados en unos bancos cerca de la Devesa. Habían seguido el rastro de Magui y Sole.
—Tío, estás muy desesperado con estas chicas —dijo Dani comiendo algo de su bocata.
—Creo que son hadas —dijo Hyun Suk también haciendo un bocado—. Además ¿Por qué me habéis seguido?
—Me debes cinco euros —dijo Bertu.
—La última vez que te dejé solo estabas intentado ligar con una de mis hermanas —soltó Dani.
—Si...ya... excusas —dijo Hyun Suk—. Eh, mirad. Aquel tío se acerca a mis hadas.

Sole y Magui estaban sentadas en un banco cuando Alan se presentó.
—Hola —saludó Alan.
—Hola —dijeron las dos. Magui y Alan aún no habían coincido y se besaron.
—Cuánto tiempo —dijo Magui.
—Mucho tiempo —dijo Alan sentándose al lado de Sole.
—Me alegra veros juntos —dijo Magui observando a la nueva pareja.

—Será cabrón —dijo Hyun Suk sin controlar el volumen de su voz. Alan, Magui y Sole se giraron.
—Estúpido —dijo Dani tapando la boca de Hyun Suk.

—¿Estos no llevan muchos días siguiéndonos? —dijo Magui.

Gabriel y Salva se quedaron en la biblioteca de la universidad. Salva traía unos cuantos libros consigo. Gabriel, como siempre, estaba en su portátil.
—¿Cómo te ha ido el examen de física? —dijo Salva sentándose a su lado.
—De pena —soltó Gabriel.
—¿En serio? Creía que te salía bien el tema.
—Sí, me fue bien... Tengo un mal día.
—¿Cómo llevas tu proyecto? —dijo Salva fijándose en el portátil.
—Ultimando los últimos detalles.
—Voy a por algo de la comida —se despidió Salva.

Al intentar salir por la puerta que llevaba al bar se cruzó con Laura que no le dejaba pasar.
—Hola Laura... —dijo Salva con una sonrisa forzada.
—Hola Salva.
—¿Me dejas pasar?
—Eh... Déjame que lo piense. No.
—¿Qué quieres?
—Nada. Solo joderte.
—En el buen sentido o en el mal sentido.
—En el único sentido que sabes tu —rió Laura.
—¿Ya es suficiente, no?
—Quizás —Laura se apartó de la puerta y dejó pasar a Salva.

Gabriel se volvió a concentrar en su portátil. Ahora solo le faltaba un nombre. Buscaba algún apodo, alguna abreviación que le pareciera adecuada pero no tenía ninguna que le gustase. Finalmente, escribió una palabra de siete letras: Keidell.


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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Lun Abr 27, 2009 7:06 pm

4. Milenium


Hace seis meses y algunos días...

Sábado por la tarde. Gabriel terminó el almuerzo con su familia y subió a su habitación para terminar los deberes. El sonido del Messenger hizo que se olvidara de la tarea por unos momentos. Era Salva. Los dos se saludaron de su peculiar modo.
—¿Quedamos esta noche para hacer maratón de Play Station? —dijo Salva.
—No puedo. Tengo que madrugar —dijo Gabriel entre emoticonos.
—Vaya...
Después de varios minutos, cuando Gabriel ya llevaba algunos ejercicios, se oyó un zumbido del Messenger. Era otra vez Salva.
—Creo que voy a salir esta noche —dijo Salva.
Gabriel no contestó.
—Voy a ir al Milenium.
Gabriel contestó con un “XD”, a lo que Salva contestó con un “:@”.
—¿Qué pasa? ¿No puedo ir?
— Haz lo que quieras...
—Eso haré.
— Pues vale...
Salva se desconectó del Messenger.

Llegó la hora de que la discoteca Milenium abriera. Se formó una pequeña cola delante de los guardias mientras la música empezaba a sonar. Salva esquivó a algunos chicos que parecían ofensivos y se puso en medio de la cola. Tenía preparado su carné de identidad. El volumen de gente era considerable y se dividió la cola en dos.
—Hola —saludó Salva nervioso al guardia.
—¿Primera vez aquí? —se burló el guardia. Oye ¿No vienes con tu pareja?
—Eh... no. ¿Por qué?
—Lo siento, el sábado de la primera semana de mes solo pueden entrar parejas.
—¿En serio?
Salva observó su alrededor. Efectivamente, estaba lleno de parejas. Menos en la otra cola, que una chica morena se discutía con el guardia.
—¿Cómo que no puedo entrar? —chilló la chica al guardia.
—Hoy solo puedes entrar con alguien más...
—¿Ah, sí? ¿Con alguien más?
La chica se fijó en Salva que le pasaba lo mismo.
—Él es mi pareja.
— ¿Qué? —dijeron el guardia y Salva al unísono.
—Acércate, Armando.
Salva obedeció y se acercó a aquella chica. Estaban haciendo el numerito en la entrada de la discoteca.
—Tu quieres entrar y yo quiero entrar. No pienses cosas que no son —susurró la chica.
—Claro que no...
—¿Así que sois pareja? —dijo un guardia.
—Bueno, técnicamente si entran juntos es como si fueran pareja... —dijo el otro guardia.
—¿Entramos, Pamela? —dijo Salva poniendo un brazo encima de la espalda de la chica.
La joven sonrió y consiguieron entrar dentro de la discoteca.
—¿No podías decir otro nombre, señor camiseta “Heroes”? —dijo la chica alejándose de Salva.
—Al menos podrías mostrarte agradecida. Gracias a mi has conseguido entrar. Y a mi me gusta esta camiseta.
—Púdrete.
Salva se burló y observó aquel lugar. Nunca había entrado allí. Ahora su intención era... ligar. Pero era algo difícil cuando todos los que estaban en la discoteca eran pareja. Viendo que el panorama estaba complicado, se sentó en la barra.
—¿Qué tal? —dijo el camarero acercándose a Salva.
—Bien, gracias...
El camarero se quedó mirándolo.
—¿Qué... qué pasa? —rió nerviosamente Salva.
—Que tienes que consumir —dijo el camarero con desprecio.
—¿Co... consumir? Pero si todos tienen pareja...
—Me refiero a que tienes que comprar algo para estar sentado aquí.

Los minutos y las horas pasaron. Aquella chica con la que Salva se encontró en la entrada se sentó a su lado.
—¿Qué pasa? —dijo la chica al ver que Salva la miraba.
—Que haces muy buena cara —rió Salva.
—Idiota —soltó la chica—. Camarero, whisky, por favor.
—¿Whisky? ¿No es muy fuerte eso? —se alertó Salva.
—¡Qué listo eres Nakamura! ¿Y tu qué has bebido? ¿Agua?
—No... una cerveza. Bueno, media.
—Eres un cobarde —dijo la chica bebiendo un trago.
—No es verdad —soltó Salva, que capturó el vaso de la chica y se bebió el whisky de un solo golpe.

Lo que pasó después fue borroso, pero Salva se despertó en medio de unos sábanas que no eran las suyas, abrazado a la chica de la discoteca. Al percatarse de aquello, hizo un salto y cayó de la cama. Con el golpe la chica se levantó y chilló.
—¡Me has violado!
—¿Violarte? ¡Eres tú la que me ha violado a mi!
—¿Yo? ¡Dios mío, lo hemos hecho! —dijo la chica tirando una almohada en el rostro de Salva.
—Callaros —dijo un hombre entrando en la habitación—. Nadie ha violado a nadie.
Salva y la chica miraron a aquel hombre. Era el camarero de la discoteca.
—¿Nos has violado? —susurró Salva.
—¡Nadie ha violado a nadie! —gritó el camarero—. Estabais tan trompas que os llevé a mi piso. Me pillasteis de buen humor porque había cobrado, pero si vuelve a pasar, llamo a la policía. Venga, marcharos.
Salva miró a aquella chica, que se disculpó al camarero y salió del apartamento.
—¿No te marchas? —dijo el camarero.
—Sí, ahora me voy —dijo Salva levantándose del suelo—. Por cierto, muchas gracias por todo eh...
—Puedes llamarme Sai —dijo el camarero acompañando a Salva hasta la puerta.

Música: Simple Plan – Shut Up




Actualidad

Laura estaba recogiendo sus cosas de la mesa de la biblioteca, pero no encontraba el móvil.
—¿Buscas eso? —dijo Salva apareciendo con el celular de Laura en la mano.
—¿Me lo has quitado? —gritó malhumorada Laura.
—¿Quitártelo? ¿Es que no puedo encontrarlo y ya está?
—No. Devuélvemelo.
—Mira Laura... yo no te caigo bien y tu no me caes bien. ¿Qué tal si nos dejamos en paz mutuamente y olvidamos todo lo ocurrido?
—Cuando me devuelvas el móvil.
Salva asintió y lanzó el celular a Laura, que una vez lo tenía todo salió de la bibiloteca.
—Idiota —dijo Laura cerrando la puerta.


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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Mar Abr 28, 2009 8:35 am

5. La tormenta


Las cinco de la tarde. Magui y Sole ya habían terminado las clases por hoy. Estaban esperando a Alan en las escaleras de la Catedral de la ciudad. Las dos observaban el paisaje.
—Parece que va a llover... —dijo Magui observando el cielo.
De repente, unos manos frías se posaron en los ojos de Sole.
—¿Quién soy? —dijo la voz juguetona de un joven.
—No lo sé... —dijo Sole—. ¿Matthew Fox?
—Casi —dijo Alan sentándose al lado de Sole y dando un refresco a las dos chicas.
—Vaya, hacía mucho tiempo que no me pasaba por aquí —dijo Alan abriendo su lata.
Observó el edificio desde el exterior. Cuando se fue de Gerona estaban restaurando la Catedral. Ahora, años después, la restauración había terminado. La piedra estaba más limpia y el edificio parecía incluso más bonito de lo que era antes. En la puerta principal, un moribundo estaba estirado al suelo mientras pedía limosna.
—Pero algunas cosas nunca cambian —dijo Alan bebiendo un trago.
—Mierda —soltó Magui.
—¿Qué ocurre? —dijo Sole preocupada.
—No... no es nada. A las cinco tenía que ayudar a mi madre con todo eso de la exposición de flores de este fin de semana. Pero no importa, ya llego tarde.
—Vaya... —dijo Sole.
—Si quieres... te bajo en un momento con el coche —dijo Alan.
—Oh, muchas gracias —dijo Magui levantándose.
—Nos vemos —dijo Alan despidiéndose de Sole que se quedó sentada en medio de las escaleras observando otra vez el cielo que empezaba a cubrirse con un gris aterrador.
—Parece que viene una tormenta... —susurró.

En el sótano de la casa de Gabriel, Daniel abrió la compuerta y Hyun Suk y Bertu entraron. Dani se sentó en su batería mientras sus dos amigos capturaban las guitarras eléctricas.
—Bertu —dijo Daniel acomodándose—. ¿Cómo fue el partido del domingo?
—Empatamos.
—Está bien.
—Sí, trece a cero.
—Que chistoso —dijo Hyun Suk empezando a tocar los primeros acordes de una canción que preparaban hacía muchos días.
—Tengo que deciros algo. Un hermano de un compañero mío sabe tocar el piano y la guitarra. Quizás deberíamos pedirle que se uniera a nosotros.
—¿Otro más? —dijo Hyun Suk.
—Nos vendría bien, seríamos más armónicos —dijo Daniel.
—Ni siquiera sabes que es eso —soltó Hyun Suk.
—Bueno, ya le pregunté si quería entrar.
—Me lo temía —susurró Hyun Suk.
—Willy vendrá mañana a las cuatro.
—¿Willy? ¿Se llama Willy? ¿Confías en alguien que se llama... Willy?
—¿Puedo confiar en alguien que se llama Hyun Suk? —dijo Bertu.
—¿Qué has querido decir, bastardo racista?

Gabriel y Salva apresuraron su paso. Estaba a punto de empezar a llover y no llevaban paraguas.
—Oye... Siempre podemos quedarnos en la estación y comer allí —dijo Salva.
—Pero si ya estamos cerca de casa.
—Sí, de la tuya.
Gabriel se detuvo al ver a Marisa discutiendo con un chico desconocido. No era José.
—Ahora vengo —dijo Gabriel.
—¿Qué pasa?
—Nada... Sigue, ya te atraparé.
Gabriel se acercó lentamente a Marisa y aquel desconocido. Cada vez hablaban más alto. De repente, el desconocido abofeteó el rostro de Marisa.
—Puta —dijo con una sonrisa burlona.
—Eres un desgraciado... —dijo Marisa llorando.
El desconocido capturó a Marisa que se resistía tanto como podía.
—¿Qué pasa, muñeca? ¿Ahora no quieres darme un beso?
—Suéltame, cerdo.
Al ver aquella escena, Gabriel se acercó sigilosamente a los dos. Tocó dos veces lentamente la espalda del desconocido que se giró.
—¿Qué te ocurre? —dijo el joven.
Gabriel golpeó violentamente contra la cara del desconocido que, adolorido, soltó a Marisa que quedó entre los brazos de Gabriel.
—Vamos, corre —dijo Gabriel capturando a Marisa por un brazo. Los dos llegaron a la estación de autobuses mientras empezó a llover.
—Gracias Gabriel.
—¿Quién era ese tipo?
—Un ex-novio. Lo dejé hace tiempo, siento haberte metido en esto.
—No pasa nada. Lo volvería a hacer.
Los dos se rieron.
—¿Qué ocurre? —dijo Gabriel.
—Le diste fuerte a ese tipo.

Alan y Magui llegaban al aparcamiento que estaba a pocos pasos de la Devesa, como siempre, era casi imposible aparcar allí. Ahora llovía con más fuerza que nunca. Un coche embistió al vehículo de Alan por detrás. Aquello excitó a los dos.
—Desgraciado —susurró sonoramente Alan—. Ahora que se joda. Esta plaza es mía.
Finalmente lograron aparcar en medio de los coches.
—Vaya... no traigo paraiguas —dijo Alan.
—No importa. Gracias por llevarme —dijo Magui abriendo la puerta del coche.
—¿Qué haces? Está lloviendo mucho —dijo Alan capturando el brazo de Magui.
—Sí, pero...
—Espera a que pase la tormenta.
—Está bien —dijo Magui acomodándose.
—Voy a poner la radio...
Alan se quedó a escasos centímetros de Magui. Los dos se miraron.
—No... no podemos hacer esto a Sole... —susurró Magui.
—Lo sé —dijo Alan también susurrando.
Pero sus corazones no opinaban lo mismo. Los labios de Alan se acercaron lentamente a los de Magui. Finalmente se encontraron. Ahora llovía con más fuerza que nunca. Las manos de Magui rozaron el cuerpo de Alan, que desabrochó los primeros botones de la camisa de la chica.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Miér Abr 29, 2009 8:35 am

6. Cupido el ciego


Magui se puso otra vez la camisa bajo la atenta mirada de Alan que aún suspiraba. Magui iba mirando una y otra vez el exterior mientras que Alan intentaba calmarla.
—Lo siento... —dijo Alan arrepentido, acariciando por última vez a Magui.
—¿Es lo que querías? Pues ya ha pasado —dijo Magui abriendo la puerta. El cielo ya no estaba lleno de nubes negras y empezaba a salir otra vez el sol

Al día siguiente.
En la casa de Gabriel, Dani y su banda estaban tocando, había llegado el nuevo miembro, Willy, algo mayor que todos ellos. Además de tocar el piano y la guitarra también sabía cantar. Gabriel bajó al sótano para que tocaran más bajo.
—Chicos, hay gente que está intentando... —dijo Gabriel abriendo la puerta de golpe.
—Eh... ¿Estudiar? —dijo Salva acomodándose en su silla.
—¿Qué haces aquí? —dijo Gabriel extrañado.
—Soy su manager. Es broma. Entré, los vi... me quedé aquí.
—Vale. Tú mismo.
El timbre sonó. Gabriel abrió la puerta. Era José.
—Ho... hola —dijo Gabriel recibiendo una sorpresa tras otra.
—Tío, Marisa me ha contado todo lo que pasó —José abrazó a Gabriel—. Muchas gracias tío.
—De nada... —dijo Gabriel algo molesto.
—Oye, tenemos que hacer algo con este ex-novio para que no se vuelva a acercar a mi novia.
—¿Un puñetazo no es suficiente? —dijo Gabriel intentando reirse.
—Casi, pero no. Debemos pasar al siguiente paso.
—Ya... Eh... ¿Cual es el siguiente paso?
—Patada en los huevos.
—Claro, no sé por qué lo he preguntado.
José volvió a abrazar a Gabriel.
—Tío, me tengo que ir a golfear con Marisa. Muchas gracias, tío. Dame suerte para el agujero 19 —dijo José cerrando él mismo la puerta.
—Que bonito —dijo Salva apareciendo detrás de Gabriel—. Gabriel el superhéroe, creo que me perdí eso.
—Oye... ¿Una partida de golf tiene 19 agujeros?
—No, 18 —dijo Salva tajante.
—Vale, entonces se refería a otra cosa.
—Joder... —susurró Salva.
—Venga chicos —se oyó la voz de Hyun Suk.

Música: Hinder – Lips of an Angel


En las ramblas de Gerona, Magui caminaba nerviosa en dirección a la librería. Se cruzó con Sole y Alan.
—Hola —dijo Sole alegre. Alan fingió una sonrisa.
—¿Qué tal? —dijo Magui cabizbaja.
—¿Estás bien, no? —dijo Sole algo preocupada.
—Sí —asintió Magui—. No pasa nada.
—Bueno Magui, voy a ayudar a Alan con su traslado.
Las miradas de Alan y Magui se cruzaron varias veces.
—Adiós.
Magui siguió su paso pero se detuvo en una esquina donde rompió a llorar. Recordaba las caricias de Alan en el día de ayer.

Gabriel intentaba concentrarse para hacer los ejercicios que tenía que hacer pero la imagen de Marisa y José juntos se lo impedía. Desesperado, tiró la libreta por la ventana mientras la música del sótano sonaba más fuerte que nunca.

