Zona KeideII (2)

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Mar Jun 23, 2009 8:24 pm

26. Sometimes goodbye is a second chance


Donde antes yacían las sábanas, ahora un fino mantel recubría la cama de Marisa ocupado durante muchas noches del verano por un nuevo conquistador. El ruido del despertador despertó a la chica que detuvo aquel sonido y se giró de la cama mientras observaba que el aparato no había logrado despertar a Gabriel. Se vistió lo suficiente para que los vecinos no vieran nada entre su recorrido de la habitación hasta la cocina. Allí se preparó un café cargado mientras se percató que el frigorífico hacía más ruido de lo normal. Marisa escuchó un bostezo y se giró.

Gabriel, con su barba ya recuperada, se acercaba a la cocina con el pecho descubierto. Litz, el gato de Marisa, salió de su escondite y empezó a maullar cuando vio a Gabriel.
—Buenos días —dijo Gabriel al conseguir apartar al animal de su entorno.
—Buenos días —dijo Marisa bebiendo un trago.
Gabriel se acercó a la chica y la besó.

Hace unos tres meses...

Bertu caminaba despacio por los pasillos sin hacer mucho ruido. Se notaba un ambiente demasiado tenso para todo el mundo. Un silencio predominaba el edificio. Finalmente llegó hasta la tutora, que le iba a entregar las notas. Llamó a la puerta varias veces sin provocar casi ruido y finalmente entró en aquella habitación tan pequeña donde solo había la tutora, una silla vacía y un sobre blanco encima de la única mesa de la habitación.
—Ábrelo —dijo la tutora ofreciendo a Bertu aquel sobre.
Bertu obedeció y abrió el sofre sacando una hoja escrita. La puso encima de la mesa evitando leer el contenido. Su aspecto hacía intuir que el chico no había dormido anoche y quizás anteayer tampoco. Estaba muy nervioso. Las piernas le empezaron a temblar y un parpadeo general empezó a producirse sin saber porque. Bueno, sí que lo sabía. Los nervios. Finalmente se centró en el papel. Con una mano temblando, levantó el papel varios centímetros y empezó a repasar las distintas notas de sus asignaturas. Con dos, pasas. Con más, no. Solo pasaba eso por su mente. Inquieto, no sabía encontrar lo que buscaba. Suspiró, cerró y abrió los ojos. Ahora parecía que la habitación se había hecho más estrecha. Parecía que solo estaba aquel papel, lo único que importaba.
Después de leerlo, lo dejó otra vez en la mesa, donde intentó ponerlo de vuelta al sobre, pero no podía. Ahora estaba más nervioso.
—Lo siento — dijo la tutora.
Unas lágrimas salieron de sus ojos, notó el tacto de una lágrima en su mejilla. Cerró los ojos y los volvió a abrir. Ahora escuchaba la música que indicaba que empezaban las clases. Bertu, sentado en un banco en frente al instituto, observaba como los alumnos entraban. Aquel sueño que hizo que no durmiera, aquella visión del futuro tan realista... Aún se podía cambiar. Con aquella mezcla de sentimientos e intentando recordar todo lo que entraba en el examen, Bertu entró en el edificio para pasar su mayor reto. Superarse.




La puerta del calabozo se abrió y José salió escoltado por dos guardias hacia una pequeña habitación donde lo esperaba completamente bien peinado y trajeado que recibía el apodo de abogado. Al llegar allí, José se sentó en frente de aquel hombre y escuchó.
—José... Antes de analizar este caso pensaba que lo tenía, perdón... que lo teníamos muy mal para ganar el juicio. Pero escuchando tu versión y la que me han pasado mis compañeros... veo que todo perfectamente cuadra. Y al no estar Ronald en el medio, facilita mucho las cosas.
—¿Qué le pasó a Ronald? —preguntó tímidamente José— . No me han dicho nada de él.
—Murió en el hospital —dijo fríamente el abogado sacando un pañuelo del bolsillo para mocarse.
José bajó la cabeza.
—Vamos a hacer lo siguiente. Ronald iba armado, así que no serás acusado de asesinato, porque fue... en defensa propia. Pasara lo que pasara... Aunque claro, tiene otras infracciones menores. Posesión de armas, tenemos que elaborar una excusa para que todo esto sea razonable y... una multa por exceso de velocidad que... recibiste antes de llegar al lugar de los hechos. ¿Quedamos así?
José dudó unos segundos y al final estrechó la mano que el abogado ofrecía.
—Bien —rió el abogado.




Laura entró en el hospital saludando a algunas enfermeras que ya conocía con anterioridad gracias a muchas visitas que había hecho durante este verano que ya se acababa. Al acercarse a la habitación 77 de la primera planta, se cruzó con un doctor que ya le dijo que no había novedades. Laura asintió y se acercó a la habitación que visitaba. La habitación de Salva.

Al entrar notó aquella presencia escalofriante que le entraba cada vez que veía a Salva en aquel estado. Tenía la sensación que el chico se iba a despertar en cualquier momento y le diera un susto. Aquello le daba miedo pero pagaría porque sucediera de verdad. Pero la realidad era bastante diferente, Salva aún estaba en coma y en todo el verano no hubo mejoras. Laura tomó su mano fría.
—¿Estás esperando a que empiece el curso? —rió Laura.
Acto seguido observó todos los aparatos que marcaban el estado de Salva. Se fijó si hubo el más mínimo cambio. Pero no. Salva no la estaba escuchando.




Bertu suspiró y abrió el sobre. Parecía que volvía a ser otro sueño porque era idéntico a lo que soñó pocos días atrás. Pero no, esta vez era real. Ya todo estaba hecho. Finalmente observó el papel, lo leyó rápidamente y lo dejó en la mesa. Esperó la respuesta de la tutora.
—Felicidades —dijo con una leve sonrisa—. Puedes pasar al siguiente curso.
Bertu no sabía como reaccionar. Dijo un “bien” muy flojito y asintió con la cabeza mientras volvía a leer las notas finales.
—Aún así... no puedes permitirte pasar de curso en estas condiciones —dijo la tutora—. En segundo el nivel será más alto y ahora mismo vas demasiado justo. Este verano debes mentalizarte y cambiar. Aplicarte en los estudios. Sé que va a ser difícil, pero debes hacerlo.
Bertu observó los ojos sinceros de su profesora y asintió.
—Voy a cambiar. Lo prometo —dijo Bertu intentando poner las notas otra vez en el sobre, pero con la experiencia del sueño, las llevó sueltas en la mano.
Antes de salir por la puerta se giró.
—Ah... esta noche tocamos en la Devesa. Está invitada.
—Vale, a lo mejor me paso por allí —dijo la tutora—. Buenas vacaciones.
—Sí, igualmente —susurró Bertu antes de cerrar la puerta.

Música




El concierto empezó. Bertu participó más que nunca y al final se escucharon gritos de “Willy” y “Bertu”.
—Eso es nuevo —rió Hyun Suk mientras se quitaba los auriculares.
Bertu disfrutó de aquella especial ovación y se giró hacia la banda.
—No va a durar mucho tiempo.
—¿El qué? —preguntó Willy.
Bertu se quitó la guitarra y la dejó en el suelo.
—Dejo la banda.
—¿Qué? —dijo Dani incrédulo.
Mientras los aplausos y silbidos aún continuaban, Bertu salió por detrás del escenario después de tocar su último concierto.

Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Mar Jun 23, 2009 9:53 pm

27. La Noche de San Juan


—¿Cómo se considera?
—Inocente.


La Noche de San Juan es una festividad muy antigua en la que se celebra la llegada del solsticio de verano en el hemisferio norte cuyo rito principal consiste en encender una hoguera. La finalidad de este rito era "dar más fuerza al sol", que a partir de esos días, iba haciéndose más "débil" —los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno—. Metafóricamente el fuego también tenía una función "purificadora" en las personas que lo contemplaban.



Hyun Suk entró en la peluquería del padre de Bertu. No tenía que hacer cola. El padre de Bertu saludó al coreano.
—Hombre, Hyun... veo que has recordado tu promesa.
—¿Qué promesa? —preguntó Hyun Suk.
—Algo así como “si apruebo todas las asignaturas me raparé al cero solo dejándome un poco de pelo en cada de lado que diga H y S”.
—Ah... veo que también te acuerdas —disimuló Hyun Suk.
En aquel momento Bertu bajó las escaleras. Hyun Suk se quedó mirándolo.
—Papá, han sobrado guisantes.
—¿De verdad que vas a dejar la banda? —dijo Hyun Suk.
Bertu asintió sin mirar al coreano.
—He intentado cambiarle la opinión pero no hay manera —susurró el padre de Bertu.
Bertu subió otra vez las escaleras sin despedirse.
—Vamos allá —dijo el padre—. ¿En la izquierda la H y en la derecha la S?
Hyun Suk se rió nerviosamente.
—¿Sabes qué? Será mejor que nada de H y S porque... pensándolo bien... Mucha gente se pensara que quiere decir homosexual. Ya sabes, hache... homo y s sexual. No fue buena idea.
—Ya... estaba claro que no lo cumplirías —rió el padre de Bertu—. Entonces ¿Cómo te los corto?
—Cortitos, como siempre.




Gabriel estaba esperando en la puerta cuando Marisa abrió la puerta.
—¿Estás lista para declarar? —dijo Gabriel.
Marisa asintió con la cabeza.
—Todo saldrá bien.
—¿Y si no sale bien? —dijo Marisa.
—No te preocupes, vamos —dijo Gabriel capturando su mano.




Después de varias horas, el juicio parecía terminado. Habían declarado José, Sai —con mejor aspecto—, Marisa, Gabriel y algunos hombres de Ronald.
Finalmente todos evacuaron la sala. José se dirigió hacia la puerta, escoltado, y se encontró con Marisa y Gabriel juntos.
—Cuídala —pronunció José observando a Gabriel con una leve sonrisa. Por un momento las miradas de Marisa y José se cruzaron y la chica, sin saber el porqué, no pudo evitar un sentimiento de culpabilidad.




Palamòs

Sole y Alan habían quedado en la playa con unos amigos de él para celebrar la noche de San Juan. Magui también estaba invitada pero al parecer, no salía mucho desde su aborto aunque Sole y Alan hacía lo imposible para que Magui lo superara, la verdad es que no lo conseguía y cada vez parecía más hundida.
—Me siento mal —dijo Sole observando la hoguera recién encendida. Algunos chicos empezaron a saltarla—. Por Magui...
—Yo también... ella está sufriendo, y nosotros aquí...
—Bueno, tampoco es que lo disfrutemos mucho —rió Sole.
—¡Venga Alan, te toca! —dijo un amigo de él. Alan se levantó y saltó la hoguera haciendo una pirueta hacia atrás. Todos aplaudieron. Alan recibió una pequeña ovación y se volvió a sentar al lado de Sole.
—¿Estás bien? —rió Sole.
—Creo que me he quemado un poco el pelo... —rió Alan.
—Ahora la chica —dijo una joven.
Todos miraron a Sole.
—¿Yo?
—¡Que salte! ¡Que salte!
Sole avergonzada, se mordió el labio inferior y se levantó.
—Es muy alta —se quejó.
—¡Miedica! —dijo un joven y después todos le siguieron.
Alan se levantó y capturó la mano fría de Sole.
—Saltamos juntos ¿Vale?
—¿Juntos? ¿Estás seguro?
—Nada seguro —rió Alan.
—¡Qué salte! ¡Qué salte!

Backstreet Boys – Incomplete


Los dos hicieron unos pasos atrás, y saltaron con todas sus fuerzas encima de la hoguera. Cayeron dando vueltas al suelo partiéndose de la risa.

Magui se acercó a la playa, pero al verlos tan felices se largó otra vez a Gerona.




Hyun Suk recibió una carta:

“Apreciados Melafó, Warner Music España les ofrece la oportunidad de encontrarse con un representante nuestro para acordar asuntos de contrato. Les rogamos que traigan hechas varias maquetas para tomar la decisión de su contratación. La visita a los estudios de Warner España tendrá hora el septiembre día 2 a les 16:00h de la tarde en el estudio 5. Seréis recibidos por Francisco Blestal.

Atentamente,
Warner Music España




Gerona

En las afueras de la ciudad, cerca de la Devesa, unas jóvenes de entre veinte y treinta años quemaban sus cosas a escondidas de la policía municipal que ya hacía días que no patrullaban por aquella zona. Los jóvenes estaban haciendo una hoguera llena de madera y libros de texto. De repente escucharon unos pasos gracias a la crujiente tierra del parque y se alertaron. La luz de la hoguera hizo que se tranquilizaran. Un chico algo más joven que ellos se acercaba a la hoguera con una guitarra. Todos se quedaron en silencio.
—¿Puedo tirar algo en la hoguera?
Uno de ellos, después de observarlo, asintió.
Bertu capturó su guitarra y la arrojó encima de la hoguera. Observó como se quemaba su sueño.

Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Miér Jun 24, 2009 5:43 pm

28. Teloneros


El padre de Bertu abrió la peluquería y se encontró con una carta que no acabó de entrar en el buzón, que milagrosamente seguía entero después de la noche de Sant Joan.
—Bertu. Tienes una carta —dijo el padre entrando en la habitación de Bertu. El chico aún estaba dormido, o al menos lo aparentaba. Después de que su padre abandonara su habitación, Bertu se levantó de la cama y abrió dicha carta. La Warner España les daba una oportunidad. Pero él continuo con su idea fija. Arrugó la carta y la lanzó en la basura, en aquel momento su celular sonó. Era Hyun Suk.
—¿Has recibido la carta? —preguntó el coreano.
—Sí —dijo Bertu después de varios segundos.
—Oye, esta noche Lax'n'Busto tocará en los Parques de la Devesa, he hablado con uno de ellos y dice que nos dejarán ser sus teloneros.
—¿Esta noche? ¿No son demasiados conciertos?
—Hay que aprovechar las oportunidades ¿no? Es lo que decías tu. ¿Vendrás?
—Eh... no, no creo.
—Vamos tío. Tienes que venir.
—Ya... ya te dije que dejaba la banda. No vendré.
—¿Así? ¿Sin más? Muchas gracias por contárnoslo de aquel modo ¿Y te dimos la opinión o te dejamos irte?
—Me voy porque yo quiero. Adiós... y no, no vendré.




José salió inocente. Aunque estaba contento, no podía olvidar todo lo que había hecho. Había matado a su único hermano. El abogado y él estaban saliendo de los juzgados y se encontraron con una calle casi tan transitada como lo es un sábado por la tardo. Y es que hoy era festivo. El abogado de José estaba hablando por el móvil entusiasmado, se despidió y colgó. José se acercó a él.
—Oye ¿Puedes llevarme a un sitio?
—¿Un sitio? ¿Qué sitio?
—No está muy lejos de aquí.




Magui regresaba a su habitación después de desayunar. Sus padres volvían a estar juntos, aquello era lo único que alegraba a Magui.
—Oye ¿Me ayudas a quitar la cuna? —dijo el padre flojito. Magui logró escucharlo.
Abrió lentamente la puerta de su habitación y se encontró con sus padres llevándose una cuna hecha de madera hacia el exterior. Los padres siguieron como si nada hasta que notaron la presencia de Magui.

Lax'n'Busto – No és massa tard

Magui se acercó a sus padres.
—¿Os ayudo? —dijo Magui dejando caer algunas lágrimas.
El padre al ver el estado de su hija dejó la cuna en el suelo y abrazó a Magui. La madre también se puso a llorar y besó a su hija sin mirarla directamente.




Celrà

El abogado se había quedado en la puerta del cementerio, intentando aguantar el calor. En el interior entre los árboles se encontraba José buscando donde reposaba su hermano. Finalmente, encontró su tumba en medio de dos grandes cipreses que hacían que Ronald reposara en la sombra de aquel cementerio. José limpió la inscripción que llevaba el nombre de Ronald, se acercó al jardín que se encontraba en medio del cementerio y arrancó unas rosas blancas que trajo hasta la tumba de Ronald. Acarició ligeramente la inscripción, resiguiendo las letras con los dedos y abajó la cabeza arrepentido. Finalmente, el abogado se acercó a él sin decir nada. José notó su presencia y se giró.
—Gracias, ya nos podemos ir.




Sole se despertó tumbada en la arena de la playa. A su lado se encontraba Alan que justo en aquel momento también empezaba a despertarse.
—Qué dolor de cabeza —dijo Alan al encontrarse con la luz del sol.
Sole miró el reloj de su móvil.
—Dios, es tardísimo.
—¿Qué hora es?
—Las doce.
—¿Las doce?
—Venga, larguémonos. No sé que excusa contaré a mis padres —dijo Sole levantándose de la arena. Alan se rió.
—¿Qué? —dijo Sole molesta.
—Nada, es que me he imaginado la escena. ¡Sole! ¡Donde has estado! Eh... Con Magui en su casa, me he quedado a dormir... ¡Mentira! ¡Has estado con un chico! ¡Zorra! ¡Más que zorra!
—Ja, ja. Muy gracioso.
—Venga, siéntate. Ahora ya da igual si llegas a las doce o a la una. No te dejarán salir nunca más.
—Cierto —dijo Sole mordiéndose las uñas.
—Pues aprovecha el momento.
—¿Qué quieres decir? —dijo Sole. Alan se quedó mirando el mar.
—No sabes lo que daría para quedarme siempre así, créeme.
—Aquí ¿Conmigo?
Alan asintió. Giró su cabeza y se acercó lentamente a los labios de Sole. La chica dudó, pero finalmente se acercó a él. De repente, una gaviota pasó a escasos centímetros de ellos y los chicos se asustaron.
—Eh... ¿Vamos? —dijo Sole levantándose otra vez de la arena.
—Sí, está bien.




Marisa estaba revisando las fotos que tenía en su cámara fotográfica. Se encontró con una foto en la que ella y José se besaban. Alguien llamó a la puerta. Era Gabriel.
—Hola —dijo Marisa contenta—. Eh... ¿Habíamos quedado?
—No, no. Es que mi hermano tiene otro concierto hoy en la Devesa...
—¿Otro concierto? Estos chicos no paran —interrumpió Marisa.
—Sí, el caso es que quería invitarte.
—Ah... vale, me apunto —dijo Marisa capturando un fino jersey y cerrando la puerta.
La cámara estuvo unos segundos encendida mostrando la foto del beso pero finalmente se apagó.




El concierto había empezado. Esta vez el parque estaba más lleno porque actuaba Lax'n'Busto. Uno de esta banda se acercó a Melafó.
—¿No erais cuatro?
La banda se miró.
—Esto... hoy somos tres —dijo Hyun Suk.

Escondido detrás de un árbol, Bertu observaba el concierto de lejos. Una lágrima caía de sus ojos.
—¿Bertu? —dijo Gabriel capturando al chico por la espalda.
Bertu se giró y se fue.
—¿Qué le pasa? —preguntó Marisa que estaba al lado de Gabriel.
—No lo sé.

Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Dom Jul 05, 2009 10:32 pm

Premiere de la nueva temporada




29. Dejando Seúl



En el instituto, se hacía una larga cola para recoger a los libros que fueron encargados por los alumnos en su día. Aunque nos encontrábamos ya en septiembre, aún las temperaturas eran bastante elevadas. Además, por la mañana llovió lo suficiente para que por la tarde apareciera un bochorno insoportable. Era tal la cola que muchos alumnos, algunos acompañados por sus padres, se sentaban desesperados en búsqueda de algún lugar con sombra.

Hyun Suk llegó y se sobresaltó por el tamaño de la cola. Impaciente, se puso en ella mientras se intentaba tapar los ojos para que los rayos del sol tuvieran menos influencia. De repente, vio un rostro, o quizás, un cuerpo conocido saliendo del instituto.
—¡Vaya! Mónica...
La chica llevaba un montón de libros nuevos con algo de dificultad. El coreano se acercó a ella para ayudarla.
—No he pedido que me ayudaras, gracias... — dijo Mónica esquivando al chico.
—Está bien, está bien —dijo Hyun Suk colocándose otra vez en medio de la cola, esta vez aprovechó que un niño pequeño, quizás de primero, estaba distraído para avanzarle.
—Eh, Mónica — gritó Hyun Suk.
La chica se giró.
—Tienes algo blanco en la boca —dijo Hyun Suk con el mismo tono de voz.
La chica se largó apresurando su ritmo mientras todos observaban de reojo al coreano. El chico no pudo aguantar la presión.
—¿Qué? ¿Qué pasa? Tenía esta frase preparada desde hace dos meses...






Los alumnos se volvían a ver después de casi tres meses sin verse en el colegio. Algunos profesores ya se acordaban de lo que era el estrés después de cinco minutos en clase. Las vacaciones habían terminado oficialmente. La maestra de cuarto de primaria entró en su clase que ya estaba llena de sus alumnos. Nadie la saludó ya que todos estaban hablando entre ellos, aunque notaban su presencia.
—Hola niños —dijo finalmente la maestra.
—Hola —contestaron los niños con desgana.
—¿Vas a preguntarnos qué hemos hecho estas vacaciones? —preguntó un niño.
—No, antes tengo que presentaros a un nuevo compañero.
Un rumor rodeó la clase. De repente, la puerta se abrió pero nadie entró. Finalmente una cabeza de un niño apareció, entrando tímidamente cabizbajo y asustado hasta llegar a ser visible para todos. La rumor aumentó y el nuevo alumno se puso nervioso.
—Niños —dijo la maestra—, os presento a Hyun Suk. Viene de Seúl, Corea del Sur. Su padre ha conseguido un empleo en una empresa de Salt y su familia vivirá en Gerona. Hyun Suk ahora no nos entiende...
La maestra puso una mano en la espalda temblorosa del coreano.
—Pero tendrá una maestra que le enseñará el catalán y el castellano. Las clases de inglés las hará con vosotros.
Todos los niños miraban a Hyun Suk.
—Eh... puedes sentarte allí —señaló la maestra.
Hyun Suk miró la mesa que había en el fondo vacía y se sentó allí cabizbajo.
—Bueno ¿Qué habéis hecho por vacaciones?




