"LO NUESTRO ES UNA FORMA DE VIDA"

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picarón... "LO NUESTRO ES UNA FORMA DE VIDA"

Mensaje por ZeltiaG el Mar Jun 02, 2009 7:21 pm

“LO NUESTRO, ES UNA FORMA DE VIDA”



Es increíble como el hombre, a lo largo de la historia, se ha preocupado más por cómo y dónde morir, que por cómo y dónde vivir. La prueba más notable y contundente de ello son las mismas pirámides de Egipto. Hasta la actualidad éste ha sido el más trascendental de los hallazgos relacionados con la arquitectura funeraria. Mausoleos, dólmenes, panteones, nichos, tumbas, fosas, sepulturas, catacumbas, hipogeos, criptas, bóvedas y así podríamos seguir definiendo lugares destinados para la última morada de los mortales, según fueran sus costumbres y creencias.
En todas las etapas de la humanidad, hubo gente preocupada en asegurarse una adecuada y merecida sepultura, esto hizo surgir la imperiosa necesidad de gente que estuviera a la altura de las circunstancias para procurárselas. Desde el mismo principio, en que existió el primer muerto, tuvo que haber alguien que lo enterrara. Un oficio que, con el paso del tiempo estaba destinado a ser imprescindible y por supuesto muy próspero, ya que el crecimiento demográfico se encargaría de proveer una “inagotable fuente de recursos”.
Sin embargo, no sería sino hasta épocas más recientes que llegaría a tener mayor relevancia y a convertirse en un servicio casi indispensable a nivel mundial. Para los primeros años del siglo veinte las empresas de servicios funerarios estaban impuestas en casi todo el mundo civilizado. Aún en tierras remotas, en donde la vida no era fácil, allí también estaba el “funebrero”, nombre con el que se apodaba al que se encargaba de la difícil tarea. Precisamente, ese era mote de Gregorio Mouriño, un gallego de tantos que partió hacia Argentina, escapando de los estragos de la guerra. Su destino, la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia, lugar de inmensa belleza, cuyo entorno le recordaba su terruño. Su abuelo, don Mateo, ya residía en el pueblo desde hacía algunos años trabajando como carpintero. El territorio proveía de una gran variedad de maderas y en poco tiempo se instituyó en el principal proveedor de ataúdes del país. Gregorio llegó con catorce años y se puso a trabajar como su aprendiz. Al principio, la idea de pasar entre féretros todo el día no le resultaba nada grato, mas después de superar las pesadillas, pasó a ser algo de lo más normal. Para la década del treinta, cientos de familias europeas se habían afincado en la región, dedicándose mayormente a la ganadería ovina y a la minería, los grandes potenciales de la provincia. Alemanes, ingleses, españoles, italianos y judíos conformaban junto a algunos descendientes de mapuches el conjunto cosmopolita de habitantes patagónicos. Desde muy joven, tuvo que acostumbrarse a acudir a todos los velorios del pueblo, pero el tiempo y algunas insólitas experiencias, forjaron su temperamento y trazaron su destino.
Ahora, en la postrimería de sus días, dedica parte de su tiempo a pasear por el parque, con su pequeño nieto Nahuel, a quién fascina con las anécdotas que ha recopilado a lo largo de su trayectoria con los difuntos.
–Abuelo, ¿nunca te dio miedo trabajar con los muertos? –preguntaba con insistencia Nahuel.
Don Gregorio le explicaba que al principio no le entusiasmaba, pero que con el tiempo se dio cuenta que no tenía nada de malo, que alguien tenía que hacer esa tarea.
– ¿Tu papá también trabajaba enterrando muertos? –preguntó el niño.
–No, mi padre no quería ni hablar del tema, pero mi abuelo como carpintero, entre otras cosas fabricaba ataúdes. De alguna forma él me insertó en éste oficio. Pero lo que me ayudó a decidirme fue una experiencia, que para muchos hubiera sido de lo más traumática, ¿te conté la anécdota de mister John Reynolds?
–No abuelo, ¿quién es ese señor?
–Ya no es, era. John Reynolds era un anciano perteneciente a una gran familia de ingleses, que estaban en el país, desde mucho antes que yo viniera de España. Eran hacendados y su ganado de ovejas eran unos de los más grandes de la provincia. Yo no los conocía personalmente, pero sabía que eran gente muy adinerada y por algunos rumores, que eran de costumbres muy raras. Para cuando murió, todo el pueblo se presentó a su funeral y por supuesto nosotros también. A mi me aburría ir a los velorios. Pero el abuelo era inflexible en el tema, nadie jamás se libraba de asistir, aunque no conociese al muerto. Era una falta de respeto y muy mal visto. La vecina que nos había dado la noticia, me había llenado la cabeza con chismes acerca de las peculiaridades de los “gringos”, que en lo personal no me interesaban. Sin embargo la advertencia de que fuera preparado a ver un funeral inglés tradicional y muy poco común, no me dejó muy tranquilo, aunque no tenía idea de lo que eso significaba. Así que, como el resto, me vestí con el traje negro destinado para dichos acontecimientos. Al llegar a la hacienda, mis abuelos se plegaron al grupo de parroquianos que estaban agrupados en una gran estancia, para hacer llegar sus condolencias a los deudos. Yo, que para entonces era tan solo un chaval, me escabullí a la estancia contigua, con unas pocas damas octogenarias, muy ocupadas en sus cotilleos. En el centro de la sala había unos sillones, en uno de los cuales que se encontraba un hombre mayor, ataviado de riguroso luto. Me pareció que él también estaba escapando del tumulto y decidí sentarme allí.
»Disculpe mister –le dije–, ¿le molesta si me siento con usted? Veo que a usted tampoco le gustan los amontonamientos. Me llamo Gregorio, mi abuelo es el de los ataúdes. ¿Entiende el español, verdad? Se nota que es inglés, pero en el pueblo dicen que hace tanto que viven en Santa Cruz, que ya parecen argentinos.
– ¿Y el viejo no hablaba español? –interrumpió impaciente el pequeño.
–Probablemente, pero yo creía que no se le daba mucho la palabra –explicó don Gregorio–. Se lo veía un gringo un poco estirado, pero seguí tratando de sacarle conversación. Entonces reparé en que no vestía un traje corriente, sino que llevaba un frac.
– ¿Qué es un frac? –inquirió extrañado
–Es un traje que parece de pingüino –entonces prosiguió con el relato: – ¡Qué traje tan elegante, mister! –Le dije yo al señor–. ¡Seguro que lo compró en Inglaterra!, pues aquí nadie tiene uno de esos. ¿Usted es pariente del finado?, porque se lo ve tan afectado… Así seguí dándole la lata y el viejo ni me miraba. Entonces pensé en que probablemente era sordo y no me había escuchado, entonces me acerqué y le comencé a hablar fuerte casi al oído.
» ¡Oiga, mister, no ha escuchado nada de lo que le dije!, ¿verdad? –comenzaba a