Magui se detuvo en un bar para secarse las lágrimas. Allí entró Gabriel con la libreta en la mano. Se sentó en la barra junto a Magui.
—¿Todo bien? —dijo Gabriel interesándose por ella.
A veces ocurre que confías tus secretos en la gente que no conoces para nada.
—He engañado a mi amiga con su novio —dijo rompiendo a llorar otra vez.
—Todo se arreglará —susurró cabizbajo Gabriel.
—¿Y a ti qué te pasa? Tampoco haces buena cara.
—Vivo en un amor imposible —rió levemente.
El camarero trajo las bebidas. Gabriel y Magui brindaron.
—Por el amor.

Hyun Suk salió disgustado del sótano. Bertu iba detrás de él.
—Venga tío, no te cabrees.
—Me tenéis harto —dijo Hyun Suk dirigiéndose hacia su moto.
—Si te molesta tanto, le diré que no le queremos.
—Pero lo queréis en la banda. La cuestión es... ¿Me queréis a mi?
—Claro.
—Ya... —Hyun Suk arrancó la moto.
—¡Tío! —gritó Bertu mientras su voz se mezclaba con el ruido del motor de la moto.
Hyun Suk se giró y se despidió con la mano. Cuando puso otra vez la visión en la carretera, un coche se acercó con gran velocidad saltándose el semáforo y llevándose al distraído Hyun Suk por delante, que hizo varias vueltas de campana antes de caer de mala manera en el suelo mojado de la ciudad, en medio del paso de peatones. La gente chilló al ver aquello. Bertu se acercó a Hyun Suk, inconsciente. El coche que derribó al coreano se puso en marcha pero un hombre se avalanzó sobre él y le hizo bajar del coche.
—¿Vas borracho? —dijo aquel hombre al conductor, que efectivamente iba ebrio.
—Llamad al hospital —dijo Bertu mientras atendía a Hyun Suk.
Gabriel salió del bar y vio la escena.
—¿Qué ha pasado? —dijo Gabriel a Bertu.
—Ese hijo de puta se ha llevado a Hyun Suk por delante.
Ahora Gabriel se fijó en el conductor ebrio.
—Pero ¿Qué? ¿El ex-novio... de Marisa?
Dani al escuchar las ambulancias se acercó y vio a Hyun Suk como se lo llevaban. Los padres de Hyun Suk subieron al vehículo con dirección al hospital.
—¿Vamos nosotros también? —preguntó Dani a su hermano mayor.
Gabriel asintió. Observaba como se llevaban al conductor en un coche policial. La moto de Hyun Suk había terminado completamente destrozada.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Jue Abr 30, 2009 8:34 am

7. Amenazas


Bertu bajaba las escaleras de su casa. Se encontró con el negocio de su padre, una peluquería para hombres, que empezaba a abrir.
— Hijo ¿Hay novedades de Hyun Suk? —dijo su padre abriendo la puerta electromagnética.
—Ayer estaba bien, pero inconsciente. Pasaré por el hospital al terminar las clases.
—Eh... ¿Quieres que te acerque allí?
—Iré caminando —dijo Bertu capturando su bocadillo.

—¿Ya te quieres ir? —dijo Salva al ver que Gabriel recogía las cosas.
—Tengo que hablar con Marisa. Será lo mejor.
—Bueno, Hyun Suk se recuperará y su ex-novio irá a la cárcel, está claro.
—Pero tiene que saberlo —dijo Gabriel capturando la mochila.

Ya era la tercera hora seguida para Magui, que estaba sentada en su silla observando la pared y pensando en mil cosas.
—Eh... Magui ¿Qué te ocurre? —susurró Sole.
—Nada.
—¿En serio? Sabes que puedes contármelo todo.
¿Todo? Por primera vez en tantos años Magui tenía que guardar aquel incómodo secreto para sí misma.

Al oír el timbre, Salva se acercó a su mochila para sacar el libro de física. Pero allí no estaba. Enfadado, se dirigió hasta donde estaba sentada tranquilamente Laura.
—¿Qué te pasa? —dijo Laura algo sorprendida.
—Venga... Devuélveme el libro de física.
—¿De qué hablas?
—¡Lo sabes perfectamente, devuélvemelo!
—Te lo habrás dejado en casa, imbécil.
—En casa he dejado la pistola. Tienes suerte.
—¡Chicos! — gritó el profesor que entró en la transitada clase.
Segundos después Laura y Salva fueron expulsados.
—¿Estarás contenta, no? —rió Salva.
—No me hables...
En aquel momento el móvil de Salva vibró. Era Gabriel.
—Oye Salva, tengo tu libro de física. Creo que me lo llevé sin querer cuando recogía. Mañana te lo devuelvo.
Salva se quedó perplejo.
—Sí... vale — colgó.
Laura y Salva se miraron.
—Ya sé donde está el libro. Perdóname —susurró Salva.
Laura reflexionó unos segundos.
—No pasa nada — dijo alejándose de él.

En el bar más cercano a la estación de autobuses, que estaba siendo demolida, Marisa se tapaba los oídos con la compañía de su novio José esperando a Gabriel.
—Espero que sea urgente —dijo Marisa alzando el volumen de su voz para que su novio pudiera escucharla.
Gabriel llegó en aquel momento.
—¿Qué pasa, tío? —dijo José.
—Se trata de tu ex-novio —dijo Gabriel mirando a Marisa— . Ayer... conducía ebrio por mi calle y atropelló a un amigo de mi hermano.
—Dios... — dijo Marisa tapándose la boca.
—¿Está bien el chico? —dijo José preocupado.
—Se recuperará —dijo Gabriel tranquilizador—. Ese desgraciado está en comisaría y seguramente irá a la cárcel. A no ser que pague una fianza, que creo que sería bastante cara.
—No — dijo Marisa—. Irá a la cárcel seguro... pero...
—¿Qué ocurre? —dijo José.
—Nada — dijo Marisa desviando la mirada—. Tened cuidado.
José y Gabriel se miraron. No sabían a lo que se estaban enfrentando.

Dani y Bertu llegaron al hospital Josep Trueta y esperaron a que los padres de Hyun Suk dejaran la habitación. El herido estaba consciente.
—Tío. Me han dicho que volaste —dijo Dani sentándose en la silla que los padres de Hyun Suk habían dejado vacía.
—Sí... me acuerdo —dijo Hyun Suk adolorido.
—¿Qué han dicho los médicos? —dijo Bertu.
—Que no voy a caminar nunca más... pero...
—¿Cómo? —dijo Dani incrédulo.
—Claro que voy a volver a caminar. Tengo que patearos el culo —dijo Hyun Suk tosiendo.
—¿Aún estás molesto por lo de Willy? —dijo Bertu.
—Pues está claro que sí.
—Vale —dijo Bertu indignado— . Voy a llamarle. ¿Vale? Le diré que no contamos con él.
Hyun Suk miró la ventana.
—Si queréis que se quede... no pasa nada. Seremos cuatro —dijo reposando su cabeza sobre la almohada.
Bertu guardó su móvil otra vez.

Magui estaba en la cafetería del instituto, sola. Alan había ido a buscar a su amiga con su coche, aquel vehículo que le traía aquellos recuerdos inolvidables. Sole estaba radiante, nunca la había visto tan feliz. Si le contara lo que pasó con Alan todo cambiaría. El chico hacía como si nada. Antes de poner el coche en marcha, las miradas de Alan y Magui coincidieron. Alan cerró la puerta para que entrara Sole y los dos se fueron.

Gabriel entró en su casa y dejó sus llaves en la cocina, pero no se había percatado de que algo había cambiado. Todo estaba removido. Parecía que habían entrado a robar. Recorrió todas las partes de su casa con el desorden y no encontró a nadie. Al subir las escaleras se dio cuenta que había algo escrito en el techo del piso de abajo. “Ten cuidado” estaba gravado en rojo con unas letras que parecían sangre. Gabriel se dio la vuelta asustado, pero no había nadie. Tocó una letra, se alivió un poco al percatarse de que solo era pintura. Pero aquello no hacía las cosas más fáciles.

Pensó en un momento quién pudo haber hecho esto. No llegó a una conclusión segura, pero recordó las palabras de Marisa: “Tened cuidado”. Un escalofrío rodeó su cuerpo. Después de echar otro vistazo llamó a la policía.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Jue Abr 30, 2009 10:02 pm

8. Día del trabajador


Pasó una noche bastante fría por ser el primer día de mayo. Ahora los exámenes parecían estar más cerca que nunca. Llovió toda noche. Por la mañana, la gente se despertó algo más alarmada por los casos de gripe porcina que había sacudido el mundo en los últimos días. Magui ayudaba a su madre con las flores de la Devesa. Este año era el primero en que la exposición de las flores se llevaba a cabo en el famoso parque. Parecía que iba a ser un fin de semana pasado por agua. Algunos voluntarios ayudaban a las chicas con su labor. Una Sole algo dormida se acercó a Magui para ayudarla.
—Buenos días —dijo Sole bostezando.
—¿Qué haces aquí? —dijo Magui algo sorprendida.
—¿Qué voy a hacer? Ayudarte —dijo Sole capturando una caja llena de geranios.
—Está bien —dijo Magui intentando simular indiferencia—. ¿Vendrá Alan?
—No. Estará durmiendo —rió Sole.
—Seguramente...
Las dos estuvieron un momento en silencio.
—Oye Magui... ¿A ti te lo puedo contar todo, verdad? —dijo Sole dejando la caja en el suelo.
—Claro, ¿Para qué están las amigas?
—Es verdad... Ayer... Alan y yo lo hicimos —dijo Sole algo avergonzada.
Magui no sabía que responder.
—Me alegro —rió Magui.
—Fue algo extraño... no sé... todo pasó tan rápido... pero. Ay, que me sonrojo.
La madre de Magui llamó a su hija.
—Oye Magui... Tu también puedes contarme lo que sea ¿Vale? —dijo Sole—. Eres mi mejor amiga. Si te ocurre algo... o quieres que alguien te guarde un secreto aquí estoy yo.
—Lo sé —rió Magui que se acercó hacia su madre secando las lágrimas que tenía en el rostro. No era tan fácil.

En el hospital casi todos los empleados trabajaban. Ahora Hyun Suk tenía un compañero en la habitación que tenía una pierna rota y que estaba todo el día dormido. Dani visitó a su amigo.
—¿Cómo te encuentras? —dijo Dani al entrar.
—Atropellado... pero mejor que ayer. ¿El que me atropelló está en prisión?
—De momento. Tengo que contarte algo que pasó ayer.

En la comisaría, Gabriel estaba rodeado por dos agentes mientras otro estaba preparado para tomar apuntes de todo lo que decía.
—¿Nos puede describir como descubrió las pintadas?
—Sí. Entré en mi casa, recuerdo que estaba algo oscuro y no me di cuenta del desorden. Fue al girarme cuando vi que todo estaba revuelto. Parecía un atraco. Al pasar por las escaleras encontré las pintadas en el techo.
—¿Había alguien en su casa?
—No. Estaba yo solo.
—¿Piensa en alguien concreto que le haya hecho esto?
Gabriel pensó en lo que dijo Marisa, parecía estar relacionada en todo esto. Lo más fácil era relacionar a la persona que atropelló a Hyun con los pintadas de su casa. Pero no lo hizo.
—No... no tengo ni idea —dijo Gabriel bebiendo un trago.
—Le pido que nos detalle más información para que los Mossos de Esquadra puedan efectuar mejor su trabajo.
—Lo siento, no me acuerdo de nada más. Puedo describir mejor la escena si hace falta, pero no tengo ni idea de quién ha podido hacer esto.
—Le rogamos que si sabe alguna cosa nos llame ¿De acuerdo?
—Vale —dijo Gabriel bebiendo otro trago mientras se levantaba de su silla. Fuera de la sala lo esperaba Salva, que lo acompañó a la comisaría.
—¿Todo bien? —dijo Salva al ver preocupado a Gabriel.
—No... no les he dicho nada del ex-novio de Marisa.
—¿Qué? Estás mintiendo a la autoridad y además te estás poniendo aún más en riesgo —susurró Salva.
—Tengo mis motivos ¿Vale?
—¿Qué motivos?
—No quiero culpar a Marisa.
—Gabriel, primero entran en tu casa y hacen unas pintadas y luego... vete tu a saber qué es lo que pasa luego. Estás poniendo en peligro a toda tu familia.
—Salva... Yo golpeé a aquel tío y yo asumiré las consecuencias. No digas nada a la policía.
—Estás loco —dijo Salva alejándose.

Minutos después, Gabriel recorrió la calle de la Força. Un atajo donde solía pasar bastantes veces para evitar las transitadas (y ahora en obras) calles cercanas a la estación. Escuchó unos pasos por detrás de él. Intentó hacer como si nada pero los pasos cada vez se oían más. Finalmente se detuvo. Los pasos hicieron lo mismo.

Observó su alrededor. En el suelo del callejón se proyectaban unas largas sombras que instantes después se transformaron en unas figuras humanas del mismo color que las sombras. Cinco hombres vestidos completamente de negro y con la cara rigurosamente tapada rodeaban a Gabriel.
—¿Qué queréis? —dijo Gabriel a la ofensiva.
—Te has metido con uno de los nuestros... —dijo uno de ellos acercándose.
—Has llamado a la pasma... —dijo otro.
Gabriel retrocedió. Se fijó en la cabeza rapada de un hombre que lo miraba como un perro rabioso. Uno de ellos sacó una especie de porra. En medio de aquellos cinco esperaba a ver a Marisa, quizás una pesadilla de un día anterior le recordara a esto. Gabriel no tenía escapatoria. No podía despertarse estando despierto.

Tomó impulsó y se abalanzó encima de un hombre que intentó detenerlo pero fueron los otros los que lo consiguieron. Empezaron a golpear violentamente a Gabriel que cayó al suelo aturdido intentándose defender como podía. Alguien sacó una pequeña cuerda. Gabriel notó una enorme presión alrededor de su cuello. Estaban estrangulándolo. Tomó aire por última vez antes de perder la consciencia. Lo último que recordó fue el ruido de unas sirenas.

Un coche de policías se adentró en las profundidades del callejón y aquellos cinco chicos huyeron. Salva salió del coche y se dirigió hacia Gabriel que estaba inconsciente sobre el suelo mojado. Los agentes rodearon la zona y no encontraron ningún rastro de los agresores.

Gabriel se despertó en el hospital, lo primero que hizo fue observar a la cama del lado para ver si estaba con Hyun Suk, pero la cama estaba vacía. Pocos minutos después de que despertara, Salva entró.
—Te avisé —dijo Salva sentándose en el pie de la cama.
—Voy a explicar todo lo que sé a la policía.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Lun Mayo 04, 2009 9:35 pm

9. Consecuencias


Cinco de la tarde. Las calles de Gerona están prácticamente vacías pero están llenas de tráfico. Ahora los días ya se habían alargado bastante y era normal que a las ocho de la tarde aún estuviera claro. En el parque de la Devesa tocaba cortar las ramas más altas por precaución de los ciutadanos. En un barco, observando la labor de los técnicos, Magui daba de comer al montón de palomas que se habían acercado a ella en busca de un trozo del bocata que estaba comiendo la chica. De repente, los pájaros alzaron su vuelo y se oyeron unos pasos gracias a las crujientes piedras del parque. Era Alan. Se sentó a su lado y estuvieron un rato sin decirse nada.
—Lo siento —dijo finalmente Alan.
Magui asintió y se levantó.
—No podemos continuar así —dijo Alan.
—Lo sé. Pero no hay nada que contar ¿no?
—¿A qué te refieres?
—Aquel día no pasó nada.
—¿Es eso lo que quieres? ¿Hacer como si no hubiera pasado nada?
—No quiero nada de eso —dijo Magui alejándose.

Gabriel se saltó las clases que tenía esta tarde en la universidad. Su objetivo, contarle a Marisa que había contado lo que sabía a la policía después del intento de homicidio con el que se encontró en las calles altas de la Rambla. Observó varias veces su alrededor antes de tocar el timbre. Fue en aquel momento en el que Marisa abrió la puerta y se asustó por la presencia de Gabriel.
—Perdona —se disculpó Gabriel.
—No pasa nada —dijo Marisa aliviada—. ¿Qué ocurre?
—El viernes pasado... unos... matones me amenazaron y... casi me matan. Creo que estaban relacionados con tu ex-novio.
—Dios mío ¿Estás bien?
—Sí, sí, estoy bien. Dije algunas cosas sobre ti a los Mossos, así que si te llaman será por eso. Solo quería contarte esto para que no te preocuparas.
—Quieres saber más acerca de mi ex-novio ¿No es así?
—Sinceramente, no me gusta estar vigilando mis espaldas cada dos por tres.

En el Josep Trueta, el hospital que se encontraba en la entrada norte de Gerona, Hyun Suk empezaba a encariñarse con las enfermeras de su planta.
—Claudia... —susurró Hyun Suk.
—¿Qué quieres, H.S? —sonrió la enfermera.
—¿Te he dicho ya hoy que estás muy guapa?
—Creo que no... Gracias por el cumplido.
—Creo que hay un hueco en la cama...
—Hyun —soltó la enfermera—. Necesitas reposo y... eres menor de edad.
—Y eso te pone...
Dani abrió la puerta.
—Ya ha fastidiado mi fantasía... —susurró Hyun Suk. La enfermera se rió y salió de la habitación.
—¿Qué me traes? ¿Drogas? ¿Dinero? ¿Sexo?
Dani negó con la cabeza.
—¿Deberes?
—Pues sí.
—Maldito bastardo, ¿no ves que estoy muy grave?

Gabriel observaba como el café caía lentamente hacia la taza que le había preparado Marisa.
—No tenías porque molestarte —dijo Gabriel.
—¿Después de todo lo que has hecho por mi? Prepararte un buen café es lo mínimo que puedo hacer —dijo Marisa sentándose a su lado también con su particular café.
—Supongo que no tienes nada que ver con estos matones, no me debes nada.
—Eres un buen amigo, Gabriel.
—Y tú una buena amiga —rió Gabriel.
Los dos se quedaron mirando. La puerta del piso se abrió. Entró José.
—Muñeca, espero que estés preparada porque te voy a fo... Ho... hola Gabriel.
—Hola. Yo ya me iba —dijo Gabriel levantándose.
—No tienes porque irte —dijo Marisa.
—No, es que tengo prisa. Hasta luego —dijo Gabriel despidiéndose de José.
Al cerrar la puerta, apoyó su cabeza en ella. No tenía ánimos para continuar con aquello. Empezaba a sentir las risas de Marisa en el interior de la casa.