El despertador sonó a las ocho de la mañana con una canción de La Oreja de Van Gogh. Gabriel se dio la vuelta y apagó el aparato. Al levantarse, sus pies capturaron el sujetador de Marisa. Gabriel se rió y observó a su novia, que se estaba despertando. Se dieron los buenos días y se besaron.
—Voy a hacer el desayuno —dijo el chico dirigiéndose hacia la cocina.
Mientras, Marisa se vistió.
—No hace falta, sí quieres... Aún tienes dos horas para los ensayos. ¿Qué te parece si...
—¿Lo hacemos? —interrumpió Marisa.
Gabriel se rió y asintió.
—No, lo siento. No... no me apetece.
—Está bien —dijo Gabriel empezando a preparar el desayuno.




El autobús llegó a Barcelona. Hyun Suk, Dani y Willy salieron del vehículo con tres guitarras.
—Sigo pensando que ellos ya tienen sus propias guitarras —dijo Willy.
—No se sabe. Además, las nuestras están afinadas personalmente.
—Sí... desafinadas —dijo Willy.
—¿Alguien tiene alguna idea de dónde está el estudio? —preguntó Dani.
—Estará por aquí —dijo Hyun Suk girando—. Mierda, que grande que es esto.
—Es Barcelona, Hyun Suk —dijo Willy.
—¿No me digas? —dijo el coreano malhumorado.
—Ya empezamos —dijo Willy tirando la guitarra en el suelo.
—Venga, calmaros —dijo Dani poniendo paz.
—Tío ¿Por qué eres así? —dijo Willy.





Hyun Suk estaba en la puerta del colegio. Aún era muy temprano. Bertu llegó y vio que le sobraba tiempo. Se sentó al lado del coreano.
—¿Eres de la Corea buena o de la mala? —preguntó el catalán.
—De la buena —contestó Hyun Suk—. No se puede salir de Corea del Norte.
—Vaya, veo que has aprendido rápido el idioma.
Dos gamberros ,pocos años mayores que ellos, se acercaron.
—Mira, un chino —dijo uno riéndose.
—Es coreano —dijo Bertu.
—Cállate la boca, chaval.
—¿Qué hay chinito? Veo que eres fan de los Simpsons porque eres amarilllo.
Los dos gamberros se rieron.
—No soy amarillo —dijo Hyun Suk tímidamente.
—¿Qué has dicho, chino?
—Nada.
—Eh, oye ¿Es verdad que los chinos tienen la polla pequeña? —dijo el gamberro que aún no había hablado.
—No sé, vamos a comprobarlo.
Los dos levantaron a Hyun Suk del suelo.
—¿Sabes quién tiene la polla pequeña? —dijo un chico de la edad de los gamberros acercándose—. Tu madre.
—Cierra el pico, idiota.
—No... —contestó el chico—. Vete a pajearte en la sala de las fotocopiadoras, anda. Tu amiguito te acompañará encantado.
Los gamberros refunfuñaron y dejaron a Hyun Suk y a Bertu en paz. El “salvador” se largó.
—¿Cómo? ¿Cómo te llamas? —preguntó el coreano.

Three Days Grace - Home
—¿Yo? José.




En aquel momento José escuchó el timbre y abrió la puerta de su casa.
—Hola hermanito.
José se quedó parado en la puerta.
—¿Qué pasa? ¿No vas a dejar entrar a tu hermano mayor?
—Ro... ¿Ronald?
—Sí ¿Creías que podías matarme? —dijo Ronald fríamente mientras entraba en el piso.

El timbre volvió a sonar y José se despertó. Abrió la puerta. Por suerte, no era Ronald.
—¿Eres el que llamó?
José asintió con la cabeza. La mujer que esperaba en la puerta se empezó a quitar la ropa y se acomodó en la cama.
—Date prisa, tienes una hora.

Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Sáb Jul 11, 2009 9:05 pm

30. In studio


La puerta del estudio, compuesta por dos compuertas se abrió lentamente. Allí se notaba la diferencia de temperatura que existía entre el interior y el exterior. Un aparato de aire acondicionado justo en la entrada refrescaba el pasillo, pintado por un apagado color amarillo. En las mismas paredes se intercalaban álbumes de distintos colores. Hyun Suk y los otros saludaban a todos los empleados que se encontraban por allí. Finalmente se acercaron al estudio 13, número bien escogido, para encontrarse con el que podría ser su contacto en la Warner España. La persona que decidiría si Melafó valía o no. Los álbumes del pasillo ya no eran de colores tan distintos, al contrario, predominaba el color negro, creando una mala combinación con el color de la pared. Una puerta medio abierta se dibujaba al final del pasillo.
Una mujer salió de la habitación y saludó a la banda. Melafó entró en una sala pequeña rodeada de aparatos electrónicos. Dani se fijó en una guitarra que estaba clavada al techo.
—Tranquilo, no caerá —dijo un hombre con gafas de sol entrando en la habitación.
—Debes de ser Blestal... —dijo Hyun Suk.
—Sí, bueno... Enrique o Kike para los amigos.
—Vale, encantado de conocerte Kike —dijo Hyun Suk ofreciendo la mano.
—He dicho Kike para los amigos —dijo Blestal sentándose en su sillón.
Tenía unos papeles encima de su escritorio y los empezó a hojear.
—Empezamos bien —susurró Willy.

—¿Por qué me haces esto?
Alguien disparó a Marisa que cayó al suelo. La sangre empezaba por el pecho de la chica que intentaba articular sus últimas palabras pero finalmente no tuvo suficientes fuerzas y cerró los ojos.
—¡Corten! Ha sido buena.
Los guionistas y los actores que estaban allí aplaudieron a Marisa que se levantó del suelo con una leve sonrisa. Se acercó al director.
—Oiga, sé que mi contrato era algo especial... Pero al menos cuénteme porque mi personaje muere en el primer episodio de la segunda temporada.
El director dejó su vaso de café encima de la torre de su computadora.
—Queríamos darle un poco más de personalidad en la segunda temporada... Además, esa muerte será fundamental en la trama porque nadie sabrá de quien ha sido el crimen...
—Ya, lo entiendo... Pero me llamasteis para una segunda temporada. Y me habéis matado en el primer episodio —dijo Marisa irritada.
El director se rió.
—Mira... lo siento. Has hecho un buen trabajo con nosotros pero... la vida es así. Un día estás haciendo una escena caliente y otro te disparan en el pecho, nunca mejor dicho.
—¿Qué hay del contrato de la segunda temporada? ¿Qué hay del dinero?
Ahora era el director que estaba molesto.
—Marisa... hija... Solo has estado en un episodio ¿Quieres cobrar toda la temporada? Venga, anda...
—Es lo que me prometieron.
—Pues lo siento, tengo que irme.
Marisa se quedó en el despacho del director observando como este se iba.
—Muy bien... —rechistó la chica.
Capturó el café que se había dejado el director y lo abocó en el monitor del ordenador.
—Esto te pasa para escribir la serie al último momento.

Laura pulsó la tecla para que bajara del ascensor. De allí salió Gabriel.
—Hola ¿Hay mejoras? —preguntó Laura.
—No. Sus padres lo están visitando.
—Vale, gracias.
—Cuídate.
Al llegar a la planta en la que se encontraba Salva, Laura observó como los padres de él se sentaban con una paciencia inacabable en las sillas de la habitación. Laura suspiró y se dispuso a largarse.
—Hola —dijo la voz de un hombre.
Laura se giró y se encontró con un joven doctor (teniendo en cuenta lo que dura la carrera de medicina) que le sonreía. Era uno de los doctores que trataba a Salva, Roy.
—Hola... Me tengo que ir.
—¿Es porque están los padres de Salva? Vaya... supongo que no vives a la vuelta de la esquina.
Laura se rió.
—No, no exactamente.
—Eh... ¿Te molestaría si te invito algo?
—¿Invitarme? ¿Aquí?
—No —rió el doctor—. Ahora termino el turno. ¿Te importa esperarme aquí? Enseguida vuelvo.
Laura dudó pero finalmente asintió.

En las afueras de Gerona, Alan salió del coche. Sole y Magui también iban en él y salieron
—¿Por qué nos has llevado aquí? —preguntó Magui.
—Ya es hora de que os saquéis el carnet de conducir.
—¿Qué? —dijeron Sole y Magui al unísono.
—Lo que habéis escuchado. Voy a ser vuestro maestro. Aquí no encontraremos a nadie y el camino es bastante ancho... No hay peligro.
—Seguro que atropellaré a alguna ardilla sin querer... —se excusó Sole.
—Como queráis —dijo Alan subiendo otra vez al coche y arrancando.
—Eh ¡Espera! —gritó Magui.
—Si alguien de vosotras dos no conduce... os dejo aquí. Apuesto cien euros que no sabríais volver...
—¿Qué hacemos Magui? Está oscureciendo...
Magui tragó saliva y accedió a empezar las prácticas.

—Bien... Melafó... Buen nombre ¿Qué hacéis? ¿Metal? ¿Trash metal?
La banda se miró.
—Eh... no exactamente —dijo Willy.
Blestal los observó detrás de las gafas de sol.
—No me digáis que sois unos pijoperos... Eh... ¿No erais cuatro?
—Ahora somos tres —contestó el coreano.
—Es aún peor de lo que me imaginaba... Los Jonas Brothers catalanes...
—Yo no soy catalán —dijo Hyun Suk.
—Perdona, no me había dado cuenta... Está bien. Tocad algo.

—¿Vas bien? —dijo Alan observando Magui.
La chica asintió nerviosamente. Mientras Sole miraba a su amiga inquieta en el asiento trasero. En el horizonte se dibujaba una pequeña curva.
—Peligro —susurró Sole.
—Creía que era todo recto —dijo Magui nerviosa.
Alan se rió.
—¿Qué hay que hacer para girar? —preguntó Magui. Sole se tapó los ojos.
—Pues... gira el volante... —dijo Alan.
Magui asintió y obedeció el consejo, pero en el sentido contrario.
—Pero ¿Qué haces? A la derecha.
—¿Qué derecha? ¿La tuya o la mía?
—Estamos de lado. Da igual que derecha...
—¿Qué derecha?
—¡La tuya! ¡La tuya!
Las ruedas de detrás del coche derrapaban.
—Ahora frena...
—Vale.
Pero Magui se equivocó de pedal y aceleró.
—¡Mamá! —dijo Sole escondiéndose debajo del coche.
La curva se terminaba y el coche se abalanzaba a gran velocidad hacia un muro de piedra que rodeaba el camino. Alan quitó el pie de Magui del acelerador y con la mano que le quedaba pulsó el pedal de frenar.
El coche estacionó a escasos centímetros del muro. Los tres nerviosos observaban lo cercano que estuvo el accidente.
—Creo que tuve una mala idea —dijo Alan.

Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Lun Jul 13, 2009 9:50 pm

31. Fracaso (genético)


Laura y Roy llegaron a la entrada de la casa de la chica. Fido, el perro, empezó a ladrar. Roy reculó unos pasos.
—¿Te dan miedo los perros? —rió Laura.
—He tenido malas experiencias con ellos —dijo Roy.
Los dos se quedaron mirando.
—Bueno, me voy. No quiero quedarme sordo —dijo el chico.
—Vale... Gracias por acompañarme.
—Ha sido un placer.
Los dos se rieron.
—Nos vemos en el hospital —dijo Laura.
—No suena muy animado ese plan —rió Roy.

Se había hecho tarde. El sol ya no era el del verano y lentamente el cielo se volvía oscuro. Aunque en Barcelona eso casi nunca pasaba. Hyun Suk, Willy y Dani, casi perdidos en la ciudad condal, se dirigieron hacia la estación de Francia para encontrar un tren de regreso a Gerona. Con ellos viajaban las guitarras que casi no fueron usadas aquel día. Los otros usuarios que subían al tren esperaban que los tres músicos tocaran algo, ya que todos los miraban, pero finalmente se sentaron en los asientos traseros observando como el tren se largaba.
—Ahora sabemos seguro que ellos tienen guitarras. No tendremos que llevárnoslas desde casa —dijo Dani.
—¿Para qué? No creo que volvamos... —dijo Hyun Suk.
—Vamos, tampoco ha ido tan mal —dijo Willy apoyándose en el respaldo.
—Habla por ti... eres el que más ha gustado al tipo ese —contestó Hyun Suk.
Willy meditó unos segundos una respuesta.
—Quizás el que menos le ha desagradado.
—Casi es lo mismo —soltó Hyun Suk mientras observaba su reloj.
—Blestal dijo que tenemos que buscar a otro guitarrista ¿Qué haremos? —preguntó Dani.
—Quizás Bertu... —dijo Willy.
—Bertu se fue —interrumpió el coreano—. Ya encontraremos a alguien más.
Y permanecieron callados hasta llegar a Gerona.

Música: Daughtry – Call Your Name

Marisa llegó a su casa y se encontró con Gabriel viendo la televisión sentado en el sofá acariciando a Litz.
—Vaya... si que trabajas... —dijo Marisa poniendo el llavero en su sitio.
—A fondo.
—¿Sabes? Me han matado.
Gabriel no entendió nada.
—Eh... no. Sigues viva.
—Mi personaje —dijo Marisa sentándose—. Lo han matado. Me prometieron que estaría en la segunda temporada y en el primer episodio me matan... Son unos sinvergüenzas...
—Vaya.... eh... Tranquila. Lo has hecho muy bien el tiempo que estuviste. Seguro que te llaman para otro papel.
—No quiero pensar en eso —dijo Marisa dirigiéndose hacia la cocina.
—Marisa —dijo Gabriel levantándose. La besó—. No te preocupes.

Un hombre vestido de negro esperaba en la puerta de una sala llena de personas sentadas en círculo. Sai asintió al hombre de negro y se sentó en la silla que quedaba vacía. Todos miraron a Sai con algo de temor. Una mujer se levantó de su silla y dio la mano a Sai.
—¿Qué tal si te presentas, Sai?
Sai volvió a asentir y observó al hombre que esperaba en la puerta.
—Me... me llamo Sai y... —hizo una pausa—. Soy drogadicto.
El hombre que esperaba dibujó una leve sonrisa. Los que estaban sentados en el círculo saludaron tímidamente.

Marisa se adentró en la cama donde ya estaba descansando Gabriel.
—¿Estás bien? —preguntó el chico—. No has comido nada para cenar.
—No tengo hambre.
—Vale —dijo Gabriel acercándose a los labios de Marisa.
—Tengo que contarte algo... ya que estoy en racha.
—Claro ¿Qué es?
—Hace días que... en la cama... —Marisa sujetó la mano de Gabriel—. Quizás no lo has notado pero yo...
—¿Sí?
—No... no llego al orgasmo.
Gabriel se molestó.
—Sé que debería habértelo contado antes pero... no sabía como hacerlo.
—¿Cúanto hace?
—Una semana... digo, más o menos.
—Pues finges bien —dijo Gabriel levantándose de la cama.
—Oye... te lo he contado. Tenía que decírtelo. Creo que tenemos que hablar...
—¿Sabes cómo me siento ahora mismo?
—Lo siento pero... seguro que no es culpa tuya. A mi nunca me había pasado eso con José...
—¡Perfecto! ¡Empeorándolo! —gritó Gabriel saliendo de la habitación. Capturó su ropa.
—¿Donde vas? —preguntó Marisa.
—A mi casa —dijo el chico cerrando la puerta.

Las puertas del calabozo se abrieron. En el pasillo caminaba Sai al lado del hombre que lo había acompañado a rehabilitación.
—Bueno... hasta aquí mi trabajo por hoy —dijo el hombre vestido de negro.
Llegaron a la celda.
—¿Qué? ¿De compras? —dijo alguien desde el interior.
—No te metas... —dijo el hombre de negro amenazante.
Sai entró y se sentó en su cama. Su compañero de celda se burló de él. Mientras, el hombre de negro se largaba.
—Ha venido tu hermano a visitarte...
—¿Iván?
—Yo que sé. Tu hermano. No te ha encontrado y se ha ido.
—¿Cómo lo sabes?
—Por lo visto salió del centro en el que vive para verte... pobrecito. Seguramente terminará como tú —rió el compañero.
Sai, furioso, capturó la cabeza de su compañero. Lo arrastró hasta el váter, tiró de la cadena mientras intentaba ahogarlo.
—¡Déjelo! —gritó un guardia desde fuera de la celda.
Sai continuó ahogándolo hasta que el guardia entró y golpeó a Sai con la porra. Empezó a sangrar por la boca.

Magui estaba tumbada en su cama cuando entró Sole.
—Hola —se saludaron.
—Cada vez queda menos ¿eh? —dijo Sole.
—Sí. Dentro de poco seremos... universitarias.
—Que bien que suena eso —rió Sole.

Dani abrió la puerta de su casa para que entrara Gabriel.
—Hola ¿Qué haces aquí?
—Dormiré aquí. ¿Qué haces despierto hasta tan tarde?
—Acabo de regresar de Barcelona.
—¿Ha ido bien?
—No, ha ido fatal.
—Bien, todo nos sale bien —rió Gabriel.
—Me alegro de verte —dijo Gabriel.
Los dos se abrazaron.

En el hospital reinaba el silencio prácticamente absoluto. El dedo índice de la mano derecha de Salva empezó a moverse por unos instantes.

Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Mar Jul 28, 2009 10:47 pm

32. El nuevo guitarrista


Quedan cuatro días para que vuelva a empezar el curso escolar.

José se despertó demasiado temprano para su gusto. Echó un vistazo a su habitación. Todo estaba desordenado. Después de unos minutos en los que intentó dormirse de nuevo, buscó en un cajón lleno de calcetines. Los empezó a lanzar hasta que encontró una pequeña bolsa de plástico que contenía una especie de polvo blanco. Allí también encontró un anillo.





José dejó el bate de beisbol en el suelo.
—Gracias, novato —rió Ronald.
—Nada de novato. Ya te he devuelto el favor.
Se llevaron a Marisa y a Gabriel. José y Ronald se quedaron solos.
—Has trabajado muy bien, José... en todo momento. Para tener mi consciencia tranquila quizás debería ofrecerte el cargo que tenía Sai...
—¿Para terminar igual? No gracias.
—Eres listo. Vete. No quiero verte más.
—Tranquilo. El sentimiento es mútuo.




Al llegar a su piso, la ira de José pudo con él y empezó a romper cosas con el bate, entre ellas el espejo que tenía en el cuarto de baño. Al fijarse con el anillo que le dio Marisa, se lo quitó al instante y lo lanzó en algún lugar de su habitación.




Roy saludó a sus compañeros y se adentró al pasillo donde tenía varios pacientes. Entre ellos Salva. Pasó por delante sin atención alguna, pero se percató de algún sonido que no estaba acostumbrado a escuchar. Entró en la habitación de Salva y vio como el chico movía los dedos de una mano. Cerró la puerta y le administró una dosis de morfina. Se quedó allí hasta que el dedo dejó de moverse.




Gabriel había conseguido dormir aunque no estaba acostumbrado a hacerlo en su propia casa. Un rayo de polvo entraba por la ventana. La puerta se abrió. Era su madre.
—¿Tú aquí? —dijo ella sorprendida—. No me creía a Dani.
—Hola, mamá.
—¿Has dormido bien sin compañía?
—No quiero hablar de eso... —dijo Gabriel girándose en la cama.
—Voy a limpiar la ropa ¿Quieres que limpie la tuya?
—Bueno...
—Te dejo descansar. Me alegra verte aquí.




El celular de Hyun Suk empezó a vibrar. El coreano corrió hasta su habitación. Era Willy.
—¿Por qué llamas? —dijo Hyun Suk nada más descolgar.
—Creo que tengo a un nuevo guitarrista.
—¿Gentuza como tu? Paso...
—Espera, sabiendo como eres te va a gustar.
—Haz lo que quieras, no tienes que contármelo. No soy ningún líder.
—¿Líder? ¡No! Lo digo porque todos vamos al sótano de Dani. Te espero allí —colgó Willy.
—Te espero allí —dijo Hyun Suk imitando a Willy— . Idiota.




Roy estaba con otro paciente cuando entró Laura en la habitación. Se saludaron.
—¿Cómo lo llevas? —preguntó Laura.
—Mejor que él —dijo Roy observando a su paciente que por suerte estaba dormido.
Laura se rió.
—Perdona que te lo pregunte pero... ¿Alguna novedad?
Roy dudó unos segundos.
—Eh... Laura. Llevas todo el verano visitando a Salva. Tengo que decirte que por mucho que te pases por aquí no ayudará a mejorar a tu amigo...
—Lo sé. Pero quizás si le hablo...
—No te escucha, Laura —dijo Roy nervioso—. Intenta... no sé, intenta pasar página. Tu amigo lo entenderá cuando se recupere.
Laura no supo que responder y se dirigió a la habitación de Salva. Todo seguía igual.




Gabriel bajó a la cocina y se encontró con un desayuno exquisito preparado por su madre.
—¿Y eso? —dijo Gabriel sentándose.
—Te veo más delgado —dijo la madre.
—Puede ser...
—Quizás es porque tu novia te exprime al máximo.
Gabriel dejó de comer.
—Mamá... ¿Te importa no hablar de eso?
—Tranquilo —rió la madre—. Voy a hacer unas fotografías. Cuando te acabes el desayuno quiero que vayas a arreglarlo con tu novia.
—Mamá...
—No hay excusas. No quiero que cometas los mismos errores de cuando estabas con Eva. Estuviste destrozado mucho tiempo después. No quiero volverte a ver así.
—Está bien...
—Además. La casa es más grande cuando tu no estás... —rió la madre.




