La puesta de sol

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La puesta de sol

Mensaje por litz el Miér Ago 27, 2008 3:23 am

Bueno ya que Keid ha sido tan amable de abrirme esta categoria, voy a publicar mis humildes relatos para quien quiera leerlos, aunque alguno ya haya leido el primero que voy a publicar (sole, no hace falta que lo leas porque a ti ya te lo pase) Bueno, espero que os guste, ahi va el primer capitulo:


Caminaba por la acera cabizbaja. Llovía, pero no la importaba. Las gotas parecían no caer sobre ella. Sus ropas estaban empapadas, pero Silvia apenas lo notaba. Solo podía pensar en aquello, estaba atormentada por esas imágenes que sobrevolaban el tiempo una y otra vez hasta el presente y se paraban en su cabeza, como un triste pajarillo que se posa en un árbol cansado de volar. No sospechaba nada cuando pasó, era algo que ni imaginaba y cuando lo vio, no lo podía creer.

Empezaba a llover más intensamente, pero a Silvia seguía sin importarle, ahora lo que más la dolía eran las lágrimas que derramaba sin cesar. Eran tan brillantes que parecían pequeñas perlas cayendo de sus ojos azules como el cielo. Ni si quiera sabía hacia adonde la llevaban sus pies, solo caminaba. De repente se encontró frente a su casa, no quería entrar por no ver el lugar donde había sucedido todo. Pero decidió enfrentarse a sus recuerdos sabiendo que tarde o temprano tendría que hacerlo. No había nadie, Silvia fue directamente a su habitación sin mirar nada más por no recordar. Se echó en la cama y siguió llorando hasta que poco a poco se durmió, pero cayó en un sueño intranquilo en el que empezó a soñar con todo aquello desde el principio:

“Llamó a Jorge para quedar esa tarde en su casa. Verían una película. Silvia estaba impaciente, llevaba
muchos días sin ver ni a Jorge ni a Sara, su novio y su mejor amiga, ellos tres eran inseparables, siempre estaban juntos. No había podido quedar con ellos en mucho tiempo por diversas dificultades que a los dos les habían sucedido, pero ese día por fin podrían verse. Llamaron a la puerta. Silvia corrió hacia ella y la abrió de un golpe. Jorge y Sara estaban sonrientes frente a ella. Pasaron dentro y se sentaron en el sofá. No había palomitas para comer viendo la película, pero Silvia enseguida se ofreció a ir a por ellas, no la importaba ir sola con tal de no molestar a sus invitados, pero cuando volvió a su casa hubiera preferido no salir, o mejor, no invitar a nadie.

>>Entró en su casa, Jorge y Sara seguían allí, pero se estaban besando.
Silvia se sentía caer al vacío. Sentía que no era ella la que estaba ahí de pie, en esa habitación, viendo como dos de las personas en las que más confiaba la estaban traicionando. Su mundo de ilusión y la alegría que hasta hacía unos segundos la habían embriagado, desaparecían a la velocidad de la luz. Mientras todo esto pasaba, Jorge y Sara se habían dado cuenta de su presencia y la miraban fijamente sin decir una palabra.

>>Silvia volvió a la realidad y apartó la vista de ellos. No dijo nada, simplemente dio media vuelta y se
marchó de su propia casa dejándoles allí. Nada más salir por la puerta echó a correr. Jorge y Sara salieron tras de ella y comenzaron a perseguirla por la calle, pero la rabia que ahora sentía Silvia, la hacía correr como nunca había corrido, ni si quiera Jorge podía alcanzarla. Cuando Sara y él la perdieron de vista, se miraron el uno al otro. No se dijeron nada, eran incapaces de articular ni una sola palabra, estaba avergonzados, arrepentidos, se estaban dando cuenta de todo el daño que habían causado. Ahora solo les importaba Silvia, pero no intentaron buscarla. Fueron a esconderse de lo que habían hecho, de ellos mismos, algo que no conseguirían.

>>Silvia estaba sentada en un banco de un parque lejos de su casa, pensando una y otra vez en esa imagen del beso. Recordaba perfectamente la sonrisa ingenua de sus labios mientras ignoraba lo sucedido. Los últimos pasos que la llevaban hacía la puerta. Sacó las llaves y dio la vuelta al cerrojo y al entrar en la casa y por último la horrible escena de Sara y Jorge abrazados besándose en su sofá, en su propia casa. Todas esas imágenes la atormentaban y mataban su alma.