Magui cerró los ojos otra vez y se giró de la cama. Estaba desnuda en la cama de la habitación de Alan. Los dos callados, sin decirse una palabra. Alan salió del baño y se sentó en el pie de la cama. Magui se acercó a él y le acarició el pecho. Los dos lloraron.
—Esto es más fuerte que nosotros —dijo Alan.
—Vente otra vez —susurró Magui.
La besó. El timbre sonó. Los dos se sobresaltaron. Sole estaba esperando en la puerta. Magui capturó su ropa y se puso en el armario y Alan se vistió mínimamente antes de abrir la puerta y encontrarse con una Sole sonriente.
—Veo que ya estás preparado —dijo Sole echando un vistazo al cuerpo semi-desnudo de Alan. El chico huyó de la situación.
—¿Qué ocurre? —dijo Sole extrañada.
—Lo siento, no puede ser...
—Vale, no pasa nada —dijo Sole forzando una sonrisa.
—¿Vamos a dar una vuelta?
—¿Ahora?
—No sé...
—Como quieras.
—Espérame aquí. Voy a por una chaqueta.
Alan cerró la puerta de su habitación y abrió el armario donde estaba Magui escondida.
—Sole y yo nos vamos —susurró Alan.
—De acuerdo...

Música: Shinedown - Second chance

—Espera un momento antes de salir de casa.
Los dos se besaron.
—¿La encuentras? —se escuchó la voz de Sole.
Alan sonrió y volvió a cerrar el armario, donde se quedó un momento Magui llorando desconsoladamente.

Lejos de Gerona, a unos quince kilómetros, un coche de lujo aparcó lentamente en el jardín de una mansión mientras tres hombres vestidos completamente de negro lo observaban. Al salir, se saludaron.
—Ha contactado con la policía —dijo sin más miramientos.
Los otros sabían a lo que se refería.
—Hemos pasado el límite, ya no hay marcha atrás. Hay que eliminarle.
—¿Eliminar? Demasiado drástico.
—Que parezca un accidente, Sai. Nadie sabrá quién lo ha matado.
—Está bien pero... dejádmelo. Yo tengo otros límites.
Se acercó otra vez al vehículo y observó la pistola que tenía en el cajón.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Mar Mayo 05, 2009 6:30 pm

10. A prueba


Algunos días después...

Salva llegó a casa, lanzó la mochila contra el suelo y se tiró a la cama. Al abrir los ojos después de una hora de siesta la primera cosa que vio fue su ordenador, perfectamente limpio y bien situado en aquel escritorio hecho de madera. Para hacer ver que trabajaba, sacó todos los libros de la mochila y los repartió desordenadamente encima del escritorio. Se conectó a un chat y empezó a buscar chicas. Le llamó la atención el nick de una: “Gironina”. Arriesgándose un poco, chateó con ella. No se dieron nunca el Messenger, a los dos les gustaba hablar por allí, con un simple chat.

Después de varios minutos con ella, la chica pidió a Salva si podían verse. Él le dijo que no le importaba.
—Espera... ¿Cómo sabré quién eres? —preguntó Salva.
—Te paso una foto ¿Vale?
Salva recibió un enlace que cambiaría el rumbo de aquella nueva relación. Direccionaba a una fotografía de alguien conocido. Laura.

Salva no sabía que tenía que hacer. Si Laura supiera con quien estaba hablando en aquellos momentos sería catastrófico.
—¿Me pasas una foto tuya? —decía Laura al ver que aquel “desconocido” no contestaba.
Salva tenía que buscar una excusa. Lo primero que pensó fue usar la foto de alguien más, pero luego se dijo a sí mismo que esta idea era de lo más estúpida. Finalmente, optó por decir que no podía subir las fotos.
—Bueno... ya te veré —dijo Laura—. ¿A qué hora y a qué lugar te viene bien quedar?
El chico no sabía que hacer. Finalmente contestó.

Marisa había invitado a Gabriel. El joven entró en el apartamento revisando la presencia de José.
—Tranquilo, no está en casa —dijo Marisa cerrando la puerta.
—¿Qué?
—El otro día todo fue muy... “heavy”. Discúlpame.
—Prefiero olvidar lo que pasó —dijo Gabriel sentándose en el sofá. Observó una foto de Marisa y José que estaba en un marco marrón encima del televisor del salón. Algo subió encima de Gabriel. Un gato.
—Hola —dijo Gabriel acariciando el animal.
—Le has caído bien —rió Marisa—. Se llama Litz.
—Un nombre muy bonito... ¿Por qué me has hecho venir? ¿Ocurre algo? ¿La policía te ha interrogado?
—Me llamaron. Incluso me propusieron llevar un escolta estos días.
Gabriel se fijó en un montón de papeles que estaban desordenados encima de la mesa.
—Es un pequeño guión para un casting de mañana...
—¿Un casting? ¿Eres actriz?
—Eso intento... No hay manera de aprenderme el papel.
—¿Quieres que te ayude? —dijo Gabriel capturando un papel.
—Bueno —rió Marisa.

Alan estaba con Sole paseando por las calles de Gerona cuando su celular sonó. Era Magui. Finalmente Alan descolgó.

Música: Daughtry – What about now

—¿Sí?
—Alan. Ha terminado.
—¿Qué quieres decir? —susurró Alan para no llamar la atención de Sole.
—No podemos estar juntos y no lo vamos a estar nunca ¿Me has entendido? No volverá a ocurrir nada más entre nosotros. ¿Está bien?
—De acuerdo.
—En serio, Alan. No te quiero ver más.
Magui colgó. Se acercó al baño y observó otra vez la prueba de embarazo antes de tirarla en la basura.

Bertu bajó al piso de abajo y se encontró con su padre cortando el pelo de Hyun Suk.
—Hyun Suk... ¿Cuánto has salido del hospital?
—Esta tarde —dijo Hyun Suk observando su nuevo peinado.
—Vaya... —dijo Bertu observando el cajón donde su padre tenía las revistas para la sala de espera.
—Albert... Devuélvela limpia.
—Es el periódico —dijo Bertu malhumorado.
—Oye... Bertu. Luego voy a estrenar las muletas ¿Vale?
—¿A qué te refieres?
—Nada. Será mejor que cambies el periódico por la revista.


—Marta... Espera.
—¿Por qué? ¿Qué ocurre?
—Hay algo que no te he contado y no te puedo dejar marchar sin decírtelo.
—Está bien.
—No te puedes ir.
—¿Cómo?
—No te puedes ir porque no sé que haré sin ti. Estoy enamorado de ti, Marta.
—Jaime...
—Vale. Ya te sabes ese trozo de memoria —rió Gabriel.
—En el decimoquinto intento.
—Es cuestión de practicar —dijo Gabriel poniendo los papeles de nuevo en la mesa.
—Oye... No lo haces nada mal. ¿Has pensado alguna vez en presentarte en un casting?
—No... Actuar no es lo mío.
—Pero ahora parecía que te habías metido de lleno en el personaje de Jaime.
—Es que no estaba actuando, Marisa. He dicho lo que siento.
—¿Cómo? —dijo Marisa que no entendió a Gabriel.
—Olvídalo, me tengo que ir —dijo Gabriel despidiéndose.
Al salir por la puerta notó la presencia de un metal frío en su cuello.
—Entra en el coche sin hacer ruido —dijo un hombre vestido de negro empujando a Gabriel hacía un vehículo que estaba aparcado al lado del apartamento de Marisa. Otro hombre vestido igual esperaba dentro con otra pistola.
—Voy a por la chica —dijo el primer hombre subiendo las escaleras del piso de Marisa.

En un bar de las ramblas, Laura se recogía el pelo y se mordía las uñas. Aquel internauta no llegaba. Llegó alguien más. Salva se acercó a la mesa de Laura y se sentó en la silla que quedaba vacante.
—¿Qué haces aquí? —dijo Laura molesta.
—No te importa si me siento ¿Verdad?
—Está claro que sí que me importa.
—¿Es que esperas a alguien?
—Eh... simplemente no me gusta que me molestes.
—Entonces me voy —dijo Salva levantándose—. Pero el chico que esperas no vendrá. Está claro que no puedes confiar en los chats.
—¿Qué? ¿Qué dices?
—Lo que has oído, “Gironina”. Yo soy “Goliath_77”.
—¿Qué? —dijo Laura levantándose de golpe.
—Lo siento.
—¿Por qué no me dijiste nada cuando te mandé la foto?
—No lo sé.

Una vez que Alan se despidió de Sole, llamó al celular de Magui, que no respondía. Ella estaba sentada sobre sus hombros en la cama de su habitación pensando que podía hacer con todo lo que pasaba en su interior.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Jue Mayo 07, 2009 8:03 pm

11. Una bala, un destino


La madre de Magui entró tranquilamente a su casa cuando se encontró con un par de maletas vacías encima del sofá y Magui intentando meter toda la ropa posible en ellas.
—Hija... ¿Qué estás haciendo? —dijo su madre preocupada.
—¿No se suponía que tenías que regresar tarde? —dijo Magui llorando.
—¿Qué te ocurre?

Gabriel y Marisa estaban asustados mientras estaban en el interior de aquel siniestro vehículo que los tenía capturados. Ahora habían parado en una gasolinera y uno de los hombres que los había secuestrado había amenazado a los dos a muerte enseñándoles una pistola que llevaba escondida en el interior de la chaqueta. Ahora Gabriel intentó tranquilizar a Marisa tomándole su mano casi helada. Después de poner el combustible que necesitaban, el coche se puso otra vez en marcha.
—Buenos chicos —dijo un hombre acariciando el rostro de Marisa.

Carretera de Barcelona, Salva sujetaba las muletas de Hyun Suk y se las entregó al coreano una vez se levantó con alguna dificultad de la silla en la que estaba sentado.
—Muchas gracias por invitarme —dijo Hyun Suk capturando las muletas—. ¿Qué quieres a cambio?
—¿Insinúas que si te he invitado es porque quiero algo a cambio? —dijo Salva incrédulo.
—Suéltalo.
—Está bien.

El vehículo se apartó de la carretera asfaltada y giró a la derecha donde había un camino prácticamente recto rodeado por unos inmensos campos de olivares. Una gran casa antigua se dibujaba en el horizonte y el vehículo avanzaba con una lentitud que parecía eterna. Unos cuervos se sujetaban vagamente en los cables de la electricidad. Huyeron al ver pasar el coche que tenía el mismo color que los pájaros.

La casa de piedra se dibujaba como una mansión fría pero soleada a la vez. Un enorme perro precedía el enorme patio que daba a lugar a la entrada llena de ventanales oscuros. El vehículo aparcó allí y Gabriel y Marisa salieron escoltados de él con el silencio absoluto. Pero no fue en la clara casa en la que entraron. Dieron una gran vuelta a la mansión, rodeada aún por olivares y demás campos y entraron en una especie de sótano que parecía un escalofriante pozo sin fondo. Uno de los hombres que los acompañaba encendió las luces que reflejaron una claridad demasiado blanca que forzaba la vista de cualquiera que entrara allí.

Una pequeña habitación se dibujaba en la izquierda, solo ocupada por una mesa con una caja encima y un par de sillas. La luz prácticamente ya no entraba en aquel cuarto. Gabriel y Marisa entraron allí y los dos hombres que los acompañaban cerraron a los dos jóvenes allí, haciendo imposible su huida.

Música: Apocalyptica feat Adam Gontier – I don't care

De repente escucharon una voz distorsionada que provenía del techo, donde una pequeña cámara y un altavoz ocultados por unas inmensas telarañas hicieron acto de presencia.
—Bienvenidos —dijo la voz.
—¿Qué quieres? —gritó Marisa.
—Abrid la caja.
Gabriel miró a Marisa y abrió lentamente la caja.
—¿Qué hay? —preguntó la voz.
—Una pistola —dijo Gabriel incrédulo.
—Exacto. Solo uno de vosotros dos saldrá de aquí. El otro morirá.
—¿Qué? —dijo Marisa incrédula.
—Solo hay una bala. Uno de vosotros tendrá que disparar al otro para salir.
—¿Y qué pasara con el que quede vivo? Es todo una trampa.
—Está claro que es una trampa, pero créeme... Marisa. No me va a pesar la consciencia si os dejo aquí encerrados hasta que las arañas se os coman.
Gabriel miró de reojo su celular. Se percató de una cosa. No había cobertura.

—Ya es hora punta —dijo Salva observando el reloj.
—¿Tiene que ser ahora? —dijo Hyun Suk molesto.
—Claro.
—Está bien —dijo Hyun Suk prestando las muletas a Salva y acercándose en el medio de un paso de peatones lleno de gente.
—¡YATTA! —gritó Hyun Suk abriendo los brazos y asustando a la gente de alrededor.
—¡Perfecto! —aplaudió Salva con dificultad.
Hyun Suk se acercó a Salva.
—Aunque discrepo con esta frase, porque yo no soy japonés y...
—Toma, 20 euros —dijo Salva abriendo la cartera.
—No discrepo con nada.

Sole reía mientras Alan llevaba con algo de torpeza la cazuela con la que había preparado la cena para ellos dos.
—Que bien que tus padres no estén hoy.
—Sí. Saben que puedo cocinar yo mismo así que no se preocupan.
Alan sirvió la comida en los dos platos. Sole probó un bocado.
—Mmm... ¡Está buenísimo!
—Gracias, voy al gimnasio —rió Alan.
La broma del chico fue interrumpida por el timbre que sonó varias veces.
—Será mejor que vaya a abrir —dijo Alan.
Al abrir la puerta, se encontró con el rostro enojado de la madre de Magui.
—No te vuelvas a acercar a mi hija, desgraciado —dijo la madre abofeteando a Alan que retrocedió unos pasos y cerrando la puerta.
—¿Qué ha pasado? —dijo Sole extrañada—. ¿E... era la madre de Magui? ¿Por qué te ha pegado?

Pasaron los minutos y las horas. La voz ya no hablaba más. Parecía tenerlo todo dicho. Gabriel capturó la pistola de la caja y la observó cuidadosamente.
—Gabriel... ¿Qué vas a hacer?
—Dispárame —dijo dándole el arma a Marisa.
—¿Qué?
—Dispárame y huye de aquí.
—No voy a hacerte eso, Gabriel...
—Hazlo.
Marisa miró la cámara y asintió. Apuntó a Gabriel. El pulso le temblaba.
—Tranquila... —susurró Gabriel.
Un disparo resonó por toda la habitación.

Otro bofetada cayó en el rostro de Alan, pero esta vez no reaccionó. Sole rompió a llorar mientras cerraba la puerta de la casa de Alan.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Lun Mayo 11, 2009 10:20 pm

12. Guarda el último suspiro


Todo parecía volver a la normalidad. Marisa, asustada, lanzó el arma en el suelo, ahora que ya no había balas en su interior. Gabriel suspiró y se acercó a la cámara, ahora tapada por la camiseta que llevaba Marisa. Se había quitado la prenda y la había lanzado encima de la cámara. Ahora solo llevaba la ropa interior en la parte superior de su cuerpo. Después, miró a Gabriel y dudó que hacer. Después de apuntarle disparó al suelo.
—No debiste hacer esto —dijo Gabriel.
—Estamos juntos en esto ¿Vale? —susurró Marisa.
Gabriel asintió. Oyeron unos pasos que se aproximaban lentamente hasta llegar a su habitación, donde se detuvieron. Se oyó el ruido del arma. Gabriel capturó la camiseta que ahora tapaba la cámara y la sujetó sin moverla. Marisa se puso detrás de la puerta, que al abrirse no vio a nadie hasta que se encontró con Marisa. Gabriel fue más rápido y se avalanzó sobre aquel hombre vestido de negro con la camiseta de Marisa, que ahora cubría la cara de aquel desconocido. Marisa pidió a Gabriel que lo golpeara y él solo pudo immobilizarlo por unos segundos, antes de lograr la huída. El desconocido, con el arma en la mano disparó varios disparos a las veloces sombras de los chicos y un hábil disparo logró impactar con la mejilla de Gabriel, que se irritó.

Ahora los dos huían sin saber a donde ir. Habían escapado de aquella casa tan grande hecha de piedra, ahora caminaban perdidos por un amplio campo de olivos un poco más elevado que el terreno y que cuyo suelo era muy irregular. Aquellos árboles no eran lo suficientemente espesos como para ocultar a la perfección a Marisa y a Gabriel, que escuchaban los disparos desesperados y perdidos de bastante lejos. Finalmente, caminaron hasta otra casa, también grande pero más humilde. No pasaron desaparcibidos por los perros, que por suerte estaban atados. El dueño de la casa parecía no estar en casa. Pero los ladridos de los perros delataban la situación de los dos chicos. Finalmente, entraron en el granero de detrás, prácticamente vacío. Observaban la corte de las vacas que observaban a Gabriel y a Marisa nerviosos. Cerca del granero, un perro suelto empezó a ladrar. Gabriel intentó hacer callar al animal.
—¡Cállate! —susurró Gabriel.
—Mueve la cola, parece estar contento —dijo Marisa entre suspiro y suspiro.
—¿Y a mi que me importa la felicidad de este bicho? Que se calle.
Gabriel se percató que el hombre vestido de negro también llegaba a aquella casa, esta vez los perros no ladraban. Un rastro señalaba donde estaban situados los chicos. El hombre se acercó lentamente al granero. Todo parecía estar acabado. Pero alguien, indirectamente, los salvó.