Hyun Suk se dirigía a la casa de Dani con su nueva moto. Al cruzar una calle se fijó en una chica que se parecía mucho a Laura. Distraído continuó adelante hasta que otra moto iba a chocar con él. Hyun Suk intentó esquivarla y lo logró pero chocó en una esquina. La otra moto se giró y el motorista se encaró con Hyun Suk.
—Estaba rojo ¿No lo has visto? ¡Rojo!
—Eres tú el que iba distraído.
El otro motorista se fijó en los ojos de Hyun Suk.
—Chinito ¿Donde te dieron el carnet? ¿En la tómbola china?
Hyun Suk se levantó.
—No soy chino.
De repente, dio un cabezazo al otro motorista. El otro, adolorido empezó a patearle hasta que Willy apareció por detrás y los separó.
—¿Qué hacéis?
—¡Suéltame! ¡Suéltame! —decía un Hyun Suk rabioso.
El otro motorista estaba en guardia.
—Calmaros... ¡Dios! Y yo creía que os ibais a llevar bien...
—¿Qué? —dijo el otro motorista.
—A la mierda... Iván, este es Hyun Suk. Hyun Suk, este es Iván. El nuevo guitarrista.
—¿QUÉ? — dijeron Iván y Hyun Suk al unísono.




Marisa abrió la puerta y se encontró con José.
—Hola —dijo el chico tímidamente.
—¿José? Adelante —dijo Marisa sorprendida.
—No quiero molestarte.
—No molestas... ¿Quieres tomar algo?
—Eh... no. Vengo a devolverte el anillo que me regalaste —dijo José sacando la joya de un bolsillo.
—Ah... lo busqué y no sabía donde estaba.
—Me dijiste que era muy importante. Que era... el anillo de compromiso de tu abuela. Quizás... se lo puedas dar a Gabriel.
—Wow, gracias.
Marisa se fijó en los ojos rojos de José.
—¿Estás bien?
José tragó saliva.
—Sí, es que... creo que tengo alergia a algo y no sé a que...
—¿Alergia en septiembre? Qué raro.
—Sí, sí... muy raro.
La mano de José estaba temblando.
—¿Seguro que te encuentras bien? —dijo Marisa sujetando la mano fría del chico.
En aquel momento entró Gabriel en el piso, que se quedó mirando la escena. José soltó la mano de Marisa.
—No es lo que parece —dijo Marisa tímidamente.
Gabriel no supo como reaccionar. Sus ojos brillaban como nunca antes lo habían hecho. Se despidió con un portazo. Marisa fue detrás de él pero era inútil.
—Lo siento. No tenía que haber venido —dijo José despidiéndose.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Lun Ago 31, 2009 9:02 pm

33. "In Salva in corpore insano"


Salva abrió los ojos. Lo primero que vio fue el árbol que le daba sombra. Dejaba ver unas pequeñas persianas de luz que caían en su camisa, algo sucia y desgastada. Se fijo en el cielo de un omnipotente azul.

Intentó levantarse de allí, vio que estaba sentado en una hamaca. Escuchó el sonido de las olas del mar. Confundido, se miró el pecho buscando alguna herida de bala. Pero no encontró nada anormal.
—Estoy muerto —se dijo a sí mismo.
—Por desgracia nuestra, no —dijo una voz masculina que se acercó por detrás de Salva.
—¿Gabriel? —dijo Salva confundido—. ¿A ti también te mataron?
—¿Qué? —rió Gabriel—. No, estoy vivo... aún.
Salva se levantó.
—¿Donde estamos? —preguntó.
—Oye ¿Estás bien?
—No lo sé —susurró Salva.
Salva escuchó unos ruidos que venían de su espalda. Se giró y observó que allí se encontraba un bosque. Parecía que estaban en una playa y, de hecho, el mar estaba a escasos metros de ellos. Del bosque salió un hombre que Salva también reconoció.
—¿Ocurre algo? —dijo Hyun Suk.
—¿Hyun Suk? —dijo Salva aún más confundido.
—¿Qué le pasa? —preguntó Hyun Suk a Gabriel.
—No lo sé.
De repente se acercó Marisa, también del bosque y llamó a los chicos que la siguieron. Sin saber que hacer, Salva también les siguió.

Se acercaron a un lugar del bosque donde no habían árboles. Allí se levantaban pequeñas tiendas de campañas construidas con elementos improvisados. Había personas dispersas en todo el descampado esperando a que alguien hablara. Salva reconocía a algunos rostros como los de Dani y Bertu, pero la mayoría le eran desconocidos.

Bertu estaba sentado en el suelo leyendo una revista que parecía llamarse ZK. Gabriel se puso en medio de todos y le quitó la revista a Bertu.
Todos esperaban a que Gabriel hablara.
—Bien, como sabéis. Llevamos 25 días en la isla. Y aún no hemos encontrado una señal de radio que nos permita comunicarnos con el exterior. Como bien sabéis, Willy y Mónica salieron ayer de madrugada para intentar subir a las montañas más altas en busca de señal. Aunque ya os dije mi opinión, harán muchas cosas menos buscar una señal de radio. Hoy Blestal e Iván continuarán rodeando la costa. Los que nos quedamos vamos a intentar recaudar todo tipo de alimentos. Alan irá a cazar, si alguien quiere ayudarle, adelante.
—¿Qué está pasando aquí? —soltó Salva que no entendía nada interrumpiendo el discurso de Gabriel.
—Espera a que acabe, Salva —contestó Gabriel.
—Mira Magui, ya te dije que alguien se volvería loco —dijo una voz de una chica que logró escuchar Salva.

Él, muy confundido, se alejó de la multitud y se dirigió al mar, donde observó otra vez su pecho en busca de una herida de bala.
—¿Qué está pasando? —gritó desesperado.
Se sentó a escasos centímetros del mar, mientras las olas venían y se iban tocando levemente sus pies descalzos.
—¿Qué te ocurre? —preguntó una voz femenina que Salva reconoció, era Laura. La chica se sentó a su lado, capturando su mano temblorosa.
—No lo sé, debería de estar muerto.
—Pues no lo estás.
—¿Entonces? ¿Qué es lo que me pasa? ¿Es un sueño?
—Yo tampoco lo sé muy bien. Sólo te puedo decir que... sigas las señales.
—¿Qué señales?
Laura se quedó observando el océano. Salva desistió e hizo lo mismo.

Pasaron las horas y Salva, sin darse cuenta, se durmió. Se despertó aún en la playa, solo. Escuchó unas voces en el interior del bosque y después de pensarlo varios segundos, se acercó allí.
—¡Calmaos! ¡Calmaos! —gritaba una y otra vez Gabriel.
Salva se acercó tímidamente a la escena, sin intervenir.
—¿Quién es él? ¡Nunca antes lo habíamos visto! Ya nos pasó una vez con aquel que se hacía llamar Ronald. ¡No es de fiar!
—¡Alan tiene razón! —dijo la chica que llamó loco a Salva.
Salva observó que en el suelo se encontraba un hombre joven en una red.
—¿Y que queréis hacer? ¿Matarle? —dijo Gabriel.
—Pues mira, sí. ¡Ronald intentó matarnos y ya sabes lo que pasó!
—¡Ya lo sé! Pero quizás es uno de los que iba con nuestro avión que se estrelló en otro lugar de la isla.
—Eso mismo nos dijo Ronald —dijo Dani.
—No, tu también... —susurró Gabriel a su hermano.
—Eso es sálvese quien pueda, Gabriel.
—¿Qué dices, Marisa? —susurró Gabriel a la chica.
—Lo siento, pero Alan tiene razón.
—¡No, por favor! —gritó el hombre de la red.
Aquel chico, que parecía llamarse Alan, se acercó allí y propino dos patadas a aquel hombre.
—¡Basta ya! —gritó Gabriel.
—Bueno jefe... —dijo Alan con cierto tono de sarcasmo—. ¿Qué hacemos?
Gabriel tragó saliva.
—Está bien.

Enseguida Alan capturó la red y la arrastró al interior del bosque.
—¿A donde vas? —preguntó Gabriel.
—Conozco un barranco bastante cerca de aquí.
Toda la gente siguió a Alan mientras escuchaba a aquel hombre dentro de la red gritar. Salva también siguió a la multitud. Estaba oscureciendo. La densidad del bosque cada vez era mayor. Finalmente encontraron el barranco.
—No os acerquéis —dijo Alan—. Esta tierra no es muy segura.
Descansó unos segundos y capturó otra vez la red mientras el hombre pedía clemencia.
A escasos centímetros del barranco, Alan puso aquel hombre que también estaba ligado de manos y piernas.
—¿Quieres decirme algo... Roy?
El hombre suspiró.
—¡Estáis locos! Por favor... ¡Soltadme! ¡Gabriel! Tú eres el líder ¿Verdad? Dile que se está equivocando.
Todos miraron a Gabriel, que suspirando se giró.
—Así me gusta —dijo Alan observando a Gabriel.
Alan acercó aún más al hombre en el barranco mientras gritaba y le pegó una patada en la cara que lo dejó inconsciente. Luego, arrastró la red y la tiró por el barranco.
Se escuchaba el ruido de la red mientras caía.
Todos se miraron. Finalmente, Gabriel fue el primero en marcharse. Salva se acercó a Gabriel.
—¿Ya estás mejor? —dijo Gabriel.
—Bueno... estoy igual de confundido.
—Será que esta isla nos está volviendo en locos... y en animales —dijo Gabriel observando a Alan.
—De verdad, no recuerdo nada de nada. Solo sé que intenté salvarte y... me pegaron un tiro en el pecho y... aparezco en una isla.
—Quizás necesites más agua, intenta dormir esta noche. Tienes que superar la muerte de Laura.
Salva se detuvo al escuchar aquellas palabras.
—¿Laura está muerta?
—Salva, debes descansar —dijo Gabriel apresurándose.
—¡No! ¡Espera! ¿Dices que Laura está muerta?

Música: Depeche Mode – Wrong

De repente apareció un ruido misterioso. Un humo cada vez más negro salió de las profundidades del barranco.
—¿Qué es esto? —preguntó Salva.
—No lo sé —dijo Gabriel.
El humo se acercó a ellos.

Todo negro.
—“Sálvame” —susurró la voz de Laura.




Salva intentó abrir los ojos. Se encontraba sentado en una cama. Allí estaban sus padres.
—¡Salva! —gritó su madre con lágrimas en los ojos.
Los padres se abrazaron a Salva. Unos cuantos médicos entraron en la habitación.
—¡Wow! —suspiró al despertarse del coma.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Mar Sep 01, 2009 10:05 pm

34. ¿Salva?


Salva se acomodó a los abrazos después de unos segundos.
—¿Quiénes sois? —preguntó Salva a sus padres.
En aquel momento el rostro de felicidad de las personas que se encontraban en aquella habitación cambió de repente.
—Que bromista es mi hijo —dijo el padre.

Salva miró extrañado a aquel hombre.
—Señor, me temo que su hijo no ha bromeado —dijo un doctor que se acercó a Salva para examinarle los ojos. Salva intentó levantarse pero no pudo.
—No te muevas, Salva.
—¿Salva?
—Señores, tienen que abandonar la habitación. Se lo ruego —dijo otro doctor con la voz más tranquilizadora posible.

Gabriel estaba desayunando tranquilamente mientras sus hermanos pequeños dormían aún. Su madre estaba preparándose un café y Gabriel ya podía notar el olor. De repente, el celular de Gabriel empezó a sonar.
—¿Marisa? —preguntó la madre.
Gabriel observó la pantalla.
—No, la madre de Salva.
Descolgó.
—¿En serio? —dijo confundido. Segundos después de asentir colgó.
—¿Qué ocurre? —preguntó la madre al ver la cara de su hijo.
—Salva se ha despertado.
—¿En serio?
—Voy al hospital.

Laura llegó temprano al hospital. Intentó buscar de reojo a Roy dentro de los despachos de la planta, pero no lo encontró. Entonces vio en la sala de espera a los padres de Salva, que aunque parecían preocupados, tenían unos rostros bastante diferentes.
—¿Cómo está Salva? —preguntó Laura por última vez.
—Se ha despertado —dijo la madre mirando los ojos de la chica.

Laura no se lo podía creer. Se tapó la mano con la boca.
—Pero no nos reconoce —dijo el padre. Hizo una pausa—. Los médicos dicen que tiene amnesia.
—No sabe ni como se llama —continuó la madre—, ni quién somos, ni donde está... no recuerda... nada.

La alegría de Laura se desvaneció.
—¿Puedo verle?
—Puedes —contestó el padre.
Aún así, Laura aún conservaba algo de esperanza en que Salva la reconociera. Entró despacio en la habitación. Salva estaba sentado en la cama intentando ejercitar las piernas. Un doctor le estaba haciendo masajes en los pies.
—¿Notas algo? —preguntó el doctor.
—Eh... sí —dijo Salva.
Los médicos parecían aliviados.
—Todo indica a que podrás volver a caminar —dijo uno de ellos.
Salva se acomodó la almohada en el momento en el que vio a Laura.
—Hola —dijo él.
Laura no se podía creer que después de todo un verano sin escuchar a Salva, él le estuviera hablando.
—Hola —logró pronunciar. Los médicos esperaban a que Salva reconociera a Laura.
—¿La conoces? —preguntó un doctor.
Salva se rió.
—No, no conozco a nadie —dijo molesto.
—Tranquilo, te vas a recuperar —dijo un médico.
—Sí —continuó Laura.
—¿Eres mi... hermana? —preguntó Salva.
Un médico hizo una señal a sus compañeros y todos se fueron, dejando a Salva y a Laura solos.
—Eh... no.
—Bien, iba a preguntarte si eres mi novia pero no me atrevía.
Laura se rió.
—No, tampoco soy tu novia.
—¿Entonces ...eres?
—No lo sé... Soy ¿Tu amiga?
—En realidad vienes a rematarme ¿verdad?
—¿De donde sacaste el sentido del humor? Antes no tenías demasiado.
—Eh... bueno, puedo intentar tomarme esto como una broma o derrumbarme.
—¿No has reconocido a nadie? ¿Ni a tus padres?
—No. Aunque debo reconocer que tu rostro... me es familiar.
—¿Familiar? —preguntó Laura confundida.
—Sí, como si te hubiera visto hace poco... ¿Raro, eh? —dijo Salva levantándose levemente de la cama.
—Oye, descansa ¿Vale?
Al sentirse incómoda, Laura se despidió.
—Me alegra que vuelvas a estar despierto.
—Y a mi me alegra tener amigas tan buenas y... tan guapas —dijo Salva algo sonrojado.
En el rostro de Laura se dibujó una pequeña sonrisa y salió de la habitación. Se encontró con los padres de Salva aún en la sala de espera. Al ver que la miraban se limitó a negar con la cabeza. Se acercó a los despachos, donde preguntó por Roy.
—¿Roy? —dijo confundida una enfermera que Laura nunca había visto. Entró en el interior del despacho y preguntó a una compañera.
—Lo siento cielo —dijo al salir—. Roy terminó el viernes pasado. Tenía contrato este verano.
—Vaya... —dijo Laura triste—. ¿Puede darme su número de teléfono?
—No puedo hacerlo, querida.
—Verá, uno de sus pacientes se despertó del coma y me temo que Roy se marchó sin saberlo.
—Está bien. Espera un momento.

En el sótano de la casa de Gabriel. La banda reformada estaba intentando solucionar unos problemas técnicos que tenían con los ampliadores.
—Malditos trastos —dijo Hyun Suk—. Seguro que los compraron en los chinos.
—O en los coreanos —dijo Iván.
—¿Qué has dicho?
—Venga chicos, calma —dijo Willy que observaba una y otra vez su celular.
—¿Esperas algo? —preguntó Dani.
—Mónica me envió un SMS ayer.
—Oh, y ¿Qué decía? ¿Ya me he tirado a toda la comarca y ahora solo me quedan los curas?
—Los curas y Hyun Suk —dijo Iván.
—¡Nos vemos fuera! —amenazó Hyun Suk.
—Eh... no. Me dijo que me echaba de menos —dijo Willy.
—Tengo otra teoría —dijo Hyun Suk—. Quedó preñada de alguien y...
—¿Y si simplemente quiere verme?
—¡Qué va! —dijeron Iván y Hyun Suk al unísono.

Gabriel estaba hablando con Salva en el hospital.
—Aún no me creo que tu eres mi amigo... con esas pintas...
—¿Lo dices por la barba?
Después de unos segundos en los que Salva observó el rostro de Gabriel continuó.
—Puede.
—Te vas a poner bien... —dijo Gabriel más para sí mismo.
—Por favor, sed un poco originales... todos dicen exactamente... lo mismo.
Salva notó un extraño dolor de cabeza. Frunció las cejas.
....................................
¡Soltadme! ¡Gabriel! Tú eres el líder
....................................
Salva empezó a sudar. Al verlo, Gabriel llamó a un médico.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Gabriel.
—Depende... ¿Eres el líder de algo? Creo que he recordado algo.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Vie Sep 04, 2009 1:19 am

35. El zulo


Laura estaba esperando en una terraza de Sant Pons, la entrada norte de Girona. El cielo estaba bastante nublado y parecía que empezaría a llover tarde o temprano. Laura vio como el coche de Roy se acercaba y aparcaba en el interior del parking del hospital. Minutos después se acercó sonriente a la terraza. Se saludaron.
—¿Qué es lo que tenías que decirme? —preguntó Roy.
—No te lo creerás, ¡Salva ha despertado!
Roy se sentó.
—Wow...
—¿No es increíble?
—Sí, sí... lo es.
—¿No estás contento?
—No... es que no me lo esperaba. Vaya... —fingió Roy.
—¿Quieres ir a verle?
—No creo que sea buena idea...
—Vamos Roy, has estado todo el verano intentando que se despertara. Ahora que lo ha hecho ¿No irás a verle?
—Está bien —rió bien.
—Vale, espérame aquí. Voy a pagar.
A Roy le cambió la cara cuando Laura se fue.


—¿Y bien? —preguntó Alan.
—Hombre, es algo pequeño —contestó Magui—. A mi me gustan más grandes.
—Ya, pero piensa que ese se puede manejar mejor ¿Qué opinas Sole?
—Eh... sin comentarios.
—¿A ti también te gustan más grandes, Sole?
—A mi no me gustan —dijo Sole ya algo cansada del tema de conversación.
—Claro, como no los usas... —dijo Alan—. Pero para mi es muy importante.
Alan al ver que las chicas no le prestaban demasiada tensión se puso su nuevo celular en el bolsillo.
—Bueno, lo importante es que gracias al curro del verano he conseguido comprarme un móvil. Cosa que vosotras tenéis que pedir a vuestros papás.
—No es verdad —contestó Magui resignada.
—Bueno... mejor no digo nada —continuó Alan—. Con la crisis que hay... no hay trabajos. Tendré que pedirle... a mi padre que me contrate.



Salva se estaba probando su ropa aún en la habitación del hospital después de pasar una noche en observación.
—¿Seguro que estará bien? —preguntaba una y otra vez la madre en los médicos.
Aunque sabía perfectamente que el primer motivo para la alta médica era que Salva recuperara la memoria.
—Mira hijo, he traído unos álbumes de fotos para que mires durante el camino. A ver si recuerdas algo.
—Perfecto —dijo Salva desganado.
Observó la ropa que llevaba.
—¿De verdad yo llevaba... eso?
—Sí —contestó su padre.
—No me gusta. Nada.
—Bueno... siempre puedes comprarte ropa nueva, aunque cuando recuperes la memoria esta ropa te volverá a gustar —dijo la madre.
—Eh... no, no lo creo.
Laura entró en la habitación. Saludó a los padres de Salva que se marcharon de la habitación.
—¿Por qué se largan? —preguntó Laura.
—No sé, te tendrán miedo.
—Bueno, no muerdo —dijo Laura mirando a la puerta—. Tienes que conocer a alguien.
—Sí. Tengo que conocer a mucha gente —rió Salva.
—Se... se trata del doctor que te atendió todo el verano.
Roy entró en la habitación mirando de reojo a Salva. Le ofreció la mana para que la estrachara.
—Me alegra verte despierto —dijo tímidamente Roy.
—Sí... gracias —dijo Salva observando atentamente el rostro de Roy, cosa de la que se percató Laura.
—Bueno —dijo la chica—. Salva... este es Roy.
...................................................
—“Sálvame
Salva notó un profundo dolor de cabeza. Algo pasaba en su mente...

Tres meses antes...

Salva intentaba contactar con Gabriel con el móvil pero no respondía. Nervioso y sin saber que hacer, se acercó a la casa de Gabriel. Pero se encontró un coche en el camino que lo detuvo. La puerta del vehículo se abrió.
—¿Eres Salva, verdad? —dijo el hombre del asiento.
—Sí.
—Súbete. Gabriel está en peligro.