>>El cielo estaba muy negro y comenzó a llover fuerte cuando hacía solo unas horas, todo estaba despejado. El tiempo parecía reflejar el estado de ánimo de Silvia, solo que su lluvia interior eran las lágrimas que ahora caían por sus ojos azules. Ella ni si quiera había notado que había empezado a llover sentada en aquel banco de madera. Ya estaba casi empapada, pero ella no lo notaba. Se levantó lentamente y en silencio, sin siquiera soltar un sonido que delatara que estaba llorando y comenzó a caminar sin rumbo, solo caminar.”


Última edición por litz el Vie Feb 20, 2009 1:02 am, editado 1 vez
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Re: La puesta de sol

Mensaje por litz el Jue Ago 28, 2008 2:31 am

Ahi teneis el segundo capitulo, espero que lo disfruteis




Silvia despertó sobresaltada por el ruido del teléfono. Seguía lloviendo y ella seguía llorando incluso en
sueños. No cogió el teléfono, colgó directamente porque sabía quien era y no quería hablar con él, en
realidad no quería hablar con nadie. Volvió a echarse en la cama, pero no quiso volver a dormirse para no soñar
otra vez lo mismo. El teléfono volvió a sonar y ella ni si quiera se molestó en colgar, simplemente lo ignoró
hasta que dejó de sonar. Echada en la cama no cesaba de llorar y solo podía pensar en Jorge, en como le quería
y en el daño que le había hecho y encima con Sara, si hubiera sido con otra chica, se hubiera enfadado menos
incluso a lo mejor le había perdonado, pero con Sara, no podía ni mirarle a la cara. Ni a ella tampoco porque el
ser su mejor amiga, le había hecho el mismo daño. Ahora empezaba a comprender porque no había quedado
con ellos en tanto tiempo, empezaba a recordar las tontas excusas que inventaban para evitar quedar con ella.
Se preguntaba cuanto tiempo llevarían saliendo a sus espaldas.

Al día siguiente, hacía el mediodía llamaron a la puerta. Silvia abrió, desganada y al abrir vio que era Jorge.
Tenía los ojos hinchados y enrojecidos de llorar igual que Silvia y rápida y atropelladamente comenzó a
explicarla muchas cosas sin sentido e infinitas excusas que ahora no tenían valor para Silvia, es más, ella ni
si quiera le escuchaba. Cuando Jorge terminó, ella solamente le dijo que entre ellos ya no había nada y que
no quería volver a verle, ni a él ni a Sara. Lo dijo como aburrida, pero en el fondo le dolía mucho más a ella decir eso que a Jorge escucharlo. Este fue comprendiendo y aceptando su destino, como si Silvia hubiera
dictado una sentencia para él y su “cómplice” por un crimen que habían cometido.

Después de que Jorge se fuera, Silvia salió a dar un paseo pensando en si había hecho bien en echar a Jorge
de esa manera de su vida. Pensando en si en realidad no quería volver a verle, ni tampoco a Sara. Caminaba
despacio, en silencio, aunque su alma gritaba. No sabía adonde iba, ni la importaba. Andaba cabizbaja, con
la mirada perdida sin fijar sus ojos en ningún sitio. Pero, sin saber porque extraña fuerza que la controlaba,
levanto la cabeza y sus ojos se cruzaron con los de otra persona que la hicieron olvidar por un instante todos
aquellos pensamientos que la asolaban el alma. Era como si por esos ojos, esos extraños, pero maravillosos
ojos pudiera ver el interior de esa otra persona. Cuando se fijó en el resto de su cuerpo, pudo ver que era un
chico alto, con gabardina negra y pelo oscuro que la miraba desde hacía un rato con sus ojos verdes de
impresión. Durante aquel breve instante que duró esa mirada, Silvia se sintió libre de todo, de cualquier
pensamiento o remordimiento que pudiera tener en ese preciso instante, pero el misterioso hombre retiró sus
verdes ojos enseguida y la magia se rompió. En cambio Silvia no se movió del sitio y siguió mirándole aunque
él seguía caminando.
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Re: La puesta de sol

Mensaje por litz el Vie Ago 29, 2008 3:42 am

Bueno, ya queda poco para el final, este es el penultimo capitulo. Espero que os guste




El cielo volvía a estar despejado, no había ni una sola nube y era de un azul intenso como los ojos de Silvia,
que aunque volvía a pensar en Jorge y Sara, se sentía algo mejor simplemente por el hecho de haber mirado
a aquel hombre y no sabía que extraña sensación de alivio sentía ahora, así de cualquier modo.