Un todo terreno azul bajó el camino que llevaba hasta la casa. El hombre vestido de negro se percató de aquello y ocultó la pistola. Un hombre alto y gordinflete salió del vehículo y se acercó curiosamente al granero.
—¿Ocurre algo?
—No... nada. Quería decirte algo y te busqué en el granero.
—Pues ya sabes... Cuando no tengo el coche aparcado es que no estoy. ¿Qué querías decirme?
—Un detalle sin demasiada importancia... Se trata de... de... los perros.
—Ya, los perros ¿Ocurre algo con mis perros?
—Eh... ¡Sí! sí... que ladran.
—Sí, ladran. Por eso los tengo, si viene algún zorro que se quiera comer mis gallinas se asustará al escuchar mis perros.
—Ya... pero... pero ¿Podrían ladrar menos?
—Sai... esto es como pedirle al gobierno que trabaje...
—Vale, entiendo. Solo... quería comentarte... esto. Ah, cuidado con los zorros.
—Sí, lo tendré.
—Hay zorros que son muy listos —dijo el hombre de negro observando el granero—. Y zorras...
Finalmente volvió malhumorado con la compañía del perro que había notado la presencia de Marisa y Gabriel, que esperaron a que el dueño se fuera de la zona. Gabriel, al ver a Marisa con poca ropa le ofreció su chaqueta.
—Gracias —rió Marisa—. Hoy si que ha sido un día movidito.
—Pues aún tiene que terminar.
—Tenemos que salir de aquí.
—¿Cómo? Los perros ladraran...
—No lo sé... —Marisa observó su celular—. Espera... aquí tenemos cobertura.
—Perfecto... llama...
—¿A José? ¿A la policía?
—Bueno, yo quería unas pizzas. Pero a la policía también está bien.
Los dos rieron, finalmente hicieron la llamada para salir de aquel infierno de ambiente campesino.

Música: Jars of Clay – Safe to land

Ahora Magui deshacía sus maletas siguiendo las órdenes de su madre, que en aquel momento entró en la habitación algo nerviosa.
—Sole está en la puerta...
—¿Sole? —dijo Magui incrédula—. ¿Ha llamado?
—No... no ha llamado.
Magui asintió y se acercó a la puerta, sin abrirla.
—Hola.
Sole se mostró sorprendida.
—Lo siento... —continuó Magui.
—Ya... —dijo Sole sujetando su cabeza en la puerta.
—Espero que me perdones algún día. Yo... yo no quería hacerte daño. Era lo último que quería pero... sucedió.
—Sí... sucedió.
—Eh... Sole.
Sole se mantuvo en silencio pero logró articular un “Dime”.
—Hay algo más que... debes saber. Alan no lo sabe aún.
—¿Estás embarazada? —dijo Sole con el peor tono sarcástico posible.
—Sí —dijo Magui abriendo la puerta.
Las dos estaban llorando.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Jue Mayo 14, 2009 6:30 pm

13. Composición orgánica


Ocho de la mañana. Las puertas del instituto se abren discretas. Empiezan a aparecer los primeros alumnos por la puerta principal, en grupos, comentando algo apasionadamente. No tienen prisa para entrar. Los profesores, en los aparcamientos, se cruzan y también tienen algo que decirse. Será un día en que las clases empezarían con más retraso de lo común. Y allí estaban: Hyun Suk, con su muleta característica más parecida al bastón del doctor House, Dani y Bertu. La escena repetida de Armageddon, Smallville y Chuck entre otras.
Hyun Suk golpeó la puerta con la muleta y los tres entraron magníficamente equipados. Los colores azulgranas predominaban en la clase, que ya había empezado. Hyun Suk se sentó discretamente en su lugar mientras Bertu acaparaba algunas miradas con su camiseta. El Barça había ganado la Copa del Rey.

También se abrían las puertas de las facultades, el campus se levantaba con el mismo color de siempre. En medio de los pasillos los universitarios también hacían su comentario antes de llegar a las clases. Gabriel llegó algo tarde con una tirita en la mejilla.
—¿Qué te ha pasado? —dijo Salva que ya estaba cómodamente sentado en su sitio señalando la mejilla.
—Eh... me he cortado al afeitarme —dijo Gabriel neguitoso.
—¿Gabriel afeitándose? Esto si que es nuevo... ¿Y por qué te dejaste la barba?
—Bueno... pues porque me he cortado ¿Por qué te interesa tanto saber si me he afeitado?
El profesor entró en clase y después de dar una breve explicación empezó a repartir los exámenes de química. Gabriel fue uno de los primeros en ver la nota.
—6'9... bonito número —dijo apuntando la nota en su agenda.
Después llegó el turno de Salva que hizo una mueca extraña al ver su nota y ocultó el examen debajo de la libreta.
—¿Cómo te ha ido? —preguntó Gabriel.
—Eh... eh... ¿Por qué te interesa tanto saber mi nota?

Magui no sabía que hacer, estaba sentada en su cama intentando estudiar, aunque no tenía la cabeza en los libros que se encontraban en su escritorio. Una línea de polvo entraba por las persianas que estaban cerradas. El ruido del televisor encendido que tenía su madre en la cocina hacía que se entretuviera. De repente, escuchó unas llaves abriendo la puerta de su casa. Era su padre.
—Hola —se escuchó a la madre de Magui besando a su marido—. ¿Qué haces tan temprano en casa?
—Creo que me he dejado unas papeles encima de la mesa de mi despacho.
—¿Y por qué no has llamado?
—Porque quería verte.
Se escucharon unas risas.
—Eh... ahora no, Pedro. Magui está en casa.
—¿En casa? ¿Qué le pasa? ¿Se encuentra mal?
—Sí.
Unos pasos se acercaron a la habitación de Magui.
—Hola preciosa ¿Te encuentras mejor? —dijo el padre abriendo tímidamente la puerta.
—Sí, gracias.
Su padre la besó en la mejilla y se dirigió a su despacho.
—Bueno, ya me voy —dijo el padre de Magui despidiéndose de su hija.
Magui asintió con la cabeza. Se oyó otro beso y la puerta principal abrirse y cerrarse otra vez. Magui salió de su habitación y se encontró con su madre en la cocina.
—Tiene que saberlo —susurró Magui.
—No sé como reaccionará tu padre, querida, si sabe que estás embarazada.
—Lo entenderá.
—Vale... Esta tarde ¿De acuerdo?

Llegó un cambio de clases y Salva estaba sentado en un banco en medio del césped intentando meditar. Laura se acercó a él.
—¿Qué te pasa Salva? ¿Estreñimiento?
—Que graciosa que eres —dijo Salva sin cambiar el tono de voz—. Estoy preocupado por química.
—Bueno, no te preocupes. Todo te saldrá bien.
Salva levantó su mirada para observar aquella nueva actitud de Laura hacia él. Se percató en su cuello.
—Laura ¿Te ha picado un mosquito.
—¿Esto? No... es un chupetón —rió Laura nerviosa que se alejó.

Observando a la escena estaba Gabriel que sacó el celular del bolsillo para llamar a Marisa.
—¿Sí?
—Hola Marisa. Soy Gabriel. Ayer me diste tu número y...
—¡Gabriel! Te reconocí la voz —rió Marisa.
—¿Sí? Eh... —el chico no sabía como continuar.
—¿Sí?
—Eh... ¿Estás bien? En realidad no quería llamarte por ningún motivo en especial. Solo... saber si estabas bien.
—Sí, estoy bien. ¿Y tú? Pareces nervioso.
—Si, también estoy bien. Son los exámenes.
—Ya... suerte.
—Gracias.
Hubo un silencio hasta que Marisa se despidió y colgó.
Ahora Salva estaba delante de Gabriel.
—¿Qué? ¿Gastando el saldo?
—Más o menos —dijo Gabriel guardando el celular.
—Como siempre —soltó Salva—. Venga, a clase, GiletteMan.

El padre de Magui entró en su casa tarareando una canción y se encontró con su esposa y su hija sentadas en la mesa de la cocina, esperándole.
—¿Ocurre algo? —dijo desabrochándose la corbata.
—Papá... tengo que contarte algo —dijo Magui nerviosa.
—Claro, hija. Lo que sea —dijo el padre sentándose ya más preocupado.
La madre y la hija se miraron. La madre de Magui asintió con una leve sonrisa.
—Papá... Estoy embarazada.
El padre frunció las cejas y observó los rostros serios de Magui y su esposa. Se rió.
—Estáis muy de la broma ¿No? —dijo el padre levantándose de la mesa y depositando su chaqueta en el colgador.
—Pedro... —susurró la madre.
—No, papá. Te estoy contando la verdad.

Música: Goo Goo Dolls - Iris

Había terminado la jornada en la universidad. Siguiendo la costumbre de los últimos días, Salva volvía solo a casa sin Gabriel. Al cruzar por un paso de peatones se percató que tenía un zapato descordado y se acercó al otro lado de la calle, cerca de una valla verde para atársela. Allí, agachado en la calle vacía, vio la figura de Laura que esperaba pacientemente en una esquina. “Lo sabía, Laura trabaja en las esquinas” —pensó Salva en su interior. Aquel pensamiento le provocó una carcajada que pudo aguantar. Pero no. Laura no trabajaba en una esquina. Observó otra vez a la chica y vio que empezaba a reirse. Estaba mirando hacia el otro lado de la calle donde un joven cruzaba por el paso de peatones con una muleta. Se detuvo hasta llegar a Laura que se acercó a él y lo besó. Se besaron.
—No puede ser... —dijo Salva atónito—. Hyun Suk...

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Lun Mayo 18, 2009 8:10 pm

14. Melafó


El día anterior

Sentados toda la familia en la mesa de la cocina, la madre de Magui repartía la sopa que sobró de la cena de ayer. Aunque estaba claro que nadie iba a comer nada.
—Magui... mañana irás a clase —dijo su padre en tono autoritario.
—Pero papá...
—¿Qué quieres? ¿Quedarte encerrada en casa hasta que tengas el bebé?
Hubo un silencio. Magui quería responder pero no era capaz.
—Cariño —susurró la madre de Magui—. Creo que... nuestra hija no va a tener el bebé.
—¿A qué te refieres? —dijo el padre confundido.
—Magui no puede tener un bebé ahora... Está estudiando, es muy joven y no tiene un hombre...
—Un momento ¿Quieres que nuestra hija aborte? —dijo el padre levantándose de la mesa de un golpe.
—Cariño...
—¿Quieres matar a mi nieto? ¿Es eso?
Hubo otro silencio, esta vez más incómodo.
—No Magui... no harás eso con una vida humana. Tu hijo... mi nieto... no eres ninguna asesina —susurró el padre.
Magui se levantó de la mesa y se dirigió hacia su habitación, donde rompió a llorar.

Hoy

Clara tarde de primavera en el campus de la Universidad de Gerona. Salva preparaba sus últimos apuntes para entrar en clase en condiciones. Al entrar, tomó su asiento de siempre. Empezaba una clase de química.
—Bien... como ya os advertí a los que suspendisteis el examen del semestre, tendréis la oportunidad de recuperarlo haciendo un trabajo sobre el uso de la composición orgánica en las granjas de la comarca. Será un trabajo hecho por grupos que se tendrá que entregar la semana que viene a la misma hora que hoy. Cuando termine la clase podréis ver los grupos en la entrada de la facultad.
—¿Por qué tiene que ser tan campesino el profesor? —susurró Salva a su derecha donde se encontraba Gabriel. Pero algo era diferente.
—Un momento —continuó Salva—. Tu no eres Gabriel.
—Claro que soy Gabriel —carraspeó Gabriel.
—Tienes una retirada pero no eres Gabriel...
—Salva... es que me he afeitado.
Efectivamente, Gabriel se había afeitado.

Hyun Suk, Dani y Bertu estaban haciendo un examen, o al menos eso intentaban. Bertu fue el primero en “terminar” y salir de la clase. Pocos minutos después, Dani y Hyun Suk hicieron lo mismo.
—Fatal ¿no? —dijo Bertu al ver a sus dos amigos salir de la clase.
—Que va —dijo Dani—. Bastante bien.
—¿El 5 os daba 2'34 J? —preguntó Hyun Suk.
—Sí —dijo Dani.
—Mierda —soltó Bertu.
—Ah, antes de que se me olvide. Esta noche no me podré pasar por tu casa, Dani —Hyun Suk carraspeó—. He quedado.
—Vale —dijo Dani.
—He quedado... con una chica.
—Enhorabuena, campeón —dijo Bertu lanzando una colleja al cuello de Hyun Suk.
—Tíos, tendréis que haceros gays o algo... porque... tíos, no pilláis cacho.
Dani y Bertu se miraron.
—En realidad... —dijo Bertu—. A mi me gustas...
—Tíos, tengo miedo —dijo Hyun Suk.
Una chica escotada salió de la clase y sonrió a los chicos. Se dirigió al pasillo.
—A la mierda ¿A quién quiero engañar? —dijo Bertu.
—Melafó —dijeron los tres al unísono.

—Que no sea Laura... que no sea Laura... —dijo Salva caminando con los ojos cerrados hasta la lista.
Se plantó delante de la hoja y inspeccionó su nombre.
—Que no sea Laura... que no sea...
—Lo siento —dijo Laura acercándose a su lado.
—Mierda —dijo Salva al encontrarse al lado de Laura, en la hoja.
—Oye. Esta tarde tenía un compromiso pero creo que mi novio no se molestará.
—Ya... tu novio...
—Sí. Lo que quería decirte es que mejor que hagamos el trabajo hoy y así lo podremos olvidar más fácilmente.
—Está bien... me conectaré al Messenger y nos repartiremos el trabajo.
—¿Ah sí? —dijo Laura algo incómoda.
—Claro. A no ser que quedemos en la biblioteca o algo así.
—En mi casa... La casa estará vacía esta tarde. Ya lo tenía todo planeado.
—Ya... supongo que ya sé porque tenías toda la tarde planeada.

Al salir de las clases, Hyun Suk recibió un mensaje.
—Mierda —dijo al leerlo.
—¿Qué ocurre? —dijo Dani.
—No hay ñaca-ñaca —dijo guardándose otra vez el celular.
—Tranquilo, te dejaré unas cuantas revistas de la peluquería de mi padre.
—Sería de agradecer.
Hyun Suk vio a su novia con un chico en el final de la calle.
—Maldita bastarda —dijo fijando su vista.
—¿Qué? —dijo Bertu.
—Es ella. Está con un tío.
—Es Salva, reconozco su camiseta de Hiro Nakamura desde lejos —dijo Dani.
—¿Salva? ¿Salva? ¿Qué significa esto?
—Vaya Hyun Suk, te están empezando a salir unos cuernos —susurró sonoramente Bertu.
—Agárrame la muleta —dijo Hyun Suk entregando la muleta a Dani.
—¿Qué piensas hacer? —preguntó Dani.
—Vengarme.


Música: Depeche Mode – Precious

Sole también salió de sus clases. Se encontró con alguien conocido esperándola en las puertas del instituto. Alan.
—Sole, podemos hablar —dijo Alan siguiendo los pasos de la chica.
—No quiero que te acerques —dijo Sole siguiendo con su paso firme.
—No quiero que me perdones ni nada parecido... tan solo quiero que me escuches. Que me dejes explicarme.
Alan detuvo a Sole por el brazo.
—Sole...
—No has entendido nada, Alan —dijo Sole dolorida—. No quiero verte más.
—Yo... quiero verte.
—Lo siento. Alan ha muerto para Sole.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Mar Mayo 19, 2009 12:43 am

15. Quien yatta último yatta mejor


Magui estaba preparando la mochila para el día de mañana. Había decidido regresar al colegio. De repente el timbre sonó, varias veces. Su madre abrió.
—¿Alan? —dijo la madre de Magui tímidamente.
—¿Está Magui?
—Creo que no es buena idea que te acerques aquí... —dijo la madre cerrando la puerta.
—¿Quién es? —dijo el padre dirigiéndose hacia la entrada.
—Vete —dijo la madre.
—¿Pero por qué?
Pero el padre vio a Alan.
—Cariño ¿Es él?
—Hola... —dijo Alan—. ¿Qué ocurre?
—¿Es él o no es él? —dijo el padre cada vez más nervioso.
—Sí —susurró la madre.
El padre de Magui estalló. Abrió la puerta con toda su fuerza y pateó la pierna izquierda de Alan, que cayó al suelo. Otra patada cayó en su mejilla y lo dejó semi-inconsciente. El padre levantó a Alan del suelo y lo arrastró hasta la pared. Magui vio la escena.
—Papá, déjalo —gritó Magui.
—¿Qué lo deje? Antes voy a matarlo.
Volvió a tirar a Alan al suelo que se golpeó con la pared.
—La próxima vez te lo pensarás más antes te dejar preñada a mi hija —dijo el padre intentando patearle otra vez más. Pero Magui se puso en el medio.
—No lo compliques más, papá.
Alan se levantó del suelo.
—Magui... Estás ¿Embarazada?
Magui asintió y cerró la puerta.

Laura abrió la puerta de su casa y dejó las llaves tiradas en la caja de los caramelos de menta. Salva observó tímidamente el interior.
—Adelante —dijo Laura abriendo el ordenador.
—Efectivamente, tenías algo planeado —dijo Salva observando el paquete de preservativos que se encontraba encima de la mesa del comedor.
Laura rió tranquilamente y llevó el paquete hasta su cuarto.
—Bien, acabemos lo más antes posible con este infierno.
De repente, se escucharon unos pasos violentos subiendo por las escaleras de la entrada. Golpearon la puerta. Laura abrió.
—¿Hyun Suk?
—¿Poniéndome los cuernos, eh? Vas a lamentarlo, maldito —dijo Hyun Suk señalando a Salva—. Quien yatta último, yatta mejor.
Hyun Suk se avalanzó encima de Salva pero resbaló contra el suelo.
—Me cago en la...
—Salva ¿Qué pasa?
—Eso mismo quiero saber yo —dijo Salva ocultándose detrás del sofá.
—¿No me ayudáis a levantarme?
—Si te tranquilizas —dijo Laura.
—Vale.
Laura ayudó a Hyun Suk a levantarse, que intentó pegar otra vez a Salva.
—¿Qué pasa Hyun Suk? Es normal que tengas manía a Salva, pero hasta yo me contengo.
—¿Manía? —dijo Hyun Suk confundido.
—Ya entiendo... —dijo Laura—. Hyun Suk, Salva y yo estamos haciendo un trabajo para la universidad. No es nada de lo que te parece.
—¿Un trabajo?
—Eso es —dijo Salva saliendo de detrás del sofá.
—Calla —dijo Hyun Suk señalando otra vez a Salva.
—Me callo...
—Hyun Suk, no tienes porque preocuparte. Te lo prometo.
—No me mires con esta cara, muñeca... está bien. Me voy —dijo Hyun Suk capturando un paraguas—. ¿Qué? Me he dejado la muleta.
Hyun Suk salió y Salva y Laura se quedaron mirando.
—Será mejor que deje te tomarse la medicación —dijo Salva riéndose. Se sentó en la silla enfrente del ordenador.
—Sí... mira que imaginarnos juntos... una imaginación muy surrealista.
—Tienes suerte. No ha visto los preservativos.
—¿Pero como ha pensado en esta posibilidad? —dijo Laura.
—No lo sé...
De repente. Laura besó a Salva que sorprendido, capturó a la chica por el brazo y le devolvió el beso. Después estuvieron unos segundos observándose hasta que Salva se levantó.
—Será mejor que terminemos el trabajo en separado... —carraspeó Salva.
—Sí, será mejor —dijo Laura sorprendida por su acción.