En seguida Salva obedeció. El vehículo empezó a acelerar hasta alcanzar una elevada velocidad.
—¿A donde vamos? —preguntó Salva.
—Oye... estoy conduciendo muy rápido. Será mejor que no me distraigas. Te lo contaré luego.
Salva se limitó a obedecer. Pocos minutos después salieron de la carretera para entrar en un camino bastante rural y sin asfaltar. El coche ya no iba tan rápido. Finalmente se detuvieron detrás de unos árboles. Aparentemente parecía un olivar normal y corriente.
—Sígueme. Dijo el conductor.
—¿A donde?
—Deprisa.
Siguieron un camino que se encontraba en el interior de un bosque y se escondieron detrás de los arbustos.
—¿Ves aquel agujero?
Salva se fijó en una pequeña elevación de terreno donde aparecía un agujero artificial.
—Allí está Gabriel. Mira. Escúchame. Tenemos que entrar allí y rescatarlos.
—¿Cómo?
—Aunque no lo parezca, debajo de este campo hay soterrados varios caminos que se hicieron en la Guerra Civil. Es el zulo de Ronald. Los republicanos también hicieron túneles de emergencia en caso de bombardeos. Ahora comunican con aquella casa de allá.
—¿Tenemos que entrar?
—Sí. En la casa.
—Necesito... una prueba. No puedo confiar en ti.
Entonces vieron como Gabriel y Marisa corrían por un campo.
—Aquí tienes.
Salva salió del bosque e hizo señas a Gabriel, que lo reconoció.
—Detente —dijo el conductor.
Sonó un disparo.

..............................................
—¡Salva! ¿Estás bien? —preguntó Laura.
Salva observó a Roy que lo miraba algo asustado.
—Tú me disparaste, ¿verdad?

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Miér Sep 09, 2009 11:17 am

36. El salto


Salva observó a Roy que lo miraba algo asustado.
—Tú me disparaste, ¿verdad?
Al escuchar eso, Roy frunció las cejas. Laura miraba a Salva sorprendida.
—Espera... —continuó Salva—. Eres de ellos...
Roy observó la ventana.
—¿Estamos en una cuarta planta? —preguntó.
Laura, confundida, respondió que sí.
Roy abrió la ventana e hizo un salto.
—Salva intentó capturarlo pero fue demasiado tarde. Laura y Salva observaban el suelo del hospital y vieron como Roy se levantaba del suelo sujetándose un brazo.
—¡Hay que ir detrás de él! —gritó Salva.
Salva intentó realizar la misma proeza que Roy, pero finalmente optó por bajar por las escaleras, pero sus padres que estaban en la planta, se lo impidieron. Al ver el estado alterado en el que se encontraba Salva, los padres pidieron a los médicos que se quedara algunos días más en el hospital. Laura, ante tanta confusión, optó por marcharse.

Alan se acercó al hiper-mercado y se atrevió a aparcar en las plazas de los empleados. Entonces entró en el enorme edificio y sin querer lo vio de una muy forma muy distinta a la habitual. Se acercó al escaparate donde se encontraba su padre.
—Hola papá —dijo mientras una cola de clientes ocupaba la atención de su padre.
Su padre, quizás asustado, se acercó rápidamente a su hijo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó su padre preocupado.
—Nada, nada... continua con los clientes...
—¿Es urgente?
—No, no... sigue...
Su padre le miró algo preocupado y volvió a atender a los clientes de aquel hiper-mercado de electrodomésticos, ordenadores y tecnología en general.

La banda estaba recogiendo los instrumentos en el sótano.
—¿Quién tiene mi funda? —preguntó Willy.
—Aquí tienes —dijo Iván sacando la funda para la guitarra detrás del sofá.
Willy hechó un vistazo y vió que la funda estaba llena de pelas de pipas.
—¿Pero qué hacen las pipas aquí?
—Las pipas ya no están —contestó Ivan—, han pasado a un mundo mejor.
—Bueno... si tu estómago es un mundo mejor —dijo Hyun Suk.
—Sí, Shin Chan... cállate.
—No empecemos —dijo Willy poniéndose las manos en la cabeza. Entonces empezó a tocarse el pelo y vio que le quedaron unos pocos pelos en la mano. Se quedó mirándolos.
—¿Cuando es el encuentro con Blestal? —preguntó Dani que estaba limpiando la batería.
—Un momento... ¿Has dicho Blestal? —dijo un Iván al que se le cambió la cara.
—Sí... el representate —contestó Willy.
—Eres estúpido —soltó Hyun Suk.
—Vete a la mierda, Krilin....
—¡Qué todos esos que dices son japoneses, idiota!
—¡Tu madre!
Willy, cansado, capturó su guitarra.
—Mirad, gritad todo lo que queráis pero mataros ya ¿Vale? —dijo saliendo por la puerta—. Ah, adiós Dani.
—Adíos —dijo Dani que también quería escaparse de aquello.
—¿Qué hora es? —dijo Hyun Suk intentando cambiar de tema.
—Las ocho.
—¿Las ocho? ¡Empieza el concurso aquel que dan por la tele que sale aquella tía con las peras enormes! —dijo Iván.
—¿En qué cadena? —preguntó Hyun Suk.
—Eh... no lo sé, es una de las que solo sale por la TDT...
—Vaya, yo aún no la tengo —dijo Hyun Suk.
Iván dudó unos segundos.
—¿Te vienes a mi casa?
—Bueno...
Los dos capturaron sus guitarras.
—Adiós Dani.
Dani se quedó solo sentado en la batería. Se acercó al frigorífico que se encontraba en el sótano. Capturó un refresco, lo abrió y observó el habitáculo, ahora vacío.
—Esto está mejor —dijo saliendo del sótano.

El padre de Alan tardó varios minutos en atender a todos los clientes que se encontraban en la cola. Finalmente observó el reloj y se acercó a su hijo.
—¿Qué es lo que pasa? —preguntó un poco ya más tranquilo.
—Me... me preguntaba si podrías ayudarme a encontrar trabajo...
—Pues... sí —dijo el padre dubitativo.
—Eh... aquí...
—¿Aquí?
El padre observó el pasillo.
—¿Por qué aquí?
—Hay crisis papá, no puedo encontrar un trabajo que no sea de verano...
—¿Y crees que aquí hay trabajo? Aquí vendemos electrodomésticos, Alan. Cosas que valen mucho dinero. La gente se lo piensa muchas veces antes de comprarse una lavadora nueva.
—Vale, sí, perdona... —dijo Alan alejándose.
—Bueno, vale, vale, espera —dijo el padre detuviéndole—. Iremos cuando termine mi turno aquí ¿Vale? Creo que la jefa está hoy aquí.

Gabriel estaba en su habitación escribiendo algo llamado BCS. Parecía que estaba escribiendo sin demasiadas ganas y sin pensar. De repente sonó su móvil. Era Salva.
—Gabriel... So... soy Salva.
—Hola, ¿Qué ocurre?
—Creo que estoy loco. He tenido como una espe... especie de visión donde aparecías tu y una chica llamada Marisa corriendo. Alguien me trajo allí en un coche...
—Tranquilo, Salva —dijo Gabriel que no entendía nada.
—Alguien me disparó... luego me desperté y vino una chica.... Laura, con un chico... estoy seguro que e... era el mismo tipo que me disparó.
—¿Te dispararon? —dijo Gabriel que estaba pensando que Salva quizás había tenido un recuerdo.
—Pregunté al tipo ese si me había disparado y... saltó por la ventana... ¡Saltó!
—¿Cómo que saltó?
En la habitación de Salva entró un médico que le quitó el móvil a Salva.
—Lo siento, Salva necesita descansar.
El médico cerró la llamada y se llevó el móvil de Salva.
—Devuélvemelo, venga —dijo Salva.
—Es tarde, a descansar —dijo el médico.
Salva, finalmente se adentró a la cama.
—No necesito descansar... ¡Necesito una armilla anti-balas!
—Sí, lo que tu digas. Mañana te la llevamos —dijo el médico cerrando la puerta.
—Vale —contestó Salva.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Miér Sep 09, 2009 8:41 pm

37. El proyecto

Alan y su padre caminaban por el pasillo que llevaba al despacho del jefe. Las paredes dejaron de ser de aquel color rojo tan llamativo que era parte del estilo del hiper-mercado para convertirse en paredes de un color amarillo pálido. Todo estaba perfectamente limpio y se olía perfectamente el olor de un ambientador bastante nuevo.

El padre de Alan ya se quitó el uniforme del trabajo. No estaba muy seguro de lo que estaba haciendo, pero ya que la relación con su hijo no fue nunca demasiado buena sabía que aquella era la oportunidad para que las cosas fueran por buen camino.

Se acercaron a la puerta del despacho. Vieron que estaban hablando dentro. Los dos esperaron en el exterior a escasos metros de la puerta. Todas las voces que se oían eran masculinas hasta que al final se escuchó una voz femenina que dictaminó el final de aquella reunión. En cuestión de segundos varios hombres vestidos de traje salieron del despacho con no muy buenas caras.

El padre de Alan hizo un señal a su hijo y este entró sin llamar. Una mujer estaba sentada en un sillón presidencial, revisando unos papeles amarillos y con una calculadora en la mano.
—Sandra, ya dije que estaba ocupada... —dijo aquella mujer sin elevar la mirada.
Alan tardó unos segundos en responder.
—Perdón —carraspeó.
La mujer terminó de hacer unos cálculos y después observó a Alan. Era una mujer bastante atractiva y pelirroja. Alan se fijó en sus ojos azules que parecían intensificarse con la palidez de su rostro.
—¿Y tú eres? —dijo la mujer observando a Alan.
—Yo...
Entonces el padre de Alan se decidió a entrar en el despacho.
—Ah perdón ¿Y vosotros sois?
Aquella mujer parecía tener muchos aires de superioridad.
—Eh... busco trabajo —dijo Alan sin saber que responder.
—Vale, buena suerte —dijo la mujer retomando los cálculos.

Bertu (habéis leído bien) estaba escribiendo las últimas páginas de la introducción que serviría para el trabajo del instituto que tenía que entregar en octubre. Preparó la impresora y mientras la máquina trabajaba él se dedicó a quitar el polvo a una carpeta que se encontraba encima de su escritorio. Después de que varias hojas se imprimiesen, las puso allí y bajó al piso de abajo donde su padre lavaba la cabeza a un hombre que se había dormido.
—¿Y si lo despiertas? —dijo Bertu bajando las escaleras.
—¿Para qué? —contestó el padre—. No hay más clientes, que aproveche para hacer la siesta. Oye ¿Puedes recoger el pelo?
Bertu capturó una pequeña escoba y quitó todos los pelos que se encontraban en el suelo.
—¿Todo eso es de éste? —preguntó Bertu al ver tal cantidad de pelos.
—Parecía un hippy, créeme —contestó el padre.
—¿Sabes? Acabo de terminar la introducción.
—Vale.
Bertu se rió.
—Será mejor que lo despiertes. Antes de que se arrepienta de perder tanto pelo.
—Quizás sí. Por cierto ¿Te queda mucho por hacer de este trabajo?
—Sí, la parte más importante. Tengo que empezar el proyecto.
—El proyecto del que me hablaste no... —contestó el padre dubitativo.
—Sí.
—Bueno, mientras no nos metan en la cárcel...

Finalmente Alan y su padre tomaron asiento frente a aquella mujer, la jefa, que no les prestaba ni la menor atención. Estaba llamando por móvil y constantemente miraba los rostros de Alan y su padre que permanecían quietos y callados allí. Finalmente descolgó.
—Bien... ¿Quién era el que buscaba trabajo? —dijo sentándose lentamente en el sillón.
—Yo —dijo Alan.
—¿Te llamas?
—Alan.
—Por favor, no uses tu nick del Messenger, muchacho...
—En realidad se llama Alan, señora —contestó el padre.
—Vale, por cierto... señorita.
—Lo siento —dijo el padre.
—Bien... —hizo una pausa—Alan... ¿Qué estudios tienes?
—Eh... ESO...
—¿Eso qué?
—Te... tengo el título de la ESO.
—Bien... hiciste los deberes —aquello sonó demasiado sarcástico—. Bien Alan, como entenderás no puedo contratar a gente con solo esos estudios...
—Se... señorita —interrumpió el padre de Alan—, a mi me contrataron y no me pidieron ningún tipo de estudios.
—Fue cuando empecé el negocio. Necesitaba gente. Así que no tiene el título de la ESO...
—Mire, ha sido mala idea, será mejor que nos vayamos, Alan...
—Un momento —dijo Alan que se sujetaba en la silla. Capturó el móvil de la jefa que se encontraba encima de la mesa—. Este es el nuevo MotoQ 9h ¿Verdad? Con Windows, GSM, cámara de dos mega píxeles y pantalla 320 x 240.
La mujer se miró a Alan y se rió.
—Mira, no tengo ni idea, pero acertaste el nombre, que tampoco tiene mucho mérito al estar escrito en el aparato. Vas a estar un mes de prueba... SIN cobrar. A la primera queja te irás...
—Muchas gracias —dijo Alan contento.
—NO he terminado. Un minuto de retraso y... te irás, si te vas antes que los demás, te irás... Te quiero mañana a primera hora. Si no vienes, no hace falta que te presentes.
Padre e hijo se levantaron.
—Adiós —dijo la mujer.
Los tres asintieron.

Música: Keane - Crystal Ball

Salva capturó las bolsas de ropa que trajeron sus padres hace dos días y las miró algo asustado. Había llegado el día de retomar su vida y salir de aquel hospital en el que estuvo todo el verano. Aunque no había recuperado la memoria tenía recuerdos dispersos que cada vez entendía más.

Observó otra vez la ventana por la que saltó Roy y se fue con sus padres hacia el coche que los llevaría de vuelta a casa.

—Gracias papá —dijo Alan dirigiéndose a su coche que milagrosamente aún permanecía aparcado en el parking de los empleados.
—De nada... Bueno ¿Te veo en la cena?
—Allí estaré —rió Alan.
Y después de mucho tiempo, Alan podía decir que había notado que aquel individuo con el que vivía era su padre.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Vie Sep 11, 2009 12:46 am

38. El culo de la leona y hola Bertu


Alan llevaba media hora esperando en las puertas del hiper-mercado, se terminaba el verano y ya no hacía tanto calor. Empezaba a aparecer una fina brisa de otoño y a falta de un cuarto a que abrieran las tiendas, los aparatos de aire acondicionados se encendieron. Aún no se veían coches en el aparcamiento. Alan aparcó en el sitio de los empleados por segunda vez.

A medida que iban pasando los minutos, empezaron a llegar los primeros empleados aunque no abrían la tienda. Aprovechaban aquellos minutos antes de la oficialidad de su turno para descansar antes de las largas horas entre aquellas cuatro enormes paredes rojas.

Se acercó un coche lujoso, Alan pensó que era el de la jefa. Y no falló en su teoría. La ventanilla estaba medio abierta y la conductora observó a Alan. Se rió.
—A ver cuándo dura esta puntualidad... —dijo la jefa debajo de las gafas de sol.
En aquel momento empezó la jornada.

Marisa puso el despertador por primera vez en todo el verano. Estuvo casi tres meses despertándose no demasiado temprano y quería acostumbrarse al horario que haría dentro de pocos días en la universidad. Se acercó a los buzones que se encontraban a la entrada del edificio y revisó la suya. Después de unos cuantos días de espera que se hicieron eternos, por fin vio que la UdG había aceptado su solicitud para entrar en la carrera de magisterio. Contenta, dio un salto que asustó al perro de un vecino que acababa de salir por su puerta con su amo para realizar el típico paseo matutino. Avergonzada, Marisa saludó aquel hombre y corrió a su apartamento dando saltos de alegría, un lugar donde no había nadie para celebrarlo.

Ya estando allí, quería dar la buena notícia a alguien. Empezó por sus padres y su hermana, que estaban muy orgullosos de ella. Después de varias llamadas que se hicieron bastante largas (basado en la vida real), Marisa llegó a la G y se encontró con el nombre de Gabriel en su celular. No había hablado de él desde que Gabriel dejó el piso, y él no sabía que Marisa iba a entrar en la universidad. Sin saber que hacer, continuó la lista alfabética de su agenda y llegó a la J, donde se encontró con José.

Finalmente le llamó, más que nada para saber como estaba él.

José se despertó al escuchar el sonido del vibrador del móvil. Se percató de que se durmió anoche en el sofá. En la mesilla que se encontraba frente el sofá y la televisión, encontró una botella de whisky medio llena.

Con la cabeza que le rodaba, intentó capturar el móvil y responder.
—¿Sí? —dijo intentando acomodarse en el sofá.
—Hola José.
—Marisa —le reconoció la voz—. ¿Qué tal?
Aquel cambió de tono produjo que el dolor que José sentía en la cabeza aumentara.
—Bien, muy bien —dijo Marisa irradiando felicidad—. Justo ahora acabo de saber que han aceptado mi solicitud para entrar el curso que empieza en la universidad.
—Vaya ¿En serio? —dijo José sorprendido—. Wow, Marisa en la Uni...
—No me ves allí ¿Verdad?
—No, no es eso... No me lo esperaba, creía que continuarías siendo actriz...
—Bueno, digamos que he reflexionado.
Después de varios minutos conversando, José intentó no sacar el tema de Gabriel, y no lo hizo.
—Bueno, tengo que dejarte Marisa —dijo José al ver que la puerta de su piso quedó algo abierta—. Voy a mirar si también recibo buenas notícias por correo.
Entonces José colgó y se dirigió a la puerta. No se acordaba de lo que pasó anoche. Bajó las escaleras con lentitud porque no podía soportar el ruido que le venía a su cabeza al bajar los escalones y se acercó a su buzón que estaba lleno. Al no saber donde estaba la llave del buzón, sacó una por una las cartas con la mano. Finalmente volvió a arriba mirando el suelo para no tropezarse. Escuchó a una pareja del piso de abajo que se habían mudado allí hace poco discutiendo. Llegó a su piso y cerró la puerta que permaneció abierta toda la noche.
—Vamos a ver si encuentro que han aceptado también mi solicitud —bromeó sin que nadie lo escuchara.
Separó las facturas hasta que llegó a una carta amarilla que le llamó la atención.
—Mierda... —dijo al leer una página escrita a máquina que era bastante explícita. Iban a embargar la casa de sus padres, ya que era propiedad de Ronald.

—Bueno, esto es la Plaza del Mercadal —dijo Gabriel después de ir a comprar el pan. A su lado estaba Salva que permanecía atento a todos los movimientos y edificios después de pasar la primera noche en su casa.
—Muy bonita.
—¿Nada de nada? —dijo Gabriel después de recorrer casi todos los lugares más identificativos de la ciudad.
—Hombre, me suena... pero...
Llegaron a otra plaza que estaba poblada por turistas que discutían con los guías turísticos.
—¿Qué les pasa a estos? —preguntó Salva.
Gabriel también estaba confundido.
—Ah, ya sé, como sabes está la costumbre esa de besar el culo de aquella escultura de la leona. Ya sabes... tienes que besar el culo de la leona si quieres volver a visitar Girona. Y ahora con eso de la gripe está prohibido...
—Qué asco —dijo Salva.
—¿No lo sabías?
—Sí, lo sabía, pero... qué asco.
Entonces vieron a Bertu que cruzó la plaza y se rió de los turistas. Vio a Gabriel y se acercó a él.
—Hola —dijo saludando a Salva y a Gabriel.
—Hola Bertu —dijo Salva—. Un momento... ¡Hola Bertu!
Era la primera vez que recordaba a alguien sin que le hubieran presentado antes.
—Hola Salva.
—Hola ¡Bertu! —continuó Salva, que se miró a Gabriel que no sabía como reaccionar.
—¿Qué... qué le pasa?
—Nada, sigue igual de loco —contestó Gabriel.
—Oye, Gabriel, quería hablar contigo —dijo Bertu—. ¿Verdad que tu dominas algo de HTML?
—Puede... —dijo Gabriel.
—Vaya, que eres un crac del HTML, quise decir...
—Continua —contestó Gabriel.
—Me preguntaría si podrías ayudarme en un proyecto que tengo en manos para el instituto y que también creo que triunfaría en internet.
Los dos mantuvieron una conversación. Bertu hablaba sobre una revista interactiva (ver revista ZK, próximamente...). Gabriel dijo que se lo pensaría y se despidieron.
—¡Adiós Bertu! —dijo Salva entusiasmado.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Vie Sep 11, 2009 12:47 am

39. Colacao Turbo y las cuatro vértebras rotas


Melafó estaba preparando su equipaje para ir de nuevo a visitar al que quizás sería su futuro representante, el temido Blestal. Esta vez también utilizaron el autobús para llegar a la capital catalana. Vieron como la ciudad se preparaba para la Diada de mañana. Vieron a varios niños pequeños vestidos como la tradición manda ensayar en una plaza. Después de desayunar en la estación, ya que habían salido temprano, se acercaron a un taxi.

El vehículo iba lleno, a reventar. Las guitarras salían al exterior aunque no saltaban gracias a las ventanillas. Finalmente llegaron a la discográfica y llegó la hora de pagar. La banda se miró al ver el cuenta kilómetros.
Miraron a Hyun Suk.
—Que sea coreano no quiere decir que sea rico...
A Dani.
—Tengo muchos hermanos y cuando se reparte el dinero todos nos quedamos con nada.
A Iván.
—Vamos, mirad a Willy.
Y a Willy.
—¿Qué? Está bien, pago yo.