Aunque ese chico pasó de largo, Silvia dio media vuelta y empezó a seguirle. Quería saber que tenía ese
chico para haberla echo sentir así, porque había borrado en un instante todo lo que ella no había sido capaz de
lograr en un día. Silvia ignoraba si él sabía que ella le seguía así que continuo detrás de él. No le importaba en
que lugar pararían o adonde iban, estaba dispuesta a averiguar que era lo que la había echo pasar en un instante
de sentir tanto dolor y sufrimiento a sentir una extraña, pero agradable alegría.

Al fin pararon en un lugar precioso, se veían montañas. El sol comenzaba a ponerse y lanzaba sus últimos
destellos dorados hacía lo lejano. Era como un desfile de colores que Silvia jamás había visto, ese era el lugar
de una persona solitaria. De aquel misterioso chico de ojos verdes. Él se había sentado y contemplaba el
espectáculo del las últimas horas de luz. Silvia se acercó lentamente, sin hacer ruido y se sentó a su lado a
contemplar la puesta de sol sin emitir un solo sonido, pera no estropear la magia que se había vuelto a crear.

Cuando todo terminó, se volvieron a mirar y Silvia volvió a no sentir nada, solo ver el alma de esa persona a
través de sus ojos. En un susurro casi inaudible le pregunto como se llamaba. El solamente dijo “Ángel”, con
una voz profunda y brillante, limpia, como el sonido de una campana. Sin decir nada, Ángel cogió a Silvia de la
mano y se la llevó de allí. Tampoco esta vez, Silvia sabía adonde iban, pero si era posible la importaba menos
que antes. La mano de Ángel era cálida y la transmitía una seguridad y una sensación que jamás habría sentido
con Jorge, pero en esos momentos Jorge estaba muy lejos de la mente de Silvia, ella apenas notaba que había
más personas en el mundo aparte de Ángel y ella. Sin darse cuenta aparecieron ante su casa y Ángel, a modo de
despedida, simplemente dijo con su brillante voz: “Igual que el sol muere cada día derramando sus lágrimas
doradas sobre las envidiosas montañas, nace a la mañana siguiente para verlas de nuevo aunque ellas hayan
tapado su luz”. Y se fue sin decir nada más.

Silvia se quedó mirando durante un buen rato el sitio por el que Ángel se había ido aunque él ya había
desaparecido de su vista. Recordaba esas últimas palabras acompañadas de la mirada de esos ojos verdes y
aunque mucha gente no hubiera encontrado sentido a aquella frase, ella si lo encontró. Ángel le había
hablado de Jorge y en cuanto lo comprendió, aún se quedó más intrigada preguntándose como Ángel sabía lo
que le había pasado con Jorge. Pasó casi toda la noche en vela pensando en Ángel, en sus palabras. Y en cuanto
despertó al día siguiente, llamó a Jorge, para pedirle perdón por lo grosera que había sido con él y que a pesar
de todo el daño que le había echo, aún quedaba la esperanza de la amistad, nada más. Jorge, que no lo esperaba,
sintió como si le hubieran dado la libertad condicional y se sintió más que satisfecho, pero Silvia no tenía
verdaderas intenciones de seguir juntándose con Jorge, ni si quiera de amigos. Silvia solo quería volver a ver a
Ángel y hablar con él, preguntarle muchas cosas, empezando por como sabía lo de Jorge.
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Re: La puesta de sol

Mensaje por litz el Sáb Ago 30, 2008 2:58 am

He decidido haceros esperar un pelin mas para el gran final, lo mismo lo publico hoy tambien. De momento espero que os guste el cuarto capitulo.




Cuando faltaban unas horas para la puesta de sol, volvió al lugar donde le había visto morir tras las
montañas y cuando llegó, se sentó tal y como había hecho el día anterior aunque Ángel no estaba y justo cuando
el espectáculo final del sol estaba a punto de empezar, apareció él. Con su gabardina negra, su pelo oscuro y sus
brillantes ojos verdes. Sonrió a Silvia y se sentó junto a ella a ver las últimas horas de vida de la luz más
brillante que existe. Ese día fue más mágico que el anterior, porque de alguna manera Silvia sentía que
comprendía a Ángel y sabía porque se sentaba allí solo cada día a ver las puestas de sol.