impacientarme cuando una de las ancianas se levantó y se acercó a mi.

–Buenas tardes, jovencito. Soy Helen Reynolds, hermana de John ¿usted quién es? –me preguntó.
–Gregorio Mouriño, el nieto de don Mateo.
–¿Era amigo de mi hermano?, pues nunca le he visto por aquí –me indagaba la dama.
–¡No, qué va! Apenas si lo habré visto alguna vez en el pueblo. Pero ahora que lo menciona, ¿adónde está el finado?
–Hasta ese momento no me había percatado de la ausencia del fallecido –continuó don Gregorio narrándole a Nahuel–. La mujer abrió grande los ojos y con la boca abierta, colgando sobre su barbilla me señala el noble anciano que hasta ese momento me servía de compañía.
–¡Joven, lleva hablándole más de una hora!, ¿no se había dado cuenta de que éste es el difunto? –me decía la azorada anciana.
–¿Y todo el tiempo estuviste hablando con un señor muerto? –le interrumpió Nahuel, que ahora abría los ojos por la emoción que le ocasionaba el relato.
–Así como te lo cuento. Di un respingo y me levanté del sillón, quedándome parado como a dos metros paralizado.
– ¡Válgame Dios!, ¡con razón era tan parco en palabras! –le reproché mientras el corazón me latía de modo que podía escucharlo. Desde esa distancia me detuve a estudiar a nuestro inerte anfitrión.
» ¡Pero madre santa!, ¿no tenían para comprarle aunque más no fuera un cajón sencillo?... ¡Si se lo pedía al abuelo le traía uno sin coste! Entonces la anciana se apresuró a explicar la situación, viéndome tan alterado.
» ¡No se altere, joven!, mi hermano era muy rico, pero esta es la forma que algunos velamos a nuestros seres queridos en Inglaterra, es una tradición, como tantas. Llegado el momento de conducirlo a su lugar de descanso, se le coloca en su ataúd y se le da sepultura –por mas que la pobre mujer trataba de hacerme entender la situación, a mi me costaba sacudirme la impresión, entonces no pude evitar hacer un comentario irónico.
» ¡Qué considerados fueron en dejarle sus gafas puestas!, ¡y qué notable el detalle de sus ojitos abiertos! ¡Si hasta parece que respira!, ¿verdad?
»Mi primer impulso fue salir corriendo, estaba resentido y molesto pero tengo que reconocer que ese episodio me marcó de por vida. Entonces cuando tuve un dinero ahorrado lo invertí en un negocio de familia, fundando una empresa de sepelios. Por eso hoy puedes decir que “nuestros clientes se mueren por nuestro servicio”, jamás volvió ninguno con su queja.
–¿Cómo van a volver, si están muertos, abuelo? –el pobre inocente no entendía el extraño humor de su abuelo.
–Pero ahora que recuerdo…, sí que tuvimos un cliente disconforme y muy cabreado. Es más casi mata a uno de sus deudos.
–¿Me estás engañando, Abu? ¡Cómo es posible! –ahora el niño se mostraba incrédulo.
–En cierta ocasión un joven vino a contratar nuestro servicio para un tío suyo que acababa de morir. Pero se mostró muy avaro, haciéndole un funeral sin “gastos superfluos” y un ataúd, que yo no se lo pondría ni a un perro. De todos modos, muchos fueron los asistentes. De repente desde mi oficina escucho un terrible griterío y gente que salía en tropel hacia la calle. Fui a ver qué pasaba y era una escena de terror: el muerto estaba vivo y muy vivo. Se había sentado en el cajón, aunque en un principio no comprendía lo que estaba ocurriendo, mas cuando se vio amortajado y en medio de ese caos, con gente huyendo espantada, otros desplomándose de la impresión y un sobrino al borde del colapso, que creía que había vuelto a vengarse por darle tan indigno adiós, cuando el finado le había dejado como heredero absoluto.
–¿Y se vengó el muerto de su sobrino y luego volvió a la tumba, como en las películas?
–No, lo cierto era que no estaba muerto, luego el médico le diría que padecía una rara enfermedad que se llama catalepsia, que provoca un estado de muerte aparente y por poco lo entierran antes de tiempo. Por supuesto el sobrino se fue del pueblo y nunca volvió. Pero a mi me puso verde, por el horrible funeral que le había dispuesto…y tuve que darle la razón, nunca debí aceptar que por cuestiones económicas, a un difunto se le prive de un sepelio digno.
En ese momento don Gregorio se quedó pensativo recordando la cantidad de experiencias que le habían tocado vivir.
–¿Al final, se murió el señor?
–Si, pero pasó mucho tiempo y en esa oportunidad me encargué personalmente de compensarlo por la mala experiencia pasada. ¡No todos los días se te presenta la oportunidad de velar dos veces al mismo cliente! Desde entonces, esa ha sido nuestra prioridad, dar el mejor servicio y que nadie “regrese” para quejarse. Pero por hoy ya está bien de historias, no sea que de noche te orines de miedo y tu madre me regañe.
Allí salió corriendo el niño hacia el columpio, pero don Gregorio se lo quedó mirando, pensando si su nieto seguiría sus pasos. Para muchos sería un destino cruel, imponerle ese negocio. Para él y su familia era una tarea noble y seria. Sabían darle al cliente el gusto hasta en el más mínimo capricho y les sacaba a los deudos la difícil tarea de “cargar con el muerto”. Por eso a continuación del nombre de la empresa habían añadido una frase que expresaba el sentir de los que allí trabajaban: “Su eterno descanso, es nuestra forma de vida”.