Finalmente entraron en el edificio y se acercaron al despacho de Blestal. Él estaba ya en el estudio de grabación esperándoles con un café bastante cargado en la mano.
—Empezad —dijo de espaldas.
Los chicos no sabían como reaccionar y empezaron a tocar. Blestal estaba atendiendo a unos contactos.
—Un momento... conozco a ese punteo de guitarra —dijo girándose.
Se quitó las gafas de sol y miró fijamente a los ojos de la banda. Aparcaron en Iván.
—Tú...
—Hola —dijo él.
—¿Os conocéis? —preguntó Hyun Suk.
—Bueno... —dijo Iván.
—Desde luego —dijo Blestal haciendo un trago de café—. Hace cinco meses, cuatro tipos, no me pude quejar de su música, no tocaban mal. Creo que se llamaban... Bollycao Turbo.
—COLACAO Turbo —corrigió Iván.
—El hecho es que les dije que no y uno de ellos, tomó algunas medidas y creyeron que mi... Porsche podía mejorarse.
—¿Su Porsche? —preguntó Willy.
—Pinchó las cuatro ruedas, rayó la pintura nueva, rompió los faros delanteros, y puso Colacao Turbo Mola escrito con spray en un lado.
—Tío... —dijo Hyun Suk.
—Y... ¿Cómo sabes que fue Iván?
—Porque debajo de lo decía Colacao Turbo Mola después iba un “firmado: Iván”.
Todos miraron a Iván.
—Es que me quedó una obra de arte...

Magui y Sole estaban en el Parque de la Devesa revisando las horas que iban a tener en la universidad.
—Mira, podremos almorzar juntas —dijo Sole.
—Sí —y veo que los martes tenemos dos horas libres al mismo tiempo.
Por allí paseaban aún Gabriel y Salva, aunque el primero solo quería volver a casa con el pan. Salva se detuvo al verlas.
—¿Las conoces? —preguntó Gabriel.
—No, pero me encantaría —dijo Salva.
—Mira, volvamos, ya hemos paseado demasiado por hoy.
Gabriel apresuró su paso y Salva no tuvo más remedio que seguirle.
—¿Sabes? Voy recordando cosas... eres un arrogante —dijo Salva.
Magui y Sole observaban como los dos jóvenes discutían.
—Quizás son pareja —dijo Sole.


La tienda se llenó pero Alan aún no tenía clientes. Ni parecía que los iba a tener ya que de momento se dedicaba a transportar los televisores y demás aparatos de los camiones que llegaban hasta el almacén que se encontraba en el interior. Su padre se acercó unos momentos.
—¿Cómo va eso?
—Creo que me rompí cuatro vértebras al llevar yo solo aquel frigorífico y no siento las piernas. A parte de esto, creo que estoy bien.
—¡Menos hablar! —dijo el camionero que se estaba fumando un cigarrillo mientras tomaba el aire encima de las cajas que Alan también tenía que transportar después.
—Siempre puedes dejarlo ¿Vale? —dijo el padre.

Gabriel recibió un correo de Bertu después del almuerzo. Le interesó aquel proyecto. Abandonó la carpeta en la que estaba trabajando, BCS, y empezó a diseñar una página web... (próximamente...).

José caminó a lo que fue la casa de sus padres y vio dos camiones que se encontraban aparcados en la entrada. Entró lentamente y vio como se llevaban los muebles que le vieron crecer.
—¡Eh! Parad —dijo José pero no le hicieron demasiado caso.
Se adentró en el interior y se encontró con un hombre que estaba haciendo una especie de inventario.
—Parad esto —dijo José.
—¿Eres José?
—Sí —dijo José que le confundió aquello.
—Mira, vamos a llenarnos todo esto. Si después quieres comprarlo es cosa tuya. Después veremos que podemos hacer con la casa, no es que esté en muy buen estado.
Aquel hombre se alejó. José le siguió.
—¿Qué tengo que hacer para detener esto?
—No lo sé, compre la caso —dijo el hombre con arrogancia.
—Vale, está bien, la compro.
Aquel hombre se detuvo.
—¿Con qué dinero?
—No lo sé.
—Pues entonces tendrá que buscar un comprador o sino, la casa... se irá al suelo.

Alan, Sole y Magui habían quedado en un bar para hablar del primer día de Alan en su nuevo trabajo.
—Si que tarda —dijo Sole mirando su reloj.
—Sí...
En aquel momento entró Alan que casi no podía caminar y se acercó a la mesa. Se sentó lentamente adolorido.
—¿Qué pas... —dijo Sole.
—Xxxt, xttt —hizo Alan—. No digáis nada.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Vie Sep 18, 2009 10:25 pm

40. Principales


Empieza el curso de Bachillerato. Los alumnos se saludan en la entrada del instituto después de tres meses de vacaciones que se hicieron demasiado cortos para el gusto de todos. Hyun Suk y Dani fueron los primeros en llegar. El encuentro que tuvieron con Kike Blestal no fue demasiado bien debido a la presencia de Iván. Aunque en un principio se temían lo peor, lo cierto es que Blestal estuvo en el estudio varias horas mientras ellos tocaban las guitarras. Después de tres horas encerrados en aquellas paredes estaban muy cansados y se dieron cuenta que sus manos más bien parecían unos pies llenos de ampollas. En el encuentro, Blestal no le quitó el ojo a Iván, que aunque estaba claro que se odiaban, la verdad es que Iván no cedía y hacía todo lo que decía su posible nuevo representante.

Al entrar en la clase se dieron cuenta de otro edificio que no se veía en el exterior y que se construyó durante las vacaciones. Estas nuevas clases eran el lugar para los alumnos de bachillerato que por primera vez desde la inauguración del instituto disponían de servicios libres.

Todos se adentraron en una sala llena de sillas. Parecía que no se iba a llenar nunca pero eso cambió cuando de repente entraron los alumnos de primer de bachillerato algo perdidos. Finalmente la sala quedó cerrada creando un ambiente demasiado cargado entre el nerviosismo de todos. Y allí llegó un profesor, uno de esos que saben de verdad, que después de dos horas sentados allí, se dieron cuenta que las sillas eran bastante incómodas y que todo el mundo es un fraude.

Finalmente llegó la típica hora de recreo donde se vio como algunos alumnos durante el verano habían cogido algunos vicios. Rápidamente llegó el regreso a las clases, por unas horas más. Ahora los alumnos que harían segundo de bachillerato prácticamente se sabían de memoria este procedimiento. Se sentarían, pasarían lista, les darían el horario y finalmente, dejarían algún tema medio abierto porque no había demasiado tiempo.

Todos estaban en los nuevos pasillos que aún hacían algo de olor de madera. Dani se fijó en Bertu, que se encontraba en la otra clase, la del lado, solo en un rincón sin dirigir la palabra con nadie. Finalmente llegó la profesora que les abrió la puerta. Y otra vez empezaba el infierno.

En la tienda de electrodomésticos, Alan estaba comiéndose un bocata mientras esperaba a que llegaran los camiones que transportaban las mercancías. Viendo que no podía llevar pesos muy elevados, un transportista descargó una máquina para que la usara y así ahorrarse las visitas al médico. En aquel momento la jefa salió de las oficinas y los que estaban esperando a fuera con Alan empezaron a desnudarla con la mirada.
—A trabajar —dijo ella entrando en su coche.
—Lo que quieras —dijo un compañero de Alan.

Magui y Sole estaban en un coche de autoescuela viendo como otro conductor se examinaba. A su lado se encontraba el profesor que le iba diciendo todos los pasos que había que seguir. Sole parecía muy concentrada en todo lo que sucedía con el manual de conducción en la mano mientras buscaba todos los señales de tráfico que se encontraban. Finalmente llegó el final del trayecto y el chico que conducía se bajó del coche. El profesor se giró hacia ellas.
—¿Quién es la siguiente?
Magui y Sole se miraron. Nadie quería ponerse al volante después de la última experiencia que tuvieron en el coche de Alan. Ninguna parecía decidirse pero estaba claro que Magui no podía volver a conducir después del trauma que lo produjo aquello.
—Yo —dijo Sole.
Bajó del coche y se sentó en el asiento delantero, que le impresionó.
—Bien ¿Sabes como funciona? —preguntó el profesor.
Sole lo miró seriosamente.
—Vale, te cuento... —dijo el profesor.
Y Sole, por si acaso, se abrochó el cinturón de seguridad, por si las palabras del profesor podrían chocar con ella.

Salva y los universitarios aún tenían vacaciones, pero no les duraría demasiado el paraíso. Salva estaba una y otra vez viendo las fotos que tenía en su álbum de fotos. Empezaba a recordar algunos nombres, aunque no tenía nada claro. Cansado de buscar sin encontrar respuestas, encendió su ordenador e investigó entre sus archivos. Encontró unos Cds dentro de un armario. Allí se encontraban todos los trabajos que había hecho con el ordenador. Lo metió en su PC que empezó a emitir unos ruidos extraños. Finalmente se abrieron los archivos y Salva empezó a ojear uno por uno los trabajos. La primera cosa que notó fue el cambio de nivel que sufrió su escritura, cada vez escribía peor mejor.

Aún sin encontrar algún flashback metido en aquellos documentos de texto se adentró en la última carrera que trataba de su primer año en la universidad. Vio que era la carpeta que contenía más artículos pero estaban desordenados y sin títulos concretos. Viendo que no tenía nada que perder, abrió uno por uno y los hojeó por encima. Encontró uno que le llamó la atención.

A diferencia de los otros trabajos, aquel no lo había hecho solo, sino con Laura. Empezó a leerlo y de repente le vino un recuerdo a la cabeza. Estaba en una casa... una casa que no conocía... allí estaba Laura... llegó Hyun... algo cojo... tuvieron una conversación algo extraña que no recordó demasiado bien. Al leer otra página le vino otro recuerdo. Recordó haber besado a alguien. Finalmente se concentró y resolvió aquel rompecabezas. Después volvió a leer el trabajo desde el principio.

José estaba sentado al lado de su abogado. Se encontraba en su despacho, perfectamente ordenado. En la pared resaltaban tres diplomas que brillaban gracias a la luz del sol que procedía de las ventanas. El abogado terminó de leer la carta que enviaron a José días atrás.
—Quieren embargar la casa de los padres —dijo después de unos minutos en los releyó el texto.
—Ya lo sé —dijo José.
—¿Entonces? ¿Por qué has venido?
—No quiero que embarguen esa casa.
—Al ser una propiedad de Ronald, es normal...
—También es mía la casa.
—Entonces tendrás que comprarla. De nuevo.
—No tengo el dinero suficiente. En realidad, casi no tengo ni para mi. Con eso de la herencia, lo poco legal que me dejó Ronald tuve que pagar la mitad.
—Esto es Catalunya, José.
—No hace falta que lo digas... Bueno, viendo que no puedes hacer nada me iré. Una pregunta ¿Qué harán cuando se queden con la casa?
—Viendo el terreno, lo más probable es que derrumben el edificio para hacer pisos.

Alan estaba tranquilamente conduciendo aquella máquina cuando sin darse cuenta chocó con la puerta de los almacenes que se cerraba. Alan fue lo suficientemente rápido como para salir de allí y observó como de la puerta empezaban a salir chispas. Sus compañeros no sabían si escaparse o huir. Fue en aquel momento, en el que la jefa volvió, presenciando aquello.
—¿Quién ha hecho esto? —preguntó furiosa.
Evidentemente todos miraron a Alan.
—No era mi intención.
—Menos mal... A dentro.
La jefa capturó la mano de Alan y lo llevó en el interior del hiper-mercado entrando por la puerta principal bajo la atenta mirada todos los clientes que se encontraban allí. El padre de Alan vio aquello pero no hizo nada ya que estaba a punto de vender una lavadora a una señora mayor.

Los dos llegaron a la sección de móviles, donde curiosamente, no había nadie.
—Nuevo curro —dijo ella casi lanzándole un uniforme rojo—. Trabajarás en esa sección. Además de estar en prácticas, no vas a cobrar hasta que pagues la puerta mecánica que has roto.
—Vale —dijo Alan que no sabía como reaccionar—. ¿Cuantos meses son más o menos?
—No los puedes contar con los dedos de la mano.
—Vale...

El profesor de la autoescuela salió con un pañuelo en la mano secándose el sudor que salía de su frente. Magui y Sole bajaron del vehículo.
—Aprobada —dijo el conductor que salió corriendo.
—Con una hora, lo has conseguido —dijo Magui.
Sole observó a su amiga sin saber que decir.
—Tengo miedo de mi misma.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Vie Sep 25, 2009 10:04 pm

41. Mierda Records


Aunque técnicamente ya estábamos en otoño, en el centro de la ciudad el clima era aún de verano. En las primeras horas de la mañana la mayoría de la gente llevaba un jersey pero se lo tenía que quitar al llegar al mediodía, donde las temperaturas llegaban a superar los treinta grados.

Salva cada vez se acordaba de más cosas. Se había prometido a sí mismo recorrer cada día las calles que conocía más de la ciudad hasta que se acordara de todos los momentos importantes que pasó en ellas. Vio a un mendigo sentado en un banco y estuvo unos segundos observándolo hasta que el hombre empezó a despertarse y Salva salió huyendo.

Empezaban a subir las temperaturas y Salva creyó que sus paseos ya habían terminado por hoy. Pero en una esquina se encontró con Laura.
—Hola, Salva ¿Qué tal? —dijo Laura que se detuvo de golpe.
—Hola. Bien ¿Tú?
—Algo cansada ¿Puedes sujetarme las bolsas?
Entonces Salva se fijó en los brazos de la chica que sostenían un montón de bolsas de papel y cartón. Salva capturó las del brazo izquierdo de Laura y comprobó que pesaban mucho.
—¿Qué llevas aquí? —preguntó Salva.
—Comida —dijo ella—. Estoy ayudando a mi madre en la tienda que ha abierto con una amiga.
—¿Una tienda? ¿En esta época?
—Sí, bueno... la cuestión es que he tenido que ir a buscar un pedido de helados en el hipermercado.
Laura empezó a caminar.
—Y bueno ¿Qué tal tu memoria?
—Bien, voy mejorando —contestó Salva que no quiso contarle el recuerdo que tuvo con ella.
—A ver si cuando empieza la universidad logras recordar toda la materia del curso pasado.
—Y si no lo hago... tendré alguna excusa.
Laura se rió. Los dos caminaron por varias calles estrechas, haciendo preguntas para romper el silencio. De repente en uno de esos callejones se les cruzó un perro bastante grande que les sacaba los colmillos amenazándoles. Salva y Laura no supieron como reaccionar. Su primer instinto fue pasar por un lado pero aquella calle cada vez se hacía más estrecha y aquel animal parecía estar enfermo.
—¿Qué hacemos? —dijo Laura.
—Huele tu comida... —dijo Salva.
—¡Son helados! A los perros no les gustan los helados.
—No, no es verdad... a los cinco años tenía un perro que se comía helados de vainilla. ¡Anda, he recordado otra cosa!
—¿Pero como quieres que un perro coma helados?
Mientras, el perro se cansó y se sentó a la espera del fin de la discusión entre Laura y Salva.
—Mira, ¿Sabes qué? Déjalo —dijo finalmente Laura. Entonces se acordaron del perro, que se acercó a ellos amenazante.
—Viene hacia ti, Salva —dijo Laura alejándose.
Salva reculó unos pasos. Se fijó en las babas que desprendía el animal por la boca.
—Hola... Jeje...
—Salva, yo de ti correría. Este perro está enfermo.
Pero Salva tuvo un ataque de nervios y se quedó allí plantado ante el animal.
—¡Arrodíllate ante Salva! —gritó acercando su brazo derecho hacia el animal.
El animal pareció más enfadado todavía. Entonces Salva se giró y se fijó en Laura que ya estaba al final del callejón. Entonces observó el animal. Tenía algo en la pata. Intentó acercarse al animal por detrás y vio que tenía una pata totalmente inflamada.
—Hay que llevar a ese perro al veterinario —dijo Salva.
—¿Cómo? —dijo Laura acercándose levemente.
En Barcelona, Melafó llevaba tres días visitando a Blestal. Tuvieron que gastarse una cantidad bastante elevada de dinero en estos tres días en los que utilizaron el autobús, el tren e incluso el taxi. Blestal parecía no ceder nunca y todo indicaba que era debido a la presencia de Iván y el incidente que tuvo con el coche. Aunque la banda notaba el maltrato que recibían por parte del representante, habían grabado varias canciones e incluso las habían producido, eso sí, la guitarra que tocaba Iván no tenía demasiada importancia.
—Bueno.. —dijo Blestal quitándose los cascos de la cabeza—. Habéis mejorado pero...
—¿Sí? —dijo Hyun Suk esperando una contestación.
—Esto es la Warner y... quizás deberíais empezar en un lugar más humilde para... que vuestra subida sea más alta.
—¿Hablas en serio? —dijo Willy.
—¿Hemos hecho 100 kilómetros cada día, hemos pagado más de lo que ganaremos en un verano por llegar hasta aquí, nos hemos destrozado los dedos tocando la guitarra, hemos incorporado a Iván y hemos tenido que aguantarlo para que ahora me digas que va ser que no? —dijo Hyun Suk muy concentrado.
Todos miraron al coreano.
—Amén —dijo Iván.
—Bueno, no está tan mal —dijo Blestal mientras giraba en el sillón.
—Es verdad, no está tan mal —dijo Willy—. Por lo menos tenemos una discográfica...
—No quiero estar en Mierda Records —dijo Hyun Suk.
—Bueno, votación —dijo Willy—. Yo voto SÍ a Mierda Records.
—Yo también —dijo Iván al ver que no lograría nada con Blestal.
—Yo digo que no —dijo Hyun Suk—. Y Dani empatará diciendo que no ¿Verdad?
Entonces vieron que Dani no estaba allí.
—¿Y Dani? —preguntó Hyun Suk.
—Hoy no he visto a Dani... —dijo Blestal.
Entonces todos pensaron.
—Un momento... —dijo Willy—. ¿No dijo en la estación que iba al baño y que lo esperásemos?
—Y nos fuimos —dijo Iván.

Finalmente Laura se fue a la tienda de su madre. Allí llamó al veterinario que llegó quince minutos después de la llamada. El perro seguía enfadado pero cada vez parecía más cansado. Finalmente el veterinario sedó al animal y se lo llevó.

Hyun Suk llamó a Dani.
—Tío, lo siento no nos acordamos de ti —dijo Willy.
—Ya lo sé, tranquilo —dijo él.
—Eh... ¿Oye donde estás?
—En casa, viendo la tele.
—¿En casa? ¿No estás en Barna?
—Regresé...
—Un momento. ¿No eras tú el que llevaba el dinero que nos quedaba?
—Sí.
—Y... regresaste.
—Regresé.
—¿Entonces nosotros como regresamos?
—No lo sé. Adiós —colgó.

Entonces Willy miró a Hyun Suk y a Iván.
—Vamos a tener que hacer autostop, a no ser que alguien nos lleve.
Miraron a Blestal.
—Ni lo penséis —dijo él que salió de la sala.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Vie Sep 25, 2009 10:27 pm

42. Twitter


¿Y si los de Zona Keidell tuvieran Twitter?

8:00am

Bertu Hoy es el día de #Smallville

10:00am

Sole He tenido pesadillas con el coche: fue horrible

Magui @Sole XDDD Imagino

11:00am

Alan Haciendo un descanso. Cada día odio más a la bruja

Salva Nuevo miembro en la casa: el PERRO

Laura @Salva ¿El de ayer?

Salva Sí, hasta que se recupere Surprised

Gabriel No sé quién de los dos es más perro, el perro o tú

Laura RT @Gabriel No sé quién de los dos es más perro, el perro o tú xDDD

Salva @Gabriel ¬¬ S/C

1:00 pm

Hyun_Suk Dani tío, lo que hiciste no tiene nombre

Dani @Hyun_Suk ...

Hyun_Suk Eso tu calla ¡BASTARDO!

3:00 pm

Marisa Quitando el polvo

José @Marisa Leí otra cosa con polvo xD

Marisa @José xDDD Hombres ¿Qué tal?

José @Marisa Bien, con algún problema con la ley pero bien

Marisa @José ¿Problemas con lo ley? Te llamo

José @Marisa :)

4:00pm
Hyun_Suk Voy a decirlo porque si no reviento...¡ #Melafó tiene discográfica!

Willy RT @Hyun_Suk #Melafó tiene discográfica :D

Bertu @Hyun_Suk @Willy Felicidades ^^ #kneelbeforezod

Hyun_Suk Gracias Bertu ¿Qué tal?

Iván RT @Hyun_Suk Ha sido gracias a mi

Hyun_Suk ¡Qué te lo has creído! #Ivánhijodelagranpu..

Iván venga todos #hyunsuklatienepequeña

Hyun_Suk @Iván No sabes de lo que hablas, chaval. A que la tengo más larga yo. Voy a tu casa a demostrártolo

5:00pm

Alan ¿Os he dicho lo mucho que odio a la bruja?

Sole @Alan¡Sí!

Magui @Alan Llevas dos días diciendo lo mismo...

Salva ¿Qué nombre le ponemos al perro?