Al día siguiente

Música: Tokio Hotel - Monsoon

Magui volvió a clase, sin despedirse de sus padres. A su lado aún estaba Sole, muda. Estuvieron todo el día sin hablarse hasta que la jornada terminó. Sole esperaba a Magui en la entrada. La chica embarazada temía la reacción de la amiga de toda su vida.
—E... ¿Estás bien? —dijo Sole observando por primera vez los ojos tristes de Magui.
—Sí —asintió Magui nerviosamente.
Las dos fueron a una cafetería para tomar algo. Allí, en la entrada, observando la escena. Un adolorido Alan registraba un billete de avión que recién se había comprado para largarse de Gerona. Su destino: Sevilla.

En la facultad. Laura y Salva entregaron conjuntamente su trabajo. El profesor estaba muy sorprendido por la rapidez de los chicos.
—Vaya... y yo que me pensaba que nadie haría el trabajo. Lo hice apuesta pero... podréis recuperar el examen.
—Gracias —dijeron Laura y Salva al unísono. Aquello hizo que se incomodaran más. El profesor se rió al ver a los dos.
—Laura y Salva... Hacéis buena pareja...
Las miradas de Laura y Salva se cruzaron otra vez, rápidamente.
—En los estudios —continuó el profesor.

La azafata daba sus últimas instrucciones. Alan logró hacer otra pequeña llamada.

El celular de Sole sonó en medio de la cafetería y bajo la presencia de Magui. Sole descolgó sin contestar.
—Sole... me voy.
Estaba claro que Sole no iba a contestar.
—Vuelvo a Sevilla. Ya he hecho demasiado daño en Gerona.
—Vale —dijo Sole asintiendo con indiferencia.
—Solo quiero que sepas... que te quiero. Nunca quise hacerte daño. Ni a ti... ni a Magui. Lo siento. Como ya te dije no espero que me perdones.
—Te perdono —susurró Sole.
—¿En serio?
—Que te vaya bien.
La azafata llamó la atención de Alan que tuvo que descolgar rápidamente.
—¿Quién era? —preguntó Magui intentando terminarse el croissant.
—Nadie —dijo Sole descolgando.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Jue Mayo 21, 2009 12:37 pm

16. Ciudad pequeña


Marisa estaba citada en la comisaría. Allí, un agente la acompañó hasta una sala demasiado blanca donde tenía que reconocer a unos cuantos sospechosos relacionados con su ex-novio. El agente intentó tranquilizarla y acto seguido abrió de golpe la fina persiana que separaba la habitación en dos partes, una de ellas blindada, impidiendo cualquier tipo de fuga.
—Vale... —dijo el agente ordenando a los sospechosos que entraran.
Entraron seis, todos hacían una cara especial. Se pusieron en línea recta, todos miraron a Marisa que no pudo aguantar la vista.
—Tranquila... estás a salvo —dijo el guardia yendo hacia ella.
Marisa se volvió a acercar a la plataforma y se apoyó en el grueso vidrio que separaba la habitación.
—¿Reconoces a alguien? —preguntó el agente.
—Sí —susurró Marisa—. El segundo.
—Muy bien ¿Qué segundo?
—Empezando por la izquierda —dijo Marisa señalando a aquel hombre con el dedo. El sospechoso se burló.
—¿Nos puedes contar algo de él? —preguntó el agente mientras pidió a dos de sus compañeros que vaciaran la otra parte de la habitación.
—Sí. Creo que se llama... Jaime Valencia. Lo vi varias veces con mi ex-novio, iba vestido igual que él, así que supongo que estaban en la misma banda. La última vez que lo vi fue días antes de dejarlo con mi ex, los dos se detuvieron en medio de la calle para hablar.
—¿Recuerda qué se dijeron?
—No, creo que no.
Segundos después el agente bajó la persiana comprobando que nadie quedaba dentro.
—Muchas gracias. Si recuerdas algo más ponte en contacto con nosotros ¿Vale?
—Claro.
El agente acompañó a Marisa hasta la salida.
—Tengo que decirle algo, agente...
—Claro, lo que sea.
—Cuando vine me esperaba encontrar a alguien. El hombre que me encerró a mi y a Gabriel en aquella casa. ¿Lo habéis detenido?
—No. Estamos en ello. Con la descripción que nos facilitasteis y ese seudónimo que tiene... lo vamos a encontrar. No me cabe ninguna duda.
—Estoy preocupada por...
—Tranquila, no creo que vuelvan a actuar.
—¿Vuelvan? ¿Sabe de cuantos hombres se tratan?
El agente se giró desconcertado.
—En realidad, no.

Alan, después de varias horas en avión llegó a Sevilla. Allí su madre lo estaba esperando. Se saludaron pero no se dijeron nada más. Al llegar a casa, Alan tomó todas sus maletas y las instaló de nuevo en su habitación.
—¿Qué ha pasado Alan? —dijo su madre entrando en su habitación.
—Nada —dijo Alan intentando simular indiferencia—. Pero me gusta más el sol de Sevilla.
—¿Es por papá? ¿No os llevabais bien?
—No pasa nada, mamá... —dijo Alan poniendo la ropa de nuevo en el armario.
—Hijo, o me lo cuentas o me lo cuentas —dijo la madre sentándose en la cama.
Alan cedió y se sentó a su lado.
—Está bien... no sé como contarte esto ni tampoco sé como te lo vas a tomar.
—No me voy a enfadar ¿Vale? También me ha gustado que hayas vuelto, pero quiero saber el porqué.
—En Gerona... he destrozado dos vidas y una familia.

Bertu dejó la mochila en la cama cuidadosamente y abrió la carpeta donde tenía guardadas las notas. El color rojo predominaba de una forma violenta. La volvió a cerrar y observando la ventana semi-abierta, tiró la carpeta hacia la puerta. De repente sonó su móvil. Era Hyun Suk.
—Dime —dijo Bertu.
—Me —rió Hyun Suk.
—Que chistoso eres... —dijo Bertu capturando otra vez la carpeta que se había roto un poco.
—Oye tío... ¿Podrías llamar a toda la banda anulando el ensayo de hoy?
—Bueno ¿Por qué tengo que hacerlo yo?
—Pues porque tú eres la B, Dani la D y Willy la W. Eres el primero de la lista de mi móvil.
—Entiendo.
—Me voy en casa de Laura. Luego te cuento.
Bertu descolgó.

Salva salió de la biblioteca con los libros de química bajo del brazo. A su lado estaba Gabriel, que no paraba de tocarse una y otra vez la barba, o lo que antes era una barba. En la calle se cruzaron con Hyun Suk y Laura que iban cogidos de la mano.
—Esta ciudad a veces parece muy grande y a veces muy pequeña.
—¿Por qué lo dices? —dijo Gabriel dándole al botón del semáforo.
—Porque siempre me cruzo con estos dos.
—Es difícil ver a la persona a la que quieres con otro.
—Ya estás hablando otra vez de Marisa... —dijo Salva cruzando por el paso de peatones.
—No, no estoy hablando de Marisa. Estoy hablando de Salva y Laura —rió Gabriel.
Salva miró a Gabriel con cara de pocos amigos.
—No eres Gabriel, ya lo sospechaba.
—Lo vuestro es un amor platónico —dijo Gabriel.
—Hablando de amores platónicos... —dijo Salva señalando a Marisa que pasaba por el otro lado de la calle. Los chicos se acercaron a ella.
—Hola, Marisa —dijo Gabriel.
—¿Nos conocemos? —dijo Marisa recogiéndose el pelo hacia atrás. Salva empezó a reir.
—Soy Gabriel —dijo el chico indignado.
—¿Te has afeitado? —rió Marisa—. Lo siento.
—Te presento a un intento de amigo, Salva.
—Hola —dijeron los dos al unísono.
—Bueno chicos, me tengo que ir. Tengo compuestos de carbono que me están esperando.
Salva se alejó. Gabriel y Marisa se quedaron mirando.
—Anda —se escuchó la voz de Salva de lejos—. ¿Qué haces por aquí, Sai?

Música: Hoobastank - My Turn

Marisa y Gabriel se giraron. Salva estaba hablando con un tipo, alguien conocido. El hombre que los encerró en aquella casa, aquel hombre que iba armado.
—Es él —susurró Marisa.

Sai observó a los dos chicos que lo estaban mirando y salió corriendo, dejando a Salva plantado.
—Pero bueno... ¡Adiós, chico!
Gabriel y Marisa se acercaron a Salva.
—¿De qué lo conoces?
—¿A Sai? Fue el tipo que me salvo después de mi primera borrachera. No comparto su método, sobretodo porque estaba durmiendo al lado de... de Laura pero...
—¿Qué sabes sobre él? —preguntó Marisa.
—¿Qué sé? Pues... trabaja en Milenium... Pero... ¿Por qué tantas preguntas?


Última edición por Bertu el Lun Mayo 25, 2009 9:40 pm, editado 1 vez

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Jue Mayo 21, 2009 6:27 pm

17. Fido


Alan y su madre mantuvieron una larga charla sobre todo lo que había ocurrido. Finalmente bajaron a la cocina para tomarse un café.
—Hijo, si dices que has destrozado dos vidas y una familia... —dijo la madre entregando la taza llena de café con leche a su hijo—. Quizás deberías arreglarlas.
—¿Arreglarlas? ¿Cómo puedo hacer esto?
—No lo sé. Pero huir no es la solución.
—No tenía que haber regresado a Gerona después de tanto tiempo —dijo Alan tomándose un poco de café.
—Te equivocas. No tenías que haber regresado a Sevilla.
—Está bien.

Dos policías entraron en la discoteca Milenium. Allí unos cuantos encargados estaban limpiando la zona. Un agente se acercó a un hombre que estaba apoyado a la pared sin hacer nada, el típico trabajador español.
—Señor —dijo el agente mostrando su placa.
—¿Qué ocurre? —dijo el hombre nervioso.
—Usted es el jefe de la discoteca ¿verdad?
—Sí... así es. Tengo todos los papeles en regla, ya lo revisaron hace unos meses...
—Tranquilo señor. No venimos por asuntos de la discoteca. ¿Usted tiene un trabajador que se hace llamar o que le llaman Sai?
—Sí, Sai... ¿Qué le pasa?
El agente llamó a su compañero.
—Así que trabaja aquí —dijo el agente que se acercó.
—Sí... bueno, no. Trabajaba.
—¿Trabajaba?
—Esta tarde me llamó y dijo que dejaba el trabajo. Yo es que aún no me lo creo. Después de tantos años y lo majo que era... supongo que habrá encontrado algo mejor y con un mejor horario.
El agente iba anotando todo lo que decía el jefe de la discoteca.
—¿Nos puede decir donde vive Sai?
—Sí, pero tienen que decirme a qué viene todo esto.

Música: Katy Perry - Hot N' Cold

Laura sacó las llaves de su bolsillo y abrió de golpe la puerta de su casa. Miró de reojo. Sus padres no estaban.
—Entra —dijo a Hyun Suk que estaba esperando en la puerta.
Laura miró el reloj del comedor.
—Tenemos una hora.
Hyun Suk se abalanzó sobre Laura que cayó hasta el sofá. Se besaron apasionadamente mientras Hyun Suk se quitaba la camiseta negra que llevaba.
—Espera. No vayas tan rápido. Tenemos una hora —dijo Laura sujetando la camiseta de Hyun Suk.
—Una hora de placer, nena —dijo Hyun Suk que empezó a acariciar la espalda de Laura. La chica empezó a quitarse el jersey que llevaba hasta que se percató que la puerta seguía abierta. Se levantó del sofá mientras Hyun Suk la sujetaba por la cintura y la cerró.
Acto seguido, Hyun Suk se quitó por completo la camiseta y empezó a desabrocharse el cinturón.
—Aquí no, en mi habitación —dijo Laura llevando al chico al piso de arriba.
—¿No prefieres la habitación de sus padres? —dijo Hyun Suk besando la oreja de Laura.
—¡NO!
Laura abrió la puerta de su habitación y sacó todos los peluches que estaban encima de su cama. Hyun Suk se avalanzó encima de la cama, que crujió. Laura se puso encima de él y le ayudó a quitarse los pantalones.
Hyun Suk sacó un preservativo de su bolsillo y Laura se quedó en ropa interior. Los dos se volvían a besar. Ahora Hyun Suk, solo cubierto por los calzoncillos, se puso el condón y se colocó encima de Laura, cuando empezó a morderle suavemente el cuello. La chica quitó con algo de dificultad los calzoncillos a Hyun Suk.
Pero en el momento más caliente, el ruido de la puerta principal abrirse detuvo a la pareja.
—Laura ¿Estás aquí? —dijo la madre desde el piso de abajo.
—Mierda, es mi madre —susurró Laura levantándose de golpe.
—¿Pero no decías que teníamos una hora?
—Sí, pero... —Laura pasaba la ropa a Hyun Suk que se vestía como podía.
Hyun Suk tropezó al intentar ponerse uno de los calcetines.
—¿Laura? —gritaba la madre.
—Vete —susurraba Laura a Hyun Suk mientras intentaba colocar los peluches de nuevo en la cama.
—Laura, no soy un desempleado. La viagra me sale cara —dijo Hyun Suk poniéndose otra vez la camiseta.
—¿Qué? ¿Vi... viagra? ¿Qué me estás contando?
—Para una hora de placer... —dijo Hyun Suk nervioso poniéndose los pantalones.
Los pasos de la madre de Laura se acercaban por la escalera.
—Tienes que salir de aquí —dijo Laura sujetando los zapatos de Hyun Suk.
—¿Cómo?
Laura miró la ventana.
—No... no estarás pensando.
—Es un primer piso, no te pasará nada.
—Como se nota que no eres tú la que tiene que saltar.
La madre de Laura ya estaba en el pasillo.
—Rápido.
Hyun Suk abrió la ventana y salió.
—Cuidado con Fido —susurró Laura cerrando la ventana.
—¿Quién es Fido? —dijo Hyun Suk. Pero ya era demasiado tarde. Empezó a resbalar por el tejado hasta que cayó acrobáticamente al jardín.

La madre de Laura abrió la puerta de la habitación de su hijo.
—¿Qué no me oías? —dijo la madre.
—¡Mamá! Hola. No, no te oí —rió Laura.

En el jardín, Hyun Suk había descubierto quien era Fido, un enorme pastor alemán que lo miraba con unos ojos de ira y que por desgracia del chico, estaba desatado.
—Hola... Fido...
El perro empezó a gruñir y a acorralar a Hyun Suk.
—Eres un perro que no muerde ¿Verdad? Ya sé que me tiro a tu dueña, bueno, lo intento, y tampoco es tu dueña, sino la hija de tu dueña pero yo soy un buen tipo. No serás racista con los coreanos ¿Verdad?
El perro empezó a ladrar.
—Ya veo que sí —dijo Hyun Suk empezando a correr.

—¿Qué le pasa a Fido? —dijo la madre de Laura asomándose por la ventana de la habitación.
Afortunadamente, Hyun Suk fue más rápido y logró saltar el alto portal de la casa y así, no ser visto por la madre de Laura. Aún así, un agujero en los pantalones provocado por una reja de metal del portal, había quedado como recuerdo de aquella escena.

Los dos agentes entraron en la casa de Sai. Completamente vacía. No encontraron nada allí, pero no había polvo ni suciedad. Así que dedujeron que Sai había escapado hace poco.
—Esto cada vez me gusta menos —dijo un agente.
—¿Por qué lo dices? —dijo el compañero subiendo las escaleras.
—Están muy organizados.

Hyun Suk abrió la puerta del sótano de la casa de Gabriel. Allí estaba toda su banda.
—Creía que no vendrías —dijo Bertu.
—Y yo creía que... llamarías a todos para no quedar —dijo Hyun Suk cansado.
—No tenía saldo.
—¿Qué te ha pasado en los pantalones? —dijo Willy fijándose en los pantalones de Hyun Suk.
—Es una larga historia. Eh... Dani ¿Puedo ir al lavabo?

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Lun Mayo 25, 2009 9:37 pm

18. Romper


Tres de la tarde. Magui llegó cansada del instituto. Besó a su madre y se estiró en el sofá mientras intentaba llegar con el brazo al periódico de hoy. Su madre estaba en la cocina calentándole la comida. Al ver a su hija tan cansada se acercó a ella y la acarició.
—¿Cansada? —preguntó la madre.
—No sabes como... —dijo Magui acomodando su espalda al respaldo del sofá.
—Quizás es por el embarazo...
—Mamá, no quiero que saques el tema.
—Está bien.
La madre se alejó otra vez a la cocina mientras Magui encendía el ordenador y revisaba el correo. Tenía un mensaje de Alan. Después de varios segundos meditando lo que tenía que hacer, leyó lo que su ex había escrito.

“Lo siento, no sé si me perdonarás nunca. Espero que no te moleste que las pocas veces que te encuentre te diga lo mismo pero es lo que yo siento. Me fui de Gerona y volví a Sevilla con mi madre. Ella pensaba que no me llevaba bien con mi padre, pero nunca podía sospechar de lo que realmente pasó. Le dije simplemente que destrocé dos vidas en mi corta estancia en mi ciudad natal. Y aunque no sabía nada, me contó una solución que me hizo abrir los ojos. Intenta arreglarlas. Y es lo que piensas hacer. Conociéndote, sé que no abortarás y que tendrás tu hijo. No te estoy pidiendo que me aceptes como padre, aunque quizás algún día este preparado y me encantaría cuidar de nuestro bebé, no. Me conformaría con retomar la amistad contigo y con Sole. La misma amistad que teníamos antes de irme a Sevilla por el divorcio de mis padres. Por favor, respóndeme este mensaje. Quiero saber como estás.