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picarón... Re: "LO NUESTRO ES UNA FORMA DE VIDA"

Mensaje por Manu López el Mar Jun 15, 2010 10:37 am

buen relato Sandra, un saludo

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picarón... Gracias Manu...

Mensaje por ZeltiaG el Mar Jun 15, 2010 11:43 am

Este lo puse aquí hace tiempo y me olvidé de retocarlo! jejeje Gracias por tu comentario! Un placer saludarte

Sandra jj

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picarón... Re: "LO NUESTRO ES UNA FORMA DE VIDA"

Mensaje por Doctorfell el Mar Jun 15, 2010 1:12 pm

Un relato estupendo, y te lo dice un enamorado de los relatos cortos.
Me gustó mucho, a pesar de que el tema de la muerte siempre da escalofríos. La narración me pareció exelente.

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picarón... Re: "LO NUESTRO ES UNA FORMA DE VIDA"

Mensaje por ZeltiaG el Mar Jun 15, 2010 1:24 pm

Mil gracias José... que lo de la catalepcia... jejeje es cierto, un primo de mi abuelo... se levantó en pleno velorio! jajajajaja Casi tienen que hacer varios velorios juntos! De aquellas, y encima en el campo... con todas las cosas en que creían eso habrá sido de terror! YO hubiera muertooo por estar allí! jajaja
Un abrazo!

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picarón... Re: "LO NUESTRO ES UNA FORMA DE VIDA"

Mensaje por ORWELL el Mar Jun 15, 2010 11:29 pm

Muy buen relato. Me gustó mucho.
Particularmente, y siendo tu gallega, y en tratando estos temas, no dejo de pensar en el pobre Fiz de Cotovelo, y en la forma tan familiar que teneis te tocar esos temas. Que por cierto, me encanta.
un saludo de orwell

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picarón... Re: "LO NUESTRO ES UNA FORMA DE VIDA"

Mensaje por ZeltiaG el Mar Jun 15, 2010 11:44 pm

Orwell... Gracias por tu comentario. Desciendo de gallegos pero como argentina, me persigue el humor negro! jajajaja Desde pequeña me fascinaron los cuentos de terror y teniendo en la familia, un ascendiente que se llegó a sentar en el féretro... ya te darás cuenta que en mi niñez, no sólo escuchaba cuentos como Caperucita o Cenicienta! jajajaja
Un abrazo y me alegra que te haya gustado!

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