Laura Me gusta Tom, no sé por qué #Smallville

Gabriel Propongo Salva, así cuando alguien llame al perro irás tú

Salva @Gabriel Ya me acuerdo de otra cosa: te odio

Gabriel @Salva El sentimiento es mútuo, Salva (tú)

Bertu @Hyun_Suk Aaaah con sueño xD Y haciendo historia o... ya no sé ni lo que hago

7:00pm

Sole Viniendo de tomar algo con @Magui

8:00 pm

José Llamando a @Marisa... pero comunica xD

9:00 pm

Bertu Venga todos #kneelbeforezod #kneelbeforezod

Gabriel #kneelbeforezod #kneelbeforezod

José #kneelbeforezod #kneelbeforezod

Iván #kneelbeforezod #kneelbeforezod

Hyun_Suk ¿Mañana vuelve Smallville? ¡Mola! #kneelbeforezod #kneelbeforezod

Alan #kneelbeforezod #kneelbeforezod

Sole Mañana #kneelbeforezod #kneelbeforezod

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Miér Nov 11, 2009 1:54 am

43. Ahora empieza lo bueno


Salva bajó las escaleras de su casa. En el piso de abajo se encontró con las hojas de un periódico repartidas por el suelo. Entonces se fijó en el nuevo miembro de la familia, Tom, el perro que encontraron y que decidieron quedarse hasta que este se recuperara. El perro iba bien guarnido con un collar que le rodeaba toda la cabeza para evitar que se mordiese la pierna afectada.
—¿Has sido tú? —dijo Salva observando la multitud de papeles.
Entonces vio que entre aquellas hojas de periódico también se encontraban trozos de fotografías. Ahora Salva lo entendió. El perro, sin saber cómo, entró en las golfas y capturó todo lo que se encontró allí: periódicos viejos y un álbum de fotos entre otras cosas.
—Voy a limpiar esto... ¿Por qué no lo vas a hacer tú, verdad?
Entonces el perro, con una expresión facial muy humana bajó la cabeza como si se avergonzara de lo que había hecho. Salva se dirigió al garaje donde se encontraban las escobas para arreglar el despilfarro de la cocina. Escuchó un sonido que no le gustó mucho, se giró y vio que el perro tenía una pata trasera levantada. Mala señal. Muy, mala señal. Pero ya era demasiado tarde. El perro había orinado.
—No... Tom... —dijo Salva acercándose al lugar de los hechos. Vio como la orina del animal se repartía por el suelo creando un zarco amarillo. Se adentró otra vez al garaje para buscar esta vez una fregona. Cuando volvió a la cocina vio que el perro había orinado encima de una foto, concretamente en una donde aparecía un joven Gabriel.
—Bien hecho Tom, me caes bien —dijo Salva acariciando el hocico húmedo del perro.
Tom sacó la lengua agradeciendo aquellas caricias y observó como Salva fregaba el suelo mientras arrugaba la fotografía, ahora mojada, de Gabriel.

El campus volvía a llenarse de vida, otra vez. Empezaba el curso universitario. Cada año, el número de estudiantes crecía algo respecto al año interior, pero esta vez, por culpa de la crisis, ese número parecía duplicarse. Al menos, los bancos del campus estaban ocupados por nuevos estudiantes llenos de ingenuidad y acné. Casualmente, Gabriel, Salva y Laura empezaron el mismo día. El segundo optó finalmente por empezar igual que los otros, aunque quizás no recordara muy bien los conocimientos del año pasado. Aunque una cosa estaba clara: recordaba a Laura, y muy bien, por cierto. Aún así, Salva la había ignorada prácticamente en los últimos días, quizás confundido por los sentimientos reencontrados hacia ella. Y si no era así ¿Cómo es que el perro se llamaba Tom, que era el nombre que Laura propuso? Parecía que habían olvidado el incidente con Roy, todo estaba bajo investigación de la policía, incluso de cuerpos de seguridad internacional.

Por otro lado, los novatos también empezaban a respirar los aires poco contaminados del norte de la ciudad de Gerona. Sole y Magui, alejadas de la zona, habían preguntado a Alan si podía llevarlas al campus, pero enseguida vieron que Alan no tenía el tiempo para ser su taxi particular y gratuito. Finalmente, el primer día decidieron ir a pie, aunque luego las agujetas aparecieron, dictaminando que aquella no era una buena idea. Marisa también había empezado la carrera, aunque Gabriel no lo sabía.

Salva se encontraba en las puertas de la facultad, observando con demora los primeros apuntes del curso. El año pasado muchas veces había pedido a Gabriel que le pasara sus apuntes, ya que él no era capaz de atender en clase y anotar a la vez.
—¿Qué pasa? —le preguntó Gabriel.
—Recuerdo que... la universidad era difícil —respondió Salva.
—Vas por el buen camino —dijo Gabriel. Pero justo cuando terminó esa frase su cerebro se detuvo casi por completo. Caminando por el campus, vio una chica conocida, muy conocida. Salió al exterior de la entrada para asegurarse. Sí, lo era. Eva.
—¿Qué pasa? —preguntó Salva también saliendo.
—Salva.... es... ¿Reconoces a esa chica? —dijo Gabriel señalando a Eva.
Salva fijó su vista.
—Eh... Es... Eva —dijo mirando a su amigo—. ¿Qué hace aquí? ¿No estudiaba en la universidad de Barcelona?
—Eso creía yo —dijo Gabriel acercándose a ella.
Salva no se percató en aquella recuperación de memoria.
—¿Eva? —dijo Gabriel acercándose a Eva. Ella se giró levemente, como si reconociera la voz.
—¿Gabriel? —dijo con una leve sonrisa. Entonces se quedaron plantados, sin saber que hacer. Eva no supo como continuar pero finalmente fue ella la que continuó la conversación—. Sabía que estudiabas aquí, pero no imaginaba que...
—Yo... creía que estudiabas en Barcelona.
—Sí bueno. Mi padre... está enfermo y... decidí estar más cerca de casa.
—Oh... ¿Está bien?
—Sí, los médicos dicen que mejora. Lentamente, pero mejora.
—Seguro que contigo aquí mejorará —dijo Gabriel. Intentó tocarla pero finalmente no lo hizo.
—¿Estudias física? —preguntó Eva.
—Bueno... algo así...

La conversación continuó. Eran muchos años sin hablarse cara a cara. En aquel momento Marisa apareció cuando salió de un edificio y se encontró con Gabriel y Eva delante. Se quedó plantada.
—Hola —dijo finalmente.
Gabriel se giró.
—¿Marisa?
—Hola Gabriel —dijo ella con una leve sonrisa.
—Hola —dijo finalmente Eva.
—Oh, esta es Eva —dijo Gabriel—. Eva, esta es Marisa.
—Hola —dijeron las dos tímidamente.

—Ahora empieza lo bueno —dijo Salva observando la escena desde lejos.


Última edición por Bertu el Miér Nov 11, 2009 7:09 pm, editado 1 vez

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Miér Nov 11, 2009 7:09 pm

44. Helados en otoño y el porno de la anciana


Ya había llegado la tarde y el sótano volvía a estar activo. Allí en su sofá se encontraban las mochilas de Dani, Hyun Suk y Willy, mientras que el casco de Iván estaba encima de la funda de su guitarra, tirada en el suelo. La banda escuchó el sonido de la puerta abrirse. Dani, despierto, escuchó la voz de Salva y se acercó a la entrada.
—Me dijiste que hoy me llevarías helados.
Entonces Salva se detuvo y se fijó en Dani.
—¿No es algo tarde ya para helados?
—Bueno, se escalfan un poco —entonces Dani se fijó en su hermano—. Ey ¿Cómo ha ido el primer día?
—No preguntes nada —contestó él subiendo las escaleras de su casa.
Dani miró a Salva.
—¿Qué le ha pasado? —preguntó.
—Nada, estará cansado. Mañana traigo más helados —dijo Salva siguiendo a Gabriel.

Dani regresó al sótano. La banda ya había empezado a tocar.
—Pero bueno ¿No esperáis? —dijo él algo indignado.
—Estábamos afinando —dijo Willy.
—Sí, ya...
Entonces Dani se sentó en la batería.

Alan estaba esperando en su nuevo lugar de trabajo viendo como la gente se limitaba a observar los nuevos modelos de móviles, como si con solo eso ya se satisficiera su felicidad. Al principio, Alan preguntaba a los clientes si querían más información o si requerían de ayuda, pero ya que la mayoría solo estaban allí para mirar, él se limitó a cumplir su trabajo cuando la jefa se paseaba por allí. A su lado se encontraba un guardia de seguridad con un traje marrón arrugado. Sus gafas de sol disimulaban el lugar en el que fijaba su vista cuando pasaba una mujer atractiva, no obstante, el movimiento de su cuello concluía con lo contrario. Finalmente Alan se pasaba minutos comparando a su viejo móvil con los que tenía delante suyo.

Pero de repente apareció una señora mayor.
—Disculpe joven ¿Puede ayudarme?
Alan se despertó.
—Sí, claro ¿Qué le ocurre? —por primera vez se había acostumbrado a llamar de usted a la gente.
—Mire, es que grabé un vídeo en el que mi marido y yo estábamos haciendo el amor y quiero colgar ese archivo a Internet, pero tengo que convertirlo y no sé como hacerlo.
Alan no sabía si aquello era real, la anciana lo dijo con gran naturalidad. Alan observó su entorno en búsqueda de cámaras ocultas, pero claro, estaba rodeado de aparatos. Se acercó al ordenador y conectó el celular de la señora con el USB. Miró otra vez el gesto de la mujer.
—¿Es este archivo? —preguntó Alan.
—Ábrelo. Así lo sabremos.
Alan dudó. Silencio. La anciana tenía razón. Finalmente usó un programa para convertir el vídeo.
—Ya está —dijo Alan que ahora no era capaz de volver a mirar a la mujer.
—¿Y se verá bien? ¿Y se oirá bien?
—Alan cerró los ojos y reprodujo el vídeo.
La mujer se rió.
—Gracias chato —dijo dando una bofetada afectuosa en el rostro de Alan y desconectando el celular del USB.

Aunque era tarde, algunos estudiantes se habían quedado en el campus, ya que algunos tenían clases por las tardes incluso en el primer día. Sole y Magui se encontraban en la terraza del bar. Se estaba haciendo de noche.
—¿Vamos a casa? —dijo Sole que empezaba a notar el frío.
—Sí, pero tendremos que caminar. No hay autobuses a esta hora.
—Esperamos entonces.
—Sole... Tienes carné de conducir. Si alquilaras un coche o...
—No quiero salir en los telediarios —dijo ella escondiéndose debajo de su chaqueta.
—¿En los telediarios?
Sole no respondió.
—Bueno, da igual. Oye, vayámonos de aquí. Parecemos marginadas aquí solas.
—Sí, lo parecemos —dijo Sole.
Magui fijó su vista en la entrada de una facultad.
—¿Y si vamos allí?
Sole también miró.
—¿Con aquellos... chicos?
—Sí ¿Por qué no?
—Será mejor que me quede en mi rincón. Ve tu, si quieres.
—Sole...
—No importa. Ve. Yo me quedo aquí.
—¿Resfriándote?
—Mañana traeré un jersey más.
—Sole. Somos amigas desde mucho tiempo. No quiero perder tu amistad. Pero tampoco quiero... aislarme de los demás. Hemos empezado la universidad. Puede ser nuestra oportunidad. Además, ya va siendo hora de que superemos el asunto que tuvimos con Alan ¿verdad?
Sole se levantó.
—¿A donde vas? —preguntó Magui.

Emilia de Poret – Pick Me Up

—A casa, mi mamá me dijo que tenía que hacer no sé que de...
Magui finalmente cedió y se largó con ella.

Salva estaba observando detenidamente a Gabriel.
—Bueno, ¿No vas a decir nada?
—Habla tú si quieres. No estoy de humor.
—Mira, lo entiendo. Aquello era bastante incómodo era como...




—Si me hubiera sustituido —dijo Marisa que hablaba con José por el móvil.
—No creo que ningún hombre sea capaz de sustituirte, Marisa —dijo José.
—Muchas gracias —dijo Marisa con una leve sonrisa—. Pero...Vi como Gabriel miraba a esa chica y...




—La he fastidiado —dijo Gabriel—. ¿Qué se supone que debo hacer? —preguntó Gabriel a Salva.
—No lo sé. Es tu vida.
—Eva... ¿Por qué ha vuelto Eva? ¿Y por qué justo ahora?
—Bueno, sabes que no ha vuelto por ti.
—Claro que no ha vuelto por mi, eso sería imperdonable.
—Gabriel... ¿Qué quieres hacer?
—¿A qué te refieres?
—Bueno, parece que estás confundido.



—Mira Marisa —dijo José—. En mi vida he ido perdiendo muchas cosas. Así que... no sé porque me has llamado pero...
—Oh, perdona, no quería molestarte.
—¡No! Al contrario. Siempre es un placer hablar contigo pero... si quieres un consejo, como amigo, te diré que si realmente quieres a Gabriel, lucha por él. Recuerda... lo que él hizo por ti. Recuerda... porque elegiste a Gabriel y no a mi.
Marisa no sabía que responder.
—Eres muy buen amigo, José.
—Tan solo quiero verte feliz, supongo. Quizás me conformo con eso —carraspeó.
—Gracias por todo.
—No dejes que lo bueno en tu vida se derrumbe Marisa, adiós.
José colgó. Allí donde estaba, tenía una vista preciosa de su antigua casa. Las máquinas habían llegado y en aquel momento empezó la demolición de lo que fue una gran parte de los recuerdos felices de José, haciéndose añicos, y convirtiéndose en un montón de polvo.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Jue Nov 26, 2009 12:13 am

45. La nueva Marisa y el 95% de los encuestados


Marisa se levantó de la cama. El despertador ya llevaba sonando un buen rato. Se limitó a golpearlo y cuando este cayó al suelo, el silencio volvió a gobernar la habitación. El horario de hoy en la universidad era bastante corto. Se podía levantar tarde, ya que sus clases empezaban en horario de tarde. Eso sí, cuando salía de la universidad, el sol ya se había ocultado en su juego particular del escondite con la luna. Empezaba a notarse que llegaba el invierno, aunque los anuncios de turrones aún no habían hecho acto de presencia en los anuncios de la televisión.

Marisa no quería levantarse de la cama. Estaba muy bien allí, aunque se propuso a si misma que estudiaría cada día una hora antes de llegar a las clases. Ahora se arrepentía de aquella promesa. Se giró. Entonces notó el tacto de alguien a su lado.
—Buenos días —dijo la voz de José.
Entonces Marisa lanzó un grito. Se giró otra vez hacia su lado y se encontró con Gabriel dormido. Volvió a gritar. Finalmente se despertó.

Ya era la tercera vez que soñaba algo similar.

—Y entonces mi proyecto era... eh... ¿Cómo era? —dijo Hyun Suk observando al jurado.

—La verdad es que he ganado muchos conocimientos con mi trabajo, como por ejemplo, que no puedes confiar en tus amigos —dijo Dani en su respectiva clase, la que le había tocado.

—Y... tengo que dar las gracias a Dani, que aunque no está aquí, me ayudó mucho en el trabajo —dijo Hyun Suk.

—De dificultades... bueno, Hyun Suk, fue un obstáculo para mi en mi hipótesis —dijo Dani.

Finalmente salieron al pasillo mientras los jurados empezaban a deliberar. Hyun Suk y Dani salieron justamente en el mismo momento.
—¿Cómo te ha ido? —preguntó Hyun Suk.
—Mejor de lo que esperaba —dijo Dani.
—Te he mencionado en el trabajo.
—Yo también... yo también.

Se abrió la tercera puerta del pasillo. Salió Bertu.
—¿Cómo ha ido? —preguntó Dani.
—He aprobado —dijo Bertu con una sonrisa en los labios.
—¿Ya te lo han dicho? —preguntó Hyun Suk.
—Sí, después de terminar mi exposición me han dicho que ya había aprobado. ¿A vosotros no os han dicho nada aún?
—No —dijo Dani.
—Ah, pues suerte —dijo Bertu alejándose. Se detuvo—. Ah, también suerte con la banda.

Hyun Suk y Dani se miraron. Cada cual se acercó a su clase para escuchar lo que deliberaban los profesores.

Finalmente había llegado la tarde. Marisa se preparó un bocadillo con lo poco que tenía en el frigorífico y llegó en un momento en el campus. El parking estaba abarrotado. Hubo un accidente en una plaza de aparcamiento, en el que se encontraba un coche pequeño aparcado de lado, impidiendo a su conductora salir del vehículo. Finalmente Marisa llegó a clase. Empezó a escuchar unos susurros que no le gustaban.
—¿Es la de la telenovela? —escuchó de una chica que tenía sentada detrás.
Marisa se giró. Aquella conversación se terminó. Volvió a girarse e intentó recuperar la atención a las clases.

—¿Hyun Suk? —dijo una profesora saliendo de la clase.
—Voy yo —dijo el coreano entrando. Dani se quedó esperando en el pasillo. Pocos segundos después, también entró en la suya.

—Bueno, entonces ¿Estoy aprobado? —dijo Hyun Suk.
—Primero de todo, tengo que decirte que los miembros del jurado creemos que las encuestas que has realizado son inventadas. No creemos que el 87% de los encuestados hayan dicho que sienten una atracción sexual muy fuerte por los asiáticos, concretamente por los coreanos.
—Bueno... está infravalorando la belleza asiática y oriental.
—Y... eso de que el 95% de las mujeres encuestadas te haya dado su número de teléfono... tampoco no nos lo creemos, y tampoco encontramos este hecho como rellevante.
—Profe, por última vez, está infravalorando el potencial asiático.
—Mira Hyun...
—Hyun Suk, profe. Hyun Suk.
—Tu trabajo es muy justito. Y no lo digo por las veinte páginas.
—Cada hoja es un árbol muerto, paz y amor...
—¡Déjame terminar! Tu trabajo es muy justito, pero como sé que tu no me quieres ver más otro año y yo no te quiero ver más a ti, estás aprobado.
—¡Toma! —dijo saliendo dando una patada en la puerta de la clase y entrando en el pasillo. En aquel momento también se abrió la puerta de la clase de Dani.
—¿Has aprobado? —dijo Hyun Suk.
—¿Y tú que crees? —dijo Dani contento.
—Wooooooho —gritó Hyun Suk.

Finalmente la clase terminó. Marisa se quedó un momento para hablar con el profesor. Salió al exterior para regresar a su casa y se encontró con un joven que intentó hacerle una foto con el móvil.
—¿Qué haces? —preguntó ella extrañada.
Entonces el chico empezó a correr.

Linkin Park - Crawling

Ya casi anochecía. En la carcel de Gerona los presos tenían el día para recibir visitas. Sai estaba sentado en su cama leyendo el periódico que cada día le dejaba leer el encargado del sector en el que se encontraba su celda. Un guardia completamente vestido de uniforme abrió su celda.
—Tiene una visita.
—¿Es Iván? —dijo él levantándose.
El guardia no le contestó. Le acompañó a la sala de visitas. Se sentó en la silla. Tenía un guardia detrás que lo estaba vigilando. Entonces una sombra entró en la habitación. Un hombre con gafas se sentó al otro lado de la mesa.
—Perdona ¿Te conozco? —preguntó Sai.
—Eso espero —dijo el desconocido.
Entonces sacó algo de su bolsillo. Una especie de símbolo.
—¿Qué... qué quieres? —preguntó Sai nervioso.
—Necesito tu ayuda. O todo se complicará... todo.
—Yo no soy aquel tío... será mejor que te vayas... no quiero saber nada de ti.
—Ronald está vivo —dijo el desconocido tajante.
Sai no se lo podía creer.
—¿Qué... qué me estás diciendo?
—Lo que has escuchado. No sé como se lo hizo para falsificar su propia muerte pero... está intentando vengarse de los suyos.
—¿De los suyos? ¿Te refieres a...?
—Especialmente a ti. Y a otra persona... ya sabes quién es.
—José...
—Así es. Mira, quizás tú... no estás en peligro pero... sé que tienes un hermano...
—¿Crees que... hará daño a mi hermano?
—Si no es así ¿De qué otro modo puede herirte? —susurró.
Sai reflexionó.
—¿Qué puedo hacer?
—Regresaré. No te preocupes. Intentaré que no le pase nada a los tuyos.
—¿Quién eres?
—Llámame Roy —dijo saliendo de la sala.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Dom Dic 06, 2009 7:10 pm

46. Se acerca la Navidad

Días después

Música: Rob Thomas - Her Diamonds

Había llegado diciembre. Las calles más transitadas de Girona empezaban a colorearse de adornos navideños y las luces de Navidad ya se encendían con el resto de iluminado. Todavía hacia un calor considerable, aunque por las mañanas y las noches hacía bastante frío. No obstante, todas las hojas de los árboles del Parque de la Devesa habían caído, dejando sus caminos prácticamente inundados. En aquellos días se podía ver el servicio de limpieza del Ayuntamiento limpiando las hojas.

En el hipermercado en el que trabajaba Alan, las fiestas navideñas ya habían llegado hace días. Un Papá Noel disfrazado, contratado por la empresa, se puso en la entrada de la tienda junto al malhumorado agente de seguridad. Esto hacía que el Papá Noel, que llevaba un uniforme con los colores de la empresa, no tuviera mucho éxito ya que los niños se asustaban con la presencia del agente. Cada vez venía más gente a comprar, los ordenadores portátiles tenían mucho éxito aunque Alan no se podía quejar de como iban las ventas de los móviles. Llegó a contabilizar un total de quince celulares vendidos en una jornada laboral. Pero aún no cobraba.

En el campus, todo seguía prácticamente igual. Bueno, todos los exámenes parecían haberse puesto de acuerdo en fastidiar a los estudiantes, ya que en dos semanas se encontraban todos ellos. Se veía menos gente divagando por el césped (quizás por el frío), y las bibliotecas, que casi siempre estaban vacías, empezaban a llenarse. Allí estaba Gabriel, que se acercó a la biblioteca para usar la conexión. Cuando entró en el edificio, cercano a la pequeña facultad de letras que se encontraba fuera del campus, vio que sentada en una mesa sola y leyendo un grueso libro se encontraba Eva. Gabriel dudó si saludarla o no. Finalmente fue Eva quien levantó la mirada del papel y vio a Gabriel. Tenía los ojos hinchados. Parecía que había estado llorando.
—Hola —susurró Eva al ver que Gabriel se acercaba.
—Hola.
Entonces los dos permanecieron callados. Eva abajó la mirada. Parecía incómoda. Gabriel podía seguir caminando y dejar aquella conversación en un simple saludo. Pero no lo hizo.
—¿Qué te ocurre? —preguntó acercándose más.
—Nada —dijo ella—. Estoy algo resfriada.
Los estudiantes que estaban sentados en las mesas cercanas a la del Eva se giraron al escuchar los sollozos de Eva.
—Puedes contármelo —susurró Gabriel.
—Es por mi padre —dijo ella.
—¿Quieres hablar?
—No —dijo ella dubitativa.
—Te invito a un café.
—¿No tienes que estudiar?
Entonces Gabriel se fijó en los ordenadores. Todos estaban ocupados.
—Eh... no. Venga, invito yo.
Eva se quitó un momento las gafas para limpiarlas de sus gafas y asintió.