—Magui, la comida está lista —dijo la madre desde la cocina.
Finalmente la hija no respondió al mensaje y se dirigió al almuerzo.


En un bar de la plaza Catalunya, Gabriel sacaba a pasear su portátil. Estaba en una terraza ordenando todos los apuntes que tenía pasados a ordenador. Por la izquierda aparecieron Marisa y José que se detuvieron al lado de Gabriel y se sentaron.
—Hola —dijeron los tres al unísono.
—¿Cómo lo llevas? —preguntó José.
—¿Qué llevo qué?
—Los estudios...
—Ah, bueno... podría ir incluso peor.
—Así me gusta Gabriel, que seas optimista —rió Marisa.
José y Marisa tomaron dos cervezas en la misma terraza donde estaba Gabriel. Los dos estaban hablando de sus cosas, algo que incordiaba a Gabriel, que tecleaba las teclas con fuerza. Finalmente, José se acercó al interior del bar para pagar.
—En serio, Gabriel... ¿Lo llevas bien?
—Sinceramente, nada bien —dijo Gabriel vaciando la papelera de reciclaje.
Marisa tomó la mano fría de Gabriel.
—Ánimo.
Gabriel rió tímidamente. José salió del bar.
—¿Vamos? —dijo José capturando la mano que le quedaba libre a Mairsa, que se despidió de Gabriel.

El almuerzo en casa de Magui seguía con total normalidad, aunque en los últimos días se notaba algo de tensión. Mientras la madre de Magui servía la ensalada, la hija se levantó de su silla y se dirigió corriendo al baño. Unos ruidos desagradables hicieron cambiar el rostro de su madre.
—Dios... las primeras náuseas.
—Creía que lo había perdido. Ahora veo que todo sigue su curso —dijo el padre bebiendo agua.
—Si a eso lo llamas seguir su curso.
—¿A qué te refieres? —dijo el padre dejando el vaso en la mesa.
—Magui tiene la edad para estudiar. Este hijo le destroza el futuro ahora mismo. Es una chica inteligente y puede hacer una carrera. Si tiene el bebé no podrá...
—¿Te estoy escuchando bien? Magui está haciendo lo correcto. Está de acuerdo conmigo. Lo que debe hacer es tener a nuestro nieto...
—Nuestro nieto, nuestro nieto. Primero de todo es el hijo de Magui.
—Lo sé —dijo el padre cada vez más nervioso—. Por eso mismo, ella sabe lo que hace. Ha tomado la decisión de tener el bebé. Está demostrando que ya es una mujer y está asumiendo las consecuencias. Cosa que parece que tu aún no lo consigues...
—Yo solo quiero lo mejor para mi hija.
—Mira... no puedo seguir así.
—¿A qué te refieres?
—Deberíamos darnos un tiempo. Ambos necesitamos reflexionar por todo lo que ha pasado últimamente. Está claro que tenemos ideas bastante diferentes, pero ambos queremos lo mejor para Magui. Creo que lo mejor que podemos hacer es...
—Entiendo —susurró la madre.
Magui volvió a la cocina.
—¿Qué ocurre? —dijo Magui viendo los rostros de sus padres.
—Tenemos que contarte algo —dijo el padre.

Música: The Offspring – A Lot Like Me

En la misma casa en la que Gabriel y Marisa fueron encerrados, un vehículo negro se acercaba. Allí, sentados en un banco, tres hombres esperaban la llegada de Sai, que bajó del coche.
—Hombre, Sai, bienvenido a la morada —dijo el hombre del medio que llevaba una barba considerable.
—¿Qué querías? —dijo Sai cerrando el coche.
—Bonito coche —susurró el hombre de la izquierda.
—Me han descubierto, o eso creo.
—Vaya...
—Tranquilos, he dejado mi apartamento, el trabajo... Mi vida.
—Bien hecho —dijo el hombre con barba.
—Creo que merezco una recompensa.
Ahora los tres hombres empezaron a reírse.
—Una nueva identidad. Para empezar de nuevo... —dijo Sai—. Vamos Ronald, te conozco desde hace mucho tiempo. Te ayudé con todo esto. Ahora no puedes ahogarme con todo esto.
El hombre del medio, que respondía con el nombre de Ronald, susurró a los otros dos que estaban sentados en el banco y soltaron una carcajada.
—Acércate dentro y hablamos —dijo Ronald capturando a Sai por un brazo.
Sai obedeció. Caminaron por el largo pasillo hecho de piedra hasta que Ronald abrió la boca.
—No puedo darte lo que quieres, Sai. Tienes que terminar tu trabajo...
—¿Estás loco? Me están siguiendo. Ya he dejado muchas cosas atrás.
—Pobre Sai —dijo Ronald irónicamente.
Sai sacó una pistola del bolsillo.
—Tranquilo, chico —dijo Ronald poniendo las manos detrás de la cabeza.
Resonó un disparo por las piedras del pasillo, pero no fue disparado por Sai, uno de los hombres que acompañaba a Ronald disparó en las costillas de Sai que cayó inconsciente al suelo. Los dos hombres levantaron a Sai del suelo y esperaron una orden de Ronald, que parecía ser el superior.
—Al pozo.
Los dos asintieron. Con gran esfuerzo, lograron acercar a Sai hasta el pozo que estaba a cien metros de la entrada y arrojaron al cuerpo.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Mar Mayo 26, 2009 5:15 pm

19. El pozo


Un granjero paseaba con su perro por el camino que llevaba hasta su casa cuando el perro empezó a oler la hierba fría de la mañana. El perro se soltó de la correa y se acercó al pozo de una gran casa que estaba situada en medio de unos campos de olivos. Aparentemente la casa estaba vacía.

El granjero se acercó lentamente observando las esculturas de piedra que rodeaban el jardín. El perro se asomaba por el pozo ladrando hasta que el granjero detuvo al animal. Al girarse, creyó que había reconocido el cuerpo de alguien en el interior de aquel pozo tan oscuro. Asustado, se giró lentamente. Efectivamente, su primera impresión era certera.

Una cabeza y un brazo salían del agua. Una mano sujetaba la cuerda del cubo que estaba sujetada en la cabecera del pozo. Esta cuerda estaba tensada. Después de unos cuantos segundos de dudas, el granjero estiró con todas sus fuerzas la cuerda que arrastró al hombre hasta la superficie. El granjero observó el cuerpo durante unos segundos. Aquel hombre mojado estaba temblando.

Se escuchó el ruido de una camioneta que se acercaba. El granjero se puso en medio del camino mientras su perro lamía el rostro del hombre mojado. Otro granjero bajó del coche y al ver al hombre inconsciente, llamó a una ambulancia.

—Tendríamos que organizar un concierto —dijo Willy bebiéndose el último sorbo del refresco.
—¿Estás de broma? —dijo Hyun Suk.
—¿Puedo saber por qué queríais formar una banda?
Dani, Hyun Suk y Bertu se miraron.
—Willy tiene razón —dijo Dani después de unos segundos.
La puerta del sótano se abrió. Era Laura.
—Hola —dijeron los chicos.
—Hyun Suk, ¿Podemos hablar? —dijo Laura recogiéndose el pelo hacia atrás.
—Claro, adelante.
Laura observó tímidamente los chicos.
—En privado —susurró.
Hyun Suk asintió y salió del sótano con Laura cerrando la puerta.
—¿Ocurre algo?
—Quería pedirte disculpas por lo del otro día.
—No pasa nada. Ya encontraremos otro día.
—Sí —rió Laura.
Los dos se besaron.

—Vale, Gabriel. Entonces la semana que viene cambiamos el horario el lunes ¿no?
Gabriel asintió y Salva terminó de bajar las escaleras. Se despidió de su amigo. Se encontró con Hyun Suk y Laura besándose en la puerta del sótano. Cabizbajo, pasó por su lado sin hacer demasiado ruido y salió por la puerta principal.
—Eso ha estado muy bien —rió Hyun Suk.
—Sí ¿Verdad? —dijo Laura capturando a su novio por la cintura.
—Ahora no hay nadie en casa... —susurró la chica.
—¿Seguro?
—Seguro.
Hyun Suk rió. Abrió la puerta del sótano y se despidió de la banda.
—Chicos, podemos probar una canción —dijo Willy despidiéndose de Hyun Suk.
—Claro —dijo Bertu.
Willy se acercó al sintetizador y ordenó a Bertu que se pusiera en la batería que antes ocupaba Hyun Suk.

Música: Willy - Run

La policía llegó al hospital al enterarse del ingreso de Sai, que aún estaba inconsciente en una habitación del Josep Trueta.
Un agente se acercó a una enfermera.
—Vigiladle de cerca.
—¿Es peligroso? —preguntó la chica asustada.
—No sabemos cuanto.

Magui estudiaba en su habitación. Su madre entró para recoger la ropa sucia. Pero de repente se sentó en la cama.
—Hija... ¿Has pensado en dar a tu bebé en adopción?
Magui apartó la vista de sus libros.
—No, no lo he pensado... ¿Estás obsesionada con que no tenga el bebé?
—Creo que ahora mismo no...
—No sigas. Ya te dije que pienso. Si sigues así me iré con mi padre.
—Y... ¿Ya has pensado como llamarás al bebé? —preguntó la madre indignada.
—Pues mira sí. Si es niño... se llamará Pedro, como papá. Y si es niña... —hizo una pausa—. Sole.
Magui hizo una mueca y se giró otra vez para intentar estudiar, hasta que su madre salió de la habitación de su hija sin contestar y Magui se golpeó la cabeza con la mesa del escritorio.

Salva estaba en su habitación intentando repasar los apuntes que Gabriel le había prestado. Pero no podía prestar atención.
—¿Pero qué me está pasando?
De repente, observó el trabajo que hizo con Laura, que estaba encima de la mesa. Sin darse cuenta, empezó a acariciar el nombre de la chica.
—Me he enamorado... de Laura —susurró antes de dejar el trabajo otra vez encima de la mesa.

Precisamente Laura estaba cerrando la puerta de su habitación. Hyun Suk observaba como su novia se quitaba lentamente la ropa mientras se acomodaba en la cama de ella. Laura se sentó encima de Hyun Suk que empezó a acariciarla cada vez con más pasión. Sus labios se encontraban varias veces mientras Hyun Suk besaba los senos de la chica que, relajada, se terminó de quitar la ropa y se acomodó encima de él. Un rayo de sol entraba por la ventana iluminando el cabello liso de Laura, que empezó a jadear de placer.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Miér Jun 03, 2009 9:56 pm

20. Días después


Laura se vestía otra vez bajo la atenta mirada de Hyun Suk.
—Oye... Aún me quedan tres —dijo Hyun Suk observando un paquete.
—No fue buena idea esto del ascensor.
—¿Por qué no?
—Imagínate que ahora vengan los bomberos y...
—Ni los bomberos apagarán la pasión que yo siento por ti.
Laura rió levemente mientras se peinaba con las manos el pelo.
—Me tengo que ir... —dijo Laura—. He quedado para estudiar con Salva.
—Uuh... ¿Con Salva? —dijo Hyun Suk frunciendo las cejas.
—¿Estás celoso? —rió Laura.

Salva estaba sentado en su cama con una margarita en las manos. Iba quitando uno a uno los pétalos mientras ordenaba los libros.
—Se lo digo, no se lo digo, se lo digo.
Finalmente, se quedó con un solo pétalo.
—Se lo digo...
El timbre sonó dos veces.
—No, no se lo digo.
Lanzó la flor en la papelera y se fue a abrir la puerta.
—Hola Laura ¿Te... te has perdido?

Gabriel volvía de la universidad paseando por la carretera de Barcelona. En una esquina se encontró con Marisa que estaba en medio de una larga cola.
—¿Qué se cuece aquí? —dijo Gabriel.
—¡Hola! Hacía días que no te veía el pelo.
—Bueno, la barba ya crecerá.
Marisa rió.
—¿Qué haces aquí?
—Cola para un casting. Estoy muy nerviosa. Creo que al pasar por las puertas me caeré al suelo y fracasaré.
—No será para tanto. No creo que los que llevan el casting sean tan sádicos como para poner escaleras justamente después de entrar.
Marisa empezó a morderse las uñas.
—Eh... ¿Quieres que me quede hasta que entres para que estés más tranquila? —dijo Gabriel.
—¿En serio? ¡Por favor! —dijo Marisa contenta—. José tenía que hacer horas extras y...

Bertu estaba sentado en la terraza de un bar solo mientras en la mesa del lado estaba casi toda su clase. Estaban hablando de una especie de cena que se haría a finales de curso. Una de ellos, al ver a Bertu que los estaba medio espiando se acercó a él.
—¿Te apuntas?
—¿Apuntarme a qué?
—Vamos, ya lo sabes. A la cena.
—No creo que esté de humor para cenas y menos al final del curso... —se excusó Bertu.
—Después te arrepentirás —dijo la chica alejándose.
—¿A qué te refieres? —preguntó Bertu.
La chica se giró y le guiñó un ojo.

Sai salió de su apartamento y recibió una llamada de los Mossos de Esquadra.
—Sai ¿Se encuentra mejor?
—Sí, gracias... ¿Podrían dejarme en paz aunque solo fuera un día?
—Es para su seguridad. Después de declarar es muy probable que vengan a por usted. ¿Ha notado algo?
—No, no he notado nada. Adiós —dijo Sai colgando.

Música: Sum 41 - With me

—Entonces los carboneos forman un doble enlace con esta combinación ¿no? —dijo Laura mirando fijamente el libro de química.
—Sí —dijo Salva que observaba el rostro concentrado de Laura.
—Y... entonces descartamos que sea un ester.
—Sí, sí.
—No, porque un ester lleva dobles enlaces.
—Ajá.
—Salva ¿Me estás escuchando?
—Cierto, cierto.
—¡Salva! —gritó Laura golpeando la mesa.
—Perdón.

La cola ya llegaba a su fin y ya casi era el turno de que entrara Marisa. Por la salida, Marisa vio una chica que salió llorando de la sala.
—Pobrecita... —susurró Marisa.
—Todo va a salir bien —dijo Gabriel tranquilizador.
Llamaron a Marisa. La chica suspiró. Gabriel la abrazó al verla tan nerviosa.
—Creo que fue mala idea venir... —dijo Marisa.
—Marisa. Yo confío en ti. Lo vas a hacer... de puta madre ¿Vale?
Marisa se separó del pecho de Gabriel y asintió.
—Gracias.
Finalmente, entró en la sala.

En el sótano de Daniel, la banda se reunía otra tarde más. Hyun Suk parecía estar agotado.
—Creo que una chica se me ha insinuado —dijo Bertu sentándose al lado del coreano.
—Vale Bertu, deja las drogas.
—¿La conozco? —preguntó Daniel.
—Sí, se trata de Mónica.
—A ver... ¿Qué Mónica? —preguntó Hyun Suk.
—La de nuestra clase.
Los ojos de Hyun Suk se abrieron al máximo.
—Ahora en serio, deja las drogas.
—¿Por qué dices que se te ha insinuado? —preguntó Willy.
—Bueno, eh... no lo entenderíais si no sabéis el contexto. Me guiñó el ojo.
—Quizás le entró algo... —dijo Hyun Suk.
—Y luego se rió...
—De lo feo que eres —continuó el coreano.
Bertu miró a Hyun Suk amenazante.
—Aún así, puede que a Mónica le gusten los feos.
Todos miraron al coreano.
—Joder, uno no puede ser sincero.

Marisa salió llorando de la sala. Gabriel la estaba esperando.
—Tengo el papel... —dijo Marisa entre lágrimas.
Al acercarse a Gabriel empezó a reírse.
—¿Lo ves? Te lo dije.
Los dos se abrazaron. Gabriel se dejó llevar por el momento y besó los labios de Marisa.
—Lo siento —se disculpó Gabriel.
El chico se largó.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Sáb Jun 06, 2009 1:44 pm

21. Se acerca el final


La Devesa ya empezaba a respirar un aire de verano. Aunque la noche anterior llovió, la tierra no estaba demasiada mojada y se podía pasear con total normalidad. Era un sábado, bastante temprano. Alan estaba esperando en el reloj de la entrada del parque, donde la gente suele encontrarse. Allí llegó Magui.
—Gracias por venir —dijo Alan.
Magui intentó saludarle con algo de indiferencia pero era imposible. Estaba ante el padre su futuro hijo. Pocos minutos después llegó Sole, que no esperaba la presencia de Magui.
—Os invito a tomar algo —dijo Alan.
Las chicas se miraron y asintieron con algo de desgana.

Willy y Bertu intentaban afinar sus guitarras para su primer concierto en público que se celebraría hoy mismo. Hyun Suk rompió el silencio.
—¿Aún estás pensando en aquella chica, Bertu?
—¿Por qué no dejas el tema de una vez?
Dani irrumpió en el sótano.
—¿Desde cuando estáis en casa?
—Nos hemos quedado a dormir —dijo Hyun Suk.
El celular de Willy empezó a sonar y descolgó.
—¿Qué pasa José? ¿Qué? Menuda mierda... Oye, creo que sé lo que tienes que hacer para olvidarte de ella. Esta noche tocamos. Venga, adiós.
Colgó. La banda miró a Willy.
—Un amigo mío a roto con su novia.

Gabriel estaba en su habitación intentando no escuchar la música que venía del sótano. Salva llegó después del almuerzo y se presentó con unas fotocopias llenas de ejercicios de química.
—¿Problemas? —dijo Gabriel.
—Sí, pero estos no son los más gordos. Creo que me he enamorado de Laura.
—Ajá —dijo Gabriel sin darle importancia.
—¿Cómo que ajá? Es muy preocupante... Estoy enfermo mental para que me pase esto...
—No te excuses. ¿Qué vas a hacer?
—¿Eh? Pues... está saliendo con Hyun Suk y... —Salva estaba confundido—. No voy a hacer nada.
—Vale, quédate solo para siempre —rió Gabriel.
—Será mejor que me limite a copiarte los ejercicios de química.