Al terminar, se quedaron allí sentados, en silencio, hasta que Silvia lo rompió preguntándole por lo de
Jorge. Ángel respondió que la conocía mucho más de lo que ella creía y respondió todas las preguntas de Silvia,
pero siempre de manera indirecta, sin dar una respuesta concreta nunca. A pesar de que Silvia no había sacado
nada en claro, no insistió en las preguntas y se dio por satisfecha.

Durante varios días se encontraron siempre al irse el sol y después de cada puesta mantenían una conversación interesante en la que Silvia cada día sabía un poco más de Ángel y no pudo evitar enamorarse de
él sin saberlo, de su misterio y su forma de ser con ella, mientras que con Jorge nunca había conocido el amor.
Y así enamorada de él sin siquiera saberlo ella, olvidaba todo lo demás, no la importaba nada más que volver a
ver la muerte del sol con Ángel, y ver a Ángel, su brillante mirada verde y escuchar su limpia voz y las cosas
sabias e interesantes que decía.

Un día, viniendo de ver morir el sol tras las montañas, en la noche, caminaban lentamente por la misma
carretera de siempre, hablando. Pero un coche, con los faros apagados y haciendo eses por la carretera, se
acercó a toda velocidad hacía ellos. Ángel empujó con fuerza a Silvia apartándola de la trayectoria del
coche y lo último que vio ésta, fueron los ojos verdes de Ángel iluminados por la luna y el coche
golpeándole. De repente todo se oscureció y perdió el conocimiento.

Al despertar, Silvia lo vio todo borroso y tuvo que cerrar los ojos de nuevo cegada por la claridad de la
habitación, no sabía ni donde estaba ni que había pasado. Volvió a cerrar los ojos poniendo en orden su
mente y repasando los últimos acontecimientos que recordaba. Recordó que venía con Ángel de ver la
puesta de sol, que venía un coche a toda velocidad, Ángel la empujó y el coche …

Abrió los ojos y miró la habitación en la que se encontraba y a su lado había una cama con un chico de pelo
oscuro tumbado en ella, con cables por todo el cuerpo. Ángel estaba en coma.
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Re: La puesta de sol

Mensaje por litz el Sáb Ago 30, 2008 3:10 am

Bueno he decidido no ser cruel ni mala y voy a postear el final. Espero que mi humilde historia haya sido de vuestro agrado y que os haya gustado. Gracias por leerme.




Silvia supo por los médicos que Ángel se había salvado de milagro, pero que su situación era muy
indefinida y no se sabía si despertaría en unos días o tal vez no despertaría nunca y finalmente moriría. En esta
situación de incertidumbre, Silvia pasaba la mayor parte su tiempo al lado de Ángel, hablándole, segura de que
de alguna manera él la escuchaba, pero nunca dejó de ver la puesta de sol. Cada día iba a verla recordando a
Ángel, aunque no era lo mismo verla sin él, se sentía sola. Había comprendido de que estaba enamorada de
Ángel y que podría perderle.

Estando en el hospital, como de costumbre, al lado de Ángel, busco su abrigo para olerle. Silvia aspiro el
olor del abrigo de Ángel, era un olor diferente a todo lo que ella había olido, pero le gustaba y sin poder
evitarlo, metió la mano en el bolsillo del abrigo y encontró un pequeño papel en el que ponía: “El sol muere
cada día derramando sus lágrimas doradas sobre las envidiosas montañas, pero nace a la mañana siguiente para
verlas de nuevo aunque ellas hayan tapado su luz. Lo siento, yo di fin a tu vida, pero tú mataste la mía y me
dejaste vivo con el sufrimiento de saber que ya no tenía vida, que ella estaba muerta”.

Silvia vio junto al papel una foto de una mujer guapísima de pelo oscuro y unos brillantes y enormes ojos verdes, era la madre de Ángel, era igual que él. Detrás de la foto había una frase que decía así: “La muerte del
sol es el momento más bonito de su vida”. Silvia pensó que tenía razón, pero que también era el momento
más bonito de su propia vida, el momento en el que se enamoró de Ángel.

Le miró, parecía que estaba durmiendo en un sueño agradable. Cogió su mano, aún notaba esa misma
calidez, esa seguridad y esa extraña sensación que la hacía estremecerse aunque él no se moviera en absoluto.
Mientras le miraba, pensó en lo que había leído. No le importaba el pasado de Ángel, le importaba su presente y su futuro junto a ella, porque en el fondo estaba convencida de que iba a despertar. Y mientras estaba así, pensando, notó que la apretaban la mano.
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