Magui y Sole estaban sentadas en el mismo bar del campus de siempre.
—Ah mira, es Erica —dijo Magui señalando a una chica que paseaba tranquilamente.
—¿Quién es? —preguntó Sole.
—Una amiga que he conocido. Vamos, voy a presentártela.
—¿Esto?
—¿Cómo que esto? —dijo Magui que no entendió nada.
—Yo... yo me quedo aquí.
—Sole, ya hablamos de...
—Adiós —dijo ella desviando la mirada.
—Ay chica, cuando te pones así... —dijo Magui que se levantó para no continuar discutiendo y se fue.
Minutos después, alguien se sentó en el lugar que ocupaba Magui. Era una chica, rubia, de su edad.
—¡Será posible! —gritó la desconocida. Sole no sabía como reaccionar—. El profesor de distemas es un desgraciado. ¿Cómo se atreve a decirme que mi diseño no es competente? ¡Pero si he usado el mismo código que el buscador Google! ¿Y no es competente? Lia, faltan enlaces, falta java... bla bla bla ¿Verdad que es un desgraciado?
—Si tú lo dices —respondió Sole incrédula.
—Es estúpido —dijo Lia sacando un mechero y un paquete de cigarrillos de un bolsillo.
—Fumar es malo. Dicen que mata —dijo Sole.
—Ya, todos moriremos ¿No?
—No sé.
—De algo se tiene que morir ¿Sole, verdad?
—Sí.
—Soy Lia. Encantada.
—Lo mismo, supongo.

Hacía frío. Los cipreses desprendían una humedad que hacía que el cementerio de Celrà tomara un ambiente realmente fúnebre. Allí estaba la tumba de Ronald y delante, José. Escuchó unos pasos.
—¿Qué quieres? —preguntó José. Se trataba de un joven más o menos de su edad, un poco más delgado que él y moreno.
—Sabía que te encontraría aquí. Hoy era el cumpleaños de tu hermano.
—No quiero nada con vosotros.
Entonces el joven sacó un sobre de su chaqueta negra. Eran unas fotos.
—Fueron tomadas la semana pasada. En Hong Kong —dijo acercándolas a José.
En las fotos se podía apreciar un rostro que parecía el de Ronald.
—¿Qué es? ¿Un montaje? ¿Son tomadas de hace años?
—Ojalá fuera así, José. Tu hermano está vivo, y eso significa que corres peligro.
—¿Quién eres?
—Alguien que quiere ayudarte. Roy —dijo extendiendo su mano.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Lun Dic 07, 2009 7:41 pm

47. La bomba coreana


Starring: Hyun Suk and Dani

Semana llena de exámenes. Un examen por día. Incluso dos, en el jueves. Fin del trimestre.

Jueves 3 de diciembre

8:00

Empiezan las clases. La mayoría de los alumnos entran en su aula con un libro en la mano. Hoy, examen de lengua. Aunque algunos también llegan con el libro de inglés, es cuestión de preferencias.
—¿Jau ar iu? —dijo Hyun Suk saludando a Dani, que llevaba el libro de lengua castellana.
—Lo que has dicho sería un calco... ¿O un xenismo?
—Ai don nou. ¿Cómo llevas los exámenes?
—No me sé nada de castellano.
—¿Dejarás que un inmigrante como yo te supere en nota? Es penoso.
—Sí. No vaya a ser que me llames racista si yo te digo lo mismo.

Llega el profesor. Los alumnos piden que los cinco minutos finales sean para estudiar otra materia. La respuesta es muy clara: no. No obstante, durante el transcurso de la clase se pueden ver alumnos con libros de castellano que sacaban cuando el profesor apuntaba en la pizarra. Entonces Dani se percató algo que le horrorizó.
—Eh... Hyun Suk —susurró a su compañero que estaba al lado—. Mira a Mónica.
—Sí, está tan buena y tan zorra como siempre ¿Y?
—No, no es eso. Aunque tengas razón. Fíjate en su libro.
—Está estudiando como la mitad de la clase que suspenderá.
—Sí pero... está estudiando el tema cuatro.
—¿Pero si el tema cuatro no entraba, no? O eso me dijiste.
—No lo sé... espera —dijo Dani sacando la agenda—. Mierda... mierda... mierda.
Se golpeó la cabeza contra la mesa.
—¿El tema cuatro entra? —preguntó Hyun Suk desesperado.
—Me temo que sí...
—¡Bastardo! Me dijiste que solo entraban los tres primeros temas ¿Aún te dura la venganza de dejarte colgado en Barcelona?
Entonces el profesor escuchó a Hyun Suk y los expulsó a ambos.

8:05 (Solo aguantaron cinco minutos en clase)
—Vale, continuemos en el pasillo —dijo Hyun Suk.
—No es ningún tipo de venganza. Yo tampoco me lo he estudiado.
—Está bien. Vayamos a casa para estudiar.
—En mi casa no hay nadie —dijo Dani.
—¿Estás seguro? —preguntó intrigado Hyun Suk.
—Eh... sí ¿Por qué no me crees?
—No sé... en tu casa hay mucha gente. No me la imagino vacía.

Entonces bajaron las escalas hasta llegar a la puerta. Había la conserje.
—¿A dónde vais? —preguntó la mujer malhumorado.
Los dos se detuvieron en seco.
—A fuera —dijo Hyun Suk.
—Pues os quedáis... a dentro —dijo la conserje con un tono tan malhumorado que hizo retroceder a los chicos.
—En realidad... me encuentro mal —dijo Dani.
—Sí, está malito.
—Bien, llama a casa para que te vengan a buscar.
—Eh... no hay nadie en casa.
—En realidad soy yo el que estoy malito —prosiguió Hyun Suk.
—¿Ahora tú? —dijo la conserje confundida.
—Sí, se trata de seulotitis, es una enfermedad muy frecuente en Corea del Sur.
—Eres coreano... —dijo la conserje.
—Bueno, eso... está claro. Pero sigamos.
—Iros a dentro, niños.
—Esa enfermedad —continuó Hyun Suk— provoca un repentino dolor de cabeza muy... es insoportable y hace que tartamudees. Aún no me está pasando pero verá como dentro de un ra-ra-ra ¿Ve?
—A dentro —dijo la conserje ya muy cansada.
Dani arrastró a Hyun Suk hasta las escaleras, pero este se resistió.
—¿Sabe señora conserje? A usted le hace falta tomar All-Bran.

8:10

Dani y Hyun Suk (este con la marca de una bofetada en toda la cara) volvían al piso de arriba.
—Vale —dijo Dani—. Vamos a estudiar.
—¿Donde están los libros?
—En clase.
Hyun Suk abrió la puerta.
—¿Podemos entr...
El profesor cerró la puerta.
—Supongo que es un no.

Los dos entonces caminaron por el pasillo.
—Bueno, tenemos cincuenta minutos para divagar por el instituto —dijo Dani.
Entonces llegaron a las puertas del baño de bachillerato.
—Oye Dani —dijo Hyun Suk mirando fijamente la puerta—.
—¿Sí?
—¿Nos hacemos unas paj.. —dijo Hyun Suk haciendo un gesto con la mano.
—¿Lo estás diciendo en serio? —interrumpió Dani.
—Bueno, por lo menos tengo ideas.

15:30

Había pasado todo el día y Dani y Hyun Suk apenas habían podido estudiar el tema cuatro, ya que todos los profesores estaban avisados que la mayoría de los alumnos no los iban a escuchar. Finalmente llegó la hora de salir a comer y luego, justo una hora después, empezaban los exámenes.

Eran las tres y media y el profesor de castellano aún no había llegado y tenía a todos los alumnos impacientes. No les iba a dar tiempo.

15:35

Llega el profesor. Las mesas se separan y empieza el examen.

15:36

Todos tienen el examen

15:38

La mitad de la clase ya ha entregado un examen.

15:40

Se oye un ruido. Son los altavoces repartidos por todo el centro, que empiezan a vibrar.
—Atención, todos los alumnos... —decía la voz temblorosa de la conserje—. Que salgan al patio.

Dicho y hecho. Toda la clase corrió por los pasillos hasta concentrarse en el patio principal. Todos estaban allí, separados entre el caos.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Dani a un profesor.
—Hay una amenaza de bomba.

16:20

Vienen los bomberos y Mossos de Esquadra. Alguien realizó una llamada telefónica al centro diciendo que había una bomba situada en el baño de bachillerato. Los profesores no se atrevieron a entrar.

16:25

Todos los baños son registrados. Ni rastro de bomba.

16.30

Confusión

16:35
Hyun Suk se encuentra con Dani.
—¿Eh? ¿Dónde estabas? ¿Te has enterado de lo que ha pasado? —dijo Dani.
—¿Qué hemos salido al patio, no?
—No. Alguien ha llamado diciendo que había una bomba en el baño. Y se lo han creído. ¡Nos hemos salvado del examen de castellano!
—¡Qué bien!
Los dos se acercaron a la conserjería, donde se encontraban la conserje y dos agentes de la policía.
—Y entonces —decía la conserje con su voz malhumorada como siempre—, sonó una voz distorsionada, muy grave que me dijo dos veces, hay una bomba en los baños de bachillerato.
—¿Algo más? —dijo un policía.
—Eh... sí. Después al final escuché algo así como... sara... sarañé.
—Saranghee, no blasfemes con mi lengua —dijo Hyun Suk.
—¿Qué has dicho? —dijo Dani.
—Eh... nada —disimuló Hyun Suk.
—¿Has sido tú el de la bomba?
—¡No! ¿Cómo puedes pensar esto?
—¿Qué significa sarañé?
—¡ Saranghee! ¡ Saranghee!
—Vale, ¿Qué significa?
—Adiós.
—¿A dónde crees que vas?
—No idiota, que significa eso, adiós. Pero si hace un minuto me dijiste que os había salvado.
—¡Ajá! Has sido tú.
—Mierda —dijo Hyun Suk cabizbajo.
—Lo sabía...
—Bueno ¿Y ahora qué? ¿Vas a decirme que lo que hecho está mal o algo así?
—Eh... ¿Tengo que hacerlo?
—No sé.

Música: The Fratellis - Chelsea Dagger
Entonces vieron que la puerta está abierta. Salieron al exterior.




Inspirado en hechos reales, bueno... más o menos.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Mar Dic 08, 2009 8:46 pm

48. No te he olvidado


Eva estaba esperando en la terraza de un bar a Gabriel. Había ido al interior para comprar algo de comida. Entonces, recordó los viejos y bellos momentos que pasaron paseando por la ciudad cuando eran novios. Gabriel salió.
—Creo recordar que te gustaban los croissants —dijo Gabriel que salió con una bolsa llena de bollería.
—Y me siguen gustando —rió ella. Ya estaba más tranquila, aunque intuía que se volvería a derrumbar tarde o temprano.

Los dos empezaron a comer sin decir demasiado. Finalmente Eva rompió el silencio.
—¿Por qué haces esto?
Gabriel no sabía que responder.
—Eres mi amiga ¿no?
—Creo que nunca fuimos amigos. Éramos novios.
—Y amigos —dijo Gabriel después de unos segundos.
—Está bien —dijo ella observando como una mujer traía los cafés que había pedido Gabriel—. ¿Un café?
—Ah, perdona. Los dos son para mi —dijo Gabriel haciendo un gesto a la camarera.
Eva se rió.
—¿Qué? —dijo él—. Ya los había pagado.
—Eres un payaso —rió ella.
—Eso, puteando al bueno de Gabriel...
—No, no es eso. Me haces pasar un buen rato.
—¿Estás mejor?
—Sí —dijo asintiendo ella—. A mi padre... le diagnosticaron una enfermedad errónea. El tratamiento que le dieron... acabó con algunos efectos pero... no lo curó. Al contrario... está...
—Ya —dijo Gabriel al ver que Eva no podía continuar—. Bueno, tu papá es fuerte.
Entonces Gabriel acercó su mano a la de Eva y la acarició.

En el sótano, Dani y Hyun Suk empezaron a ensayar. Llegó Willy.
—Hombre, aquí tenemos el terrorista coreano —dijo al ver a Hyun Suk.
—¿Quién te lo ha dicho? —dijo Hyun Suk dejando de tocar.
—Tranquilo... me dijo Dani ayer por el Messenger.
—¿Por el Messenger? —dijo Hyun Suk asustado—. Dani ¿No sabes que la policía puede ver las conversaciones?
—Vas a ir a la cárcel, Hyun Suk —bromeó Willy.
—¿Queréis parar? —dijo el coreano—. Venga, vamos a tocar. La semana que viene tenemos que ir al estudio de Mierda Records y tenemos que traer algún material. ¡Propio!
—Está bien —dijo Willy colocándose bien su guitarra—. ¿Dónde está Iván?
—Dijo que no vendría —dijo Dani.
—Mejor... así haremos algo de provecho. Venga. Uno, dos, uno dos, tres...
—Espera —dijo Dani.
—¿Qué?
—No era uno, dos, uno, dos, tres, cuatro.
—¿Tenemos que discutir esto? —dijo Hyun Suk.
—Es importante para empezar todos a la vez —dijo Willy.
—Está bien —dijo el coreano—. Pues... uno, dos, uno, dos, tres cuatro.
—Espera... espera —interrumpió Dani—. ¿No habías dicho uno, dos, uno dos, tres?
—Eso dije ¡Pero me interrumpiste!
—Ah, bien —dijo Dani.
—Venga. Uno, dos, uno dos, tres.
Se escuchó la puerta abrirse.
—¡¿Y ahora qué?! —gritó Hyun Suk desesperado.
Apareció Bertu en el sótano con una bolsa llena de palomitas.
—¿Palomitas? —dijo él acercándose—. Pasaba a veros tocar.
—Espero que sean buenas... —dijo Hyun Suk—. Hola.
—Hola —dijeron Willy y después Dani.
—¿No érais cuatro?
—Sí, bueno... Iván hoy no ha podido venir —dijo Willy.
—Se dejó la guitarra aquí. Si quieres unirte... —dijo Dani con una leve sonrisa—. Solo por hoy.
—¿Tocar otra vez? No sé... —dudó Bertu—. Perdí la práctica.
—Lo que pasa es que eres un gallina. Poc poc poc —hizo Hyun Suk.
—Un momento —interrumpió Bertu el cántico del coreano—. A mi un inmigrante no me llama gallina.
Bertu capturó la guitarra y se acomodó al lado de Willy.
—Bienvenido. De nuevo —dijo Hyun Suk.
Todos se miraron.
—Venga —dijo Bertu—. Uno, dos, uno dos, tres.

Música: Carolina Liar – I'm not Over

Marisa estaba en su casa tranquilamente intentando estudiar. Entonces le vino algo en la cabeza. Hoy era el cumpleaños de José. Se levantó del sofá e intentó llamarle. Pero no contestaba. Estaba fuera de cobertura. Entonces, sin desprender el móvil de su mano, arrastró su dedo hasta llegar al nombre de Gabriel, y le llamó.

—Perdona un momento —dijo Gabriel notando el vibrador del móvil en su bolsillo—. ¿Sí?
Gabriel estaba sorprendido de la llamada de Marisa.
—Hola Gabriel.
—Ho... hola Marisa —miró a Eva.
—¿Qué tal?
—Bien. ¿Qué tal tú?
—Como siempre. Eh... —intentaba sacar un tema de conversación.
—¿Ocurre algo? —dijo finalmente Gabriel.
—No... no... solo quería llamarte.
—Ah —dijo Gabriel confundido—. ¿Cómo va el Magisterio?
—Pues la verdad... prefiero no hablar de esto...
—¿Por qué? ¿Ocurre algo?
—Es que... sabes que tenía aquel papel en la tele... y mucha gente del campus me conoce. Y los que no me reconocieron ahora ya lo hacen. Estoy todo el día esquivando a pesados... Incluso... el otro día me encontré en mi mesa con una foto de la escena de la serie en la que estaba, bueno... ya me entiendes.
—Desnuda —dijo Gabriel. Eva se acomodó en su silla mirando confundida a Gabriel. El chico evitó su mirada.
—Sí —dijo Marisa avergonzada—. Pero bueno... no te llamaba para hablar de mi... —estaba mintiendo—. ¿Cómo andas?
—Con dos piernas.
Marisa no se rió, pero si Eva.
—¿Quién está contigo? —preguntó Marisa al escuchar la pequeña carcajada de Eva.
—¿Eh? Estoy con Eva —dijo él.
—Ah ya... —dijo Marisa mordiéndose los labios—. Me alegro que te vaya bien con ella.
—No... no es lo que...
—Bueno, Gabriel. Tengo que colgar. Voy a ponerme a estudiar otra vez. Adiós.
—A... adiós, adiós —Gabriel colgó después de escuchar el pitido del fin de la llamada de Marisa. Miró a Eva.
—Creo que la he cagado.
—Quieres a esa chica —dijo Eva con una leve sonrisa.
—¿A Marisa? Sí —dijo Gabriel sonrojado.
—Cuando escuchaste su voz tus ojos empezaron a brillar.
—Bueno, es posible... —dijo Gabriel cada vez más sonrojado.
Los dos se rieron.

—Con Eva... —susurró Marisa frustada.

Salva estaba cruzando una de las calles poco transitadas de Girona, paseando a Tom, que ya estaba completamente recuperado. Sonó su celular
—¿Sí?
—Hola Salva.
—Gabriel...
—Me ha llamado Marisa, estaba con Eva... Creo que se ha creído que Eva y yo tenemos algo juntos.
—¿Tenéis algo juntos?
—¡No!
—¿Entonces? ¿Por qué me llamas? Ni que fuera el Diario de Patricia...
Entonces en una esquina apareció Laura con su perro.
—Espero un momento —susurró Salva al celular—. Hola.
—¿Salva? ¡Qué bien! ¿También tienes que pasear al perro?
—Bueno, en realidad es más bien el perro quien me pasea a mi. Cuando quiere empieza a correr y no puedo con la correa —se rió.
—Bueno, nos vemos mañana.
—Sí. Eh... ¿Os importa si os acompaño un rato? Tom aún tiene ganas de pasear y... si a lo mejor hoy se cansa... mañana me libro del paseo.
—Claro. No me importa —rió Laura.

Era un lugar bastante oscuro, alejada de la civilización. Roy había estado conduciendo varias horas, que se hicieron eternas, por caminos sin asfaltado. Finalmente aparcó y bajó del coche. José estaba en uno de los asientos traseros de aquel Audi y también bajó.
—¿Dónde estamos? —preguntó José.
—Aquí acostumbraba a venir tu hermano —dijo insertado un código en la puerta de un pequeño edificio situado en medio de la nada. A su alrededor, solo se encontraba un bosque que lo rodeaba casi completamente con unos árboles muy antiguos.
—Lo llamaba... el refugio —dijo Roy observando a José.
Finalmente la puerta se abrió y los dos entraron en el interior. Allí había una enorme cantidad de alimentos, todos envasados. Parecía una especie de congelador, pues la temperatura del interior era bastante inferior que a la de afuera. No había ventanas, simplemente unos agujeros en medio de los ladrillos que dejaban entrar unos finos rayos de luz. En aquel pequeño zulo también había una mesa de madera bastante baja que parecía estar clavada al suelo. Roy la apartó y apareció un gran agujero. Se podían apreciar unas escaleras que bajaban a un pequeño sótano. Allí abajo había una pequeña cama y los papeles de unos billetes de avión con dirección a Hong Kong, todo cubierto de una capa de polvo y telarañas.
Un pequeño espejo se encontraba tirado al suelo. Allí José también vio que había una máquina de afeitar y una camisa vieja y... agujereada.
—¿Valió la pena la visita, José? —preguntó Roy mostrando los billetes de avión a Hong Kong.
Entonces el capturó la linterna que llevaba Roy y observó detenidamente el interior.
—¿Cómo es que hay dos billetes más?
—Uno es para tu amiga...
—Un momento —interrumpió él—. ¿Qué amiga?
—Marisa, creo que se llama —dijo Roy deteniéndose un momento.
José empezó a quedarse pálido.
—¿Marisa? ¿Por qué Marisa?
—Observa los billetes —dijo Roy dejándolos a José.
José los leyó detenidamente. Sus pupilas de dilataron y empezó a temblar.
—No puede ser... —dijo finalmente—. Aquí dice... repatriación de cadáveres.
—No sabemos como... —dijo pausadamente Roy—. Pero tu hermano consiguió conseguir estos permisos de repatriación a dos personas que no fueron nunca a China y, no menos importante, siguen vivas.
—¿Y el otro? ¿El otro billete para quién es?
—¿Conoces a Sai?
—Sé quién es.
—Pues el otro billete es para su hermano pequeño, Iván.