Ronald entró en su mansión. Allí su secretaria le informó de las últimas novedades de sus acciones.
—Juguetes Dlanor siguen en aumento señor, pese la crisis.
—Muy bien... Parece que el peluche Keidell se está popularizando otra vez. Fue un acierto que saliera en aquella serie de televisión.
—Sí señor.
—Una cosa. Mira si podemos hacer una rebaja a toda la gamma de peluches. Y si hacemos una campaña en televisión con un eslogan algo así: “Aunque haya crisis los niños necesitan jugar”... así sería perfecto. ¿Y las otras acciones?
—La de su corporación aceitera ha bajado, la textil también ha bajado y...
—¿Qué hay de los automóviles?
—También han bajado, señor.
—Esto empieza a ser pésimo. Un rico que yo... tener que ganar beneficios gracias a peluches... Es deprimente. Por cierto... ¿Qué se sabe de Sai?
—Sigue vivo.
—¿Qué?
—Lo encontraron con vida y seguramente habrá declarado.
—Entonces recibiré una visita de los Mossos. ¿Sai sigue en su apartamento?
—No creo, señor.
—Bien, que lo busquen. Me voy a pasar lo que queda de fin de semana en Madrid. No llaméis. Estaré con compañía.

La hora del concierto se acercaba. La banda estaba haciendo los últimos preparativos. Todos estaban nerviosos. Hyun Suk fue el que llegó más tarde.
—Tío ¿Por qué tardaste tanto? —dijo Bertu.
Hyun Suk llevaba unos folios en su mano que los dejó a Bertu.
—¿Qué son?
—La primera es la lista de la cena de fin de curso. La segunda son las promociones del restaurante al que quieren ir.
—¿Y qué quieres que haga con eso?
—El restaurante ofrece unas promociones especiales para comuniones y bautizos. Rebaja los precios casi un 40% por los grupos. Con la cena que quieren hacer, también es así. Para una rebaja de 40% necesitan más de treinta persona. Si miras la primera lista verás que son 29. Por eso Mónica quería que fueras. Seguramente ahora ya habrán encontrado alguien más.
—Estás enfermo —dijo Bertu malhumorado.
—Venga chicos, ya es hora —dijo Dani poniendo paz.

En el club donde tocaba la banda empezaba a entrar gente. Sole, Magui y Alan fueron de los primeros en entrar. Magui empezó a sentirse mal.
—¿Náuseas? —preguntó Sole.
—¿Estás bien? —preguntó Alan.
—Sí, ahora se me pasará —dijo Magui.
Salva entró después junto a Gabriel.
—Mira, allí está Laura —dijo Gabriel señalando a la chica.
—Mierda... Mira, allí está Marisa.
Gabriel se giró y vio a la chica de sus sueños sentada sola en una esquina del club. Gabriel se acercó a ella y la saludó.
—José y yo hemos roto —dijo la chica al ver a Gabriel, que no supo como reaccionar.
—Eh... vaya lo siento.
—Y todo por el papel...
—¿Por qué?
—Hay una escena subida de tono en el primer episodio. José vió el guión y me lo recriminó.
—Pues... nunca lo hubiera dicho viniendo de José.
—Ya...

La banda salió al escenario. Empezaron a aplaudir. Hyun Suk tomó el micrófono.
—¡Buenas noches, Girona! Somos Melafó y es nuestro primer concierto. Espero que os guste.

Música: Música

José estaba en la entrada del bar junto a sus amigos.
—Mira a esta piba —dijo uno de ellos señalando a Sole.
—¿Qué dices? Si está con aquel tío.
—Nah...
—Venga tío, tienes que olvidar a Marisa.
—O es que quieres llorar cada día por ella...
—De eso nada —dijo José bebiendo un trago de cerveza.
José se acercó a Sole riéndose.

Las borracheras empezaron a aparecer. Una de las más grandes (de borracheras) era la de Salva que se acercó a Laura por detrás.
—Hola...
—¿Estás pedo?
—Sí —rió Salva.
Laura intentó evitarlo y se giró pero Salva la capturó por un brazo.
—Tengo que decirte algo...
—¿Qué? ¿Me ves doble?
—Aún no... Estoy enamorado de ti.
Laura se giró. De repente Salva empezó a encontrarse mal y vomitó encima de la camiseta de Laura.
—¿Qué haces, cerdo?
—Lo siento, lo siento.
Laura se fue al lavabo y Salva la siguió.
—¡Vete de aquí!
Salva no le hizo caso y se acercó hasta Laura hasta que se besaron.
—Salva... Tu no quieres esto. Estás bebido.
—Te equivocas.
Laura le devolvió el beso.

Alan y Magui observaban como Sole y José hablaban.
—Parece que han hecho migas —dijo Alan.
—Creo que me voy —dijo Magui.
—Te acompaño a casa.

—Oye... ¿Quieres que te enseñe mi coche? —dijo José a Sole.
Sole no sabía como responder. Intentó encontrar a Alan y a Magui con la mirada pero no los vio. Sin saber qué hacer, se dejó llevar por José.

Al llegar a la casa de Magui, Alan se encontró con el padre.
—¿Qué haces tú aquí?
—Solo acompañé a Magui.
El padre se quedó mirando a Alan sin decir ni una palabra.
—Será mejor que me vaya.
—Sí, será mejor —susurró Magui, que cerró la puerta.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Lun Jun 08, 2009 7:52 pm

22. Después del concierto


—¡Willy! ¡Willy! ¡Willy! —gritaban las ya fans de Melafó después de que terminara el concierto.
—Otra, otra —susurró Hyun Suk.
—Emm... creo que no dicen eso —dijo Bertu.
La banda se fue retirando mientras Willy recibía una prolongada ovación del público.

Sole se cubrió después de salir del coche de José.
—Lo siento —se disculpó la chica.
—No pasa nada.
Sole se despidió.

Laura abrió la puerta del lavabo lentamente y vio que ya nadie se encontraba en el recinto. Al menos eso creía. Ayudó a levantarse a Salva y lo llevo hasta su casa.
—Gra... gracias —dijo Salva al abrir los ojos y encontrarse en la entrada de su casa.
—No digas nada.
—Una pregunta ¿He dicho algo de lo que me pueda arrepentir?
Laura pensó unos momentos y luego negó con la cabeza.

La banda hacía balance de la actuación en el interior del local mientras recogían las cosas.
—Ha sido increíble —dijo Willy exhausto.
—Sí, creo que vamos a cambiar el nombre por “La banda de Willy” —dijo Hyun Suk molesto.
—Venga tío, no te enfades. Es porque soy el cantante... ¿Para cuando el próximo?
Hyun Suk salió enfadado de la sala.
—Vale, ya veremos —dijo Willy.

Dos días después

Música: Despitaos - Física o química

En Gerona llegaba la etapa más importante del curso. El final. Los universitarios tenían los exámenes finales, los de segundo de bachillerato se preparaban para pasar la Selectividad con buena nota y los más jóvenes hacían cálculos de las asignaturas que iban a suspender.

Hyun Suk, con un permanente en la mano, iba tachando los días a medida de que pasaban.
—Queda una semana —dijo tachando el lunes 8 que ya casi había terminado en el instituto.
Vio que Bertu entraba por la puerta de la clase y se lo llevó al primer piso donde se dirigieron al gimnasio.
—¿A donde me llevas? —preguntó Bertu.
—Quiero darte una evidencia.
Los dos entraron en el vestuario de los chicos. Allí estaban los de segundo de bachillerato, un año mayores que ellos.
—Hola chicos —dijo Hyun Suk entrando de repente.
Los de segundo ignoraron al coreano y hicieron como si nada.
—Una pregunta... Que levante la mano quien se haya cepillado a Mónica.
La mayoría de los estudiantes levantó la mano con indiferencia. Ahora Hyun Suk miraba a Bertu esperando una respuesta de su parte. Bertu salió del vestuario malhumorado y Hyun Suk le siguió.
—Convencido ¿no? —preguntó Hyun Suk.
—Sí. Convencido de que eres un capullo —dijo Bertu cerrando la puerta de entrada delante de las narices de Hyun Suk que tuvo tiempo para apartarse.
—Pero te has olvidado de ella ¿Verdad?
—Cállate.
—¿Te has olvidado?
—Sí, me he olvidado —dijo Bertu malhumorado. ¿Por qué haces esto?
—Hacer el que...
—Ya sabes a lo que me refiero. ¿Lo haces para restregarme que tu tienes novia y yo no?
—¿Cómo puedes pensar esto? —rió Hyun Suk.
—Ya... —dijo Bertu subiendo las escaleras—. Pues cuidado.
—¿Qué? —dijo Hyun Suk que no entendió lo que quiso decir.
—Cuidado con Salva. Te va a quitar a tu chica.
—¿Salva? —rió Hyun Suk—. Ya le gustaría a él...
—Yo te he avisado.

Ronald volvía a Gerona. De repente sonó el celular.
—Hombre... Sai. Creía que estabas debajo de un pozo.
—Ro... Ronald. Escucha... Nece...sito...
—Oh ¿Ahora te acuerdas?
—Ronald.... tengo el dinero.
—¡Resulta que quieres drogas! ¡Qué bonito!
Ronald bajó el tono de voz al ver que podría haber alguien escuchándole en el interior del aeropuerto.
—No dije nada de ti a la policía... los distraje con pistas falsas.
—Oh, muy considerado. Mira, tengo una solución para ti.
—¿Qué... es?
—Hay unos edificios enormes y muy bonitos llamados “Centros de rehabilitación” ¿Te suenan?
—Las... necesito. Por favor... Ronald. Si no me las das voy a...
—Vaya. Percibo síntomas de amenazas telefónicas.
—Voy a contar... todo lo que sé... a la policía.
—Como quieras, sé que no lo harás.
—Por favor... por... favor. Las necesito.
—Yo a ti no. Cuídate —Ronald colgó.
Su limusina ya estaba esperando en el aparcamiento del aeropuerto.

Al salir de clase, Sole y Magui habían quedado para preparar la Selectividad.
—¿Cómo lo llevas? —preguntó Magui.
—Bien, creo —dijo Sole siempre dudando.
—¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta?
—Emmm... Supongo.
—¿Qué pasó el sábado con aquel chico?
—Con... ¿Con José? No... nada. Subimos a su coche, me empezó a besar pero... no llegamos a más. Fue vergonzoso.
—No estamos hechas para rollos de una noche.
—Pues no —rió Sole.
Su madre entró en la habitación y las chicas se callaron de repente.
—Hablando de chicos ¿eh? —dijo la madre seria.
Magui y Sole prestaron atención a sus libros hasta que la madre de Sole salió de la habitación y las chicas no pudieron aguantar una carcajada conjunta.

Bertu estaba sentado en su mesa cuando Mónica se acercó allí. Bertu escuchaba que Hyun Suk, que estaba en la mesa de detrás, emitía sonidos raros.
—Hola —dijo Mónica sentándose a su lado.
Bertu escuchó unos susurros que decían “Puta” “Puta”. Después de unos segundos, Bertu la saludó.
—El sábado tocasteis genial.
—Vaya... Gracias no te vi. Creía que querías invitarme a la cena...
—Ah, si quieres venir.... —dijo Mónica con indiferencia—. Oye... ¿Donde estudia Willy?
—Emm... ¿Willy? ¿Willy el de la banda?
Mónica asintió con la cabeza.
Después de responder a un cuestionario sobre Willy, el profesor llegó en la clase y todos se sentaron en su puesto. Hyun Suk miró de reojo a Bertu.
—¿Qué quieres? —dijo Bertu molesto, notándose observado.
—Nada —rió Hyun Suk.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Vie Jun 12, 2009 1:10 pm

23. Antepenúltimo


Al día anterior

En el patio del instituto ya se empezaba a notar la tranquilidad y la paz que tendría el edificio durante todo el verano. Las esquinas estaban vacías, aunque se oía un rumor lejano procedente de la entrada del edificio, donde unos alumnos de primero se preparaban para una excursión. Algunos alumnos de bachillerato ya no se dignaron a venir mientras que otros se sentaban a las afueras del instituto iniciando conversaciones. Hyun Suk era uno de los últimos. Salió del instituto habiendo entregado un trabajo y se sentó cómodamente en el primer banco libre que encontró. Segundos después Mónica se acercó.
—Hola —dijo la chica sentándose a su lado.
—Nyeong ha se yo —dijo Hyun Suk haciendo una mueca.
—Que gracioso —rió la chica.
—Venga, dispara. Me estás haciendo sombra...
—Sé que tienes una banda ¿Eres el líder verdad?
—¿Yo? ¿Líder? Pss... —hizo una pausa—. ¡Claro!
—Quizás os gustaría tocar en la cena de final de curso.
—¿La cena de mañana?
—Sí. ¿Tienes algo mejor que hacer? —dijo Mónica acariciando la mano derecha de Hyun Suk.
—¿Hay alguna vez que no te hayan dicho que sí?
—No —rió Mónica.
—Vale, pues esta es la primera —dijo Hyun Suk levantándose del banco.
—Te lo pido como un favor...
Hyun Suk se giró.
—Solo acepto favores sexuales... y de Laura.
—Es una lástima... —dijo lamentándose Mónica—. Un productor de Warner España estará en el restaurante.
Hyun Suk estuvo un momento pensando.
—Cuenta con nosotros.

Hoy
—¿Qué has hecho qué? —dijo Bertu incrédulo.
—¿No lo entendéis? ¡Habrá un productor de Warner España! No podemos dejar pasar esta oportunidad.
—No tenemos nada preparado —dijo Willy.
—Improvisamos —contestó Hyun Suk.
—¿Sabes quién improvisará? —dijo Bertu—. Tu madre.
—Chicos, chicos —dijo Dani poniendo paz—. Tocaremos dos o tres canciones y terminaremos. Vamos a prepararlas bien.

Al día anterior

En cambio, Magui y Sole se quedaron en clase para ver como el profesor de química hacía experimentos en el laboratorio y también aprovecharon la ocasión para despedirse de él, ya que se cambiaba de instituto.
—Tengo que contarte algo —dijo Magui.
—Claro... dime.
—Es una estupidez pero... se trata de “Akkane”.
—¿Qué le pasa?
—Me ha dicho que parezco embarazada —dijo Magui observando su barriga—. Quizás ya se empiece a notar y...
—Tranquila —dijo Sole capturando la mano de su amiga—. Mira... ahora terminan las clases y nadie se dará cuenta.
—Ya... pero cuando vuelva a empezar el curso... se darán cuenta.
—Es verdad...
Las dos se callaron.
—Mira ¿Sabes qué voy a hacer? —continuó Sole—. Antes de empezar el nuevo curso me haré un peinado grotesco y todos se fijarán conmigo y no se darán cuenta de tu estado.
Magui se rió.
—Hecho.

Hoy
—¿Por qué me llamaste? —dijo Gabriel entrando en el apartamento de Marisa.
—He grabado el trozo en el que salgo... Me gustaría tener otra opinión —dijo Marisa.
Gabriel, indeciso, aceptó.
Marisa insertó un disco en el DVD. Tenía una calidad bastante mala, no se veía bien y el sonido era pésimo. Los dos se sentaron en el sofá esperando la aparición de Marisa.

Al hacer la primera aparición, Marisa se puso nerviosa y se alejó del sofá. Detrás de Marisa se acercó un chico alto y moreno que empezó a besarla apasionadamente.
—¿Este es el trozo que... —dijo Gabriel.
—Eso es —dijo Marisa empezando a temblar.

Los besos siguieron al cuello hasta que aquel actor quitó el vestido rojo que llevaba Marisa, dejándola en ropa interior. Gabriel intentó permanecer tranquilo ante aquella escena. Marisa,a cto seguido, quitó la ropa del chico y el actor empezó a desabrocharle el sujetador, dejando ver totalmente sus pechos que quedaban enfocados en el medio de la pantalla. El actor se acercó por detrás a Marisa y la chica empezó a gemir. Después de esta cena, Marisa, casi llorando, quitó el DVD y lo guardó en el armario.
—Y aquí termina la escena —dijo Marisa esperando una contestación.
—No sé... está bien, supongo.
Marisa se rió nerviosa.
—Perdona por hacerte ver esto. Debe ser...
—No, no pasa nada —dijo Gabriel levantándose del sofá—. Gracias por confiar conmigo...
—Gracias por venir...
Gabriel y Marisa se quedaron mirando. No sabían que hacer. Finalmente, Gabriel se acercó a escasos centímetros de ella.
—Me voy —susurró.
Marisa asintió con la cabeza aguantando la mirada al chico. Los dos estaban esperando el primer paso para un beso, o eso intuían. Fue finalmente Gabriel que capturó una mano de la chica y la acarició suavemente.
Marisa se lanzó a los labios de Gabriel.

Pero el despertador de Gabriel sonó y se despertó de aquel sueño tan real. Aunque era sábado, había quedado con Marisa sin saber el porque.

Se dirigió hacia su apartamento. Marisa abrió la puerta nerviosa.
—¿Qué ocurre? —dijo Gabriel preocupada.
Detrás de Marisa se encontraba un rostro familiar. Sai estaba tumbado en el suelo con una cara de pálido que asustó a Gabriel.
—¿Qué hace él aquí? —preguntó Gabriel.
—Estáis... en peligro... —dijo Sai con dificultad.

Faltaba una hora por el concierto. Todos los miembros del jurado ya habían llegado al pequeño escenario que se había instalado en una terraza fuera del restaurante. Mónica se acercó.
—¿Y el representante? —soltó Hyun Suk.
—Ahora vendrá —dijo Mónica observando atentamente a Willy—. Hola.
Willy empezó a reirse y Bertu carraspeó.
La gente empezó a llenar el restaurante. Cuando la cena terminó, la banda ya estaba preparada para tocar.
—Aún no veo el de Warner —dijo Bertu.
—Bueno, empecemos ¿no? —dijo Dani.
—Un momento... ¿Y Willy? —preguntó Bertu.
Todos observaron su alrededor y no lo encontraron. Instintivamente, Hyun Suk buscó a Mónica con la mirada.
—Mierda... Mónica tampoco está.
El coreano escuchó unos jadeos providente del lavabo que tenían detrás.
—Concierto suspendido.