—Qué raro... —dijo Salva después de pasear un rato al lado de Laura—. Tom y Fido no se pelean... Y eso que son dos perros... y machos.
—Dos machos sin pelearse... sí que es raro —rió Laura—. Un momento ¿Cómo es que te acuerdas del nombre de Fido?
—Sí, le vi el día que fui a tu casa y nos...
Laura se detuvo.
—¿Y nos qué?
—Nos... —miró su reloj—. ¡Buff! Se me ha hecho tarde. Tengo que irme —se excusó.
Salva se fue con paso rápido casi arrastrando a su perro que en aquel momento empezó a ladrar. Laura empezó a ver que Salva ya había recuperado toda la memoria, o al menos, lo que estaba relacionada con ella. Después de unos segundos observando como se iba Salva, dibujó una leve sonrisa en sus labios.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Vie Dic 11, 2009 2:28 am

49. Cambio climático

Viernes

Alan llegó como cada día temprano al trabajo. La mayoría de empleados que les tocaba abrir la tienda aún no habían llegado. Nadie tenía ganas de trabajar, pero es que hoy Alan había tardado unos minutos en repostar en la gasolinera y aún así había sido de los primeros.

Frotándose las manos se acercó a las puertas de la tienda. Miró a sus vagos compañeros.
—Todavía faltan cinco minutos —dijo uno de ellos mirando a su reloj.
Entonces vieron pasar a un coche de lujo de lejos y se percataron que aquella podría ser su jefa, que más o menos cada día se presentaba con un coche diferente. Los empleados abrieron rápidamente la tienda y en cuestión de pocos minutos, todas las luces navideñas volvían a estar encendidas y ya se descargaban los nuevos productos de los almacenes.
—Eh, Alan —dijo un compañero, algo mayor que él—. ¿Hoy es diez de diciembre?
—Sí —dijo él mirando su celular—. Diez de diciembre.
—Suerte —dijo él asintiendo con la cabeza.
—¿Suerte para qué?
Pero ya era demasiado tarde. Su compañero ya se había alejado. Empezaban a llegar los primeros clientes madrugadores.

Eva se levantó algo aturdida y con la visión borrosa. Encontró el tacto frío de algo en su cuello. Se despertó. Estaba sentada en una silla metálica bastante incómoda, en frente de su padre enfermo que seguía dormido. Entonces Eva se concentró en escuchar los pitidos de la máquina que estaba al lado de su padre. Seguía pitando. Era buena noticia. Escuchó a su padre. Intentaba toser.
—No te muevas mucho —dijo Eva levantándose de la silla.
Su padre tosió igualmente. Luego tuvo que hacer esfuerzos para que sus pulmones volvieran a capturar oxígeno.
—Hola Eva —dijo él todavía tosiendo—. No me digas que has pasado otra noche aquí...
—Así es.
—Eva, hija —dijo el padre nervioso—. Yo estoy enfermo pero... tu estás bien, eres joven. No tienes porque cuidar de tu viejo.
—Te cuido porque eres mi padre. Y tú harías lo mismo por mi.
—Hija... ya sé que me quieres. No... no hace falta que lo demuestres. Pero, ahora mismo no puedes hacer nada. Vive ahora que puedes. No...
—Me quedaré aquí hasta que te recuperes, papá —dijo Eva capturando la mano de su padre.

El padre de Magui no tenía que ir a trabajar hoy. Aprovechando el día libre, se despertó tarde porque llevaba días sin dormir demasiado bien. Una vez levantado, se acercó al baño y aprovechó por afeitarse. Empezó a buscar la máquina nueva que le había comprado su mujer. Pero no la encontraba. Buscó en el pequeño armario del baño, allí no estaba. Intentó llamar a su mujer, pero esta había ido a comprar. Desubicado, buscó en el pequeño botiquín que tenía su esposa, también en el baño, y se encontró con unas píldoras que le hicieron levantar sospechas.

El viernes era el día más ligero para estudiar en la Universidad. Los horarios eran bastante flexibles y los alumnos no tenían muchas horas acumuladas. Sole regresó a una clase a la que asistió al día anterior, ya que se había dejado una libreta allí. Regresando por los pasillos de la universidad, escuchó a alguien que le llamaba susurrando.
—Psss... Sole. Sole.
Ella se giró intentando reconocer a alguien. Entonces sintió un empujón y se encontró en el despacho de uno de sus profesores.
—¿Qué hacemos?
Lia apareció por detrás y le tapó la boca.
—Tx.... No chilles ni nada.
—¿Qué estás haciendo aquí, Lia? —dijo Sole que no comprendía nada.
—Ayer encontré la contraseña que usa el profesor de diseño web. Voy a acceder en su cuenta y modificaré las notas.
—Adiós —dijo Sole alejándose.
—¡Eh! ¡Eh! Necesito tu ayuda. Quédate en la puerta. Avísame cuando venga algún profesor.
—¿En la puerta? ¿Y qué hago?
—No sé... finge estar esperando al profesor. ¿No me fallarás, no?
—Esto...
Lia empujó otra vez a Sole, esta vez menos violentamente hasta el pasillo y allí Sole permaneció.

Alan terminó con una pequeña cola de clientes que se formó a su alrededor. Entonces se fijó en su padre, que se paseaba cabizbajo acercándose hacia él.
—¿Y el uniforme? —preguntó Alan al ver que su padre llevaba la ropa de calle.
—La he dejado... Me han despedido.
—¿Cómo?
—Ya sabes... Reducción de personal. La jefa cree que es mejor quedarse con la gente joven y así ofrecer una dinámica innovadora a los clientes. Bueno...
—¿Y qué le has dicho?
—¿Qué quieres decir? Tiene razón.
—No, no la tiene, papá. Voy a hablar con ella.

Pocos minutos después, el profesor enemigo de Lia apareció por el pasillo. Sole entró en su despacho.
—¡Ya viene!
Entonces Lia se puso nervioso e intentó quitar el USB que había conectado en el portátil del profesor, pero en aquel momento el aparato no quería salir. Finalmente, ya cuando escucharon los pasos del profesor, Lia pudo sacar el lápiz de memoria y se refugió en un gran armario que se encontraba detrás de la mesa del profesor. Sole, sin saber que hacer, siguió a Lia antes que lograra cerrar.
—¿Qué haces? —susurró Mia.
El profesor se sentó en la mesa y empezó a corregir unos exámenes. Mientras, dentro del armario, Sole y Lia intentaban no emitir ningún sonido que pudiera plantear al profesor la existencia de individuos en su despacho.

Alan golpeó varias veces la puerta del despacho de su jefa. Des de el interior no se escuchó nada. Finalmente, Alan abrió la puerta y se encontró con su jefa reunida con varios socios de la empresa.
—Quiero hablar con usted —dijo Alan. Todos le estaban mirando.
—Se dice... adelante. Y después puedes entrar —dijo la jefa.
—No he oído que lo dijera.
—Es que no lo he dicho. Bueno, es tarde —dijo haciendo un gesto a los socios—. Quedamos la semana que viene, a la misma hora.
Los socios abandonaron lentamente el despacho.
—¿Y bien? —dijo la jefa acomodándose a su sillón.
—¿Por qué ha despachado a mi padre?
—¿Su padre trabajaba aquí?
—Sí, señora...
—Señorita —interrumpió ella.
—Mi padre lleva más años aquí que incluso usted.
—Ya veo.
—No se merece este despido.
—La vida es injusta, dicen.
—¡No me hable de la vida! Es usted quien ha decidido despedir a su padre.
La jefa se levantó de su sillón.
—¿Es que quieres seguir los pasos de tu padre? Ahora ya me da igual despedir a uno más.
—Sé que sería un placer para usted. Pero antes... dejaría yo mi trabajo.
—Entonces... acuérdate que me debes la puerta mecánica rota.
—¿Cómo puede ser tan materialista?
—El mundo funciona con el dinero. Yo tan solo busco lo mejor para la empresa.
—¿Sabe qué? Usted...
—¿Sí?
—Usted.
Entonces Alan se acercó a los labios de su jefa y la besó apasionadamente. Después de terminarse este beso, la mujer dudó unos segundos y devolvió el beso a Alan, que empezó a quitarse el uniforme de la empresa. Mientras seguían besándose, Alan apartó con sus manos los papeles que se encontraban encima de la mesa. Y su jefa se colocó encima del mueble mientras acariciaba el torso desnudo de Alan y este, poco a poco, le quitaba la camisa y puso su brazo que la acorraló y la abrazó hasta capturarla por la espalda. Pronto empezaron a hacer el inventario.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Bertu el Mar Dic 15, 2009 12:10 am

50. Mapa de los sonidos de Girona

Alan se despertó aturdido. Se había dormido en algún momento que no recordó. El suelo en el que se encontraba estirado estaba lleno de sudor. Notó la presencia de algo en su pecho desnudo. Aquella mujer, su jefa, apoyaba su cabeza en su tronco. También iba desnuda, pero se cubrió el cuerpo con el uniforme rojo de Alan. Su respiración aún era excitada.

Alan emitió un sonido de dolor al intentar levantarse. Su jefa lo notó y se levantó primero. Los dos se miraron. Alan, con una mirada de confusión, su jefa, con una mirada fría.

La mujer miró al reloj, colocado perfectamente al centro del despacho. Hacía pocos días que estaba allí.
—Dentro de media hora tengo que ir a una reunión en Barcelona —dijo la mujer recogiendo su ropa del suelo: camisa, falda, sujetador y zapatos.
—Vale —dijo Alan sin saber que contestar.
—Toma —dijo la jefa tirando la ropa a su empleado—. Vístete.
—Sí —dijo Alan levantándose.

Todo fue muy frío. No se dirigieron la palabra mientras se volvían a cubrir los cuerpos. Alan fue el primero en terminar.
—Esto... —dijo viendo que ya le había llegado la hora de salir de aquel misterioso momento y de aquel enorme despacho.
La jefa dibujó una leve sonrisa y mientras se arreglaba la camisa besó a Alan en la mejilla. Le abrió la puerta y este salió del despacho.

Era de tarde, aunque aún no había empezado a anochecer, pero un viento de tramuntana hacía que la ciudad se viera inmersa en un frío más común del clima de montaña.

Des de el piso superior, Gabriel no podría concentrarse con el ruido que hacía la dichosa banda en el sótano, que aunque había dos paredes de separación, parecía que en vez de disminuir el sonido, lo ampliaba, resonando por las ventanas. Entonces Gabriel pensó que fue mala la idea de comprar un ampliador nuevo.

Había terminado de estudiar una materia, o al menos, creía que ya sabía lo suficiente para aprobar. Iba a pasar a otra. Pero de repente, echó de menos algo. El libro. Empezó a buscarlo por toda la habitación, pero no lo encontraba.
—Espera... —se dijo a sí mismo—. Seguramente me lo dejé en el bar. Seguro que Eva...

En aquel momento se logró escuchar el sonido del timbre entre las guitarras eléctricas. Bajó las escaleras y abrió rápidamente. Eva.
—Hola —dijo Gabriel.
—Hola —dijo ella mostrando el libro.
—Precisamente ahora estaba pensando en ti.
—¿Sí? —dijo ella que no supo como reaccionar.
—Eh... por el libro.
—Toma —dijo ella—. ¿De donde viene este ruido?
—Del sótano. Mi hermano y sus colegas han montado su infierno particular, digo... su banda.
En aquel momento se detuvieron el sonido de las guitarras.
—Aleluya... —dijo Gabriel.
Se abrió la puerta del sótano y salió Bertu.
—¿Eva? —dijo Bertu al ver a Eva.
—¿Albert? —dijo ella que lo abrazó y le dio dos besos.
—Esto... ¿Me he perdido algo? —dijo Gabriel que se quedó atontado en medio de los dos.
—Albert es mi primo —dijo Eva.
—Cuanto tiempo —dijo Bertu.
El celular de Eva empezó a sonar.
—Perdonad —dijo atendiendo al aparato. En fracción de segundos la expresión de su cara cambió—Dios mío —dijo finalmente antes de descolgar—. Mi padre. Ha empeorado. Lo han llevado a quirófano inmediatamente. Me tengo que ir.
—Te acompaño, Eva —dijo Bertu capturando su abrigo.
—Yo también vengo —dijo Gabriel.
Pero ya era demasiado tarde. La puerta principal se había cerrado. Hyun Suk salió del patio.
—¿Es posible que haya escuchado la voz de una mujer que no fuera la de tu madre, jefe? —dijo Hyun Suk comiéndose una mandarina.
—Era Eva. Se ha ido con Albert.
—¿Eva, eh? Un momento. ¿Quién es Albert?




•°o.OмαgυιO.o°•
Bueno, ya terminé el capi de Chuck. Me tengo que ir ^^

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
OK chau

•°o.OмαgυιO.o°•
adiosss

•°o.OмαgυιO.o°• se ha desconectado

ıllıllı Alan ıllıll se ha conectado

ıllıllı Alan ıllıll {escribiendo}
nassss

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
hola

ıllıllı Alan ıllıll {escribiendo}
s ha ido ya Magui?

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
si, justo ahora

ıllıllı Alan ıllıll {escribiendo}
jopp

ıllıllı Alan ıllıll {escribiendo}
hoy he tenido un día muuuu raro

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
no eres el único ainss

ıllıllı Alan ıllıll {escribiendo}
k te pasó?

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
estuve tres cuartos de hora dentro de un armario con una chica TT TT

ıllıllı Alan ıllıll {escribiendo}
¿¿¿???

ıllıllı Alan ıllıll {escribiendo}
creo k lo mismo es peor, nuse

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
:O

ıllıllı Alan ıllıll {escribiendo}
no te asustes eh? Neutral Lo hice con mi jefa :s :s :s

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
estooooñ

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
en serio?

ıllıllı Alan ıllıll {escribiendo}
si :s

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
emmmm

«S σ ι ε » ۞ Everything eventually will end {escribiendo} dice:
vente a la cafetería de la estación, necesito hablar contigo




Las rejas se abrieron. Sai salió escoltado, aunque cada vez los agentes vieron que su comportamiento era el adecuado. Iván se sentó en la silla.
—¿No tenías colegio hoy? —preguntó el hermano mayor.
—Sai, ya hace tiempo que dejé “eso”.
—Iván...
—Tengo mejores cosas que hacer. Bien ¿Qué querías decirme?
—Siempre he dicho que quien te contactara hablándote de mi... no era de fiar.
—Sí, cada vez que vengo a visitarte me lo recuerdas. Nadie me ha hablado de ti. ¿Y?
—Ahora algo ha cambiado —dijo Sai mirando de reojo al guardia que estaba distraído—. Quizás no oigas nada, pero si un tal Roy quiere hablar contigo, debes confiar en él.
—¿Por qué? ¿Qué le pasa a ese Roy?
—No es algo que pueda contarte aquí.
—Entiendo.
—Iván, haz lo que te digo.
—Lo haré. Bien ¿Podemos empezar la conversación entre hermanos?

Sole ya hacía rato que esperaba en la cafetería al lado de la estación. Alan llegó minutos después. Pidió dos cafés, a lo que Sole rechazó inmediatamente el suyo y pidió una botella de agua.
—Vuélveme a decirme lo que ha pasado —dijo Sole nerviosa.
—¿Lo de...?
—Sí, eso, sí.
—Me he enrollado... con mi jefa.
Entonces algunos hombres que estaban sentados en las mesas de los lados se giraron para saber más de la proeza de Alan.
—¿Qué? —dijo Sole.
—Me he en...
—Ya, ya sé lo que has dicho... ¿Pèro cómo ha sido...
—¿Qué?
—Ya sabes —dijo Sole sonrojada—. Eh...
—Entré en su despacho. Discutimos. La besé y...
—Y...
Los dos se miraron.
—Sí, y... —continuó Alan.
Llegó el camarero con el agua que había pedido Sole. Tomó un trago.
—Alan, tranquilo. Lo que te voy a decir es muy fuerte.
—¿Qué? —dijo Alan confundido.
Sole bebió otro trago.
—Resulta que tu jefa... con la que tu te has... eh... ya me entiendes, es la tía de Magui.
Alan se quedó pálido. Llegó el camarero con su café.
—P-p-p-perdón. ¿Puede ponerme un poco de coñac?

Marisa abrió la puerta después de que el timbre sonara varias veces. En la entrada, apareció una persona que le trajo malos y buenos recuerdos a Marisa: el director con el que había trabajado.
—Hola Marisa —dijo dándole la mano, a lo que Marisa hizo lo mismo—. Bonito piso,
—Eh... señor Sinde.
—Marisa. Sé que nosotros no conectábamos muy bien al final, pero ya sabes como son los guionistas. Escriben y escriben y no me dicen nada de futuras tramas ¡Sé menos que los propios espectadores! Y eso que cada vez son menos.
—¿Está intentando que vuelva? —dijo Marisa algo confundida.
—Oh no. Aunque francamente, me gustaría eso. Sí, me gustaría, me gustaría. Aunque no podemos resucitar a los muertos, es lo que hay. Eh... Marisa.
—Señor Sinde —dijo Marisa que aún no había dejado entrar a aquel hombre.
—He empezado otra serie, ya sabes, de esas que miran los jóvenes y tienen tanto éxito, quizás no me traigan demasiado prestigio, pero la audiencia es lo que importa ¿Me entiendes?
—No —dijo Marisa a punto de cerrar la puerta.
—E... el caso —dijo Sinde poniendo un pie en medio de la puerta—. Es que... he pensado en un nuevo personaje para ti. Serías de los principales, ahora sí que sí.
—Una nueva serie y quiere que participe en ella.
—Exacto. ¿Te interesa?
—No lo sé, señor Sinde. Hace tres semanas hubiera dicho rotundamente que no, pero ahora...
—Eso está bien —dijo Sinde riéndose.
—Eh... ¿De qué trata?
—Bien, Marisa. Has aprendido que antes de aceptar un papel debes de saber el guión. Bueno... eh... ¿Por donde empiezo? Ah sí. Son dos jóvenes que fueron novios y aparece una tercera persona, una chica, que se pone en medio de los dos.
—¿Se está metiendo conmigo?
—Eh... —dijo Sinde confundido—. No ¿Por qué? Interpretarías a la primera chica, ya sabes, a la que dejan plantada.
—No sé porque no me impresiona —dijo cerrando la puerta.
—¡Eh! Ma... Marisa.
Después de cinco minutos en los que Sinde golpeó la puerta varias veces, finalmente desistió y se marchó.

Música: OneRepublic - Secrets

Bertu estaba sentado en la sala de espera. Eva había logrado entrar en la habitación en la que se encontraba su padre, que ya había sido operado. Llegó el padre de Bertu, que era el hermano del padre de Eva (¿Complicado?). Le sorprendió ver a su hijo aquí.
—¿Bertu?
—Hola —dijo Bertu levantándose.
—¿Qué haces aquí?
—He acompañado a Eva. Está dentro.
En aquel momento salió Eva mientras lloraba desconsoladamente. Se abrazó a Bertu.
—¿Cómo está mi hermano?
—Papá... tiene un tumor cerebral.
—Dios mío —dijo el padre de Bertu abrazando también a su sobrina.

Ya había anochecido. Era el día más frío en la ciudad. Salva y Laura habían salido a pasear sus perros como ya hacía pocos días que hacían. Finalmente, terminaron su paseo en la casa de Laura, ya que el frío era insoportable y no traían abrigos lo suficiente gruesos. Incluso los perros temblaban.
—Gracias por invitarme a un chocolate —dijo Salva capturando la taza de chocolate caliente.
—Dale las gracias a mi madre, ahora ya no consigue vender a helados, ni a Hyun Suk, y compró demasiado chocolate. Tenemos el garaje lleno.
—Entonces se lo agradeceré en persona cuando la vea. Señora, su error es exquisito.
Laura se rió.
—Tienes unos cuadros muy bonitos —dijo Salva observando las obras de arte que se encontraban repartidas entre el salón y la cocina—. Son...
—No, son imitaciones.
—Pues no se nota.
—De esto se trata ¿no?
—Supongo —rió Salva. Los dos se miraron.
—Salva —dijo finalmente Laura—. ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro —dijo Salva jugando con su taza.
—¿Recuerdas algo sobre... lo nuestro?
—Lo nuestro, no te entiendo —dijo Salva intentando salir del tema.
—Era broma —rió Laura fingidamente—. No hubo nada entre nosotros.
—Ah, me había asustado —dijo Salva riéndose, también fingidamente.


—¿Roy?
—Sí. Dime.
—¿Cómo ha ido lo tuyo?
—Tengo al hermano bajo mis dominios. Me temo que el otro será más difícil, está en la cárcel.
—¿Qué vas a hacer?
—He montado toda una estratagema. Tranquilo, tarde o temprano caerán.
—Eso espero.
—¿Lo tienes todo en regla?
—Efectivamente.
—Bien. Nos veremos pronto, Bizarro.

Salva se acercó a Tom y se dispuso a salir de la casa de Laura. Ella lo había acompañado hasta la entrada.
—Bueno, gracias por el chocolate.
—De nada. Ya sabes... cuando quieras repetir la experiencia.
—Lo haré —rió Salva—. Bueno, adiós.
—Salva —dijo Laura cuando el chico ya estaba unos pasos lejos.
—¿Sí?
Entonces Laura se acercó a Salva.
—Sé que recuerdas lo nuestro.
—Eh... tienes razón —dijo finalmente.
—¿Por qué? ¿Por qué lo ocultas?
—Francamente... antes del coma... te quería, pero cuando me desperté y supe que habías cuidado de mi todo el tiempo... te quise diferente. Ahora... estoy confundido. Hay cosas que no recuerdo y... no sé que hacer.
—A ver si puedo ayudarte.
Laura acercó sus besos a los de Salva y se besaron. Bajo la atenta mirada de sus perros.

-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-·-


Bertu
Te vigilo
Te vigilo

Cantidad de envíos : 3728
Edad : 24
Localización : Aquí no
Puntos : 16376

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Zona KeideII (2)

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 2:49 am


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.