Marisa conducía por la oscuridad mientras escuchaba el relato de Sai, que cada vez estaba peor.
—Y... luego... Ronald me me pegó un tiro... y me tiró por el pozo... Conseguí sobrevivir pero... no por mucho tiempo... al igual que vosotros.
—¿Sólo por pegar un puñetazo a uno de los suyos? —dijo Gabriel.
—No solo era uno de los suyos... Gira aquí —dijo Sai señalando hacia la derecha.
Marisa obedeció, se acercaron a una calle poco transitada y sin demasiada iluminación.
—¿Qué es esto? —preguntó Gabriel.
Sai bajó del coche.
—Ne... necesitamos pruebas... para acusar a Ronald y a sus hombres... aquí las encontraréis.
Marisa y Gabriel bajaron del coche. El chico llevaba una linterna.
—¿Donde tengo que mirar? —dijo Gabriel.
De repente, Sai se abalanzó sobre Gabriel que se golpeó con un contenedor de la basura. Marisa, al ver aquello, empezó a correr desesperadamente, pero chocó con el cuerpo de Ronald que salió de una esquina. Ronald abofeteó a Marisa que cayó al suelo.
—Sabía que no me fallarías —rió Ronald, que lanzó una bolsa que contenía droga a Sai.
Sai capturó la bolsa y comprobó la calidad del producto.
—Eres patético —dijo Ronald mientras dos de sus hombres entraron en escena e inmovilizaron a Gabriel y a Marisa.
—Me voy —dijo Sai.
—¡No tan deprisa!
Sai sintió que alguien lo golpeó por la espalda. José dejó el bate de beisbol en el suelo.
—Gracias, novato —rió Ronald.
—Nada de novato. Ya te he devuelto el favor.
Se llevaron a Marisa y a Gabriel. José y Ronald se quedaron solos.
—Has trabajado muy bien, José... en todo momento. Para tener mi consciencia tranquila quizás debería ofrecerte el cargo que tenía Sai...
—¿Para terminar igual? No gracias.
—Eres listo. Vete. No quiero verte más.
—Tranquilo. El sentimiento es mútuo.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Vie Jun 12, 2009 7:40 pm

24. Penúltimo


Hace dos años

Ronald salió de una estación de tren de la ciudad y se dirigió a una esquina donde estaba el contacto que lo estaba esperando.
—Habla —dijo Ronald al percibir la respiración de otro hombre.
—Necesito tu ayuda —dijo José apareciendo.
—Después de tantos años... —rió Ronald—. ¿De qué se trata? ¿Dinero?
—No exactamente —dijo José.
José mostró una cámara digital donde se veía un accidente de tráfico. José colisionaba con gran velocidad a otro coche.
—Dios... —susurró Ronald.
—No lo hice expresamente. Iba borracho...
—Me da igual. ¿Qué quieres?
—Quiero que... te encargues del que tiene... esta grabación.
—Entiendo.
—¿Lo vas a hacer? —dijo José incrédulo.
—Claro.
—Gracias, supongo —dijo José girándose.
—Un momento, José. Llegará un momento en el que tendrás que devolverme el favor.
José asintió.
—No te aferres demasiado a tu vida —continuó Ronald—, hermanito.




Sai se levantó del suelo con un fuerte golpe en la cabeza. Por suerte, nadie lo vio. Observó el suelo y se encontró con la bolsa de droga pero vacía.
—Mierda —susurró sonoramente.
Al escuchar el ruido de unos pasos, se alejó de la zona.

Marisa abrió los ojos lentamente con algo de esfuerzo. Enfrente se encontraba Gabriel que continuaba dormido. Marisa balanceó el cuerpo del chico hasta que se despertó.
—¿Marisa? ¿Donde estamos? —dijo Gabriel.
Marisa tragó saliva y observó el entorno. Encerrados en un cuarto completamente blanco, con poca luz y frío.
—Creo que estamos en un congelador... —dijo la chica.
De repente, se escuchó el ruido de unas turbinas.
—Y yo creo que se ha encendido —continuó Gabriel.

Magui llamó a la puerta de la casa donde vivía, ahora donde solo vivía su madre.
—Hola mamá —dijo Magui sonriente.
—¡Magui! No te esperaba.
—Me prometiste que si lo aprobaba todo iríamos nosotros dos solas en un restaurante de lujo.
—Tienes buena memoria —rió la madre—. Pasa.

Magui entró y se acomodó en el sofá. Se le hacía extraño observar su casa sin sus cosas y las de su padre. Parecía extremadamente vacía.
—Creo que tengo unos cuantos ahorros en casa... Los encuentro y nos vamos —dijo la madre.
—No, no hace falta —dijo Magui—. Invito yo.
La madre se rió.
—Aún te puedo mantener, hija.
Cuando la madre encontró el dinero se acercó al sofá y vio a su hija tocándose la cabeza.
—¿Ocurre algo?
—Sí, tengo un dolor de cabeza impresionante... En toda la noche no he podido dormir.
La madre se quedó mirándola unos segundos y luego se dirigió al baño. Cuando volvió, llevó un paquete de pastillas y dio una a su hija con un vaso lleno de agua.
—Son para el dolor de cabeza. No son aspirinas, pero son más baratas. A mi me funcionan.
Magui se rió y se tomó la pastilla.
—Bueno ¿Quieres ir a almolzar?
—¿Sabes? Será mejor que lo dejemos para otro día que con ese dolor de cabeza... —dijo Magui—. Además, quiero que papá también venga.
—De acuerdo, cuídate —dijo la madre besando a su hija—. Y felicidades por las notas.

Willy se despertó sentado en el sofá del sótano de la casa de Dani. Al levantarse, se encontró con Hyun Suk durmiendo en el suelo.
—Buenos días —dijo Dani entrando en el sótano.
—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Willy.
—Te encontramos tirado en el lavabo... sin camiseta, sin pantalones... sin cartera.
Willy se fijó en que solo llevaba calzoncillos.
—Y Hyun Suk te trajo hasta aquí —continuó Dani.
—¿Y Mónica?
—Gastándose tu pasta, supongo.
Hyun Suk emitió un ronquido y se giró.
—Eh... No sé que decirles a mis padres —dijo Dani—. Gabriel aún no ha vuelto a casa.
—Se fue de fiesta quizás —dijo Willy.
Dani sacó su celular y llamó otra vez a su hermano. Tenía el móvil apagado.
—No, no creo —dijo Dani preocupado.

Gabriel se quitó la camiseta y la puso donde salía el aire frío. Aunque aquello no funcionaba.
—Mierda —susurró Gabriel.
—¿Me lo parece a mi o ahora congela con más potencia?
Gabriel lanzó una patada en la pared y después se tiró al suelo.
—Saldremos de aquí —dijo Marisa.
—Sí... listos para la sección de congelados...

Era por la tarde, Magui había quedado en un bar con Sole y Alan. La presencia del chico cada vez incomodaba menos a las dos pero aún así estar con él no era demasiado agradable después de lo que sucedió.
—¿Te ha pasado el dolor de cabeza? —preguntó Sole.
—Sí, ya se me pasó.
Un camarero joven, Bertu, se acercó con algo de timidez a su mesa.
—¿Qué vais a pedir?
—Eres nuevo ¿no? —preguntó Alan.
—¿Tanto se nota? —rió Bertu.
—Tu cara me suena... Espera ¿No tocabas en aquella banda del otro día? —dijo Sole.
—Sí, es cierto —dijo Alan—. Tu también me eres familiar.
—Bueno, sí...
Magui empezó a toser. Su rostro se puso de un tono morado.
—Eh... ¿Te encuentras bien? —preguntó Bertu a Magui.
La chica intentó asentir con la cabeza pero de repente perdió la consciencia y cayó por el suelo. Alan la sujetó.
—¡Magui! ¡Magui! —empezó a gritar Alan despesperado. Sole empezó a llorar y la gente del bar se percató de la escena. Bertu se quedó pasmado.
—Rápido, llama a una ambulancia —dijo Alan a Bertu.

Hacía mucho frío. Era muy difícil respirar. Marisa y Gabriel se quedaron sentados uno en cada punta del congelador.
—Tengo que contarte algo... —dijo Gabriel con dificultad.
—Dime.
—Te quiero.
—Gabriel... ahora...
—Espera. Quería que lo supieras.
Marisa no sabía qué contestar.
—Está bien —rió Marisa tímidamente.
De repente, las luces se apagaron y el congelador dejó de funcionar.
—¿Qué ha sido eso? —dijo Gabriel levantándose del suelo.
Escucharon una voz conocida pero no sabían de donde venía. Era la voz de Salva.
—Es Salva —dijo Gabriel incrédulo.
—Rápido, escapad, no tengo demasiado tiempo.
Gabriel empujó la puerta que por sorpresa se abrió.
—Vamos.

Ronald recibió un mensaje en su celular y tuvo que abandonar la reunión que lo tenía ocupado.

Magui llegó al hospital, donde fue estabilizada bajo la atenta mirada de Sole y Aran que intentaban acercarse a la chica pese al impedimento de los médicos.

Gabriel y Marisa salieron al exterior, donde vieron a lo lejos a Salva. Habían salido de un gran sótano situado en medio de campos de olivo, lejos de la ciudad, que se veía en el horizonte.
—¡Salva! —dijo Gabriel acercándose hacia él.
Salva levantó la mano cuando un disparo resonó por todo el campo. Salva cayó aturdido al suelo. Otro disparo resonó por todo el lugar. Gabriel apartó a Marisa con el cuerpo y recibió el impacto de una bala en la pierna.
—¡Gabriel! —gritó Marisa.
Gabriel cayó al suelo mientras se dolía del disparo. Un coche aparcó en medio del campo. Era José.
—José ¡Ayúdanos! —gritó Marisa.
El chico se acercó a la pareja.
—Menos mal que aún estáis vivos.
—¿Aún?
José sacó una pistola del bolsillo y observó atentamente el lugar.
—Hay alguien que va armado... —dijo Gabriel—. Y han disparado a Salva... y a mi...
José cargó el arma rodeado por una inmensidad de olivos mientras Salva y Gabriel se desangraban en el suelo.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Marisa atónita.

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Re: Zona Keidell

Mensaje por Bertu el Vie Jun 12, 2009 8:49 pm

25. El siguiente


Sole, Alan y los padres de Magui esperaban impacientes algunas noticias en la sala de espera del hospital Josep Trueta. Una doctora salió del quirófano con una expresión horrible pero no quiso decir nada sobre el estado de Magui. Los padres de ella parecían unidos de nuevo, juntos en la causa de la salud de su hija. Alan y Sole intentaban consolarse diciendo que todo iba a salir bien. Por extraño que pareciera el padre de Magui no se puso en ningún momento con Alan, que estuvo en el hospital desde el primer momento que llegó Magui con la ambulancia.
Finalmente, tras horas de espera, una doctora se acercó a ella con un rostro serio cosa que hizo preocupar más a los seres queridos de Magui.
—¿Qué le pasa a nuestra hija, doctora? —dijo el padre levantándose. La madre se abrazó a su marido.
—¿Son familiares de Magdalena? —dijo la doctora observando a Sole y a Alan.
—Como si lo fueran... —dijo el padre con una mirada odiosa hacia Alan.
—Su hija está bien, se está recuperando.
—Gracias a Dios —susurró la madre.
—No obstante... —dijo la doctora cabizbaja—. No sabemos porque pero el bebé que llevaba...
—¿Qué le pasa al bebé? —dijo el padre preocupado.
—Lo siento mucho. Lo ha perdido —dijo la doctora.
—Madre mía... —dijo el padre sentándose otra vez en su silla poniéndose las manos en la cabeza. La madre empezó a llorar desconsoladamente y buscó refugio en Sole que también estaba llorando. La doctora se fue mientras Alan se quedaba parado mirando la puerta del quirófano sin saber como reaccionar.
—¿Estarás contento, no? —dijo el padre acercándose hacia Alan.
—No.
Un puñetazo del padre de Magui impactó contra la mandíbula de Alan, que casi ni se inmutó.
—No, no estoy contento —dijo Alan aguantando la mirada.
La madre de Magui se acercó a su marido e intentó calmarle. Ahora Sole y Alan se miraron, con lágrimas en los ojos.

José se acercaba lentamente a Salva, esquivando algunos olivos. El cuerpo del chico reposaba en el suelo inconsciente o incluso algo peor. Otro vehículo aparcó al lado del coche de José.
—¡José! —gritó Marisa.
José se alertó.
Del vehículo salió Ronald, aparentemente desarmado. Ronald sonrió fríamente a Marisa y luego se acercó a su hermano.
—Para —dijo José apuntando a la cabeza de Ronald.
—¿Vas a matarme, hermanito? —rió Ronald.
—¿Hermanito? —susurró Marisa.
—He dicho que te pares —dijo José aún apuntando.
Finalmente Ronald levantó las manos.
—José... ¿Qué tienes que ver tu con eso? —preguntó Marisa.
—¿Qué tiene que ver? —soltó Ronald—. Está claro que mucho, porque lleva una pistola.
De repente escucharon el ruido de unas sirenas que se acercaban.
—Mierda... —dijo Ronald nervioso. Sacó una pistola del interior de su chaqueta y apuntó a Marisa.
Los coches de policía se acercaban a la escena.
—La voy a matar, hermanito —rió Ronald.
—¡No! —gritó José.
—¿Qué vas a hacer matarme? ¿Vas a matar a otra persona?
Los vehículos de la policía aparcaron en medio del campo. Ronald cargó su arma y apuntó en la cabeza de Marisa. Gabriel con gran esfuerzo, se levantó del suelo y se puso en medio.
—¡Gabriel, no!
Alguien disparó.

Música: Coldplay – Fix you

José dejó caer su arma en el suelo mientras observaba como Ronald caía en el suelo, desangrado con una herida de bala en el pecho.
—Lo has hecho... hermanito... —dijo Ronald antes de caer en el suelo.
Los policías se acercaron a la escena. Lo primero que hicieron fue quitar las pistolas del suelo y capturar a José. Luego se llevaron a Salva entre brazos y Gabriel siguió a los agentes.
—¡Eh! Es mi amigo —dijo Gabriel agarrándose una pierna.
—Vamos a llamar a una ambulancia, enseguida llegará.
José observaba el cuerpo de su hermano en el suelo mientras era esposado y le ordenaban que entrara en el coche policial. Allí estaba Sai, con la cara muy pálida y blanca, unos ojos extremadamente irritados que prácticamente no podían articular palabra. Finalmente, una ambulancia llegó y se llevó a Salva, Ronald, Gabriel y Marisa.

Ahora Magui ya podía recibir visitas. En su habitación estaban Sole, Alan y su padre.
—Cariño —dijo el padre sujetando la mano fría de su hija.
—Papá...
—¿Estás bien?
—Algo mareada... —dijo Magui observando su entorno—. Hola —rió Sole al encontrarse con Alan y Sole.
—Descansa ¿Vale? —dijo Sole mientras algunas lágrimas caían de su rostro.
—¿Pero por qué lloras? —dijo Magui—. ¿Qué me ha pasado?
—A ti nada, hija —dijo el padre capturando más fuerte su mano.
—Un momento... ¿Y al bebé?
Alan bajó la mirada. El padre empezó a llorar.
—¿Qué le ha pasado a mi bebé? —dijo Magui cada vez más preocupada.
Su padre la abrazó desconsolado.

Mientras, en la casa de Magui, su madre tiraba las pastillas que dio aquel día a su hija, que provocaron su aborto sin que Magui lo supiera. En aquel momento se sentía culpable de lo que había hecho.

Al día siguiente

Laura llegó al hospital cuando se enteró que Salva estaba allí. Se lo encontró en una habitación. Los médicos decían que estaba en coma. Laura se acercó lentamente a él.
—Salva ¿Qué te ha pasado? —dijo la chica capturando su mano y empezando a llorar.
Por allí pasaba Hyun Suk, que al ver a Laura llorando, estuvo un momento observándola y luego desistió y se fue.

—Hemos sacado a la luz una banda muy peligrosa —dijo un Mosso d'Esquadra felicitando a Marisa y a Gabriel. El último estaba ya de pie con una venta que le recubría toda la pierna.
El Mosso se despidió y dejó a Marisa y a Gabriel solos en la habitación del hospital.
—Bueno... —dijo Gabriel rompiendo el silencio.
—Gabriel... Lo que me dijiste ayer... Que me querías... ¿Era verdad?
—Sí —dijo Gabriel tímidamente.
Marisa asintió con la cabeza. Se acercó lentamente a los labios de Gabriel.
—Supongo que intentar salvarme la vida dos veces es una especie de señal.
Los dos se besaron.
—No sabes las veces que he soñado este momento —dijo Gabriel acariciando la espalda de Marisa.

Mientras, en la comisaría. Las rejas se abrieron un momento para que en la celda entraran Sai y José.

Bertu entró en el sótano solo ocupado por los instrumentos y un Willy sentado en el sofá.
—He encontrado mi cartera —dijo Willy.
—Me alegro —dijo Bertu.
—¿Tuviste un mal primer día en el trabajo?
—Pues... sí.
—Normal, yo también tuve un mal primer día con el sexo. Pero... no fue tan mal.
Willy mostró un papelito amarillo que contenía un número marcado con un rotulador rojo.
—Es el número de teléfono de un representante de la Warner España. Al final Mónica no era tan puta como lo parecía... Le he llamado y me ha dicho que cuando pueda se acercará a Gerona para vernos.

Magui salió del hospital escoltada por sus padres, Sole y Alan.
Al girarse y observar el hospital, Magui volvió a romper a llorar. Su madre y Sole la abrazaron. El padre de Magui, al ver a Alan desolado, puso una mano encima de su hombro intentando tranqulizarlo.



El Palau Sant Jordi de Barcelona estaba vibrando con la gente que se encontraba en su interior, allí Melafó tocaba los últimos compases de su canción. Y estas son las últimas palabras de Zona Keidell.



FIN

Bertu
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Re: Zona Keidell

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